martes, 1 de septiembre de 2015

Cortinas y cojín

En estos momentos vuelo a Copenague a pasar unos días de bien merecidas vacaciones. Pero os he dejado este post porque a mi vuelta, empanada con el "hype" de las vacaciones, voy a olvidarme de todo.

En fin, que de la creadora de "este zapatero lo arreglo yo en pun plis-plás, llega ahora "me ha sobrado un metro de tela que me da para una hoja de cortina, voy a comprar otro metrito". Y así la cosa, me he hecho unas cortinas nuevas para mi oficina, que tenía unas ene zul de delfines que tienen más años que Carracuca, aunque la verdad, la tela está bastante bien, motivo por el que la he guardado por si surgiera algún proyecto futuro o ventana que cubrir.



Y como me sobró del zapatero un retalito así cuadradito, pues me he hecho un cojín a juego, que esta tela de Santoro me trae loca y a mí la Gourjus de los coujons me aburre cansinamente, que la tiene la gente hasta en la sopa...


domingo, 30 de agosto de 2015

Un bonito homenaje

Detesto a los pro-palestinos. Casi cada sábado se reunen en una plaza del centro para marchar entre las 12 y la una de la tarde por medio de la carretera, interrumpiendo y retrasando el tráfico. 
Todo el mundo tiene derecho a manifestarse por aquello en cuyos principios crean, pero no me parece correcto pararse en cada cadena de supermercados del centro (Dunnes Stores, Marks & Spencer o Tesco, entre otros, para intimidar a los compradores y disuadirlos de comprar productos israelíes, al punto de haber visto cómo preguntan, altavoz en mano, qué llevas en las bolsas, si has comprado algo de Israel y conminándote a boicotear lso productos de este país.
Que digo yo que, en un conflicto bélico, el pobre agricultor de a pie no tiene la culpa. Y que si tengo que escoger entre patatas rojas irlandesas y patatas nuevas y blanquitas de Israel, me llevo las de Israel. Y sus jugosas fresas. Y lo que caiga, oigan, que compro lo que me sale de las narices. Y no necesito a ningún manifestante que no sabe en realidad nada de la historia israelita y palestina venga a tirarme de la bolsa de la compra a ver qué llevo.

Este sábado caminaba  hacia el centro para encontrarme con unas amigas, cuando al doblar la esquina me encontré con una inquietante escena, y pensé que ésto ya sería el colmo de los colmos, cortar el puente peatonal. Pero me equivocaba.


Pero no. Se podía transitar sin problema, no había más que una cincuentena de personas y la mitad eran curiosos que se habían parado a mirar y a quienes habían convencido de quedarse. Esos lazos blancos que se mecen a la brisa llevaban escritos en rojos los nombres de todos y cada uno de los más de quinientos niños que perdieron la vida en Gaza hacía un año. Y eso era lo que conmemoraban, el aniversario de la muerte de casi seiscientos inocentes menores de edad.

Se procedió entonces a leer algunos nombres -no los quinientos y pico o aún están allí), y tras leer el nombre de un niño y su edad, la gente arrojaba una flor al río y sonaba un lúgubre toque de pandero. Un ¡pum! que perforaba el alma.



Y aún así, me es difícil comprender qué necesidad había, sin ropa de protección, de meterse en el río como lo hizo este señor para inmortalizar el momento. Alguien de la organización, sin duda, o un señor un poquitito más fanático de lo necesario, porque esa cámara de pacotilla que lleva no es profesiional ni mucho menos. Creo que ni un miuembro de la prensa se habría atrevido a meterse ahí hasta los huevos, no sé.




sábado, 1 de agosto de 2015

Renovando zapatero

Hace años, muchos, compré un zapatero de estos que vienen forrados en lona (canvas). No sé si me costó unos 35 o 40 euros. El tiempo y tres mudanzas lo han mantenido en forma, considerando la calidad del tpoducto. Sin embargo no ha podido con la presencia de Pepper.

Mi gato no suele arañar. Ni a personas ni a muebles. Lo intentó al principio en el salón con el sofá o el sillón, pero le regañabamos y ha dejado de hacerlo. Tiene su rascador en la cocina y suele hacer uso de él una o dos veces al día. El resto de muebles, ni lo toca.

