miércoles, 13 de octubre de 2010

DE PASEO POR PRAGA (III): EXTRAÑAS ESCULTURAS DE DAVID CERNY

Como ya os comenté en el post anterior, la escultura de los Dos Hombres Meones (se llama así, The Peeing Men) en la entrada al Museo de Kafka no es la única de este autor, David Cerny, que se hizo conocido por pintar un tanque soviético de color rosa, ganándose la ira de aquellos en el poder y siendo arrestado por desobediencia civil.

Hay muchas, muchas esculturas suyas en Praga. Ninguna pasa desapercibida a la vista. En nuestra primera mañana bajábamos camino hacia La Plaza Vieja para ver el Reloj Astronómico a plena luz del día y contemplar la apoteósica hora punta y su espectáculo, cuando en una de las calles carcanas me encuentro con esto en la cima de un edificio, como un mantelito secándose al aire mañanero:


Se trata de una de las obras de David Cerny que más ha llamado la atención en los últimos tiempos, especialmente porque fue "prestada" a Michigan y otras localizaciones, pero en Michigan se lió parda cuando un trabajador lo vió colgando desde una oficina y llamó a la policía pensando que era una persona. Esta escultura es de tamaño natural y representa a Sigmund Freud colgando de una mano. De hecho se llama así: Sigmund Freud colgando de una mano, claridad ante todo...


Y uno se va a dar un paseíto por el parque de Kampa y espera ver jardines de césped verde, perros correteando en el verdor, niños jugando... y al doblar una esquina se encuentra ésto:


No, no es un bebé al que le hayan puesto la cara mirando a las antípodas debido a un puñetazo por no callarse la boca, en realidad lo que tiene en el rostro es una ventilación...


David Cerny creó estos gigantescos bebes (pesan 800 kilos cada uno y dos metros de altura) para la Torre Zizkov de televisión (como nuestro Pirulí). Una docena de estos bebes aparecen gateado torre arriba y abajo, y el Museo de Arte de Kampa pensó que serían geniales para decorar el parque. Los de la torre fueron tan populares que su autor tuvo que crear versiones permanentes que ya están allí desde 2001. Y se llaman Mimina Babies.

Y aún encontré esculturas más raras en lo alto de edificios, pero no de David Cerny. Así me fue, todo el día mirando para arriba, que en una calle que hacían obras casi me dejo los piños en el suelo...

martes, 12 de octubre de 2010

DE PASEO POR PRAGA (II): EL MUSEO DE KAFKA

                   Sentada en el pub del patio de entrada del Museo dedicado a Kafka en Hergetova cihelna en el Malá Strana a orillas del Vltava tras visitar el museo, llama la atención la cantidad de grupos turísticos guiados que llegan, se hacen unas fotos en el patio y se marchan tras las explicación conveniente del guía que explica un poco la vida del escritor checo y se vuelve a marchar a continuar su ruta con su grupito de acólitos, muchos de los cuales, sin duda, jamás oyeron hablar del autor, a juzgar por las caras de pasmo y asombro. Pero lo que más llama la atención son, de todas todas, las reacciones de la gente (diferente según el sexo) al entrar en el patio. Y no es la gran K negra al lado de la puerta, que no es ningún referente a una marca de cereales, ni es el gigantesco Globo al que se puede acceder desde la parte trasera del museo y -previo pago- disfrutar de una vista panorámica inigualable, sentado (que no en una cesta, porque este globo no lleva cesta). No, no es nada de esto... Lo que llama la atención, lo primero que el público ve cuando tras rodear el muro de piedra de entrada llega al patio es... una enorme fuente con dos seres de forma humana tocándose el pito frente a frente. Cada cierto periodo de tiempo, además, sus rígidos miembros expelen... agua.



Estos penes férreos suben y bajan a la vez que -como se puede vislumbrar en las fotos, las caderas de los humanoides se mueven de un lado a otro, haciendo que uno alce una ceja a la vez que piensa... WTF...???? La escultura representa, básicamente, a dos hombres orinando en una fuente que tiene la forma de la República Checa, y es obra de David Cerny, un autor bastante controvertido que ha llegado a ser arrestado por sus obras (y estoy hablando de 1991). En Praga encontramos otras esculturas de este autor, que, como ésta, no deja nada indiferente.


