martes 27 de septiembre de 2011

POR UN PUTO YOGUR

Cuando uno se cuida la salud y el peso, suele utilizar principios básicos como cocinar a la plancha, comer carnes magras, pescados, verduras y fruta fresca, leche desnatada, sacarina en lugar de azucar y yogures desnatados. Para cualquier dieta en la que se desee perder peso, estas seran las pautas que los mismos médicos dictarán, aparte de los consiguientes no-nos: fritos, bollería, dulces en general, pan, etc.

En ciertas dietas específicas, se te recomendará que la leche sea desnatada y no simplemente light. Que los yogures sean especificamente de Weight Watchers o tenga unos indicadores parecidos, etc. Lo que nunca me imaginé, porque nunca nos paramos ciertamente a leer las etiquetas enteras, solo lo que nos interesa, es que comprar un simple yogur natural desnatado, fuese tan dificil.

Primero: en España, por ejemplo, es facil comprar yogures 0% MG (Materia Grasa) y 0% azucares, sin fruta ni aditivos. También hay yogures 0% MG y azucar, con trozos de gruta. Y yogures naturales edulcorados, azucarados o sin edulcorar. Hasta aquí todo bien. Si uno quiere un yogur natural, o de sabores, que no contenga azucares, ni leche entera, ni hidratos de carbono en cantidades abusivas (de donde provienen los azúcares), es tarea fácil, no una lucha Jonesiana por los pasillos de lácteos del super.

Sin embargo, después de buscar aquí en Irlanda un yogur que requiriese "mis" necesidades, me he quedao más planchá que ojiplática, y me parece que me voy a sacar un máster en especialidades proteÝnicas versus hidratos, porque la experiencia ha sido... frustrante y a la vez... sorprendente y muy educativa.

Para empezar, aquí no hay yogures que no contengan frutas. Encontrar un yogur sin trocitos de fruta, a no ser por los sabores de vainilla, toffee y natural, es tarea imposible. Vitalínea, Activia y Yoplait todos tienen frutas, además de las marcas nacionales y/o orgánicas y arteanales regionales. Si uno se coge un yogur Vitalínea de cualquier sabor y compara los nutrientes con lso de España, se llevará grandes y poco gratas sorpresas: mientras en España un yogur que asegura ser 0% MG suele tener edulcorantes artificiales, aquí tienen un alto contenido de hidratos y azúcares (aunque el etiquetado asegura que no tiene azúcares añadidos... sí los tiene en los hidratos, que pueden llegar a alcanzar el 9% cuando el ideal es menos del 7).

Leer las etiquetas, los nutrientes esencialmente, es importante cuando haces una dieta... te ayudará a ver si el producto es apto o no, evidentemente. ¿Porque de qué sirve que la leche sea desnatada si tiene azúcar a rebosar?
Mi principal problema fueron los Yogures Naturales desnatados. De los de sabores ya me voy apañando con los Vitalínea de fresa que tienen 5.6 carbs/100gr y 3.8 de proteinas. O los de Vainilla de WW (Weight Watchers) con 5.3 carbs/100g y 4.2 proteinas, y sabor Toffee de la misma marca con los mismos indicadores. Hasta aquí genial, porque otros sabores/marcas se disparan realmente. como digo, todo por encima de 7% o 7gr/100 no es lo ideal.

Ahora veamos la comparativa de los Yogures Naturales. En un principio compré la marca Onken, solo disponible en tubos de medio litro, como lo uso bastante para confeccionar salsas y postres en mi dieta, no me importa comprarlos grandes. Prometía estar libre de grasas (0%) y yo, desconocedora de los parámetros yogurtiles a seguir, me lo creí como una mema. Cuando me enteré de que lo saludable era ese 7%, ví, leí, comparé y... dejé de comprarlo, por lo siguiente (todo por 100gr):

-Proteínas: 8.1 (excelente!)
-Carbohidratos: 9.4 (columpiándose!! de los cuales, azúcares: 9.4)
-MG: 0.2

O sea, que tiene un 9.4 de azúcares... sí, que síííí que los azúcares naturales son muy importantes y los necesitamos en nuestro organismo, pero hey... ¡no a paladas!

