Tengo un amigo en Cádiz (que pronto visitará la Isla Esmeralda), que hace algún tiempo encontró los diarios de su abuelo, un legado precioso que está tratando de desentrañar concienzudamente. En ellos, su abuelo relata su periplo durante la Guerra Civil, huyendo hacia el norte, como muchos compatriotas, tratando de no morir en el intento.
Eduardo, mi amigo, se decidió a seguir la misma ruta que siguió su abuelo y a la vez, trataba de encontrar a familiares de algunos de los nombres que su abuelo había anotado en su diario.
La tarea me pareció harto interesante, además de ardua, y por ello le pedí que me enviara, si así procedía, sus experiencias en este viaje hacia Andorra. Así lo ha hecho y poco a poco iré intercalando sus "aventuras" y descubrimientos junto con otro contenido habitual en el blog. Espero que la historia os atraiga tanto como a mí. Vamos allá, pues:
1º ETAPA: VALENCIA – BARCELONA - CARDONA
Esta aventura comienza como otras muchas, sin un patrón fijo o referencia, pero sí con la certeza de que nos debíamos algo en la historia de nuestro abuelo, Eduardo Garcia Cordellat, que vivió un azaroso periplo desde su huida de Valencia hasta que por fin llegó a Andorra durante la Guerra Civil.
Desde el fallido intento del 18 de Julio en la capital del Turia, su vida había sido una continua huída por los distintos escondites y refugios hasta que le llegó la oportunidad en Barcelona, donde pudo acogerse a las redes de evasión que habitualmmente operaban con gentes y contrabando, tan boyante negocio en los periodos convulsos que le toco vivir.
Y así, me encontraba la tarde del domingo 7 de Agosto en un tren con salida de Sants en dirección a Manresa. Al calor de este recibimiento ordenaba mis pensamientos camino de la localidad catalana viajando en un cercanías con paradas en todas las estaciones, y me imaginaba esa escena en un tren de pasajeros de hace 75 años, en el que varios hombres –entre ellos mi abuelo – se encaraban al inicio de su escapada. En aquel momento ni se podían identificar, ya que una captura implicaba la caída del resto, por lo que cada uno afrontaba su suerte. Seguramente una tensión y unos pulsos que yo me ahorraba con un paisaje en el que el horizonte montañoso me ofrecía un vistoso ocaso.
Una hora y media después llego a la estación manresana, notablemente cambiada desde cuando sucedieron aquellos hechos de la Guerra Civil, y mi primer pensamiento es buscar el autobús de Cardona, pero con cierto aire cuando enfrente asomaba la iglesia mayor. La noción del tiempo se me había escapado y las secuelas de la fiesta me impidió calcular el enlace del tren con el autobús a Cardona que definitvamente perdí, y mi siguiente reacción es llamar al móvil de mi primo Marcos y el tio Javier, quienes ahora en ese momento se encaminaban con el coche al final de la primera etapa el Castillo de Basora.
Una hora de larga espera, y al poco rato lograban aparecer con caras de pocos amigos. Poca gracia les ha hecho tener que efectuar el correspondiente desvío, mientras el grueso del grupo ya se encontraba en la pensión Cardener preparándose para saborear la cena. Afortunadamente la carretera tiene poco tráfico y avanzamos deprisa, y llamamos para que comiencen la cena sin nosotros, aunque en 20 minutos llegamos a un comedor rústico pero confortable donde tengo la oportunidad de saludar al resto del grupo, y así rebajar un poco la tensión por lo del asunto de la pérdida del autobús.
En una mesa alargada nos reunimos con mis otros primos hermanos: Carlos, Álvaro, Fernando y su novia Eva, mi prima Rita y su padre, y mi tio, Fernando, y completan el grupo la mujer de mi primo Marcos, Maria, y su padre, Jesús. En total somos once los que afrontaremos esta aventura durante la siguiente semana.
La cena es sabrosa, sobre todo para los más hambrientos, por lo que damos cuenta de ella rápidamente. Nos apremia descansar para la primera etapa del día siguiente. Las primeras bromas y el buen sentido del humor surgen esporádicamente, y ahora me siento mucho más tranquilo, la travesía comienza a encauzarse hacia terrenos más distendidos. Primer objetivo cumplido.
Nos dirigimos con nuestros equipajes a un gran caserón de payés habilitado con varias habitaciones, que nos invita a un merecido descanso, y en donde comparto dormitorio con mi tío Javier, al que ya pongo en antecedentes de los lugares donde pernoctaremos en las siguientes jornadas. La noche es fresca y agradable, y la temperatura en el habitáculo es soportable. Así que no tardé en caer en los brazos de Morfeo, mi cansancio ahora puede con mi expectación de lo que va a suceder en los próximos días...





5 cartas al director:
Qué buena, buena pinta!!Me encanta la idea. Desde ya tienes una fan!!
Qué interesante esta nueva sección, por supuesto estaré al tanto. Encontrar unos diarios así tiene que ser increíble.
Por cierto, ¿por qué no sigues actualizando el otro blog ("en qué lío me he metido")? Me tenía enganchadísima!
Me encanta!!!
besos
Ay Ella, siempre me digo que lo voy a hacer... y es que me falta tiempo!
Me parece muy interesante la historia y una buena idea la de incluirla en el blog. Bezozzzzz.
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