Como decía más arriba, las reacciones son diversas. Las mujeres -jóvenes o mayores, sonríen abiertamente o ríen sin complejos, con la boca abierta en un principio con un toque de incredulidad de que exista un monumento así -totalmente apropiado para el que sea familiar con la temática de las novelas kafkianas. Los hombres permanecen serios, aunque un dúo de chavalines americanos se atrevió a tocar tamaños miembros e incluso a dedicarnos una visión más que explícita de sus medias lunas para posar en una foto...
Pero sin duda, la reacción más brusca fue la de un grupito de americanas que no llegaban a la treintena y que con la nariz encogida no tuvieron reparo en declarar que aquello no era arte sino una aberración desagradable y asquerosa, y con las mismas abandonaron el lugar.


Pero volvamos al museo en sí, dedicado a la vida y obra de Franz Kafka. el museo se divide en dos secciones, el Espacio Existencial y la topografía imaginaria.
La primera parte está dedicada al mundo kafkiano, a la vida del autor, sus cartas, su obra. Se pueden ver manuscritos de sus libros, fotografías de su infancia y su juventud. Es una pena que muriese tan joven por complicaciones en su tuberculosis, y que muchos de sus mejores trabajos se publicaran de manera póstuma y en contra de sus deseos, pues en su ultima voluntad estipuló que aquel material que "dejaba tras de sí" se quemase sin ser leido. Afortunadamente -para nosotros- Max Brod, el amigo al que había confiado esa misión, decidió hacer caso omiso a Kafka y El Castillo, Amerika y The Trial pueden ser leidos y disfrutados hoy en día.
La segunda sección trate de situar algunas de las escenas y tramas de su obra en el contexto de la ciudad de Praga, geográficamente hablando.
En general el museo es un tanto peculiar. Hay cambios de luces, música, extraños sonidos, llanto de niños... convirtiendo el lugar en una especie de meca o pesadilla existencial, tal vez para hacer alusión al estado mental de Kafka, que huyó de sus propios escritos debido a la presión familiar. Es un lugar que no deja indiferente, pero sobre todo, es un lugar para fans acérrimos del autor.

El museo es relativamente nuevo, solo lleva cinco años operando como exposición permanente, después de que abriese en Barcelona en 1999 y durante 2002-03 fuese transferida al Museo Judio de Nueva York.

Tampoco es el único lugar de la ciudad de Praga en homenajear a su autor más conocido fuera de sus fronteras, a la entrada del barrio judío, junto a St. Nicholas se encuentra esta escultura en la pared:


Y junto a la sinagoga española se halla esta escultura, desafortunadamente vandalizada con grafitti:


En la Golden Lane del Castillo, una callejuela estrechita, está el número 22, donde Frank pasó casi toda su vida, y en la Plaza Vieja, el antiguo palacete que fue su Universidad.

domingo, 10 de octubre de 2010

DE PASEO POR PRAGA (I)

La ventaja de llegar a mediodía a una ciudad cuando estás de vacaciones es que te da tiempo a dar un paseo y quitarte de en medio algún lugar emblemático cuyo tiempo puedes dedicar posteriormente a visitar otros lugares. En nuestro caso, entre visitar varios sitios del Little Quarter, situado al otro lado del puente de Charles, llegamos a cruzarlo varias veces en nuestros cinco días allí, porque el ambiente y las vistas son realmente hermosas.


Creíamos que por nuestras fechas de viaje (finales de Septiembre-principios de Octubre) no habría mucho turista pero cuán equivocados estábamos... Como decia el Dúo Sacapuntas, el lugar estaba ABARROTAOOOO... sobre todo de españoles, que aquella canción de "hay un gallego en la luna" debería cambiarse por "hay un español en Plutón" ¡Qué pejigueras somos! Pero me llamó la atención especialmente que todos eran grupos de gente mayor, con lo cual como te tocaran delante en grupo en una calle estrechita, de las que abundan en el centro de la parte vieja de Praga, ya podías morirte de impaciencia... porque iban con sus bastoncitos y haciendo más paradas que el Nazareno...
Nos llamó mucho más la atención, sin embargo, la cantidad de gente mayor que apenas podía con sus pasos pero no dudaban en subir a patita a las torres (creando colas inmensas y languideciendo el paso hasta cotas increibles), o cuestas imposibles o lugares donde una persona con todas sus habilidades físicas en condiciones las pasaría medio putas.

