El idílico bungalow en una zona agraciada de The Naul, en el Condado de Dublín, permanece cerrado y desierto, casi fantasmal. El césped crece a su antojo y el único correo que llega a su buzón es el propagandístico.Pero no siempre fue así. Lambay View tuvo una vez unos residentes risueños y aparentemente felices. Dos niñitos de corta edad dieron sus primeros pasos en sus habitaciones y pasillos.
Hasta que llegó la desgracia y las risas se convirtieron en gritos desesperados, en llantos y muerte.
Sucedió en 2004 y es uno de los crímenes recientes que ha sacudido a la sociedad irlandesa, por la frialdad con la que fue cometido y por el trasfondo que lo rodea. Es una historia triste, de amores y desamores, de cuernos, mentiras y desolación.
El cuerpo bestialmente golpeado con unas pesas de Rachel O'Reilly fue encontrado en su dormitorio por su propia madre la mañana del 4 de Octubre de 2004. Tenía 30 años y dos niños de corta edad. En los días que siguieron a su muerte, se barajó la hipótesis de que había sido la víctima de un robo fracasado. Probablemente alguien entró en la casita pensando que se hallaba vacía y se encontró con Rachel que se enfrento al o los ladrones. Pero pronto la policía llegó a la conclusión de que Rachel podría haber conocido a su atacante y que el asesinato habría estado cuidadosamente planeado su muerte desde hacía meses.
El foco de atención se centró entonces en su marido, Joe O'Reilly, que admitió en numerosas entrevistas a la prensa y en programas de televisión por los que se paseó impunemente que era el principal sospechoso. Joe tenía 32 años y era un ejecutivo publicitario que vehementemente negaba su culpabilidad. Eran un matrimonio feliz, casados desde hacia unos años, con dos hermosos y sanos hijos, sin deudas.
Pero pronto esa pantalla de felicidad se vería hecha añicos según la investigación empezó a profundizar en la vida de Joe. Para empezar, su matrimonio no era tan idílico como parecía de puertas para afuera. Joe simplemente se había cansado de ella y tenía una amante, Nicky Pelley, con quien planeaba casarse en el futuro y vivir la vida que en principio había planeado con Rachel. El problema es que para Joe, el divorcio quedaba totalmente fuera de la cuestión porque con ello perdería la custodia de sus hijos y su casa. ¿Solución?: Matar a Rachel.
Joe fue arrestado casi un año más tarde y su juicio tuvo lugar en 2007. Actualmente se encuentra tramitando su segunda apelación, después de que la primera fuera denegada. Naturalmente, nunca ha admitido su culpabilidad, y la esencia de su caso, a pesar de no tener pruebas materiales (la pesa con la que se cometió el asesinato nunca fue encontrada), fueron las llamadas telefónicas desde el móvil de Joe.
Joe asegura haber estado trabajando el día y a la hora del crimen en Dublín. Sin embargo, récords de su teléfono le sitúan en las inmediaciones de su vecindario. Las llamadas que se hicieron a y desde el teléfono de Nikki Pelley, la mujer con la que mantenía un affair, fueron decisivas para situarle en el lugar del crimen.
La primera llamada entre Pelley y O'Reilly se hizo a las 5.45 de la mañana del 4 de Octubre de 2004, el día que Rachel fue asesinada. Los récords cedidos por O2 a la policía muestran que la llamada duró 27 minutos y provenía de la línea telefónica de la casa de Nikki al móvil de Joe. Las llamadas se sucedieron durante toda la mañana a diferentes intervalos, durante un total de una hora entre las 5.45 y las 8.46am. O'Reilly había dicho a la policía que aquella mañana se había levantado sobre als 5.20am y había ido directo al gimnasio donde se había encontrado con su compañero de trabajo Derek Querney, y de ahí fue a trabajar a Viacom, una compañía de publicidad exterior en el Bluebell Industrial estate a las 7.30, donde ya habían llegado otros trabajadores. A las 8.25am dejó la oficina para ir a inspeccionar unos posters en Phibsboro en un Garaje de autobuses y Querney se le unió algo más tarde. O'Reilly asegura que la única persona con la que habló mientras estuvo allí fue Querney y que ambos se marcharon para regresar a la oficina en sus respectivos coches sobre las 11.30am, llegando a eso de mediodía. Sin embargo las camaras de seguridad le ven llegar sobre las 13.10.