Solía rascar también el canapé de la cama, pero eso lo solucionamos con una sábana colgante grapada al bajo del canapé. Pero su favorito ha sido el zapatero. La textura de la lona le atrae enormemente, se ve.

Además la loneta del frente estaba un tanto desgastada de un par de lavados fuertes y el paso del tiempo.




Así que me fui a mi tienda de manualidades y telas favorita, Vibes & Scribes y busqué una tela adecuada. Y la de Santoro me vino de perlas. Había varias de personjaes conocidos y tan usados que ya cansan. Honestamente, me habría salido más barato comprar un zapatero nuevo pero no encuentro uno de estas medidas exactas (es el espacio que tengo) y que almacene tantos zapatos. Así que a 19.99 el metro y habiendo comprado dos metros y medio, no me ha salido barato el invento, pero el resultado ha sido extrardinario. 





¿Qué os parece el cambio?


sábado, 4 de julio de 2015

¡Diga confituuuuura!

A la rica cámara. De ayer, de anteayer, de hoy...

Siempre me ha gustado la fotografía, y en mi familia siempre hubo fotos hasta de mis bisabuelos y tatarabuelos. Con sus lentes hemos retratado momentos especiales, semi especiales, cumpleaños, navidades, vacaciones... solo nos ha faltado haer retratos de muertos...

Con la llegada de las cámaras digitales y la dificultad durante un tiempo de encontrar carretes (aunque acabo de descubrir 10 intactos en mi bolsa grande de cámara), dejamos atrás la análoga por la digital. 
Yo me resistí el tiempo que pude, ansiando volver al laboratorio y aspirar el aroma del fijador, el revelador... pero la practicalidad se impone y sí, es un placer ver tus fotos al instante, repetir si han salido mal o no te agrada el encuadre, hacer otra para los recalcitrantes ojitos cerrados, todo sin pensar que estás "desperdiciando" carrete. Sin tener que esperar a veces semanas, meses, a terminar un carrete, llevarlo a revelar, ir a recoger los positivos.

En fin, todo este rollo para presentaros mi colección de cámaras (no me propuse coleccionarlas, aunque tengo en mente comprar una antiquísima que he visto en un anticuario). No, no me propuse coleccionarlas, pero todas funcionan perfectamente y no las tiraría. Cada cámara tiene una historia. Por ejmeplo, ésta:


Es la cámara que mi madre tuvo durante su adolescencia. Hace fotos del mismo tamaño que la cámara, cuadraditas y en blanco y negro o color. A día de hoy funciona perfectamente, pero el tipo de carrete que lleva no se fabrica desde finales de los años setenta. Si alguna vez Kodak o algún laboratorio compatible decide sacar por tiempo limitado algunos carretes, seré la primera en la cola.
Ahora veamos las siguientes dos cámaras:


La de la derecha con funda marrón, retrató mi infancia, mi pasado infantil y parte de mi adolescencia, a regañadientes. También funciona a la perfección y creo que admite carretes normales. La de la izquierda de funda negra fue la cámara "moderna" que compró mi padre con posterioridad (posiblemente en los noventa)a la marrón, que ya estaba "antigua". Ahora ambas lo son, jaja. De sus fotos apenas formo parte, ya no estaba en casa.


Compré la Minolta en el vuelo a Nueva York seis meses después de la caída de las Torres Gemelas. Llevaba conmigo mi Canon pero quería dos cámaras, porque llevaba carretes de diversas clases y sensibilidades y en B/N y color. En la era no digital, las fotos en sepia o B/N eran un grado. Solo la usé en esas dos semanas que pasé en la Gran Manzana, por lo que funciona sin problemas.

La Kodak compacta se la regalé al guiri cuando llevábamos un par de años juntos, por su cumpleaños, creo recordar. Ahora apenas las usa porque yo hago más fotos que un japonés y al final me las coge de mi facebook. Esta sí es digital, evidentemente. 

La Olympus no tiene historia. La compraron mis padres, no sé cuándo. Quería deshacerse de ella y yo me ofrecí a adoptarla. Otra que funciona como el primer día y está impecable.