Old town Bridge Tower

El Charles Bridge une la parte de la Ciudad Vieja con el Little Quarter, que de Little tiene precisamente poco. Aunque ahora es peatonal, en sus orígenes podían pasar cuatro carruajes en columna. La torre de la foto de arriba de estilo gótico fue diseñada por Peter Parler y se construyó a finales del siglo XIV.

Charles IV

La construcción del puente fue encargada por Charles IV en 1357 y construido también por Peter Parler, para sustituir el Puente de Judith. La decoración original fue una simple cruz,  y la primera escultura, de San John Nepomuk se añadió en 1683, inspirándose en las esculturas de Bernini del Puente de Sant'Angelo en Roma. Si no conté mal, hay un total de 30 estatuas a lo largo del puente y fotografié todas y cada una de ellas (bueno no, menos una que estaba cubierta porque la están restaurando), aunque aquí sólo os pondré las que más me gustaron o éste se convertiría en un post interminable. De todas maneras, destacar que la mayoría son copias y los originales se encuentran en el Lapidarium del Museo Nacional.

St. Ivo

Y el puente se llena de artistas y artesanos vendiendo sus productos, lo cual le da bastante carácter a esta ruta.


En el lado norte del puente, se encuentra esta placa engarzada en hierro forjado. La figura tumbada suele ser toqueteada por turistas varios (aunque por las conversaciones oidas [yo me parto] nadie parecía saber de qué iba el tema, pero ellos lo tocaban igual, como una señora nipona que estuvo 5 minutos de reloj tocando cada recoveco con ambas manos. De hecho llegé a creer que era invidente por el modo en que movía los dedos).  finalmente, después de esperar casi quince minutos a que todos los jartibles dejaran de posar frente a la reja, pude conseguir hacer una foto (y sin tocar, qué asquito, todo el mundo dejando sus gérmenes ahí). He oido dos versiones sobre la tradición de tocar al santito recostado: una, que si lo haces, vuelves a Praga (un poco como tirar la moneda en la Fontana de Trevi en Roma), y la segunda es que muchos piensan que hace milagros (!!!).


Otra de las esculturas cuyos bajos es más tocada (por los bajos me refiero a las dos placas de su pedestal, pulidas hasta el dorado del sobeteo ajeno), es la de la foto de abajo, representando a St. John Nepomuk. El culto a este santo canonizado en 1729 fue promovido por los jesuitas para rivalizar con el del reverendo Jan Hus. Nepomuk era vicario general de la Archidiócesis de Praga y fue arrestado en 1393 por Wenceslas IV, que ordenó que le tiraran desde el puente. El buen hombre se ahogó y el pedestal ahora muestra escenas de su martirio. Y el tocarlos, al parecer, trae buena suerte.

 

Casi al final del puente ya en dirección al Little Quarter se encuentra esta escultura de St. John de Matha, St. Felix de Valois e Ivan el Bendito, de 1714, esculpidos por Ferdinan Brokof. Estos son los fundadores de la Orden Trinitaria de los mendicantes para recaudar dinero para comprar la libertad de los cristianos convertidos en esclavos por los infieles (que se hallan representados en la base de la estatua).



Nótese la cara de aburrimiento del cosaco...


Y la de alucine del perro...


Frente a esta escultura más o menos se halla la de otro santito enseñando la liga a un grupo de leones... (y uno de ellos tiene cara de estar oliendo el aroma a camambert de la sandalia del santo). No, este... Es St. Vitus, que aparte de caérsele los calcetines y mantener a los leones alejados con sus olores, es un martir al que estos felinos se supone que iban a atacar pero que en lugar de ello se dedicaron a lamerle como inocentes gatitos. St. Vitus es el patrón de los bailarines y frecuentemente invocado contra las enfermedades convulsivas (sí, sí, el del baile de San Vito).