Oliver Farrell, un ingeniero electrónico contratado por O2 fue el encargado de explicar en el juicio las conexiones telefónicas que desbarataron del todo la coartada de Joe O'Reilly, sentando un precedente en las Cortes irlandesas. Según estas investigaciones, los récords telefónicos sitúan a O'Reilly cerca de su casa en la mañana del crimen. El mástil en Murphy's Quarry, carretera abajo de la residencia de los O'Reilly en The Naul, al norte del condado de Dublín, recogió una señal del teléfono de Joe dos veces -a las 9.25 y a las 9.52-. Farrel explicó que sería imposible que un mástil en Murphy's Quarry recogiese una señal desde el Garaje de autobuses en el centro de la ciudad, el lugar donde O'Reilly dice que estuvo.
Entre las múltiples llamadas de ese día, hubo un total de 18 comunicaciones entre Joe y su amante Nikki Pelley. Tres llamadas entre sus teléfonos antes del asesinato que tuvieron una duración de 58 minutos y 25 segundos.
Durante el juicio, salieron a la luz aspectos de la relación de Joe y Rachel que nadie conocía hasta entonces. Cuatro meses antes de la muerte de Rachel, Joe había intercambiado algunos emails con su hermana Ann, donde se discutían los sentimientos de Joe después de visitar con Rachel el día anterior a un trabajador social, tras una denuncia de una llamada anónima que se quejó a asuntos sociales del modo en que Rachel trataba a sus hijos. En uno de estos emails se revela que "el anónimo" fue la madre de Joe O'Reilly, dejada llevar por las historias que Joe le contaba de cómo Rachel maltrataba a los niños. Según se fueron leyendo los emails a lo largo del juicio, quedó clara "la repulsión" que Joe sentía hacia su esposa. En uno de ellos le dice a su hermana que su matrimonio está acabado: "Yo + Rachel + Matrimonio = ¡Se acabo!" y admite sus miedos a perder la custodia de los niños. Refiriéndose a si mismo como "Mister Custodia de Fin de Semana", dice: "Ser un padre en este país, sin importar si se es uno bueno, significa tener derecho a visitas de fin de semana y poco más. Ayer tuve mi primera indicación personal de cuánto perderé si no intento un ángulo diferente". Luego llama a su mujer en tono irónico "La Mejor Madre del Mundo" y utiliza lenguaje altamente abusivo, se ríe de su intento de organizar una "patética cena romántica" para ambos y añade: "De todas, todas, lo mejor sería arrastrar su culo gordo fuera y darle un patada que la envíe bien lejos, pero no delante de los niños, y sin dejar marcas que puedan y sean utilizadas contra uno en un juicio..."
Nikki Pelley compareció ante el juez también, aunque no ha sido ni siquiera acusada de complicidad. Declaró que conoció a Joe mientras trabajaba en Viacom provisionalmente y que se encontró de nuevo con él en una función de negocios, donde comenzaron su relación. Se veían los Martes y Sábados mientras Joe le decía a su mujer que iba a jugar softball o se quedaba a trabajar toda la noche en la oficina. Dijo que habían discutido un futuro juntos y que había conocido a los hijos de O'Reilly en varias ocasiones, cuando fueron al zoo o en su propia casa.
Las pruebas telefónicas, recogidas por los mástiles que le emplazarían minutos antes del crimen en su propia casa, fueron decisivos para asegurar el veredicto de culpable al que llegó el jurado de nueve hombres y dos mujeres tras nueve horas de deliberación. Su amante aún le visita en la cárcel cada semana a pesar de que fue condenado a cadena perpetua.
Por otra parte, Rose Callahy, la madre de Rachel, acaba de sacar un libro editado por Penguin que relata la vida de su hija hasta el momento de su muerte.