La pequeña Kodak es más potente de lo que parece. Me la regaló Jay unas Navidades, y su inconveniente es que las pilas no duran un carayu. Hace unos años, en nuestras vacaciones a Praga tuve suerte de llevarla conmigo, porque llevé la Nikon y me quedé sin batería al segundo día, tonta de mí, que veníamos de vacaciones de Escocia y no me acordé de cargarla. Eso sí, me pasé toda la semana comprando paquetes de pilas gigantes que, debido a mi afición a fotografiar todo lo que me llama la atención y, si es posible, desde diversos ángulos, no me duraban más de dos o tres horas.

La Canon fue... mi regalo venganza de divorcio junto con un trípode. Mi ex había dejado la cuenta vacía, por lo que me marché al Corte Inglés y con la tarjeta del CI que pagas a los tres meses me pillé la Canon y le dejé la factura pendiente. Es de carrete, no es digital. Venía con su lente. La lente mayor, la de atrás, es un 70-300 que compré a un amigo fotógrafo por muy poco.

La Nikon llegó al año de regalarme el guiri la Kodak y ya tenía ganas. La lente (70-300) llegó unas semanas después. Nunca he estado más contenta con una cámara y sus lentes. La calidad es excelente.

Y ahora... pasemos a los flashes...



El primero perteneció a la Canon. Es compatible con la Nikon, pero hace un par de años en Cádiz iba con pase de prensa a un macroconcierto de celebridades que solo conocen en España y sin un buen Flash me iba a comer una M como una casa así que me rasqué el bolsillo y me compré un buen flash, que ya que estamos, que sobre y que no que falte. 

El flash negro estrechito es de la cámara Haulina Paulette de funda negra. El flash chiquitín de color crema con su fundita marrón pertenece a la cámara de funda marrón. ¿Y no es una cucada???


miércoles, 24 de junio de 2015

Robando máquinas de escribir

Con 14 años me saqué -en dos añitos- el título de Mecanografía al Tacto. Tres libros pesados de tapa roja y letras blancas (método Caballero de Mecanografía al Tacto) me daban el coñazo lunes, miércoles y viernes de 5 a 6 después de clase. A mi madre le habría gustado que aprendiera a tocar el piano, tras apuntarme al Conservatorio Manuel de Falla donde cursé Solfeo hasta que decidí que las teclas que me gustaban de verdad eran las Olivetti y que mi oído no estaba entrenado para diferencial un sol de un do así si más. Y que si tanto le gustaba el piano, podría haber probado ella misma, digo yo.

Y yo estaba convencida de que la mecanografía me iba a servir de más en la vida que aporrear las teclas de marfil. El tiempo me ha dado la razón, que no me veía yo acompañando a Richard Clayderman por el mundo por más que me lo suplicara. Tampoco me veía tocando el organo de la iglesia protestante a la que se me obligaba a acudir en mi infancia solo porque mi madre así lo deseaba. De nuevo: que se hubiera puesto ella, con sus brillantes ideas. Que lo mío con la música es como querer obligar a una persona en silla de ruedas a practicar ballet.

Así que me compraron una Olivetty Lettera 12, la última revolución en máquinas de escribir pijas antes de la llegada de la máquina de escribir electrónica que por mi madre de mi alma nunca intenderé, si era lo mismo solo que gastaba corriente. La Lettera 12 era monísima: ligera, compacta, ideal para acarrear hasta las clases lunes, miércoles y viernes y volver a cargar de vuelta a casa. Y llegó con la amenaza de mi madre de que había costado un pastón (creo recordar, lo tengo clavado en la mente, que 12,000 ptas de las de 1983), de que como me rajase también y no me sacase el título me comía la máquina letra por letra y con su cartucho de tinta incluido. Porque la novedad de la lettera 12 es que no llevaba esos rollos de tinta que tenías que cambiar de posición. Su ventaja era que se rataba de unas especies de cassettes que se sacaaban y metían sin que tus deditos se manchasen de tinta. El carrete era tal que así:


El título me lo saqué con bastantes pulsaciones y un kilo de tipex, ese invento que hizo millonarios a sus creadores a la misma velocidad con la que desapareción el liquidito. 
Con el paso de los años, aunque me mudé a Cataluña, la máquina quedó atrás. Mi ex se trajo consigo la máquina de escribir de su padre, un armatoste en condiciones y no la mariconada de la Olivetti cuyos carretes duraban dos suspiros y eran carísimos. La vieja máquina  de mi exsuegro, a quien nunca conocí porqe ya había fallecido cunado mi ex era un niño, me ayudó a estudiar un par de oposiciones que nunca aprobé, a pasar apuntes, a escribir historias, a escribir los artículos para el Semanario Ancora para el que trabajé unos años, y posteriormente, para prepararme curriculums.



