jueves, 31 de octubre de 2013

Final de la Pesadilla, antes de Halloween

Cuando me confirmaron que tenía el trabajo en La Manzanita ya tenía claro mi último día en el trabajo. Podía haberme ido al momento, cogerme una baja y aprovechar para dar mi semana aduciendo problemas de salud, entre otras cosas, pero a veces hay que ser práctico, que una tiene un vicio que pagarse, el santo vicio de comer y pagar las dichosas facturas, que no sé cómo curarme de esa adicción. Así que claro, dándome la noticia más de un mes antes de que tuviera que empezar mi nuevo empleo, no era cuestión de pasarse cinco semanas sin ingresos. 

Allá a principios de Septiembre pedí dos cochinos días libres, el 31 de Octubre y el 1 de Noviembre. Dos días insignificantes ahí en medio de... un mes tonto como es Octubre o principios de Noviembre. Y estaréis pensando que me denegaron los días. Pues sí. El problema es que olvidaron decírmelo y solo me enteré al ver mi turno para el mes. ¡Genial! Ya no solo te rompen los esquemas, sino que no te avisan! Moví cielo y tierra y me quejé con tres managers aún a sabiendas de que me iría con toda probabilidad. Me dijeron que no me habían dado los días porque una compañera de mi mismo departamento se cogía unos días de vacaciones y no podíamos irnos las dos a la vez. Lo que olvidaron nombrar sutilmente es que esta compañera había pedido los días después  de que lo hiciera yo, por lo que no sé en qué baremo se basan para escoger a una sobre otra, porque en cualquier sitio que he trabajado, de darse esta situacion, evidentemente tiene prioridad la persona que lo pidió antes. 

¿Cómo? ¿Que si me dábais el 31 y el 1 estáis dos días con poco personal...? Léase uno el jueves y otro el viernes... es decir, con una persona cada día solo. Pero es que no es culpa mía que en dos meses un equipo de 8 personas se haya visto cortado a la mitad porque el personal se espantó. Así que... pues mira, acabo de currar el día 30, y el 31 y el 1 los tengo libres de todos modos y me voy a tirar 20 días rascándome el ombliguito aunque no me pique.

Así que mi pesadilla en Hostal Marrietta ha llegado a su fin. 

Por momentos llegué a arrepentirme de venir a Cork. No por la ciudad en sí ni por la gente, ni el ambiente. Solo por el trabajo. He llegado a casa derrotada, llorando, me han humillado por teléfono, me han gritado, no me he sentido respaldada en ningún momento ni por Relaciones Humanas ni por jefes ni por quien tuviera que estar al cargo del tema.

He llegado a ir a organismos oficiales para informarme de la legalidad de algunas de sus prácticas y en todas me han dicho que bordean el límite pero no lo traspasan, por lo cual, a menos que todos unamos las voces y nos quejemos colectivamente, no hay nada que hacer. Algo muy difícil de lograr cuando en la empresa hay gente que besa el suelo que pisan solo porque les han dado un puesto de trabajo, gente que viene de otros países y no conocen de la misa la mitad y solo están agradecidos de tener un trabajo con el que comer y pagar un techo. Y para mí, esto no es vida. Mi vida quedó en suspensión el día que empecé a trabajar allí, y emocionalmente también ha llegado a afectarme. Ir a trabajar con un valium en el cuerpo para poder soportar el día y mantener la sonrisa en la boca, no es de recibo. Y tener una larga lista de cosas por hacer porque ya no es que "no tenga tiempo porque trabajo". Es que ni tengo tiempo ni me apetece hacer nada porque estoy física y mentalmente agotada. Ha sido solo en las últimas semanas que he encontrado algo de estabilidad volviendo a viejos hobbies abandonados desde mi mudanza, como hacer algo de punto de cruz o manualidades. Había puesto mi vida, como las llamadas... en espera.