Una sigue comparando y ve otras marcas... y al final las compra porque, aunque aún no están dentro de lo que se busca, ¡es lo único que se encuentra! Y total, si a pesar de todo y de usar Onken durante casi un mes se ha perdido peso... pues puede que no sea tan importante despues de todo, pero te queda el reconcome de... ¿por qué los putos yogures aquí no son como los de españa, edulcorados artificialmente y de verdad, de verdad, "de dieta"??? Así que prueba otra marca porque parece que tiene un pelín menos... 
Yeo Valley es un yogur orgánico y probiótico que también puede ser encontrado mayoritariamente en tubos de medio litro (aunque el resto de sabores se encuentra fácilmente en pots de 125gr. el caso es que éste parecía prometer. Además, su sabor era ligeramente menos ácido que el de Onken. Veamos:

-Proteínas: 6.0 (menos que Onken, pero no es importante)
-Carbohidratos: 8.7, la misma cantidad de azúcares. Ligeramente por debajo de Onken. 
-MG: 0.1 

Estupendoooo. Genial. Menos contenidos en todo que Onken, por lo tanto... dado que solo tengo estas dos marcas porque ni Danone aquí, ni Yoplait, ni Activia (también de Danone), ni ninguna marca nacional o regional hace yogures desnatados que no contengan azúcar... (misterios del paladar irlandés, que en el departamento de yogures prefiere los sabores de ruibarbo, cereza, ciruela, arándanos y amargas frutas del bosque para sus yogures, además de los más normales piña, melocotón, fresa y vainilla...). Cuando voy a España y veo la nevera de mi hermana con yogures desnatados sabor coco, chocolate, kiwi!!!, pera, griego, etc., etc, se me caen dos lagrimones que luego se traduce en mi maleta de vuelta llena de todo...

En fin, la semana pasada haciendo la compra, y aburrida de ver siempre los mismos yogures y, por curiosidad comparando los nutrientes de los yogures "enteros" con los desnatados (no mucha diferencia, la verdad, solo en la MG), me llevé una agradable sorpresa: marca blanca de Tesco (la cadena de uno de los supermercados donde compro), y ni siquiera es desnatado sino light... (lo cual debería indicar que no es adecuado para una dieta basada en alimentos bajos en grasa y/o 0%. 
¡Ajajá! Un bote de medio litro... feo, sin gracia, ni probiótico ni orgánico y sorpresa, sorpresa... casi 1.50 más baratos que los que te prometen ser totalmente libres de MG.
Resultado!!:
-Proteínas: 5.5 (más baja que el resto, lo cual no es relavante, de todos modos)
-Carbohidratos: 5.0 (¡casi la mitad que los que prometen ser tan buenos pa tu body!!), de los cuales azúcares... 4.9 (menos que ninguno!!!)
-MG: 0.2 (exactamente igual que Onken)
Me traje solo un tubo para probar, por si acaso sabía a rayor, o era demasiado líquido, áacido o sin sabor alguno... y sabe a lo que tiene que saber: a yogur natural y ligeramente dulce. 

Mañana vuelvo a Tesco solo para comprar unos 6 tubos para la semana y chequear los otros sabores de la marca blanca light.
¡Tantas vueltas y quebraderos de cabeza por un puto yogur natural! Ya de cacao 0% ni hablamos... Hay cosas que, definitivamente he de traerme de España porque aquí son no solo imposibles de encontrar, sino  que cuando pregunto me miran como si tuviera dos cabezas!


viernes 23 de septiembre de 2011

EL NEGOCIO DE LA MUERTE

Pasar por la muerte de un familiar querido es un proceso doloroso que las funerarias suelen saber tratar para hacerte sentir lo "más cómodo" posible dentro de las circunstancias. Según el tipo de funeral que quieras, te ofrecerán con todo tacto una serie de ideas y servicios para ser considerados: si se requiere presencia de un sacerdote y/o servicio religioso, si se desea el ataúd abierto o cerrado, el ataúd presente en la sala del tanatorio o no, a la vista o tras una cortina a donde se puede pasar a presentar los respetos en total privacidad. 
Y luego, están los otros servicios que a mí, particularmente, me han dejado ojiplática, y espero que me disculpéis si trato un tema tan escabroso a la vez que inevitable. Pero en mi caso, he descubierto, sin quererlo, un mundo tan kirsch como escalofriante (y no por lo particularmente delicado del tema, al contrario... escalofriante por lo estrafalario).
Me ha costado hallar mi propia paz interna tras la muerte de mi abuela y no he podido exponeros este tema con anterioridad, pero ahora me parece un momento tan bueno como otro cualquiera. 

Cuando mi abuelo falleció hace ya más de diez años, había dejado dicho que sus cenizas se echaran al mar. En mi familia todos hemos optado por la cremación. Tras recibir las cenizas (en un simple contenedor cilíndrico de plástico de color negro con una pegatina con su nombre a rotulador), nos dirigimos a las afueras de la ciudad y allí esparcimos, como era su deseo, sus restos en la bahía.