Cuando me divorcié me la llevé conmigo, con impunidad y alevosía y ha estado en casa de mis padres desde entonces. Hace años mi madre se deshizo de la Lettera 12 (hoy me arrepiento de haberla dejado cometer tal crimen, pero la separación tampoco dolió tanto porque yo odiaba esa máquina con saña.
Un día me preguntó si iba a querer esta máquina de escribir "la de tu ex", me dijo a sabiendas. Y mira sí, guárdamela que un día me la traiguo. Y ese día fue hace escasamente una semana y pico.



Yo adoro esta máquina de escribir, a pesar de venir de quien vino, pero por eso precisamente se la robé. Total, él no era capaz de escribir adecuadamente con un bolígrafo, qué iba a usar una máquina de escribir. A estas alturas esta belleza ya estaría criando malvas en un basurero desde hacía décadas. Y conmigo va a estar mucho mejor.

Eso sí, déjenme decirles que pasar una máquina de escribir en el equipaje de mano, no es fácil. Un guardia civil jovencito, que sin duda no sabía ni lo que era, me paró en el contro lde seguridad y me hizo sacarla de la maleta. No me hizo abrirla y sacarla de su caja, afortunadamente, pero fue un coñazo -y posiblemente levantó más de una ceja en el resto de pasajeros que esperaban pasar el contro.
Al guiri lo pararon también, por llevar en su maleta mi magnetofón -que también tuve que explicar al panoli lo que era, por si nunca había visto uno...

No llegamos al tacto rectal.



domingo, 21 de junio de 2015

Historias de una vida en una postal

Me traje de casa una caja de latón que perteneció a mi aubela. Allí guardaba celosamente postales de su juventud y multitud de estampitas de esas que dan en las misas de difuntos, de sus conocidos y familiares. Desgraciadamente, mi abuela vio a muchos de sus hermanos morir (eran familia numerosa), y a otros tantos amigos, conocidos y vecinos.



A mi madre todo esto le dio mucha grima y lo tiró todo, a excepción de la caja que le pedí me guardara y unas pocas postales que ella sabe que me gusta coleccionar. Sobre todo, si han pertenecido a mi familia. La caja necesita un buen repaso por dentro porque está algo oxidada, pero nada que no se pueda arreglar con un poco de ferrokit, paciencia y un buen trozo de fieltro. No es ninguna maravilla de caja, pero siempre recuerdo verla en casa de mi abuela junto a la del Cola Cao (que también conservo) y me recuerda a ella.



Las postales rescatadas son un poco de todo: hay postales que enviaron mis padres desde Galicia, tanto cuando me llevaron por primera vez tras mi nacimiento, como en subsecuentes vacaciones. Hay postales mías desde aquí y desde Gijón. Hay tarjetas navideñas. Pero sobre todo, hay muchas postales antiguas, en blanco y negro o ilustradas, que cuentan mucho más de lo que parece. Y aquí os las voy a enseñar.

Una postal del día de la madre, con poesía incluida firmada por mi madre y mi tío. Está fechada el 8 de Diciembre de 1963. 
¿Que qué..? ¡Pero si el día de la madre es el primer Domingo de Mayo! Bien. Ahora. Pero resulta que en esas fechas el día de la Madre se celebraba -así lo decidió la iglesia católica- para honrar a la virgen, madre de Jesús, y como el 8 de Diciembre es la Inmaculada Concepción, esa fue la fecha escogida. No sería hasta dos años más tarde (1965) cuando se decidiría que el día de la madre se celebrase en Mayo.

"En este día dichoso te regalo esta postal
para que lo pases con mucha felicidad.
Tus hijos X e Y

Otra postal familiar, esta vez de su cuñado y esposa, dirigida a mi abuela (con fecha de junio de 1954):

Te desea muchas felicidades el día de tu santo tu cuñado Antonio y Paca.


Un hermano de mi abuela que murió demasiado temprano, le envió esta postal en junio del 46:

En tu fiesta onomástica te dedico esta postal,
tu querido hermano que se llama Nicolás.

