viernes, 3 de agosto de 2012

LA BELLA ESCONDIDA DE CÁDIZ

Hace poco os hablé de dos tesoros escondidos en mi ciudad natal, en este post. Alguien sugirió en los comentarios que fuese yo misma a hacer las fotos de la Bella Escondida porque las que había puesto, procedentes de un artículo del Diario de Cádiz, se veían bastante pixeladas tras ampliarlas.
En esta mi reciente visita, me ha sido posible hacerlo así aunque el palacete no se encuentra -de momento- abierto al público, privilegio que he de agradecer a mi amigo Eduardo, que gracias a sus contactos con el Concejal de Cultura del Ayuntamiento, pudo darme el teléfono de su propietario, el Sr. Morales, quien tuvo a bien dejarme pasar para que pudiera disfrutar en solitario de una visita a tan singular torre.



Como ya expliqué en el otro post, esta torre de planta octogonal (la única en la ciudad de este tipo de planta) no puede ser vista desde la calle, y de hecho su nombre se debe al apelativo con el cual el periodista gaditano ya fallecido Bartolomé Llompart, quien mientras paseaba cerca de un edificio colindante derruido, pudo atisbarla a pie de calle. Al contrario que el resto de las torres mirador de Cádiz, esta no fue construida para atisbar el mar. Porque para quien no lo sepa, todas las torres vigía que se ven como hongos en la mayoría de azoteas del casco antiguo, pertenecían a casas de mercaderes o comerciantes. Desde sus privilegiadas atalayas, podían mirar sin obstáculos al puerto y ver cuando llegaban los buques cargados de mercancía. Eran los tiempos en los cuales los barcos no tenían horarios de llegada ni estrictas fechas que cumplir.



Y la Bella Escondida no se creó para ese fin sino para que la hija del dueño del inmueble pudiera verla, como menciono en el anterior post, desde el patio del convento en el que había decidido recluirse y no sintiera nostalgia por su hogar. 
Desde arriba del todo de la torre, es posible vislumbrar parte de la Sierra gaditata y Sancti Petri, aunque yo no subí para comprobarlo porque las fotografías las hice bajo un sol de justicia y contemplar la sierra con calima es como no ver nada.
También he sabido que desde finales del siglo XIX, mucho antes de que su actual propietario, que es un diseñador sevillano, la adquiriese, el edificio había sido propiedad de una ahijada de la reina Isabel II, hija de un Intendente Real procedente de Morón, que regaló una casa en la ciudad a cada uno de sus hijos.
Se espera que pronto se pueda abrir al público, más que nada porque la torre está a la espera de ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC), lo que permitiría a su dueño abrirla al menos dos días a la semana, y probablemente si se cobra entrada, el beneficio pueda utilizarse para restaurar a su antigo esplendor a la torre, que como se puede ver en la siguiente foto, lo necesita (no que los desconchones resten mérito a su belleza):


Aquí os dejo algunas fotos más cercanas. Desafortunadamente a esa hora (sobre las tres de la tarde), el sol brillaba justamente sobre la estructura, lo que hace que se vean esos molestos reflejos. Por motivos de ahorrar espacio en el equipaje, siempre dejo el parasol en casa... cuando voy a sitios con sol!!! Irresponsable que es una, vamos...




En cuanto al interior, vayamos desde la entrada hasta la base de la torre, al menos lo que se puede ver a lo largo de la escalinata y el patio, porque no entré -evidentemente- en las estancias personales de su dueño, quien por cierto "entretiene" en el palacete, ofreciendo soirées y cenas. Creo que ese día (sábado, por cierto), era uno de ellos, razón por la cual, aunque me recibió desde el patio, fue uno de sus trabajadores, un chico muy majo a quien no tuve el tino de preguntar el nombre para agradecerle su paciencia, quien me enseñó la torre.

En primer lugar, los llamadores de las enormes puertas macizas, de un brillante tono dorado y pesadas como campanas. Un detalle muy elegante. Si pongo una así en mi puerta, la atraviesa!