Mi abuela deseaba unirse al viaje marítimo de mi abuelo, pero nuevas leyes hacen que ahora no esté permitido esparcir las cenizas de una persona (o animal) en cualquier lugar. Aunque la funeraria te ofrece un servicio para disponer del ser amado en el océano -imagino que a un coste extra, en alta mar y desde un barco.
En el caso de mi abuela, yo había requerido quedarme con sus cenizas, pero dados su deseos, echamos la mitad al mar desde más o menos el mismo punto desde el que despedimos a mi abuelo, sin que nadie nos viera, y la otra mitad las traje a Irlanda conmigo. 
Nos entregaron sus cenizas en una urna de terracota biodegradable, demasiado pesada y sobre todo, demasiado voluminosa para traérmela cómodamente pasando por aeropuertos y aviones sin llamar demasiado la atención. Viajar con cenizas humanas no es un problema: tan solo se ha de tener el certificado de defunción y el de cremación por si fueran requeridos. En mi caso, nadie supo que transportaba cenizas conmigo.
El caso es que sin poder traerme la urna original, me dediqué a buscar una más... adecuada. Mi sorpresa primera fue encontrar que solo había dos tamaños, tres, si contamos los artículos de joyería: el tamaño normal de una urna que contenga los restos de una persona y un tamaño pequeño donde apenas cabrán unos 70cl. Demasiado pequeños, pero no hacen nada intermedio.
Y quedé horrorizada por el mal gusto y el kirsch demostrado en algunos diseños. Tenía muy claro que deseaba algo discreto. No quería algo de cerámica que pudiera romperse fácilmente en cualquier mudanza o quitando el polvo. Los accidentes suceden y no me haría ninguna gracia ver a mi abuela esparcida sobre la moqueta o el parqué. Y también me vienen a la cabeza escenas jocosas de películas.
Tenía muy claro que no quería algo que pareciese una bombonera de tienda de chinos, y de esas había muchas y de todos los colores y decoraciones:




Tampoco deseaba algo que pareciese una coctelera, porque en un país de bebedores, todo es posible:


También vi urnas decorativas y supuestamente "discretitas" con forma de figuras, pisapapeles, marcos para fotos y hasta candelabros: 






Luego están, naturalmente, las joyas, para llevar siempre contigo solo una pizquita de tu ser amado. Confieso que la idea no termina de disgustarme, pero de discretas tienen poco y sus diseños son sencillamente... no sé ni cómo describirlos. ¿Pulseras? ¿Multicolores medallones en forma de corazón? ¿Balas? ¿viales? ¡¡Llaveros!! Hasta se me ocurre el slogan ideal: "nunca volverá a olvidar sus llaves si las acompaña su ser amado en la eternidad". Ple-a-seeee.





Todas vienen con estuche de terciopelo, un embudito para echar las cenizas con total comodidad y una solución para sellar la cápsula.




Lo más espeluznante que me he encontrado han sido "urnas" en forma de osos de peluche para contener restos de niños muy pequeños o bebés:


O éste de corte gótico para llevar al cuello:


Pero al parecer, el último grito de qué hacer con las cenizas, aparte de convertirlas en un diamante (que es para siempre), es convertirlas en arte. Sí, así mismo.  Se mezclan las cenizas con óleo y se aplican a un lienzo realizando un retrato del difunto a partir de alguna foto facilitada por la familia. De esta forma, aseguran, "la presencia física del difunto acompaña a la imagen artística".

Pero esto no es todo. No solo hay urnas de todo tipo para cenizas humanas, y para todos los gustos... También las hay para las mascotas, y aunque solo os pongo dos ejemplos de "lo más normalito", lo cierto es  que hay figuras un tanto... diferentes.




Finalmente, dado el mal gusto y la poca selección reinante en los tanatorios gaditanos, me decidí a recorrer con unas amigas las tiendas artesanales en busca de una cajita "discretita" (a pesar de la sugerencia de Blas de comprar un tupperware), y como me da cosa hacerle una foto al recipiente donde descansan las cenizas de mi abuela, os dejo una foto de una similar, aunque la mía tiene un enjambre de flores esculpidas en la tapa y no tiene espacio para fotografía.