En el 42, mi abuela recibía esta otra postal de una amiga:

En el día de tu santo, te dedico esta postal
para que pases tu día
con gusto y felicidad,
tu amiga Antonia M.

Verano de 1955, postal de su hermana Lola:

Te deseo un feliz día de tu santo en prueba de cariño con tu esposo e hija
esta tu hermana que te quiere, Dolores R.
Otra postal de su hermano Nicolás, sin fecha. Nicolás era el bromista de la familia, siempre campechano y con un humor envidiable.

Por ser la primera posal que de mis manos recibes,
guárdala en tu corazón para que nunca me olvides.
Tu querido hermano,
Nicolás

Y las postales que le envió mi abuelo. Porque mi abuelo, poco después de casarse, si no recuerdo mal, estuvo trabajando como camionero para una compañía de pinturas. Así que viajaba a menudo por media España y se ve que tenía a bien enviar postales de recuerdo:

Desperté con alegría y miré el almanaque
y al saber que era tu día, te deseo felicidades,
y a los que a ti te rodean también se las deseo mil.
Te mando las (... ... ilegible) para que compares unas medias como ayer te prometí
Este que te quiere, S.
(Julio 1947)

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A mi querida J. como prueba de cariño de su novio que mucho te quiere (diciembre 1949)

Sevilla es muy bonita, siempre reina la alegría
a mi (... ilegible) no la hay solo por ti, vida mía.
A la Virgen Macarena
Yo le tengo ofecido
dos velas y cinco pesetas
por estar siempre contigo.
(Septiembre 1949)

Mi querida J. Si queires ver Malaga abre la puerta trasera del carro y a lo mejor me ves pasear entre el público.
Este que te quiere, S. (Septiembre 1949)


(... ilegible) mía, te mando esta foto como recuerdo de Mérida.
En estos sitios que son lso Teatros Romanos donde se imponían a los cristianos
el castigo de ser devorados por las fieras.
Afectuosamente y cariñosamente a mi amada J.
(noviembre 1949)

En la gloria se uedó este hombre afortunado
pues su esposa se marchó
para pasar el verano.
No creas que yo digo igual, pues no soy de esa opinión,
pues yo no estoy en la gloria,
estoy en la Prevención
con todo cariño, tu esposo, S.
(junio 1953)

De las postales de sitios en Galicia, hay varias, pero solo os voy a mostrar una que cuenta toda una historia para mí y que os voy a explicar:


Toda la postal está escrita por detrás. Hay varias que no tienen sello, por lo que presumo que escribieron varias de distintos lugares y las enviaron en sobre todas juntas.

Dice así:

"Queridos padres, estamos en Vigo, pues esto es precioso y est1<n las cosas baratísimas, pues ayer fuimos a coger las reservas y el tren no llega a Cádiz de 11 a 11 y media de la mañana porque sale de Madrid a las 11 de la noche. Pues estamos bien y la niña muy graciosa diciéndole a José que se llama Pepe y peste y se lleva todo el día metiéndose con él. Pues le hemos comprado un poncho y está monísima pero no hay quien se lo ponga porque se pone a llorar como una fiera. A ver en Cádiz si se lo podemos poner porque es muy mono. Le das recuerdos a E. y cuando me escriba que me diga si tiene ya melena, y sin más besos y recuerdos para todos" P.D. Aquí en Galicia hay unos zapatos monísimos que valen 29 ptas."

Y diréis... ¿pues qué?

Esta postal, junto con muchas otras rellenas de las típicas palabras de "estamos aquí y esto es muy bonito", cuenta una historia. En ese viaje donde no me quería poner el poncho, yo solo tenía un año y mis padres me habían llevado al pueblo de mi padre para conocer a mis abuelos paternos.
Yo llamaba Pepe a mi padre, porque hasta lso cautro años, apenas crecí con él. Mi padre trabajaba en un barco y solo venía a casa un mes o dos cada seis meses, por lo que para mí, ese hombre era un desconocido. 
Mi tío de joven llevaba una melena así a medio hombro, por lo que sobre estas fechs imagino habría decidido dejársela crecer, proque en la fotos suyas de cuando yo nací, llevaba "el corte Joselito".