Ya en el patio, a ambos lados de la cancela de hierro acristalada, dos bañeras de mármol antiguas:


El patio está protegido de la lluvia por esta claraboya de cristal:


Bajando las escaleras desde la torre, se pasa esta escultura gigantesca (aquí de espaldas)


Y aquí de frente junto a la decoración, de estilo isabelino, época que el diseñador hispaliense ha elegido para la restauración y decoración interior. Er... se me ha colado una niña, aunque no la vi cuando hice la foto. ¿Será un fantasma veraniego? XD


De frente a la puerta de entrada, se encuentra la escalinata de acceso al primer piso. Yo subí por la escalera de la derecha por pura inercia. Sin embargo, posteriormente, mi amiga Charo me comentó que los escalones de la derecha están más desgastados que los de la izquierda. el motivo es sencillo: la escalera de la derecha se utilizaba a diario para subir y bajar. La de la izquierda solo se utilizaba para sacar a los fallecidos o enfermos... una superstición (o costumbre) que puede que haya trascendido hasta nuestros días. Al dejar el inmueble, también descendí por las escaleras de la derecha.


Por último, una escultura a la derecha del patio. La foto ha salido un poco oscura, pero deja entrever también la singularidad de la base de los balconcillos que dan al patio.


Nada más. Agradecer de nuevo a Eduardo, al Sr. Morales y al chico que me guió a través de la escalera de caracol que sube hasta la torre. Espero que os haya gustado.

Fotos: © Ruth Bernárdez. Preguntar antes de usar, por favor.

11 comentarios:

DACHA ARTESANA dijo...

Gracias por el reportaje y la informacion, cuando vaya a Caí me pasaré a verla (he visto en "papá google" que está en José del Toro núm. 13)Ya estoy deseando que la abran al público.

Dina Oltra dijo...

Cuanta maravilla junta! la verdad esq hay vecces q nos vamos al quinto pino a conocer historias curiosas cuando las tenemos prácticamente al lado!

chema dijo...

ya me acuerdo del post que escribiste sobre esta torre. ahora has tenido oportunidad de fotografiarla tú misma. es muy bonita y por dentro la tienen como los chorros del oro, muy limpia y bien conservada.

Merchi dijo...

Es preciosa, la de veces que he ido a Cádiz y ni me he fijado en ella, me lo anoto para la próxima. Qué privilegio visitarla por dentro, me ha encantado.

Candela. dijo...

Merchi, no te has fijado en ella porque no se puede ver desde la calle. Y el patio, si el portón está abierto sí puedes verlo por la cristalera de la verja, pero si no, tampoco. Lo unico, que puedas subir a alguna azotea cercana. A ver si la abren prontito.

BLAS dijo...

Me encantó aquel post, y sin duda, las fotos que has hecho, pequeño fantasma veraniego incluido, me gustan más para ilustrar la historia. Una de las cosas que precisamente me he propuesto para este verano, es observar con tranquilidad las maravillas que guarda el casco antiguo. Para ver a la Bella Escondida, tendremos que esperar, eso sí...

Fawn dijo...

Qué reportaje tan bonito!! yo nunca he estado en Cadiz, en realidad nunca he estado en el sur. Pero algun dia lo recorreré de punta a punta, aunque como siempre pasa, algun rincón como el que tu has encontrado siempre queda por descubrir.
Buen finde!!

Geno dijo...

desde luego que hace honor a su nombre de Bella (y escondida también, jajaja) Pues si la abren al público habrá que volver a tierras gaditanas para visitarla...

Ángeles dijo...

Precioso! Que suerte poder haber disfrutado de una visita a un lugar tan especial.

Ángeles dijo...

Precioso! Que suerte poder haber disfrutado de una visita a un lugar tan especial.

anele dijo...

Me gustó el post anterior sobre la torre. Ahora podemos saber cómo es por dentro.
Qué bonita. Ojalá la restauren porque sería una pena dejar que siga deteriorándose. Y esa bañera vale un potosí... ozú!!