Otro con cara de pena...


Dos close-ups de los "bajos" de la escultura de St. John de Nepomuk para que apreciéis el grado de dorado debido al manoseo turístico. El perro está niquelao.


Y la mujer del centro y el santo boca abajo en el puente, también...


Al otro lado del puente se encuentra otra torre-mirador. A todas se puede subir y contemplar maravillosas vistas de la ciudad, aunque con que subas a una ya da igual, apenas cambia el ángulo y hay mejores vistas y a mayor altura desde el castillo en el cerro o desde el Observatorio en Petrin Park.


Este hombre vendía Cds de su musiquilla de organillo. Soy masoca, pero no tanto... así que no le compré uno.


A ambos lados del puente, guardando las puertas de acceso a las torres están estos chicos a modo de seguratas medievales. En las horas puntas, desde la torre, y conjuntamente con la del otro lado, la Power Gate junto a la Opera Municipal y la torre del Reloj de la Plaza Vieja, otro chico vestido de Paje con estos colores toca la trompetilla... (pero ya os contaré más de esto en el artículo sobre el reloj y la Plaza.


Más esculturas: Saint Cyril y Saint Methodius, de 1938. Representa a los hermanos de Thessalonica que llegaron a Moravia en el S. IX para bautizar a los paganos checos y eslovacos, y la estatua sustituye a la que había en su sitio de San Ignacio de Loyola, que está en el Lapidarium desde 1913.


Después de un paseo bastante interesante por la calle Nerudova, y probar algunas de las mejores cervezas checas, se nos hizo de noche y decidimos volver al otro lado del río, cruzando de nuevo el puente, que ofrecía, si cabe, mejores vistas de noche que de día, como ésta del Teatro Nacional:


Se celebraba estos días las festividades de Wenceslao, asía que a mitad del puente y cunaod nos disponíamos a escuchar a un señor que hace música con vasos llenos de agua, nos deleitaron con una magnífica sesión de fuegos artificiales.


¡Esto es lo que se dice llegar y besar el santo!



viernes, 8 de octubre de 2010

DE COMPRAS POR PRAGA...

Pues, entre otras cosas, ésto es algo de lo que me traje: una botella de Becherovka de 1 litro y dos copas de vino de cristal de Bohemia:


Las marionetas están presentes por todas partes en la capital, con varios teatros y multitud de tiendas para turistas. Incluso vi una tienda donde tenía toda una pared llena de marionetas representando a los jugadores del Barça (no sé si lo de ser una marioneta va con segundas, XDD), pero no me gustaban mucho las que tenían. Con las marionetas me pasa un poco que me pueden llegar a hacer sentir incómoda. Por eso cuando vi esta en un mercadillo  no lejos de Wenceslaw Square, supe que estaba hecha para mí, con su traje típico, según me aseguró la vendedora.


El segundo día visitamos el Museo de Franz Kafka, un autor imprescindible para mí que el guiri no conocía (no forma parte aquí del curriculum escolar). La tienda del museo está perfectamente organizada, con estantes de libros por idiomas. En inglés me compré un libro de los mejores relatos de Kafka, otro de historias del Barrio Judío y uno de cuentos y leyendas Checas, además de algunas postales. El de Mucha lo compré en el museo dedicado a este maravilloso artista.


No podía irme sin algunos knick-knacks típicos de la zona. Los dos corazones son de pan de Gengibre, típicos de la República Checa y Eslovaquia. Conviví aquí en Limerick durante años en la misma casa con un chico Eslovaco encantador que me trajo dos de tamaño más pequeño, explicándome que era típico regalo para los invitados en las bodas. Me regaló dos, una parecida a la de abajo y otra de color rojo (aún las tengo guardadas, me dijo que más que para comer se guardan como decoración y a mí me dio pena tirarlas porque son preciosas. Eso sí, una de estas es para mi hermana, la otra me la como.