Lo de llorar por no querer ponerme el poncho... yo siempre fui así. Si una prenda no me gustaba, no me la podían poner ni a empujones.

Y los zapatos a 29 pesetas... ¡seguro que no eran unos Choos o unos Louboutin!


viernes, 19 de junio de 2015

Presentando a Marisol y otras amigas

Os presento a Marisol:


Es mi nueva adquisición para alegrar el patio. La vi y no me pude resistir. Fue amor a primera vista. Literalmente. 
Mis plantas siguen creciendo al son del verano. Hace unas semanas planté unas flores, compré unos sobres de semilla y las mezclé. También compré perejil pero parece que no estoy teniendo demasiado éxito. En cualquier caso, estas de aquí ya van saliendo, de modo irregular:


En esta macetita eché unas semillas también mezcladas y parece que todo va bien:


Creo que esto de aquí es el perejil. O dbería serlo:


Tenía ganas desde hace tiempo de alegrar la ventana con unos geranios y hoy he visto este y se ha venido para casa... La acabo de trasplantar a una maceta más grande, así que espero que esté bien.


Aquí otras semillas de flores mezcladas, esperando que empiecen a florecer:


Cuando nos mudamos a esta casa, había junto a la lavadora un tendedero. La primera vez que fuimos a usarlo, nos dimos cuenta de que estaba roto: no se sostenían en pie, y además estaba bastante oxidado, Como aquí para tirar estas cosas no sirve con ponerlo al lado del contenedor (no te lo recogen y te pueden multar), lo pusimos en la parte de atrás del patio con intención de desmontarlo y ponerlo en el contenedor de reciclados. Pero ahí se quedó por pereza, criando telas de araña y dejando que las enredaderas se aferren a sus hierros. Lo cual me dio una idea...

Si no puedes con él... únete! Basicamente lo voy a dejar ahí para usar como colgadero de macetas, como se aprecia en la foto. Voy a poner una mas junto a esta y luego más abajo, poco a poco. Ahí he puesto mis otros geranios blancos, también comprados hoy.


jueves, 18 de junio de 2015

Recibido. Cambio y corto.

Mamá decidió un día no tirar los viejos walkie-talkies. Extraño, cuando se ha deshecho de cosas mucho más valiosas sentimentalmente, o mucho más curiosas, como mis recortables en aquella vieja caja de zapatos, el tente o el lego. Y tantos otros juguetes que se regalaron a niños más necesitados, con suerte, si no acabaron directamente en la incineradora.

Cuando fui a recoger el viejo magnetofón y otras cosas que ya os enseñaré, me sorprendió al sacar los viejos talkies y me dijo... "¿los quieres?"

¡Que si los quiero! Apenas pude contener los dos lagrimones que pugnaban por liberarse de mis pupilas al ver aquellos compañeros de juego de mi infancia. ¡Cuántas aventuras vividas juntos! Con mi walkie-talkie me convertía en un Angel de Charlie; en una espía secreta, en una policía de incógnito o en una luchadora del Vietcong. Todo era posible en el pasillo largo de casa con todas las puertas cerradas y la oscuridad total, huyendo de puerta en puerta, agazapada en las sombras, refugiándome en la soledad de alguno de los dos baños, mientras mi hermana, el aliado perfecto, esperaba bajo las faldas de la mesa camilla de la terraza...



Creo que mi madre no los ha tirado porque en el fondo, aunque lo niegue, es una nostálgica de pro y le daba pena que cuando los compró mi padre -posiblemente en sus travesías cuando era marino bien al desembarcar en Canarias o Ceuta-, y fueron bastante caros en la época. 

Auún no he probado si funcionan. Están cubiertos de una vuelta de celo, tal vez las tapas iban flojas, pero estoy segura de que funcionan. ¡Quién sabe qué aventuras puedo idear con ellos si aún viven!

miércoles, 17 de junio de 2015

Voces del pasado

He estado unos días en Cádiz y me he traído el viejo magnetofón, predecesor incunable de los no tan viejos radiocassettes. Contiene voces del pasado, de gente que ya no está y niños que ya no son. 

Es un productor de lágrimas, de recuerdos borrados que renacen como si no se hubieran olvidado. Funciona como el primer día y las cintas que tengo aún por oir encierran secretos inocentes, conversaciones veladas, canciones chiripitifláuticas.