viernes, 4 de diciembre de 2009

EL ORIGEN DE LAS TARJETAS DE NAVIDAD

Las mandábamos a mansalva antes de la llegada de internet y las puñeteras tarjetas digitales que tan poco me gustan. Tengo cajas y cajas llenas de Christmas navideños, que guardo cada año con esmero (si los llego a recibir, cada Navidad recibo menos en el correo y más en el email).
La primera tarjeta impresa tiene su origen en Londres en 1843, aunque hacía ya tiempo que la gente se enviaba felicitaciones escritas a mano, simplemente un "Feliz Navidad" en una tarjeta o un trozo de papel, y más tarde comenzaron a hacer tarjetas caseras. La primera tarjeta a la venta fue diseñada por John Callcott Horsley, comisionado por Sir Henry Cole, un empresario adinerado que quería felicitar las fiestas a sus familiares, amigos y contactos de negocios con cierto estilo. Sir Henry fue un hombre bastante importante en la época victoriana, a él se debe la modernización del sistema postal británico, la dirección de las obras del Albert Hall, ayudó en la organización de la Gran Exhibicion de 1851 y supervisó las inauguraciones del Victoria and Albert Museum.
El primer Christmas era un tríptico, con los dos extremos representando una escena de los ricos alimentando y vistiendo a los pobres, y una escena central de niños y adultos celebrando la Navidad con comida y bebida a tutiplén. El texto decía: "Feliz Navidad y un Feliz Año para tí".


Se hizo una tirada de 1000 tarjetas, de las cuales 12 aún existen, en colecciones privadas (no en la mía, desafortunadamente).
El envío de tarjetas se convirtió en la moda inglesa de la época y se extendió a Alemania. Treinta años después la costumbre llegaría a América, donde Louis Prang, un litógrafo de origen alemán comenzó a producirlas en 1875, aunque eran bastante costosas. Sus tarjetas no tenían imágenes de la Madonna, Santa Claus o árboles navideños, sino brillantes grupos de rosas, margaritas y otros arreglos florales, pero no tuvieron mucho éxito y Prang se vió forzado a cerrar el negocio en 1890. Los americanos prefirieron las tarjetas que sólo costaban un penique y que eran importadas de Alemania. Esta fue la costumbre hasta la llegada de la Primera Guerra Mundial, tras la cual nació la industria de las tarjetas de hoy en día.

3 comentarios:

Geno dijo...

Es una pena que por culpa de la comodidad y gratuidad de las postales virtuales se pierda la costumbre de mandarlas por correo. A mi también me encanta recibirlas y enviarlas y todos los años procuro hacerlo

Aurin dijo...

Estoy de acuerdo con Geno... aunque internet, es cómodo y práctico y sobretodo rápido... para mi es mucho más bonito, tener el detalle de mandarlas por correo y eso desgraciadamente se va perdiendo poco a poco...

chema dijo...

las tarjetas navideñas hace ilusión cuando se reciben. a nadie amarga un dulce.
a mí me gusta hacerlas yo mismo, aunque sea una imagen escaneada muy simple.