Si no tuviera el espacio para la foto, me plantearía comprar este tipo de cajita, porque la decoración me parece discreta y de inspiración celta, pero lo de la foto... no sé, no sé...

miércoles 21 de septiembre de 2011

TRAS LA SENDA DEL ABUELO (II)

2ª ETAPA – CARDONA – LES VECES

La mañana amaneció brumosa y las ganas eran inmesas por todos los expedicionarios por comenzar a caminar. Las bromas fueron las notas dominantes en un fugaz pero nutritivo desayuno compartido en una amplia mesa en el patio de la pensión. A todos nos asaltabna las dudas de cómo responderíamos ante el primer reto de la travesía. En un principo la etapa se presentaba de apariencia suave, ya que el grueso de los Pirineos nos aguardaba en los siguientes días.
La recogida del equipaje a los coches se efectuó con cierta rapidez, y por supuesto no faltó la primera foto en equipo de esta jornada inaugural.
          
Nuestro primeros metros de marcha transcurrieron en un terreno esencialmente fácil, y casi vigilados por la imponente ciudad de Cárdona que surge al fondo del paisaje. La noche no nos permitió descubrir su monumentalidad, como ahora ya admiramos.


El camino fue distendido y sin grandes esfuerzos físicos transcurrió junto al río que rapidamente nos ofreció nuestros primeros hallazgos, lo que nos permitió detenernos en una pequeña ermita y un vistoso molino funcionando al compós de la corriente.
Proseguimos caminando junto al curso fluvial, y los vistosos rápidos a nuestra derecha nos anticipaban la entrada a una extensa llanura hasta llegar a el Revell, una pequeña localidad que flanqueamos a nuestra derecha, aunque Fernando y Eva no perdieron la oportunidad de buscar algún buen sitio para inmortalizarse digitalmente.
Una hora después, la marcha seguía siendo bastante buena, ya que ayudaba un sol que se resistía a aparecer, lo que nos invitó a nuestra primera parada técnica en una casa de payés, razonablemente cuidada, y en la que nos llamó sobradamente la atención el aljibe o pozo.
          
A continuación proseguimos por senda hasta llegar a Naves, donde visitamos exteriormente su iglesia y su reducido ayuntamiento, desde donde alcanzábamos a divisar el Castillo de Besora, punto final de nuestra etapa.
El GPS de Jesús funcionaba a la perfecciòn, y un bonito camino de pasto bajo serpenteado por unos árboles frutales fueron nuestros improvisados compañeros hasta la subida hacía la fortaleza, y que no resultó en exceso complicada, aunque ya antes nos habíamos parado para probar unas suculentas moras que nos ofrecía graciosamente la madre naturaleza.

          
El coche de enlace estaba aparcado junto a una pequeña iglesia, de modo que aprovechamos para almorzar y recobrar fuerzas, de las cuales por lo visto estábamos sobrados, y el “comité de decisiones” prefirió adelantar algo màs de la próxima jornada que se intuía un poco más fatigosa.

Con Rita aproveché para visitar la parte alta de la colina donde se enclavaba una fortificación reconvertida en lujosa residencia y que impresionaba. Una reparadora siesta junto a la fuente de la iglesia me sirvió para desengrasar la guitarra que hacía tiempo no tocaba, y a la vista de Solsona al fondo del valle a la derecha, y que se divisaba desde la altura hice sonar unas respectivas soleares, bulerías y tanguillos, con el público de las cigarras del verano, que ya también afinaban su acústica porque el sol estaba en pleno auge, y el calor apretaba.

Dos horas después de haber descansado, y ya en plenas condiciones restablecidas, decidimos continuar una hora más,  por un camino de subida de monte de pino, y que interrumpió abruptamente lo que parecía un apacible paseo cuando el GPS nos indicaba una dirección hacia la altura en campo a través. La otra cara de la travesía  nos tocaba sufrir con una subida en progresión constante y sin sendero o via definida, lo que nos obligó a las bravas a cruzar matorral, pino y zarzales. Una penosa andada que llevábamos peor los que marchábamos con piernas descubiertas, agudizando este particular castigo durante un tiempo que parecía nunca acabar, aderezado por los constantes sudores que nos regaban todo el cuerpo. El tío Javier salió peor parado en estas circunstancias, con unas líneas rojas que brotaban desde sus rodillas, pero no le impidió seguir sin problemas.
          
Una torre electrica significó el fin del esfuerzo ya que nos aupó hasta el asfalto de la carretera, que sin mayores problemas nos llevó hasta el final de etapa en Les Veces. Un recodo en una carretera poco transitada, junto a las ruinas de una masía.
A las pocas horas montamos nuestro campamento, el frío nos atenazaba conforme avanzaba la noche y nos recordaba los sufrimientos de nuestro abuelo descrito en las memorias, en todas las vigilias que tuvo que pasar al raso en los rigores del Noviembre del 1937.
Tras una fugaz cena, como las Perseidas que veíamos pasar, pasé a realizar unas llamadas telefónicas mientras esperaba el regreso de los compañeros de los coches que  habían estacionado el vehículo en el final de nuestra siguiente etapa en el monasterio de Lord. Unas horas de espera, pero al final llegaron sin novedad por lo que decidimos recogernos a  descansar en las tiendas. Habíamos logrado cubrir el primer día sin novedad. 

