viernes, 23 de marzo de 2012

AUSCHWITZ II-BIRKENAU

Tras visitar Auschwitz I, el minibus nos llevó al emplazamiento de Auschwitz II-Birkenau, apenas a quince minutos de distancia. Para que os hagáis una idea, aquí os dejo una vista aérea de ambos campos:


Si os había parecido que Auschwitz era inmenso, llegar al segundo campamento es aún más imponente. Cruzando su entrada principal, que tantas veces habréis visto, a la izquierda se alzan los barracones donde vivían los prisioneros. 



A la derecha había el mismo número de barracones pero el tiempo ha hecho mella en ellos y ahora solo queda un mar de escombros. El único vestigio de que allí había construcciones son las chimeneas todavía en pie, testigos mudos de tantos horrores.


Al fondo se atisba la inmensidad del bosque. El camino hasta allí es largo. Enfangado en trozos. Pedregoso. Pero lo que más llama la atención es el silencio. Ni un pájaro sobrevuela el campo. No se oye ni el más triste trinar. Todo es silencio, roto a veces por los cánticos de tres grupos separados de estudiantes israelíes que enarbolan su bandera con orgullo. 


Auschwitz I es la parte más blandita de este viaje al holocausto. Allí se preservan objetos, ilustraciones realizadas por supervivientes que marcan el día de la vida en los campos, archivos gráficos de las SS y otras muestras de increible valor emocional e histórico.

Auschwitz II Birkenau es la parte más dura que vemos en películas como La Lista de Schindler. Aquí están expuestos los barracones donde dormían los prisioneros tal y como lo eran entonces. Las letrinas. La parada del tren.
Aquí llegaban todos los prisioneros, en vagones tan pequeños que produce claustrofobia solo mirarlos. En este andén en medio del campo, se alineaba a los recién llegados y un "médico" con el simple gesto de su mano los separaba a la derecha o a la izquierda, condenando a unos a la vida en el campamento y a los otros directamente a las cámaras de gas.



Las cámaras se hallaban al final del campo, cercana al bosquecillo que se vislumbra al fondo. A la llegada de las tropas soviéticas, los Nazis trataron de destruir evidencia de sus crímenes haciéndolas volar. Sus esqueletos aún permanencen allí donde se derrumbaron sobre sí mismas, una a cada lado de las vías.



Es duro visitar el interior de los barracones donde se hacinaban los prisioneros. En cada barraca, las literas de madera se apilaban precariamente. Por único abrigo, una mantita fina. Dormían sobre la madera... excepto los que dormían en el nivel inferior, de cemento. El viento se filtraba por el tejado, por las maderas   y por las puertas que no cerraban bien. La única fuente de calor, una chimenea en el centro de la construcción, que ni por asomo llegaba para calentar a los del extremo. En cada litera podían llegar a dormir hasta 5 personas. Se les permitía ir al lavabo solo dos veces al día. El resto del tiempo, había que hacer uso de cubos de latón dentro de las barracas. La disentería, las diarreas, las fiebres, el tifus... lo dejo a vuestra imaginación. Y no es agradable.
Cientos de prisioneros se amontonaban en cada una de estas barracas (y podéis hacer números de cuantas barracas había según el mapa aéreo superior). E imaginad los lamentos de los moribundos, el olor a sudor, a cuerpo humano, a excremento, y las colonias de piojos y de las ratas que se colaban por todas partes.




Las letrinas son todo aquello que imaginas en tus peores pesadillas. Agujeros redondos como en una acequia, donde todo se acumulaba y había que vaciar... manualmente de vez en cuando. Nauseabundo.



Al fondo del campamento, se alza hoy un monumento dedicado a las víctimas, eregido en 1967. Anteriormente otro memorial ocupaba su lugar.


A sus pies, placas en varios idiomas, certifican: "Dejad para siempre que este lugar sea un grito de desesperación y un aviso a la humanidad, donde los Nazis asesinaron alrededor de un millón y medio de hombres, mujeres y niños, principalmente judíos de varios países de Europa. Auschwitz-Birkenau 1940-1945."


Salimos de allí con una gran losa sobre el alma y el recuerdo indeleble de rostros en blanco y negro que pasarán a la historia de manera anónima. Y rodeados de un silencio tan sepulcral que aun estando en un espacio abierto, te hacía hablar en susurros. Y sin oir, ni de lejos, el tenue canto de un pájaro.

Más fotos aquí:

https://www.facebook.com/media/set/set=a.3212054697136.2144630.1139312018&type=3&l=d93811bff9

5 comentarios:

Merengaza dijo...

Sencillamente, desgarrador.

Darthpitufina dijo...

Estar alli da una impresión sobrecogedora. A mí me causó escalofríos, ver la montaña de zapatos, de cabello humano, que por cierto los alemanes en su pragmatismo reutilizaron para hacer ropa... los experimentos, las literas, todo, me resultó estremecedor. Volvimos en silencio todo el viaje de vuelta a Cracovia, se nos habían quitado las ganas de todo, como tú bien dices, es una losa en el alma. Pero es algo que hay que ver, aunque sólo sirva para conocer la crudeza humana.

Te dejo besote inmenso.

chema dijo...

la entrada intimida aún más que en el otro, si cabe. igual que las alambradas y las torres de vigilancia.
pobre gente, les transportaban allí como si fueran una mercancía. en cuanto a sus habitáculos para dormir y otras cosas, no hablemos. increíble hasta dónde llega la crueldad humana.

Dina Oltra dijo...

Yo soy tan boba q aun me sorprendo de la maldad a la q puede llegar el ser humano, terrorifico!

Enrique dijo...

A pesar de conocer la historia no deja de impresionar y sobrecoger cada vez que vuelves a leerla y, en este caso, el refuerzo de las imágenes todavía conmueve más.
Ahora mismo tengo el corazón encogido.