jueves, 2 de octubre de 2008

QUE MI NOMBRE NO SE BORRE DE LA HISTORIA...



Fue en la noche de un 4 de Agosto, 4 meses después de acabar la Guerra Civil, al comienzo de la dictadura que duraría 4 décadas, en que Julia Conesa, de 19 años, escribiría esa frase que da título a esta entrada. 13 chicas fusiladas frente a la tapia del Cementerio del Este, siete de ellas menores. La historia de las muchachas más conocidas como las 13 Rosas, revivida recientemente en la película homónima de Emilio Martínez-Lázaro.
Reconozco que la primera vez que oí hablar de estas 13 mujeres fue en la película. Son tantas las historias de una guerra o una posguerra que sería difícil saberlas todas. Tal vez debería. Pero no lo sabía. Y me impactó, porque como todas las barbaridades, no importa de qué bando sean, lo que cuenta es la pérdida de unas vidas inocentes. No eran más que niñas atrapadas en una red que ni siquiera llegaron a comprender. Una red que ni siquiera las envolvía.
Durante mucho tiempo me negué a ver films sobre la Guerra Civil, porque la mayoría revuelven alrededor del mismo tema, los mismos hechos históricos y los mismos personajes cansinos. Pero esta vez, eso no me detuvo porque me encontré completamente infatuada por unos hechos que hoy por hoy suenan casi ridículos pero que se repiten con toda probabilidad en diferentes guerras, diferentes épocas y diferentes países.
Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino”, vociferaba Franco en sus discursos. Y así, vecinos, familiares, amigos, enemigos, denunciaban a todo aquel que le resultara mínimamente sospechoso. O a aquel sobre el que sobrevolara un viejo rencor, una rencilla. La represión, la propaganda, el miedo y la ignorancia de la patria, una, grande, libre.
La sangre derramada un 5 de Agosto, y un 6 y un 7, y tantos otros días, tantos nombres, tantos otros desconocidos. Ellas se llamaron Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibáñez, Blanca Brisac Vázquez, Adelina García Casillas y Julia Conesa Conesa. Eran modistas, pianistas, sastres, amas de casa, militantes todas -excepto Brisac- de la JSU. El suyo es uno de los castigos más duros a los vencidos de la posguerra. Una respuesta, se dice, al asesinato del comandante de la Guardia Civil, Isaac Gabaldón, a su hija y su chófer el 27 de julio anterior.
La semana pasada, en el Cementerio de la Almudena pude ver la placa conmemorativa que se alza junto a los columbarios de la zona 6, unas placas simples, como lo fue su corta existencia, y trece rosas ya marchitas en las primeras brisas del moribundo mes de septiembre. Justo junto a la tapia marcada de antiguas heridas de bala que tantas vidas vio caer. No hay nombres, sólo fechas, 13 flores, una frase.
Un silencio.
Que mi nombre no se borre de la historia...

6 comentarios:

charo dijo...

Pues todavía siguen peregrinando las amigas de aquellas 13 rosas cada aniversario, ante aquella tapia. Lo he visto en televisión varias veces y es muy emocionante.

Inma dijo...

Me estremezco al ver tus fotos y recordar la historia.
Hoy estoy pesimista y no puedo evitar pensar que no será la última vez que pasen estas cosas.

chema dijo...

lo peor de las dictaduras, sean del signo que sean, no es la falta de libertad del pueblo para elegir a sus gobernantes, sino los crímenes que se cometen en ellas...

anele dijo...

y peor aún que tanta gente se dejara arrastrar por sus más bajos instintos, dando rienda suelta a la crueldad de falsas acusaciones (por rencores, envidias,..., tantas veces desmarcadas de motivos políticos)cuyo desenlace solía ser fatal.
Un tío de mi madre se vió obligado a esconderse en el monte durante semanas por una de esas acusaciones. A escondidas, por la noche, le llevaban agua y comida.
No sé qué pasó: se olvidaron de él, acabó la guerra,... ???
Al menos él pudo contarlo.

FERMÍN GÁMEZ dijo...

¡Que no se borren!

Porque si nos confiamos y se borran...

raquel dijo...

Mi abuela contaba, como se llevaban a una chica muy guapa, creo que decía Blanca, ella estaba en la cárcel (una niña igual que ellas) acusada por una "amiga" lo pongo entre comillas porque os podeis imaginar que amiga era esa.... mi abuela tuvo más suerte y lo pudo contar...
Querida abuelita que vida más dura te tocó vivir....