








Este muñeco de Moip del 72 lo he encontrado tras bucear en la red, en Todocoleccion al "módico" precio de 15 eustaquios.






Crecí, además, oyendo las múltiples leyendas que poblaron mi infancia de imaginación y sueños imposibles. Una de ellas es la de las Cuevas de Mariamoco, esos túneles de edad imprecisa que se decía recorrían todo el subsuelo de Cádiz. Tenía amigos que me aseguraban haberse adentrado en ellas, por entradas secretas descubiertas mientras tenían lugar las obras del aparcamiento de Canalejas. Aseguraba este cierto amigo que tras el lavabo de uno de los servicios de dicho aparcamiento, se hallaba una entrada, y que él lo sabía de ciencia cierta porque su tío trabajaba allí y le había llevado a verlas. Supliqué que me llevara, yo, Indiana Jones femenina de muchas ideas y pocos recursos, niñita ignorante de doce-trece años en busca de aventuras con las que soliviantar una existencia aburrida, a caballo casi entre la niñez y la adolescencia. Ni qué decir tiene que nunca llegué ni a la entrada del aparcamiento.
Las cuevas, jamas las ví. Pero existir, existen. De hecho, el dicho más comun era que si encontrabas la entrada por la plaza de Mina, podías recorrer toda la ciudad por debajo. Algunos túneles se conocían. Los de debajo de las murallas de las Puertas de Tierra y los dragaminas y pretiles del siglo XIX, y la nueva tecnología ha puesto al descubierto unos pasadizos de origen romano de entre 6 y 8 kms. que recorren la mayor parte del casco antiguo, y que en breve se podrán, además, visitar. Supongo que cuando los limpien de las colonias de cucarachas que los pueblan, que al parecer, son no numerosas, si no colosales. Los pocos que se han adentrado, temen mover el haz de luz de sus linternas porque el hacerlo las molesta y se te echan prácticamente encima. Y yo, con diez, once, doce, trece años, pretendía entrar ahí por propio pie!

Dichos pasadizos se extienden desde las Puertas de Tierra hasta la Alameda, se dice que eran túneles de conexión de las zonas nobles de la antigua Gades, utilizados por los más pudientes para evitar ser asaltados a la vuelta del circo o del teatro. Había, en adición, una leyenda mucho más enigmática que se oía por los colegios y que contaban los mismos profesores, aquella del crío que accidentalmente encontró un acceso a las cuevas y se adentró en ellas hasta perderse. Exhausto, muerto de hambre, llegó a una gran sala donde encontró a 12 moros, 12! jugando a las cartas. Según la leyenda estos pasadizos se utilizaron como medio de escape en la Guerra Civil, como seguridad en asedios piratas y como escondite de contrabandos y actividades de origen oscuro.
Y ha sido sólo hace relativamente poco, que Germán Gabarino, gerente de la empresa Monumentos a la Vista se hizo cargo de su investigación y tras contrastar diversos testimonios transmitidos de "boca en boca", descartó los falsos y las pistas le llevaron hasta la Iglesia de Santiago, a pocos pasos de la Catedral. Allí, en la cripta, existe una enorme puerta sellada con ladrillos y piedra ostionera que no conduce, ya, a ningún lugar. Pero Germán , con un plano fechado en 1837, en el que se reflejaban claramente los túneles, su emplazamiento y tamaño, los encontró al fin en 2004. Partiendo de las Puertas de Tierra, antiguas puertas de entrada a la ciudad, uno de los pasadizos lleva hasta el Arco de los Blancos, y de aquí, otro lleva hasta el puerto, aunque este en la actualidad parece hallarse inundado. Otros se dirigen hasta la Iglesia de Santiago y hacia el Convento de San Francisco y finalizan en la plaza de Argüelles, muy, muy cerquita de la Alameda. A partir de ahí se decidio utilizar tecnología y a traves de Geytex, una empresa especializada en tecnología subterránea, GEO-Radares y gavimetría, se estudió el subsuelo de Candelaria, la Plaza de la Catedral, la Plaza San Francisco y la Calle San Juán con resultados positivos.
Así que sólo me queda esperar. Tal vez la próxima vez que vaya a Cádiz estén abiertas, aunque sea un pequeño tramo, ése que dicen que abrirán en el Arco de los Blancos y en la Plaza de la Catedral, para cumplir un viejo sueño de la infancia. Soy afortunada, he cumplido muchos. He conocido a mi heroína de la infancia, Purita Campos. He visitado mi país favorito, Italia. He viajado mucho, he conocido a muchos de los llamados "famosos". Pero los sueños de la infancia, completar el curso de una leyenda, comprobar que es cierto, que nunca te mintieron tus mayores ni te contaban camelos, también es importante. Y esta vez, no necesitaré llevar una mochila con cordeles de azotea.
Hace un par de meses, un amigo de la web de MiPasado.com, Ruben "6 Neuronas", recomendaba el nuevo libro de Jordi de la Torre, La Vida en Rosa. Como ya tenía planeado ir a España a finales de Noviembre, me dije que ya lo buscaría en alguna librería. Antes de ello, sin embargo, me pasé por la editorial a leer gratuitamente los primeros capítulos del libro y me puse en contacto, también, con su autor, todo un encanto de persona, he de decir. 


Jordi de la Torre no es nuevo en el mundo literario, precisamente. Su primera novela, La distancia es / no es el olvido, se publicó en 2006. Jordi, natural de Badalona, es licenciado en Geografía e Historia, ha sido profesor de secundaria durante quince años y regidor de Cultura de la Roca del Vallés. Se define a sí mismo como un "escritor a domicilio" y un padre de tres niñas "irrepetibles".
¿A que esperáis...? A leer, energúmenos!





Razón por la que al final, caí en las redes de la digitalización y acabé con esta Kodak un tanto mejor que la anterior, que aunque come pilas como una descosida, hace fotos de bastante calidad.
