miércoles, 27 de febrero de 2008

SOBREVIVIR


Y van 14. O 17, porque tres asesinatos de mujeres aún están por investigar. No hemos acabado Febrero y ya llevamos 14 asesinatos en lo que se denomina "violencia de género". Odio ese nuevo eufemismo, que parece querer "dulcificar" el asunto. Maltrato, simple y llanamente. Violencia doméstica. Abuso. Palizas, miedo, humillación, sangre y dolor mezclados en un hogar tras las puertas de tu propia vergüenza.

Lo he visto muchas veces, lo he vivido en mis propias carnes aunque tampoco puedo quejarme demasiado. Fui una de las pocas personas que se enfrentó a sus propios miedos y dejó un futuro de miseria en el pasado. En mi caso el abuso fue más psicológico que físico, sólo me puso la mano encima tres veces, como una melodía, en tono ascendente. La primera vez una bofetada, un empujón. La segunda un par de ostias más contundentes que dejan marcas de ese color entre azul y morado que tan poco favorece. La tercera... la tercera quizá mejor no recordarla. No es fácil sentir el frío y a la vez el calor que desprende una pistola en la cabeza. Pero sabía que no tenía cojones suficientes para apretar el gatillo. "Antes te mato que tener que pagarte pensión".

Puto dinero.

¿Duro? No. en absoluto. Gratificante. Lo mejor que me pudo pasar en la vida, a mí y a muchas otras. Se pasa mal al principio, cuando las puertas de los que creiste tus amigos se cierran en tus narices, cuando ni tu propia familia lo comprende y te conviertes en una apestada por el mero hecho de no haberte querido convertir en una estadística o una crónica irreparable en un periodico. Y te tragas las lágrimas y el orgullo y agachas la cabeza como si tú hubieras sido la que hizo algo malo. Como si tú te hubieras merecido cada marca de tu cuerpo. La vergüenza te sigue a donde quiera que vayas, te duchas y te restriegas y sigue ahí como tinta indeleble. Te han mermado tanto tus facultades mentales, haciéndote creer que no eres nada, que no vales nada, que nunca llegarás a nada.

Catorce mujeres asesinadas por las personas a las que un día confiaron su amor. Las personas que una vez lo significaron todo en su vida y todo en su muerte. Catorce. Mañana serán quince, pasado 18. Y a finales de año...¿cuántas?

Hay luz al final del túnel, yo la vi. Y la seguí. Es un camino difícil, angosto, que lleva tiempo, y miserias, y miedos... miedos peores de los que crees, pero es mejor que vivir con el temor interior de no saber qué sucederá mañana, si se levantará de buen humor, o sobrio, o sin cualquiera que sea su problema.

Despierta, mujer, y corre. Es el mejor deporte que te depara la vida.

3 comentarios:

R.M dijo...

Ayyy como me suena todo esto.

Ojala pudieramos entrar en la cabeza de las mujeres maltratadas (de cualquiera de las formas que existen) y plantar en su cerebro la semilla de la lucha, de la confianza en si mismas y de la situación que están viviendo...

La triste realidad es que tu has tenido suerte. De sacar fuerzas de flaquezas, de ser valiente, de tener miedo y tirar igual para delante.

Pero no todo el mundo es asi.

Como convencer a alquien de que aunque solo te haya pegado una vez, es maltrato?
Que cuando te agarra por el cuello, cuando te amenaza con matarte, cuando no te deja respirar, cuando te prohibe llamar, ver, escuchar, encender el pc, es maltrato?
Como hacerla entender que cuando la amenaza con suicidarse con unas pastillas si le deja, no solo deberia dejarle, sino antes de irse ponerle el vaso de agua con una nota ke diga: ke te aproveche, cerdo!

No se puede convencer a nadie que no quiera ser convencido y mucho menos ayudar si no cree que necesite ser ayudada.

Ojala alguna que yo me sé aprendiera de tu experiencia.

sohno dijo...

Que duro lo que cuentas.
Hiciste lo correcto y me alegro de ver que ahora estás muy bien.

SONY dijo...

Candela, fuiste valiente, admiro tu decisión, ahora no serias quien eres, o quizás no estarias aquí, o quizas estarias tan anulada que serias una muerta en vida...

Me alegro enormemente que te liberaras de ese yugo, nadie se merece ese abuso, esa conducta de dominacion abyecta y humillante, ya sea psiquica o física...

Me ha emocionado mucho tu relato, ojala otras personas que siguen condenadas por esta lacra social tuvieran la fortaleza de liberarse... y sobre todo la suerte de empezar de nuevo sin que nadie les arrebatara la vida...