domingo, 24 de julio de 2016

Renovarse o morir

Mientras seguimos pintando la casa (ya acabamos el salón también, nos planteamos tener que hacer algo con la chimenea. Es increíble lo que puede cambiar una casa con un poco de pintura, pero increíble también lo que se puede hacer con un poco de inversión mínima e imaginación.
La chimenea daba pena. Tenía potencial pero la madera estaba muy mal, repintada hasta el cansancio, con pintura perdida e incluso trozos de madera en modo AWOL. Sobre la rejilla había unas piedras horribles que solo atraían polvo y telarañas y eran difíciles de pintar.








Lo primero que hice fue quitar las piedras y buscar algo bonito que poner en la rejilla (que aunque no aparece en las fotos, he pintado de negro, y he pintado también el fondo de hierro.


Luego, me hice con un par de rollos de aironfix efecto mármol y éste fue el resultado:



En la mudanza en Febrero del 2013 nos destrozaron una de las estanterías que teníamos para Cds y Dvds, pero ahora al moverla se ha terminado de descuajeringar y no tenía remedio. Hemos decidido jubilarla junto a otra que posiblemente sí podamos reutilizar. Y estoy muy contenta con la nueva unidad:



A seguir mejorando!



domingo, 10 de julio de 2016

Pintor, que pintas con a♫♫♫♫oooorrrr ♫♫♫

Estamos pintando la casa y parece mentira lo que un poco de pintura puede hacer. Nuestra casita de alquiler tiene más de 100 años a sus espaldas y muchas humedades.

El baño lo pintamos hace dos veranos tras darle un tratamiento para la humedad (teníamos un verdadero campo de penicilina en algunas de las paredes). En una de las paredes, el cultivo de esporas es persistente y aunque continuamos con el tratamiento y el spray constante, vuelve a salir. Esta vez vamos a intentar sellar y volver a pintar, tenemos aún como medio bote de pintura de la vez anterior, o si no, usaremos alguno de los restos de los colores que hemos usado ya para el resto de la casa.

Toda, TODA la casa está pintada con una pintura porosa y seca, mate, de tono "magnolia", el terror de las casas de alquiler: es una pintura barata y muy muy mala. Olvidé hacer fotos de antes del hall, pero aquí está el después:


Este mismo color lo vamos a utilizar en el dormitorio. La cocina era un desastre, entre humedades (que no cultivos) y algunos trozos que tras raspar pintura empezó a caer el yeso. Tuvimos que utilizar polyfiller para rellenar auténticos "agujeros".

Este era el aspecto tras darle una capa de sellante a las paredes que mostraban decoloración por humedad (o sea, manchas):



Y este el aspecto tras pintar las paredes de la cocina:


Los cuadros de la pared que tenían el marco marrón los pinté de rojo porque así me hacen juego con la panera y el reloj de la pared opuesta.

En la coicna hay una puerta blanca que estaba absolutamente asquerosa en todos los sentidos: pintura manchada en el bajo, cascarillada en algunas zonas y los cristales todos manchados de pintura alrededor de los marcos. Vamos, lo que es haberlos pintado sin poner cinta alrededor para evitar pintarlos. 

Decidí pintar la puerta de rojo también, ya que estábamos y con mucha paciencia, un rascador, aguarrás y un estropajo nana, conseguí llevarme la mayor parte de la pintura de los bordes de los cristales. Y he aquí el antes y el después:




Desde que estoy en la casa, he cambiado ya 3 veces las cortinas de la cocina. La primera me cogió de novata: una tela muy bonita pero el sol -por extraño que parezca en un país donde llueve el 95% de l tiempo, se comió el color de los bordes dejándolas realmente feas (no, no le puse forro por detrás. Yo había hecho además a juego la cortinilla de un mueble que no tiene puerta (me siento abuelo) y unos asientos para las sillas de la cocina que son de tapizado marrón oscuro y absolutamente horribles. El antes:








Y el después:




Y por último, las escalaeras que a pesar de ese horrible color magnolia parecían oscuras y tristes. No tengo fotos del antes, así que os enseño solo el después:




Nos queda mucho por hacer, claro está, Nos queda el salón y el dormitorio, repintar el utility room (posiblemente del mismo verde de las escaleras) y pintar marcos y puertas y los rodapiés (mi labor). Pero es un comienzo. Y la casa, desde luego, lo agradece.

Ahora solo falta que venga el casero y nos diga que la elección de colores no le gusta... pero me niego a usar magnolia!

Ah! En el dormitorio, algo he hecho: pintar la barra de las cortinas, que eran de un blanco.. ¿cómo describirlo...? de un blanco inexistente. La madera estaba repintada y cascariñada, así que las he pintado de negro. El próximo año posiblemente compre barras nuevas, este año con lo que llevamos gastado en pintura hasta el momento (más de 200e y esto sin contar material) no nos llega el presupuesto, sobre todo porque la agencia aún nos debe la pintura de hace dos años y ya hemos perdido la esperanza de que nos lo paguen. 










lunes, 20 de junio de 2016

Relato en Re



Creo que fue un mes después de aquella observación cuando cruzamos miradas por primera vez. Hasta entonces, había sido cauta y discreta en mis observaciones del personaje en cuestión, pero esta vez descubrí algo nuevo que –dado su físico apolíneo- no me extrañó en lo ms mnimo.