3ª ETAPA - LES VECES – MONASTERIO DE LORD

No costó desperezarnos tras la primera experiencia en tienda de la travesía. Nuestros acomodados cuerpos acostumbrados a los lechos de colchones y cojines, no asimilaron bien el cambio en general, pero todos asumíamos la implicación física de la travesía en cuanto nuestro abuelo Eduardo durmió en más penosas circunstancias, empeorado por la lluvia y la nieve que le castigó durante todo el tiempo. No por ello estuvieron ausentes los gestos de los obligados estiramientos, y las extremidades en plena explosión del nuevo día, nos demoró un tanto en exceso el inicio de la nueva etapa, tras probar un desayuno de campaña frío compuesto por batidos, galletas y magdalenas, básicamente.
          
La alzada del campamento tampoco fue especialmente rápida, ya que la humedad había castigado las techumbres de nuestras tiendas durante la noche, lo que nos obligó a dejar que el helio astro, también remiso a su manifestación, hiciera su particular labor de secado antes de que nosotros concluyéramos un no menos trabajoso plegado final, en el siempre desconocido arte de recogida de las tiendas.
          
El primo Álvaro, médico de profesión, había instalado su consultorio particular para atender las primeras rozaduras y ampollas del camino. Con magistral precisión y rapidez fue atendiendo a sus pacientes, y sus manos serían tremendamente útiles a lo largo del viaje.
          
Dos horas después, a las tardías nueve de la mañana, comenzábamos nuestra segunda singladura rumbo a uno de los lugares más identificados en el diario, y que esperabamos con verdadera ilusión, el Monasterio de Lord, identificado en el escrito como San Lorenzo de Morunys.


Pese a la amenazante presencia del calor, que pretendía ser protagonista del día, los primeros kilómetros resultaron fáciles entre una carretera secundaria con cierta falta de mantenimiento, para desviarnos a continuación por una pista que nos condujo hasta L´Hostal de Guilanya, una rústica edificiación típica, una casa de payés flanqueada en su puerta de acceso por dos ruedas de carruajes, y justo enfrente de una charca donde las ranas populaban a sus anchas.

Marchábamos por la antigua ruta de sal usada desde tiempos antiguos, para extraer este elemento de lujo en las sociedades clásicas, y que en la zona era abundante por su riqueza, pero el recorrido no permitía para muchas ensoñaciones en el momento que nos tuvimos que salir del camino para comenzar una ascensión bosque a través y sin sendero a la vista, rememorando las imágenes selváticas del día anterior.

Y así fue, solo que con más duración, que comenzamos nuestra subida esquivando ramas, piedras, tallos espinosos y toda clase de género pinchante que nos volvió a deleitar con sus delicadas caricias punzantes en nuestras piernas y algunos rasguños con sangre, y en el que también hubo que atravesar alambrado, hasta que, dos horas extenuantes después, llegamos hasta la pista forestal del C-462, donde aprovechamos para efectuar una parada de descanso para recuperar fuerzas.
          
Confiábamos en que ya no tuvieramos que salir fuera de la senda, y a los pocos minutos lográbamos ver el Monasterio de San Lorenzo de Morunys, tal y como lo describía en el diario, situado sobre una meseta que se convierte en auténtica atalaya de dominio sobre toda la zona y con el pantano de Llosal del Cavall a sus pies. Sin duda resultó todo un estímulo para apresurar al paso, ya que no hay mayor estímulo para acelerar que el ver el objetivo de la etapa. Además, todo se hizo más fácil en cuanto la pendiente siempre tendía a la bajada, y aunque el esfuerzo resultaba menor, el cuidado no debía bajar de intensidad al tratarse de un terreno muy irregular, a veces con charcos de lluvias recientes, que nos castigaban con el paso de las horas tobillos y rodillas. Siempre que teníamos la oportunidad nos apartábamos en los  recodos para tener la oportunidad de contemplar la bella estampa paisajística de la gran masa de agua del pantano en remanso bañando la base de la meseta del Monasterio. Sin duda un cuadro que deleitó nuestros sentidos.

