miércoles, 16 de julio de 2008

LAS RECETAS DE LA ABUELA (El Rincón de Lar)




Mi abuela no era una cocinera sublime, ni un máster chef the la novel cuisin. Mi abuela cocinaba platos caseros, de esos ricos, ricos, de antes de que naciera el Arguiñano. En su pequeña cocina, entre peroles y platos de arcoroc, entre potes con hierbas frescas y tenedores de plata vieja, mi abuela preparaba exquisiteces que jamás volveré a probar. Dicen que nadie cocina igual que otra persona aunque repita la receta paso a paso. El menudo (callos) de mi abuela, no sabía igual que el de mi madre, y yo prefería el primero. La tortilla de patatas tampoco era igual. La de la abuela era mas líquida, con el huevo acariciando las patatas, cosa que detesto hoy en día pero solía gustarme antaño.

Mi abuela preparaba candiés que le daban mil vueltas al mejor cóctel y que suplían la cena en las noches de invierno de estómagos en desgana. El candié, tan popular en mi tierra es, al parecer, una mezcla poco conocida fuera de Despeñaperros, y no consiste más que en mezclar un poco de vino dulce (generalmente Moscatel), y un huevo. A veces se le añade azúcar. Se bate todo con un tenedor y se bebe. Dulce, simple, delicioso y rico en proteínas. Pasé muchos meses, en aquella época entre la niñez y el convertirme en "oficialmente mujer" en la que me negaba a cenar, no tenía hambre. Lo cual era normal porque en la merienda probablemente me había zampado media barra de pan con cualquier cosa que le metiese dentro, que normalmente era más de una.

Me encantaba el puchero de la abuela, aquel que duraba casi una semana, cocinado durante un par de horas en aquella olla enorme que asemejaba un caldero. Ese puchero servido el primer día en forma de sopa de pan, seguido de una fuente con carne. Al caldo se le añadía sucesivamente fideos, o arroz, garbanzos... y el último día se hacía ropa vieja, mi plato favorito de la sucesión de pucheros. Cómo odiaba la sopa de pan, el puerro o cualquier cosa verde que flotase en el cocido! Y cómo adoraba esa sopa de avecrém con fideos, al que añadíamos un huevo cocido picado y un poco de bacon a dados.

La nevera de la abuela estaba llena de alimentos y bebidas que han conservado su sabor sólo en mi paladar. En la puerta se apilaban aquellas botellas de Casera de cristal con el cierre metálico de clip, que luego se rellenaban de la leche que vendían en bolsa (y que sabía a leche) o de agua fresca. A su lado, las botellas de Valdepeñas barato, el padre del Don Simón, que a mi abuelo gustaba demasiado de degustar antes, durante y tras las comidas.

En la nevera de la abuela había quesos de los que más me gustaban, chorizo del bueno, panceta curada, queso de cerdo (algo que nunca más he vuelto a ver y que tenía un aspecto asqueroso), mezclado con el aroma dulzón del membrillo que siempre me negué a comer. Había mantequilla Tulipán, botes de manteca colorá, sobrasada en barra y compota casera.

Mi abuela adoraba la cocina, aquel cuartito estrecho y alargado con el pilón de piedra gris y el retrete al fondo, donde pasaba las horas "haciendo habíos" y aderezando cocidos con el ritmo de sus canciones de otro tiempo, mientras el viejo y pobre Pancho dormitaba en el corredor y Merceditas y yo malcantábamos otro éxito pop delante del enorme radiocassette.

-"¿Y... qué hay de postre, abuela?"
-"Flan".
-"¿Del Chino?"
-"De Paco del armarcén."

4 comentarios:

Lar dijo...

Me encanta...y me encanta como eres... siempre tienes tiempo para todo y si no, lo encuentras...

Besotes

Me voy pa tu tierra el 7 de agosto y tengo unas ganas...

Omaha Beach Boy dijo...

Un texto que destila vida por los cuatro costados. ¿Qué más se puede pedir?

chema dijo...

mi abuela paterna (que todavía vive), hasta hace relativamente poco guardaba esas botellas antiguas de casera con el tapón sujeto por una arandela, jeje.

y es verdad que no hay dos personas que cocinen igual, ni siquiera cuando una ha aprendido de la otra. es algo muy personal, como la escritura...

Anónimo dijo...

QUÉ BONITO CANDELA!! ME HA HECHO RECORDAR LAS COMIDAS DE MI ABUELA. SU CARNE DE TORO, EL ARROZ CON LECHE, LOS CARACOLES..MMMM!! QUÉ BUENOS.
NO SABIA QUE A ESO SE LE LLAMARA CANDIÉ.ANTES ESO SE HACÍA MUCHO. CUENTA MI MADRE QUE MI ABUELA SE LOS DABA EMBARAZADA DE MÍ, PORQUE ERA MUY BUENO, DECÍA MI ABUELA. Y SE LO DABA EN AYUNAS!!ASÍ QUE IMAGINA EL PELOTAZO QUE PILLARÍA MI MADRE A PRIMERA HORA DE LA MAÑANA.
HAY QUE VER EL PARTIDO QUE SE LE SACA A UN PUCHERO... POR DIOS!!
ÉNERI