Junto a su mesa había un grupo de ruidosas veinteañeras, bulliciosas y cubiertas de pies a cabeza en “atrezzo”. Y cuando digo “atrezzo” me refiero a todo lo que una persona pueda ponerse encima para cambiar su apariencia: extensiones de cabello, pestañas postizas, bronceador artificial que confería a sus pieles un tono anaranjado e irreal, dos kilos de maquillaje, tacones imposibles que a duras penas podían controlar y vestidos cortos. Muy cortos. Algunas llevaban shorts y ajustados tops que dejaban poco a la imaginación. Creo que me estoy haciendo mayor.

Una de ellas –rubia, exuberante, embutida en un corsé rojo y faldita de vuelo- entabló una ebria conversación a gritos con Walter. Se llamaba Anne y había venido desde otra ciudad a pasar el fin de semana. Por su garganta habían pasado ya tres pintas de sidra, un vodka sin hielo y tres chupitos de Jägermeister. Era ruidosa y efervescente como la espuma y Walter respondía a sus preguntas en voz baja, con una sonrisa que cambiaba la iridiscencia de su mirada.

No sé en qué momento le perdí de vista. Mi amiga Maggie me preguntó por mi nuevo trabajo y distrajo mi atención lo suficiente para que cuando desviara la vista hacia el rincón, Walter no estuviera. Su copa medio llena estaba aún en la mesa. Sorprendente, porque durante las semanas que llevaba observándole, solo abandonaba su asiento para pedir otro vino. Jamás le vi ir a los lavabos o fumarse un cigarrillo en la puerta. Tampoco le vi abandonar el local antes del cierre.
La rubia había desaparecido también.

Decidí ir al baño. Una sensación de alivio me invadió al ver a la rubia Anne y su corsé apretado repintándose los labios. Sin embargo, mientras yo hacía lo que había ido a hacer al servicio de señoras, la rubia sacó su móvil del bolsito a juego con los zapatos de charol carmesí y se enzarzó en una conversación con todos los pormenores del polvo de su vida que acababa de echar en el servicio de caballeros –mucho más discreto que el de chicas, pero más “oloroso” también- con un atractivo hombre cuyo nombre ya ni recordaba y que le había dejado unos chupetones en la base del cuello y los senos que sería la envidia de todas sus amigas. Y a pesar de que algo se me removía por dentro, no pude evitar quedarme totalmente quieta en el interior del cubículo oyendo cómo Walter era un amante insaciable que con la experiencia que le daba su edad sabía cómo hacer feliz a una mujer y cómo tocar las teclas adecuadas en aquella melodía de sexo descontrolado y frenesí de labios y lenguas. Vomitivo.

A mi regreso al bar, Walter ya estaba acomodado en su rincón, con algo más de color en las mejillas y un nuevo Cabernet en la mano. El sexo le daba sed. Y yo no podía apartar la vista de aquel rostro hasta que él alzó los ojos y nuestras pupilas se encontraron. Volví la cara, singularmente ruborizada.

A Walter le gustaba el sexo con desconocidas..


martes, 7 de junio de 2016

Relato en Do

I

Conocí a Walter en el Pub Bolton. El Bolton es un bar irlandés, oscuro y con olor a madera vieja, de luz amarillenta que al caer la tarde declina envolviendo a los presentes en una penumbra relajante. Yo solía ir al Bolton cada fin de semana y en alguna ocasión especial con mi grupo de amigos, aunque la primera vez que le vi fue en cumpleaños de Maggie, cuando nos reunimos un grupo reducido de amigas.

Walter siempre se sentaba en la misma mesa redonda en el rincón frente a la puerta y nunca llegaba antes de las 9 de la noche en invierno. En verano no solía aparecer hasta ponerse el sol, tal vez evitando la muchedumbre ruidosa de las tardes largas y los días soleados que atraían a más parroquianos al bar y se apoderaban de su rincón personal. 

Walter vestía como un viejo gentleman: chaqueta oscura, camisa y pañuelo atado elegantemente al cuello, y no aparentaba más de 40 años. Era atractivo, muy atractivo, a pesar del color tan pálido de su piel, pero eso por estas costas no es nada extraño. Sus ojos eran de un celeste casi transparente, lo que me hizo pensar aquella primera vez que era invidente. Su mirada permanecía fija en un punto muerto mientras bebía lentamente de su copa de vino tinto. Sin embargo, cuando una chica con falda muy corta se paseó de camino a los lavabos, su mirada casi translúcida siguió el bamboleo de su redondo trasero con interés.

Un día, unas semanas más tarde, descubrí a Walter sacando secretamente de su bolsillo una petaca de plata con un intrincado diseño con la que rellenó dos dedos de su copa de Cabernet Sauvignon. A pesar de su apariencia casi aristocrática y su atractivo físico, me quedó algo bien claro:


Walter era un rata.