El final de la bajada supuso un nuevo descanso, antes de proseguir por una de las partes que menos nos gustaban pero resultaban inevitables: la carretera que bordea el pantano, y que nos conduciría directamente hasta la población de San Lorenzo de Morunys donde pretendíamos degustar un almuerzo caliente, lo que espoleó nuestro ritmo. Poca gracia nos hacía compartir conversaciones y silencios con la desgradable sinfonia de los caballos de motor de un camión de carga de varias toneladas, o un vehículo diesel de última generación, y menos cuando nos vimos en la necesidad de traspasar varios túneles, y tragar algo de humo.
          
Unos kilómetros después nos sorprendió una caravana con unos mossos de escuadra al principio, y nos informaron que la carretera estaba cortada por motivo de un rodaje de un anuncio publicitario, cómo no, de un jeep. Un helicóptero que se dejaba ver, rodaba las tomas aéreas, y a los pocos minutos nos dejaron proseguir, lo que nos permitió seguir admirando la belleza de la misma fuente del pantano por donde atravesamos el puente del muro de contención.
          
El rodaje se retrasó por nuestra marcha imprevista de peatón, con la que no contaban sus responsables, y en cuanto traspasamos nuestro último tunel se preparó toda la maquinaria con cámaras, vehículo trucado y especialista incluido. Un kilómetro más alló observamos todo el circo del rodaje preparado en la que no faltaron jaimas de personal, remolques, caravanas, servicios de protección... es el valor de la publicidad del siglo XXI. Nos rompe el encanto del camino, pero rápidamente apareció la población de San Lorenzo de Morunys, en plenas fiestas por su patrón en la que colgaban farolillos y banderas por doquier. Nuestras energías escaseaban y llegamos sin más demora al Restaurante El Jardi que sirve a propósito para un merecido almuerzo en una terraza que se contagiaba del ambiente festivo de la localidad, aunque el primo Carlos había sufrido sobremanera en todo el recorrido al romperse la suela de sus botas, y no pierde un minuto para buscar una tienda para comprarse unas nuevas que consigue satisfactoriamente.
          
Las antiguas veteranas de Camino de Santiago no resistieron. Las mías, veteranas de viajes a distintos desiertos subsaharianos, se rompieron en Senegal en Navidades; las buenas artes de los zapateros africanos impidieron que terminara en chanclas, afortunadamente. Una locura arriesgarme para esta nueva prueba, pero esta vez también lograron resistir.
          
Por supuesto no faltó la inevitable siesta después de un generoso almuerzo sobre unos jardines muy bien cuidados, poco más abajo del restaurante. La población pequeña no ofrecía demasiadas alteraciones acústicas por el tráfico, y una excursión de jubilados de Arenys del Mar, algunos con ganas de hablar, nos turbó el sosegado descanso. A las dos horas continuamos nuestra subida al Monasterio, al que llegamos a las siete de la tarde tras un gran repecho final. Afortunadamente un teleférico montacargas nos alivió del peso de las maletas en la gran escalera de acceso que sirve de entrada.
          
Nos recibió con gran hospitalidad el padre Juan de Urban, con quien tuve la oportunidad de hablar en los últimos meses, para efectuar la gestión de albergarnos. Las atenciones fueron máximas por el prior del lugar donde nuestro abuelo Eduardo estuvo refugiado varios días después de unos primeros momentos marcados por el frio y la lluvia, que provocaron síntomas de fiebre, y que le impidió seguir avanzando con el resto de sus compañeros. Así tuvo que permanecer hasta que finalmente se pudo incorporar en la siguiente expedición de fugitivos. Su larga estancia le brindó la oportunidad de efectuar en el diario una descripción somera de todo el complejo del monasterio cuya iglesia fue incendiada, pero que pudo acogerse en la parte de la hospitalería.
          
El padre Juan de Urban nos colmó de atenciones en todo momento. El grupo fue llegando por partes, ya que cuatro tenían que hacer los relevos de los coches de apoyo, en preparación para la etapa del día siguiente. Los afortunados que llegamos primero, tenemos la ocasión de disfrutar de unas estancias muy cuidadas, con su cuarto de baño y camas con sábanas limpias. Todo un lujo, y muy bien recibido tras el duro camino recorrido. Por las ventanas de este tercer piso se descubría un espectacular paisaje de todo el valle con el embalse azulado a nuestros pies. El sol de verano moría en un precioso crepúsculo, y nos pintaba una de las estampas más visuales del viaje.
          
Al rato se nos incorporó María y el tio Nani y, a la espera de los dos restantes del grupo que nos faltan, el padre Juan de Urban se nos ofrece como guía para mostrarnos todas las dependencias. La visita obligó a presentar nuestros respetos a la imagen de la Virgen de Lord, de gran devoción por la zona, y cuya festividad es cada 8 de Septiembre.