Naturalmente no abrigo la esperanza de que todo sea de color de rosa en la Manzana, pero sí espero que el cambio sea sustancial. Que a unas malas, siempre puedo seguir buscando, que ese nombre en tu Cv abre puertas. Muchas puertas que quizá hasta el día de hoy han estado cerradas y sin posibilidad de abrirse. Y al menos, estaré en mi casa, sin un jefe que me mire por encima del hombro (aunque controlen mi trabajo internamente, como es obvio), sin nadie diciéndome cómo tengo que vestir o cómo tengo que peinarme, sin nadie diciéndome que no puedo ir al baño porque en media hora me voy a casa por mucho que yo lleve cruzando las piernas desde hace una hora por no dejar a la gente con la palabra en la boca y colgarles para correr al inodoro.

Espero dejar atrás las noches de insomnio, los trastornos gástricos, los ataques de vómitos y diarreas producidos por la sola idea de volver al trabajo tras mis dos días libres, o a final de semana cuando ya no sé si voy o vengo. Tengo amigos a los que llamar, hace meses que no hablo con mi hermana porque la sola idea de estar hablando por teléfono me cansa. Espero, también, dejar de pasar las noches soñando que hago reservas y levantarme sin descanso, porque después de todo... ¡me he pasado la noche trabajando en sueños!

Aprender, he aprendido mucho: que no merece la pena, a veces, sacrificar lo que se conoce por lo desconocido. Que en el futuro me informaré mejor de las condiciones de los trabajadores, si no es por foros, será preguntando a los que trabajan allí aunque tenga que esperar hasta que acaben la jornada. Esto ya lo he hecho en la Manzanita y de momento todos con los que he hablado están contentos. Contentísimos. Y qué leches, que el dinero ayuda.

Así que en estos días tengo planes, muchos planes. Tantos, que no sé si me va a dar tiempo de todo en estos 22 días libres hasta el comienzo de mi nuevo empleo. Tengo que redecorar mi estudio, comprar una mesa de trabajo amplia y una estantería. Y ya os enseñaré el resultado.



7 comentarios:

Lucía dijo...

Bueno Ruth, mucha suerte en esta nueva etapa de la vida. Yo creo que todo será mejor, no tengo la menor duda. Y sí no es así, no pasa nada, siempre puedes buscar otra cosa, ya has visto que lo has conseguido más o menos rápido. Suerte.

Dina Oltra dijo...

Pues ea! que les vayan dando x abusones!!

Geno dijo...

Será mucho mejor sin duda. Ahora a disfrutar de los días libres y pillar fuerzas para tu nuevo reto

chema dijo...

por fin acabaron unos meses negros. de todo se aprende. ahora vas a estar muy bien, trabajando en casa y teniendo tiempo para ti misma. y disfrutando de la ciudad de cork sin pensar en el suplicio de tener que ir a ese trabajo.

BLAS dijo...

Sinceramente, niña, me alegro un monton por ti. Porque vivir para trabajar, no es vivir, y precisamente tu no eres una persona que te hayas buscado ninguna preocupacion que te obligue a hacerlo. Empresas que se aprovechan del miedo de la gente a ser despedidas porque saben que depende de su sueldo toda la familia, por todos lados, y explotacion al maximo. De vergüenza. Asi que me alegro. Que les den por alli mismo. Trabaja para vivir, coño ya.

Ángeles dijo...

Me alegro que haya acabado tu pesadilla antes de Navidad (como la peli) ten por seguro que has aprendido de esta experiencia aunque sólo sea que hay cosas que no se deben soportar. Lo de no poder ir al lavabo me parece rastrero... Menuda gentuza . Bon vent y barca nova!

anele dijo...

Fin de la pesadilla.
Sea como sea la nueva etapa que te espera, me parece que jamás podría ser peor que la que dejas atrás. Y como bien dices, al menos la presión de tener a alguien controlando cada movimiento que haces, ya desaparece con tu trabajo en casa. Un entorno perfecto, la verdad.
Espero que todo vaya bien ;)