CONTINUARÁ,,,

(Primer capítulo de un nuevo proyecto)

jueves, 2 de junio de 2016

Querida Margarita - una historia Eduardiana de amor en Postales

Este fin de semana me encontré con Margarita en la que se ha convertido mi librería favorita, Waterstones. No es un libro. Es un pack de 100 postales de la época eduardiana, correspondencia entre Margarita, Charles, familiares y amigos de Margarita. Ella y Charles eran los abuelos de Eleo Carson, que un buen día encontró un álbum con más de 500 postales de su abuela, que relatan la historia de amor entre ambos cuando eran jóvenes. Y a pesar de su precio, las adquirí porque hay algo mágico en las postales antiguas. Y vienen muy bien presentadas y numeradas en el dorso para poder tenerlas en órden cronológico.




.Margarita era la hermosa e inteligente hija de Manuel Johnson, el dueño de la fructífera Droguería Johnson, un negocio farmacéutico afincado en la Habana, Cuba. Nacida en 1880, era la hija mayor y la favorita de sus nueve hijos. El padre de Margarita adoraba Europa y decidió que sus hijos se beneficiarían de una educación en ella. En 1888, cuando Margarita tenía 8 años, se marchó a Inglaterra a estudiar junto a sus hermanos Manuel y Alberto. Los otros hijos irían en sucesivos años y su padre los visitaría frecuentemente, no así su madre, que se quedaba en Cuba. 
Tras seis años en Inglaterra, los niños se trasladaron a París durante otros dos antes de mudarse a Alemania. Los 6 chicos estudiaron ciencias para prepararse en el futuro a trabajar con su padre en su negocio. Eran una familia cercana que se mantenía en contacto con cartas y postales, muchas de las cuales aparecen en esta caja.

Cuando Margarita terminó el instituto en Berlín, ya hablaba 4 idiomas a la perfección, y viajó por toda Europa trabajando y traduciendo para su padre y ocasionalmente regresó a Cuba.

En 1900, con 20 años, Margarita se embarcó en un viaje que cambiaría su vida. Viajando desde la Habana a Europa, conoció y se enamoró de Charles Lumb. Charles, un elegante joven de 27 años, trabajaba para un banco inglés y estaba buscando oro en el Oeste americano. Separados por un océano y viéndose en contadas ocasiones, empezaron un romance "de palabra", a través de cartas y postales.

Sin embargo la historia no iba a tener un final feliz para la acomodada cubana y el buscador de oro. Cuando su relación fue descubierta por el padre de Margarita, prohibió de inmediato la misma. Estaba en contra de la relación de su hija favorita con un hombre cuya familia no era ni rica, ni cubana ni católica. Cuando Margarita se negó a obedecerle y acabar su affair, Manuel interceptó las cartas y postales. A Margarita se le partió el corazón, creyendo que Charles la había abandonado. Los amantes parecían destinados a tomar caminos separados.

Tres años después, en 1903, el destino intervino. Margarita estaba escogiendo postales en una tiendecita de Unter den Linden, la calle principal de Berlín, cuando entró Charles. Sin embargo, esta no fue una reconciliación amistosa. Margarita creía que había sido rechazada, mientras Charles la culpaba de terminar la relación. En cualquier caso, todo fue pronto aclarado y su amor floreció de nuevo, esta vez en secreto. Los hermanos de Margarita, que ahora vivían diseminados por toda Alemania, Paris y la Habana, conocían de su amor y se aseguraron de que todas las cartas y postales de Charles llegaran sin que lo supiera su padre.

En Diciembre de 1906, después de tres años de encuentros secretos y mensajes, Margarita y Charles se escaparon a Londres, donde se casaron en St. George's, Hanover Square, con tan solo un recepcionista de hotel y su hermano Alberto como testigos. Manuel se quedó atónito cuando recibió las noticias, desheredando a Margarita y rehusando ver a la pareja. El nunca vaciló y ella nunca fue bienvenida de nuevo en la Habana y Manuel nunca puso un pie en la casa de su hija.

Charles y Margarita vivieron en América antes de mudarse permanentemente a Inglaterra en 1909, donde se asentaron al sur de Londres. Permanecieron felizmente casado y tuvieron 5 hijos, todos con un interés en los idiomas. Su madre, Mercedes, que ahora pasaba parte de su tiempo en Berlín, los visitaba con regularidad, al igual que a sus otros ocho hermanos. Los hermanos de Margarita eran todos científicos, muchos de los cuales se unieron al negocio familiar en la Habana. Theodore, el segundo hijo, se hizo cargo eventualmente de la Droguería Johnson. Fue quien recibió una visita de Che Guevara a las 3 en punto una mañana de 1960, cuando el revolucionario líder anunció la expropiación del negocio del control de su familia y su nacionalización. Ese año muchos miembros de la familia, pero no todos, dejaron Cuba para no regresar nunca. Afortunadamente Manuel había fallecido algunos años antes y nunca vio la desintegración de su país. De cualquier modo, la UNESCO recientemente restauró la Droguería en el centro de la Habana.

En el tiempo en que este idilio tuvo lugar (1900-1906), el envío de postales se había convertido en algo muy popular en toda Europa. La moda era enviar y recibir postales de amigos, en muchos lugares había hasta tres servicios postales al día. La lay en esa época porhibía al remitente escribi un mensaje en el reverso, así que las frases se insertaban a los lados de la imagen de la postal.