Nos explicó las visicitudes que transcurrieron durante la Guerra Civil, donde fueron quemados todos los retablos del templo salvo el de San Pablo, perseguidor de los cristianos en plena empatía del santo con los salteadores, que finalmente respetaron los inciendarios. La figura de la Virgen de Lord se salvó ya que días antes algunos lugareños la escondieron temiendo su profanación. La estratagema no duró mucho, ya que fue descubierta poco después, y trasladada como botín de guerra hasta Solsona, donde al final del conflicto fue recuperada junto con otras piezas artísticas, expoliadas en un camión abandonado rumbo a Francia. Muchos lo atribuyen a intervención divina.

El padre Juan, un tarraconés de fe sencilla e inquebrantable alabó siempre en sus comentarios la intercensión de la Madre de Dios en su advocación de Lord para guiar siempre los bienaventurados pasos del Monasterio. El segundo fue la recuperación de un edificio que mostraba signos de ruina a principio de los años 70, donde la providencia llegada del padre Jordana, con sus pocos utensilios permitió rehabilitar la construcción.
          
Los ojos de nuestro guía mostraban su brillo del proceso seguido para convertir el Monasterio en un lugar tan restaurado, y que tuvo su día grande hacía escasos meses cuando el joven obispo de Solsona celebró la misa con la iglesia recien restaurada, a donde acudieron los fieles y todas las fuerzas vivas de la regiòn.
         
Poco después llegaron el resto de expedicionarios, el primo Marcos y el tio Javier, tras un aparatoso periplo para dejar el vehículo en el final de la siguiente etapa en Molins de Fornols. Pero antes, el padre Juan nos introdujo en el comedor donde una suculenta y preparada cena nos esperaba para ser degustada. Las expresiones de asombro se dejaron oir en la amplia sala, al ver los suculentos platos preparados y su perfecta disposición. Tras bendecir la mesa, nos despedimos del padre Juan de Urban, no sin antes obligarle a compartir el desayuno con nosotros a  la mañana siguiente. Resultó una cena magnífica donde nuevamente pusimos en común todas las vivencias -que no fueron pocas- de aquel día que ya concluía para retirarnos, una vez bien recogido todos los platos y los utensilios, a nuestras habitaciones.
          
No pude menos que pensar que la gran prueba de nuestro abuelo pudo realizarse gracias a este concepto tan inusual en los tiempos de hoy llamado generosidad. Jamás podremos olvidar la entrega y disposición de este buen hombre de Dios, el padre Juan de Urban.

domingo 18 de septiembre de 2011

LABORES PENDIENTES...

Tras enseñaros el último cuadro a punto de cruz que hice para mis suegros, olvidé mostraros el mismo ya enmarcado, así que aquí está:


Pero no fue el único cuadro que he hecho este verano. Para mi hermana hice estas tres escenas rurales de forma oval que ella misma enmarcará porque si se los envío ya enmarcados desde aquí puede llegar todo hecho añicos...




Este me ha resultado muy rápido de hacer aunque aún no está acabado. Solo me queda terminar la cenefa de flores todo a su alrededor, por lo cual se me hace tedioso y hago un poco cada a poco... En teoría llevaba un abecedario sobre la imagen, pero a mi los abecedarios no me gustan a punto de cruz, así que simplemente lo dejé fuera y reproduje solo la escena principal. Muy Shakesperiano.


La siguiente labor ya está completa también y forma parte de una colección de la que ya tengo hecha una (Londres) y que se completa con ésta de New York y otra de París. El collar y algunos detalles son de perlitas, no a punto de cruz.


Y así, me encuentro ahora mismo trabajando en la de París que sería la última para finalizar mi tríptico (de momento, lo mismo la creadora de estos diseños, Joan Elliot, se decide a sacar toda una serie y me veo cose que te cose...


Ya os la enseñaré en cuanto la acabe, que tengo ganas ya... no por nada, sino porque estoy a la espera de que en dos-tres días me lleguen los siguientes charst:



Así que me espera un invierno muy pero que muy entretenido...


domingo 11 de septiembre de 2011

YO TAMBIÉN ESTUVE ALLÍ...

... tan solo seis meses más tarde. Y solo vi devastación. Y solo escuché el silencio de las lágrimas vertidas.















