miércoles, 15 de octubre de 2008

A UN ARBOL


Hay un árbol frente a mi ventana.

No es un recio olmo, ni un poético ciprés ni tampoco un vulgar pino.
Es simplemente... un árbol. No es alto ni corto. Un árbol de ciudad.
No sé en qué momento ha cambiado el color de su hoja. Habría jurado que tan sólo ayer eran intensamente verdes, pero hoy se mueve al son de la brisa con sus hojuelas doradas, algunas de un reticente amarillo tan áureo como el esquivo sol de Noviembre.

Es otoño y se desnuda ante mí, ante todos, sin pudor. Incluso hace honor a la impecable calva que comienza a despuntar en sus ramas más altas y sus secos deditos parecen saludar desde el otro lado del cristal como un niño travieso.


Es sólo un árbol. Testigo inamovible de mi vida.

5 comentarios:

Bertha dijo...

Que triste los arbolitos sin sus hojas, por aqui los estan podando, que penita, con lo chulos que estas verdecitos.

Riesgho dijo...

Me encantan los colores del otoño, las copas de los arboles que ya empiezan a estar "calvas" pero que tienen una belleza inigualable con esos colores anaranjados, amarillos y marrones. ¿Y que me dices de las hojas que estan sembradas por el suelo y por los jardines. Siempre que veo el parque de enfrente de mi casa, con todos sus arboles llenos de colores y la hierba tan verde moteada por las hojas llenas de matices... me entran unas ganas de sacar fotos... pero no me decido, y a este paso cuando lo haga los arboles como dice Bertha ya estarán podaos, jajaja.
Besinos.

Geno dijo...

¡Haz fotos, Riesgho, haz fotos, no te lo pieneses!

Fauve, la petite sauvage dijo...

Hoy me persiguen los árboles, que tanto me gustan. Cómprate la casa y te llenaré el jardín de ellos ;-)

Yo también quiero las fotos. Y que le toques la corteza, y le sientas.

chema dijo...

precioso poema de otoño, ruth. me gusta mucho el último verso. es verdad, los árboles son tan longevos que son testigos de la vida de muchas personas...