Las postales se guardaban en álbumes personalizados y muy elaborados y Margarita se hizo uno. Durante un periodo de más de 6 años, las postales llegaron de familiares, amigos y de Charles, que le escribía desde América, Inglaterra y otros países de Europa, allí donde estuviera durante sus viajes.

Margarita amasó una magnífica colección de más de 500 postales que guardaba en dos hermosos álbumes de piel y se convirtieron en sus tesoros para toda la vida. Estuvieron con ella hasta su muerte en 1959, pero antes de fallecer había dado instrucciones de que todas sus cartas y diarios se destruyesen. Sin embaego, los álbumes escaparon este destino y se escondieron en un trastero.

A principios de los 70, su nieta eleo los encontró en condiciones excelentes y las postales le revelaron una bonita historia. Y aquí nos trajo una selección de 100 de las 500 que sacan a la luz un romance de prncipios del siglo XX.


miércoles, 11 de mayo de 2016

Que te jodan, Murphy

Murphy hizo todo lo posible por amargarme el fin de semana en Barcelona. A pesar de ello, el balance ha sido super positivo.

Sí, me arruiné el flequillo. El pelo crece, querido. Más rápido de lo que me gustaría, además... Dsabes que tengo un flequillo potiszo??? No, no me lo llevé a Barcelona. Habría sudado como un pollo y creo que los postizos y la lluvia no se llevan bien...

Ruth 1 - Murphy 0 patatero

Vale. Esos churretones en las piernas bien me pueden durar un par de semanas. Tengo más spray para cubrir la "falta de moreno" si quiero. También tengo pantalones y medias. Después de todo, la lluvia en Barcelona no es distinta a la de cork y no se me ha visto "rara" con medias. Llevaba vestido de mangas cortas, sí. Como aquí en Irlanda. También he llevado chaquetita o poncho. Te jodan

Ruth 2 - Murphy 0 

Coger un hotel en Barcelona que no me deje el bolsillo temblando y cerca del Saló y que no sea cutre y con un internet flojo, además con nevera y bar en mi misma planta, con terraza y supervistas, no es algo que pase cada año. Además el domingo, mientras me tomaba una helada cerveza (el bar tiene toldo), el camarero [mu guapo por cierto] me dio conversación y disfruté de un ratito ameno. Con esto, me libré de tomar el metro con sudorosos ciudadanos unas cuantas veces al día a descargar la mochila. No pude usar la piscina, pero... tampoco tuve tiempo.

Ruth 3 - Murphy 0

Sí, me dio una alergia tremenda. Mejillas rojas como un tomate, bolsas hinchadas como si me hubieran dado un puñetazo y el párpado muy reseco y arrugado como una pasa. Ah! Pero tengo la suerte de contar con el apoyo y el consejo de mi amiga Margarita aquí en Cork que es Make up Artist y me dijo cómo maquillarme sin castigar más la piel y qué productos usar y cómo. Casi nadie se dio cuenta (sí les dije que estaba padeciendo una alergia, y a no ser que fueran muy muy educados, nadie comentó nada del tipo "te veo rara" o "tienes la cara hinchada". 

Ruth 4 - Murphy 0

A pesar de que el taxi llegó 15 minutos más tarde, el aeropuero de Cork es pequeñito y no había mucha gente. Air Lingus tiene un mostrador solo para dejar la maleta una vez haces el check-in online, por lo que no es como Ryanair y es mucho más rápido. Delante mío solo había dos personas.

Ruth 5 - Murphy 0

Vale, el niño cabrón no me dejó dormir en las dos horas y media. Pero a ver, yo ronco posiblemente causando más decibelios que el nene. Creo que el dejar de molestar por partida doble a mis encantadores compañeros de asiento bien merece un concierto de llantos morunos.

Ruth 6 - Murphy 0

El llegar a la terminal más de media hora después de aterrizar pudo causar un gran retraso, pero me di cuenta de que solo un puñado de personas embarcó maletas, porque cuando al fin llegué a la cinta de recogida -y fui de las primeras en cruzar la puerta abierta de la terminal y pasar el control de pasaportes- solo había unas cuantas en la cinta (ya parada, por cierto). Así que lo comido por lo servido. No me retrasé tanto, a pesar de que mis nervios impacientes me hicieran coger un taxi y no el tren. Soy vaga, posiblemente si no hubiera sucedido todo esto, también habría cogido el taxi.

Ruth 7, 8 y 9 - Murphy 0

Si no me hubiera despertado a las 5.30 y estado en duermevela, posiblemente no habría llegado a Sant Antoni. Habría dormido toda la mañana y lueg tendio problemas para dormir esa noche por despertarme tarde. Vale, me torcí un tobillo, pero como no había quedado con nadie por la tarde, cogí el metro, me fui al CI de Pl. Catalunya y me compré una Nancy que me gustaba y un libro que no encontré en el Fnac Arena, y descansé antes y después en el hotel para que el lunes no me doliese el pie tanto -encima con zapatos nuevos!