Fotos: personales. 11 Marzo 2002.

viernes 9 de septiembre de 2011

TRAS LA SENDA DEL ABUELO (I)

Tengo un amigo en Cádiz (que pronto visitará la Isla Esmeralda), que hace algún tiempo encontró los diarios de su abuelo, un legado precioso que está tratando de desentrañar concienzudamente. En ellos, su abuelo relata su periplo durante la Guerra Civil, huyendo hacia el norte, como muchos compatriotas, tratando de no morir en el intento.
Eduardo, mi amigo, se decidió a seguir la misma ruta que siguió su abuelo y a la vez, trataba de encontrar a familiares de algunos de los nombres que su abuelo había anotado en su diario. 
La tarea me pareció harto interesante, además de ardua, y por ello le pedí que me enviara, si así procedía, sus experiencias en este viaje hacia Andorra. Así lo ha hecho y poco a poco iré intercalando sus "aventuras" y descubrimientos junto con otro contenido habitual en el blog. Espero que la historia os atraiga tanto como a mí. Vamos allá, pues:

1º ETAPA:  VALENCIA – BARCELONA - CARDONA

Esta aventura comienza como otras muchas, sin un patrón fijo o referencia, pero sí con la certeza de que nos debíamos algo en la historia de nuestro abuelo, Eduardo Garcia Cordellat, que vivió un azaroso periplo desde su huida de Valencia hasta que por fin llegó a Andorra durante la Guerra Civil.


Desde el fallido intento del 18 de Julio en la capital del Turia, su vida había sido una continua huída por los distintos escondites y refugios hasta que le llegó la oportunidad en Barcelona, donde pudo acogerse a las redes de evasión que habitualmmente operaban con gentes y contrabando, tan boyante negocio en los periodos convulsos que le toco vivir.

Y así, me encontraba la tarde del domingo 7 de Agosto en un tren con salida de Sants en dirección a Manresa. Al calor de este recibimiento ordenaba mis pensamientos camino de la localidad catalana viajando en un cercanías con paradas en todas las estaciones, y me imaginaba esa escena en un tren de pasajeros de hace 75 años, en el que varios hombres –entre ellos mi abuelo – se encaraban al inicio de su escapada. En aquel momento ni se podían identificar, ya que una captura implicaba la caída del resto, por lo que cada uno afrontaba su suerte. Seguramente una tensión y unos pulsos que yo me ahorraba con un paisaje en el que el horizonte montañoso me ofrecía un vistoso ocaso.

Una hora y media después llego a la estación manresana, notablemente cambiada desde cuando sucedieron aquellos hechos de la Guerra Civil, y mi primer pensamiento es buscar el autobús de Cardona, pero con cierto aire cuando enfrente asomaba la iglesia mayor. La noción del tiempo se me había escapado y las secuelas de la fiesta me impidió calcular el enlace del tren con el autobús a Cardona que definitvamente perdí, y mi siguiente reacción es llamar al móvil de mi primo Marcos y el tio Javier, quienes ahora en ese momento se encaminaban con el coche al final de la primera etapa el Castillo de Basora.

Una hora de larga espera, y al poco rato lograban aparecer con caras de pocos amigos. Poca gracia les ha hecho tener que efectuar el correspondiente desvío, mientras el grueso del grupo ya se encontraba en la pensión Cardener preparándose para saborear la cena. Afortunadamente la carretera tiene poco tráfico y avanzamos deprisa, y llamamos  para que comiencen la cena sin nosotros, aunque en 20 minutos llegamos a un comedor rústico pero confortable donde tengo la oportunidad de saludar al resto del grupo, y así rebajar un poco la tensión por lo del asunto de la pérdida del autobús.

En una mesa alargada nos reunimos con mis otros primos hermanos: Carlos, Álvaro, Fernando y su novia Eva, mi prima Rita y su padre, y mi tio, Fernando, y completan el grupo la mujer de mi primo Marcos, Maria, y su padre, Jesús. En total somos once los que afrontaremos esta aventura durante la siguiente semana.



La cena es sabrosa, sobre todo para los más hambrientos, por lo que damos cuenta de ella rápidamente. Nos apremia descansar para la primera etapa del día siguiente. Las primeras bromas y el buen sentido del humor surgen esporádicamente, y ahora me siento mucho más tranquilo, la travesía comienza a encauzarse hacia terrenos más distendidos. Primer objetivo cumplido.



Nos dirigimos con nuestros equipajes a un gran caserón de payés habilitado con varias habitaciones, que nos invita a un merecido descanso, y en donde comparto dormitorio con mi tío Javier, al que ya pongo en antecedentes de los lugares donde pernoctaremos en las siguientes jornadas. La noche es fresca y agradable, y la temperatura en el habitáculo es soportable. Así que no tardé en caer en los brazos de Morfeo, mi cansancio ahora puede con mi expectación de lo que va a suceder en los próximos días...