No soy católica, ni creo en leyendas inventadas por la Iglesia ni torradas varias, pero a fuerza de ver al Niño Jesús de Praga por todas partes, no pude evitar traerme uno... Y una muñequita-imán de nevera con el traje típico que pienso copiar para la Nancy. Una torrecita de recuerdo y un botecito de perfume de cristal de bohemia. (Los que he comprado de regalo para la familia son, si caben, más bonitos :(. Había tantos que no sabía cuál escoger!)


En el Barrio Judío (Jewish Quarter), mientras hacíamos cola para comprar la entrada a las sinagogas, compré esta bonita Mano de Fátima. Los pendientes de gatito se los compré a uno de los muchos artesanos que venden bisutería hecha a mano en el famoso Charles Bridge. Iban a ser para mi hermana, pero cuanto más los miraba, más me gustaban y decidí volver y pillar otros para ella. Aunque regresamos tres veces en días sucesivos, el vendedor ya no estaba.... La campanita no sé de dónde salió, probablemente la llevara en la mano mientras iba a pagar por algo y acabé comprándola por inercia.


Y naturalmente postales, postales, postales...



Y qué decir tiene que también me he venido cargada con regalos para mis padres y hermana... Si no le compro algo de cristal de Bohemia a mi madre, especialmente cuando su cumpleaños es la semana que viene, me deshereda...

miércoles, 6 de octubre de 2010

ALGO DE GASTRONOMÍA CHECA

Llegamos a Praga sobre la hora de comer. Nuestro hotel estaba en la calle que hacía esquina con la del famosísimo U Fleku. Nadie que haya estado en Praga se va sin pasar por este bar/restaurante/fábrica de cerveza. Sería como ir a Sevilla y no visitar la Giralda... O venir aquí y no ver al Niño Jesús de Praga...

Honestamente, es un hervidero turístico donde la comida es buena. Buenísima y abundante. Y nada cara. El ambiente es genial y festivo, con un acordeonista paseándose por el comedor tocando los éxitos del momento: Clavelitos (en serio), los Pajaritos, Qué será, será y otros temas del cancionero popular turístico internacional.
Las mesas son alargadas y nos situaron en una ya ocupada por otras dos parejas, que no le hizo mucha gracia al guiri, pero tras darme cuenta de que eran una pareja de españoles quizá al final de la cuarentena o principios de los cincuenta, entablamos conversación y lo pasamos bastante bien.


El segundo día cenamos en un barco en el río, sí, conseguí que el guiri se metiera en un barco!!! El Matylda ofrece un servicio excelente a precios únicos y una comida deliciosa con un menú variado.



La tarde que subimos hasta arriba de Petrin Park (en funicular, aunque bajamos andando) a la Torre Observatorio [en ascensor, que ya tenemos experiencia con escalones] (una minicopia de la Torre Eiffel desde el cual hay unas vistas impresionantes de la ciudad), al bajar del mirador tomamos un tentenpié en los stands de comida en el exterior, disfrutando de un tiempo excelente para principios de Octubre. El guiri se pidió un trozo de asado de cerdo, pensando que le iban a dar un trocito y se encontró casi con una porción de cena...


Mientras yo me pedí un trozo de Trdelnik, un dulce tradicional checo que amasaban allí mismo y cocinaban sobre el calor de las brasas, alrededor de grandes cilindros. Lleva almendras troceadas y mucho azúcar por encima, con canela. Estaba de muerte!! (La pena es que me acordé de hacer la foto cuando ya me había comido casi la mitad, por lo que el trozo que te venden por unas meras 50 coronas es el doble de grande...)


En Wenceslas Square nos encontramos con este tranvía convertido en bar, y decidimos descansar los pies y tomarnos una cervecita una tarde entre museo e iglesia...




Hemos comido de manera variada (al menos yo). Los platos de la cocina típica checa son Pork Knuckles (pies de cerdo) asado, pato asado con dumplings (de pan o de patata, los de pan no me gustaron demasiado), y el Goulash. El Goulash de la foto inferior se llamaba Smugglers Goulash (el goulash del contrabandista) y se presentaba en este enorme pan con su tapa y todo.



Todo regadito con Pilsner Urquell y Becherovka (del que me traje una botella que os enseñaré en el post de los souvenires...). Y la Pilsner Urquell la venden aquí en el super desde que hay tanto extranjero por esta isla...