Ruth 10 - Murphy 0

He visto a mis amig@s, he disfrutado de comidas y cenas en muy buena compañia (er, y hasta un desayno con Mayca y Bertha), he pasado una tarde muy entretenida con Trini, su hija Maris y Edmond, Antonio Martín me ha descubierto un maravilloso restaurante alemán donde he comido un impresionante steak tartar, he cenado con una migo (Sergio) a quien conocí en Limerick y que charlando, charlando, nos dimos cuenta de que aunque hemos mantenido contacto en FB hacía ;a friolera de 15 años que no nos veíamos!!! 

He hecho compras, muchas, he encontrdo Lilys que solo tenía en formato digital y que voy competando poco a poco según los encuentro, he abultado mi colección de cómics, y he tenido la suerte de que aunque llevaba exceso de equipaje, no me han puesto pegas y me lo han dejado pasar con una sonrisa. Tuve un muy buen vuelo de vuelta a casa, me leí tres cómics de los que compré, con lo cual las dos horas y media se me pasaron voando.

Estuve en Barcelona a tiempo de poder tener en mis manos el libro escrito por mi amiga Silvia Tarragó (El tiempo de la luz), que salió apenas unos días antes, y que pudo firmarme durante el almuerzo chino que compartimos con Laia, Maica y Bertha.

Murphy, que te jodan. La lluvia lleva mi nombre, no me para, y sobrevivo con una maleta y una sonrisa, ¿de verdad creíste que eras más fuerte que yo???







 

martes, 10 de mayo de 2016

El viaje accidentado

La ley de Murphy se cebó en mí. Todo lo que podía salir mal, salió mal. Este fin de semana me fui a Barcelona desde el sábado hasta hoy mismo martes para el Saló del Cómic y unos días de descanso/compras. Pero cuando las cosas se tuercen, se suelen torcer bien...

Cogí hora por Facebook en mi peluquería habitual. Los Jueves y Viernes cierran tarde por lo que les pedí hora para el viernes a partir de las cinco. Me confirmaron por FB que todo estaba bien, cinco y media de la tarde. El viernes no recordaba a qué hora habíamos quedado porque por error archivé el mensaje. Llamo y la chica que me había confirmado por FB había olvidado apuntar la cita en el libro. 
Resultado: les era imposible cogerme porque estaban hasta la bandera.
Consecuencia: yo quería alisado de pelo, corte de puntas y de flequillo que ya lo tenía demasiado largo. Me lo alisé yo y me metí als tijeras en el flequillo, desgraciándolo de mala manera.

Murphy 1 - Ruth 0.

Como mis piernas blanquitas iban a relucir más que un faro en la noche, me dije que mejor me daba una capita de Ambre Solaire fake tan. Vamos, un spray de ese que te da un colorcito discreto en cero coma. Ese que promete no dejarte chorreones. Yo me lo eché muy ufana y puse mis piernas en alto sobre el escritorio mientras veía alguna serie. De madrugada, mientras me vestía para salir para el aeropuerto me di cuenta de que sí que me había dejado chorreones en la parte trasera de la pierna. Saqué alcohol y me di con un algodón, pero no hubo manera humana de que quelo desapareciera. Corrí a mi dormitorio y cogí un par de medias. ¡Salvada!

Murphy 2 - Ruth 0

Cogí un hotelito muy chulo en Barcelona. Cerca del Saló del Cómic. A pocas calles detrás del centor comercial Las Arenas. Me compré bastante ropita chula, vestiditos de verano, porque siempre que voy a Barcelona acabo sudando como un pollo porque mi ropa no es adecuada para el tiempo maravilloso de Barna. Un hotel, además, con piscina y bar en el tejado, para relajarme tras las mañanas recorriendo el saló o los mercados. Me compré un bañador nuevo, un tanto caro para lo que era, y una túnica también bastante carilla.

Llovió todo el fin de semana. Con saña.

Myrphy 3 - Ruth 0

Unos días antes de la partida, me dio una alergia en la cara, resultado de hacerme un scrub un día en la ducha y acto seguido olvidarme de ello y maquillarme como una puerta para ir a tomarme unas cervezas. 
Consecuencia: ardor en las mejillas. Lo peor es que se me calmó con bastante crema hidratante y agua tonificante de Vichy, pero entonces me vino la regla y una mañana me levanté con el ojo izquierdo totalmente hinchado, y la piel reseca y arrugada. 

Murphy 4 - Ruth 0

Mi avión salía desde el aeropuerto de Cork el sábado a las 7am. Como tenía intención de hacer unas compras en el aeropuerto para una amiga, quería llegar con tiempo suficiente. Y tiempo para luego meterme en el baño y maquillarme un poquito, porque con la alergia, tenía que disimular un poco mi aspecto quasimodil. La tarde anterior dejé pedido un taxi para las 5:15am. El taxi no apareció, teniendo que volver a llamar y finalmente siendo recogida delante de mi casa a las 5:30 al borde del histerismo. El ambarque era a las 6:35 y tenía que dejar la maleta en ventanilla. Afortunadamente el aeropuerto de Cork es pequeño y no había demasiada gente y tuve tiempo de todo, aunque el puñetero Murphy hizo de las suyas de nuevo cuando en la tienda de Mac no localizaron ninguno de los productos de la lista de la compra para mi amiga. No les quedaba nada de nada.

Murphy 5 - Ruth 0

Una vez en el avión, me tocó una pareja encantadora como compañeros de asiento. Yo tenía pasillo. Al otro lado del pasillo, una pareja jóven con dos niños pequeños. E más chiquitín, un cabroncete con complejo de pavarotti y pulmones de impresión se pasó las dos horas y media del vuelo llorando a grito pelado sin parar. O mejor dicho, parando para gritar.

Murphy 6 - Ruth 0

Aterrizamos. ¡Al fin! Todos de pie, esperando para salir, estirando un poco las piernas... y nos anuncai al azafata que, cmo podemos ver, estamos parados en medio de la nada, bastante alejados de la terminal. El sitio en el que debíamos "aparcar" está tomado por otro aparato y no tenemos donde hacerlo. Tampoco parece haber personal para recibirnos, por lo que tenemos que esperar a que nos traigan unas escaleras para desembarcar y dos autobuses para trasladarnos a la terminal. Pero no saben cuándo. Cada cinco minutos nos decían lo mismo. Las escaleras llegaron 15 minutos después. Los autobuses tardaron otros 10 minutos más.

Murphy 7 - Ruth 0

Por fin nos dejan ante la terminal. Desembarcamos de los autobuses y... las puertas de la terminal no se abren. Los conductores están por los walkies pidiendo que alguien venga, hay algún tipo de problema técnico y sus credenciales no sirven para accionar los dispositivos. Tras 10 minutos de otra nueva espera, nos abren.

Murphy 8 - Ruth 0

Cansada y con muy mala leche, en lugar de coger el tren a Sants, que estaba justo detrás de mi hotel, decido coger un taxi y que les den. Dejo las maletas en la habitación y bajo la llovizna -me he traido paraguas, chúpate esa, murphy!- me voy al Saló. Mi humor no mejora. Hacer fotos de las exposiciones, otakus y comprar cómics se hace difícil. Hay mucha gente y muchos mirones que ocupan todo el frente de un stand solo para regatear precios -esto no es el mercat, señores!!- y no comprar nada. Otros se piensan que deben aprovechar bien los miserables pocos euros que vale la entrada y se plantan delante de las exposiciones leyendo todo de pe a pa, incluso las viñetas de mortadelo de muestra (que se continúan en páginas que no están expuestas). Es imposible andar si que te den un pisotón, te empujen o le den un viaje a tu ya abultada mochila. Me marcho al Fnac en el CC Las Arenas, no hay apenas nadie.

Murphy 9 - Ruth 0

El Domingo me desvelé a las 5.30 de la mañana y me costó volver a coger el sueño. Un duermevela hasta las 8.30 que decidí levantarme, darme una ducha y encaminarme al Mercat de Sant Antoni. Llegué antes de las 10 y algunos puestos aún estaban colocándose. Encontré uno con algunos Lilys y fui a cogerlos pero el cascarrabias viejo que lo estaba montando casi me mata. Lo mandé en inglés a tomar por culo ya que él se indignó tanto de que me fuera a llevar TODOS los Lilys que tenía, se ve que lo de vender era secundario a colocar. Me largué y volví cuando acabé de repasar todos los otros puestos. Y me llevé los Lilys, le gustase o no (pagando, claro). Ya me veía yo muy feliz con mis compras -encontré otro puñao de Lilys en otra parada, pero de camino al Saló, por esquivar un charc no vi un bordillo y me torcí el tobillo derecho, con un corte producido por el zapato, además. En el pie izquierdo, se me hizo una ampolla de andar todo el día de aquí para allá con zapatos nuevos, usados solo dos veces antes, tipo sandalia y de tacón tipo zanco. A pesar del dolor, continué mi camino hasta el saló, hice fotos de las exposiciones, me detuve a descansar con una cerveza y algo de comer en el bar y me fui al hotel a descansar el tobillo.

Murphy 10 - Ruth 0

Llegué al hotel, imagino, sobre las 2 de la tarde o asi y a las 6 decidí acercarme al CI de Plaza Catalunya a buscar una nancy morena de las de comunión. La encontré, no así una lista de libros que llevaba y que tampoco tenían en Fnac. Nada. Agotados en todos los Cortes Ingleses de Barcelona. Y en el Fnac. 

Murphy, em sembla que t'has passat...                

viernes, 6 de mayo de 2016

Me pica el trasero

Siempre fui muy "movidita" o. Ya sabéis que me gusta ir a visitar cosas porque sí, dentro de Cork y fuera de ella y que si puedo, viajo cada tres meses.
Mañana me voy a Barcelona, toca Saló del Cómic y ya oy nerviosa porque no he podido estar jueves o viernes, pero el único vuelo desde Cork salía el Sábado, volviendo el martes.

Pero, tengo un problema. Ultimamente me he dado cuenta de que mis movimientos han sido totalmente acotados. Por mí misma, no tengo a nadie más a quién culpar. Al principio de llegar a Cork me daba unas caminatas de espanto, exlorando el terreno, o nos cogíamos un tren a Cobh o un bus a Blarney.
El verano pasado intentamos ir a Clonakilty pero fue operación fallida debido a una tormenta de viento y luvia y no queríamos volver a repetir la experiencia de Kinsale, cuando nos tuvimos que volver a las 2h de llegar -accidente de bus por el medio a la ida incluido- a causa de la persistente lluvia.

Hay muchos pueblecitos de los alrededores que quiero visitar. Y no, no es un problema de tiempo sino de organización. Todo se fue al garete cuando el guiri empezó a trabajar de martes a sábado. Sí, vale, coincidimos que tenemos el día libre ambos el domingo, pero no es lo mismo. Solíamos decidir el sábado pasar el día por ahi, coger un bus por la mañana temprano, comer en otro pueblo, pasar el día y luego volver a casa. Los domingos, no es lo mismo. Los pueblos apenas tienen vida con las tiendas cerradas. Y sobre todo está el tema de que si un sábado pierdes el bus, no pasa nada, te uedas a hacer noche en un B&B o en un hotel y santas pascuas. Un domingo estás jodido si pierdes el bus, porque al menos yo, tengo que trabajar el lunes y o me pego el madrugón de padre y muy señor mío contando que haya bus temprano, o lo dicho... estoy jodida.

Además los sábados tendemos a salir a tomar algo o quedarnos en cas viendo películas y tomando algo y al día siguiente no nos saca de la cama nadie antes de las 12 del mediodía. Y los horarios de los autobuses, los domingos, no son tan regulares como de lunes a sábado.

Así que resolución tardía de año nuevo: o el guiri se pide un sábado libre de vez en cuando, o yo me cojo algún lunes.

Eso y viajar sola los sábados...

martes, 26 de abril de 2016

Mi mejor amiga

Hace un año mi médico me envió a hacer un análisis de sangre que mostró unos niveles muy altos de azúcar en la sangre, por lo que me previno que podría ser diabética y me mandó unas pastillitas para ir controlando. Meses después decidió que era mejor enviarme al especialista y en Marzo tuve mi primera consulta con el diabetólogo que confirmó que tengo diabetes tipo 2 y ahora toca cuidarse para mantener lso niveles de sangre entre 4 y 8 que son los marcadores normales (aquí se miden de manera diferente que en España).

Que te diagnostiquen Diabetes T-2 a los 46 años no parece fácil, sobre todo porque piensas que se te ha acabado disfrutar de todas esas cosas buenas que tiene la vida como una buena copa o una copa de helado, pero no es así. Al contrario, si te gusta la cocina como a mí, te abre todo un abanico de posibilidades y experimentos.

Mis niveles ahora mismo no son tan altos, por lo que no llevo una dieta estricta. En mi priemra visita con la dietista simplemente me recomendó un cambio de carbohidratos: nada de pasta o pan blanco. Integral y punto. De momento la pasta no la he probado, pero he dejado de comprar pan -mi perdición- y me he agenciado una panificadora. Todos los panes traen azúcar añadido más los azúcares naturales que trae la harina de por sí en sus carbohidratos, por lo que me hago pan sin añadir nada de azúcar. Hasta ahora tampoco he estado añadiendo sal, porue todas mis comidas las hago sin sal y no lo noto, pero en el pan se ha notado bastante en algunas harinas y he decidido usar sal. Una cucharadita o dos en un pan no me van a dañar, porque esa hogaza de pan me dura toda la semana. Suelo tomar dos rebanadas en el desayuno y otras dos en la cena si acaso, pero no cada día. He hecho panes integrales, molletes con harina blanca, pan de espelta, pan de centeno, y tengo ahí harina de malthouse, que es una mezcla de cebada, centeno y trigo.

Me hago mermeladas también. Ricas ricas. Y masa de croquetas, que es algo que en mis 46 años de vida solo hice de manera manual una vez porque me da bastante cosa el amasar a mano, lo encuentro una sensación muy desagradable. Y bizcochos sin azúcar,

Fuera de la panificadora, me hago bastantes postres sin azúcar (hay miles de recetas especiales para diabéticos o simplmente sin azúcar en internet) y he encontrado unos helados de proteína de soya que son fantásticos y casi sin carbohidratos (y por tanto, sin azúcar).

El segundo gol -además de controlar el tema comida- que tenía pendiente era hacer ejercicio. No soy carne de gimnasio. Pero me gusta nadar. El problema es que la mayoría de gimnasios que tienen piscinas se encuentran en hoteles, con lo cual la membresía era: o cogerla trimestral, semestral o anualmente y pagar por todo el gimnasio para solo usar la piscina y luego no ir más que una vez o dos como mucho a la semana o encontrar una donde pudieras ir sin tener membresía y pagar solo por el uso de la piscina. Y encontré un par de ellas. El problema es que de esta manera solo podías entrar de lunes a viernes y hasta las 5 de la tarde. Y o acabo de trabajar como muy temprano a las 4.30 (algunos meses acabo a las 5.30). Además, tampoco te aseguraban que pudieras entrar. Si tenían el lugar lleno, te tenías que marchar. Por otro lado, las piscinas de hotel tienen un grave problema: están los usuarios de gimnasio que la utilizan para ejercitarse, pero luego están los clientes del hotel que la utilizan como modo de relajarse, y también sus hijos, que a veces se piensa que están en el Acquapark.

Soluión: no tengo sitio para una piscina en mi minipatio y carezco de sótano para una piscina cubierta. Pero ayer llegó a casa mi mejor amiga: Currita. Currita me va a hacer sudar de ahora en adelante, o al menos mover las piernas. Como sigo varias series por internet, mi rota para la semana ya está estipulada: lunes (The Good Wife y GOT); martes (El Ministerio del Tiempo); Miércoles (El Caso); Jueves (La embajada, creo que ya ha empezado); Viernes (Vis a Vis o descanso, dependiendo si tengo que hacer compras). Fines de semana, descanso.

Os presento a mi mejor amiga, vamos a ser IN-SE-PA-RA-BLES:




También tengo amistades tóxicas, por eso hace tiempo que no me hablo con esta:


He perdido 2 kgs en 4 semanas. Con la ayuda de mi mejor amiga espero perder unos cuántos más, aunque la dietista no me ha puesto goles. Ahora mismo lo único importante es mantener mis niveles glicémicos entre 4 y 8.








martes, 19 de abril de 2016

Yo, la rara

Siempre me sentí diferente a los demás, desde muy niña. Las cosas más sencillas de la vida me ignoraban. Otras, sin embargo, eran mi fuerte sin ser, necesariamente, de lo más corriente.

Yo nunca fumé. Vi a mi padre fumar durante años, sus celtas cortos, creando una mancha amarillenta sobre el rincón de la pared bajo el que se sentaba en el sofá. El olor era insufrible, pero cuando has vivido con ello desde que naces, ya ni lo notas. Pero nunca me atrajo el tabaco. Mi exmarido fumaba. Ducados. Un asco.

Y en la víspera de mi mudanza a Irlanda, en Noviembre de 1997 me dio por fumarme un par de cigarrillos para calmar los nervios. Le seguirían unos cuantos años más y muchos paquetes después. Cuando la ley antitabaco se impuso en todo el país, comenzando en Marzo de 2004. Yo dejé de fumar la noche del 31 de Diciembre de 2003. Así sin más. Porque no iba a ser yo la tonta que estuviera en la puerta del pub bajo frío y lluvia mientras alguien me quitaba mi asiento en la barra... Y no lo eché de menos. No he vuelto a fumar desde entonces y detesto el olor del tabaco.

El café nunca me ha gustado para beber. Me encanta su aroma, ese olor penetrante y atrayente. ¿Pero beberme uno? Lo he intentado de diversas maneras y nada. Eso sí, me encantaban los caramelos de café, la mousse de café, el tiramisú fuerte de café, las galletas sabor café... Hasta ahora. Estaba decidida a volver a intentarlo, cosa que ya hice unos años atrás cuando era manager de un pub. Teníamos una bonita y completa máquina de café y descubrí que el que más me gustaba era el Baileys coffee... con mucho Baileys...

Hace casi un mes fui a mi supermercado habitual y compré una caja de sobrecitos instantáneos de capuccino de Nescafé. Me preparé uno. Añadí un par de cucharadas de edulcorante en polvo. Mmmmm... rico, rico. El siguiente paso ha sido comprar la Dolce Gusto. La tengo en mi oficina, para tomarme mi cafecito mientras trabajo. No lo tomo cada día, y además me he aficionado al Latte también -aunque en sabor no le veo demasiada diferencia con el capuccino. Por fin soy una persona "normal" que puede quedar con genta a tomar un café y pedir un café. Ahora puedo decir que a los 46 años me tomé mi primer café...

Tengo mis "rituales" cuando viajo, y no por superstición ni nada de eso, simplemente soy maniática con ciertas cosas, pero eso da para otro post.

Colecciono muñecas, aunque debido a constricciones de espacio voy a deshacerme de la mitad de mi colección. No tengo sitio y, siendo sincera, creo que me horrorizaría tener una habitación solo de estanterías de IKEA para poner muñecos. Así que la mitad ha de irse. Mis mudanzas también lo agradecerán, sin duda. Soy rarita, lo sé.

Soy del sur de España, de Cádiz. Y no soporto el calor. Pensar ahora que viví unos 20-22 años soportando temperaturas veraniegas de entre 30 y 32 grados o más me parece impensable. Incluso los casi 6 años que pasé en la costa de Girona me parecen imposibles. Ahora empiezo a sudar cuando el termómetro pasa los 13º por lo menos, cuando tenemos 20 mejor no salgo...

Detesto el campo más que para pasear (y rapidito) si hay un paisaje interesante. La idea de irme de camping o incluso de picnic es algo que me da urticaria. No puedo evitarlo. Me gusta el verde, lo que no me gusta s lo que ese verde implica: hormigas, abejas, moscas y toda clase de bichitos. Creo que es un trauma de las excursiones del colegio a las Canteras y otros lugares campestres a pasar el día. Lo mío es la playa. Una vez tuve que ir al campo a pasar el día obligada. Me llevé una silla de donde prácticamente no me moví en todo el día, sin tocar el suelo con los pies y me llevé un bote de insecticida. Sí, hice el ridículo. Sí, me miraron raro y me pusieron verde. Pero no tuve que volver nunca más por obligación. Ni queriendo!

Tengo muchas más rarezas pero estaría todo el día escribiendo. Algunas están fuera de mi control y me fueron impuestas, otras son frikadas. 

Es malo ser diferente?