domingo, 5 de octubre de 2008

NOCHE EN LOS BOSQUES (RELATO)

En el foro dedicado a Trini Tinturé (www.msnusers.com/TriniTintureunavidaatodocolor, se celebra estos días un concurso de relatos al estilo de Los Relatos del Tio Arthur, que se publicaran en Bruguera durante la década de los setenta y ochenta. He aquí mi aportación al certamen:

NOCHE EN LOS BOSQUES


Sucedió una noche de plenilunio. Así sin más. Supongo que habría podido suceder cualquier otra noche, pero para las girl-scouts de la Asociacion Trinitaria, era una noche perfecta para sentarnos alrededor del fuego del campamento bajo la atenta mirada de la naturaleza y un manto de estrellas presidido por esa luna perfecta.
Siempre quise ser girl-scout, a pesar de que me aterrorizan las arañas, los insectos y todo lo que me haga cosquillas en los tobillos, pero mi madre me contaba sus historias vendiendo galletitas recién horneadas por el vecindario con su lindo uniforme kaki y su pañoleta amarilla, y papá había sido monitor de los scouts hasta poco después de mi nacimiento. Mi destino estaba sellado.
En mi bolsillo tenía el único objeto que me daba valor: el compás de papá. Papá murió el año pasado y me apena decir que su rostro a veces se desdibuja de mi mente, que apenas recuerdo sus facciones con nitidez, y que más de una vez he de correr a la repisa de la chimenea y contemplar la foto que reposa en el interior del marco de plata, en la que sostiene una margarita blanca, para convencerme de que le recordaré siempre. Es mi foto favorita de papá.



Así que aquí estoy, la víspera de mi decimoprimer cumpleaños, escuchando historias alrededor del crepitante fulgor rojizo de unas llamas que calientan esta noche de otoño, las tiendas ya montadas hace horas, mientras tostamos nubes de algodón y nos reímos de nuestros propios temores.
A lo lejos aúlla un lobo y todas gritamos, para acto seguido soltar una carcajada tonta, tal vez para calmarnos a nosotras mismas, pero no funciona. Comenzamos a oir ruidos a nuestro alrededor, la brisa mueve las copas de los arboles y algo cruje a nuestras espaldas, demasiado cerca. La desbandada es general, una docena de niñas en pánico corriendo hacia todos lados mientras las dos monitoras intentan, en vano, controlar la estampida.
Yo he cerrado los ojos y empezado a correr, absolutamente convencida de que alguien, o algo, me perseguía, sugestionada tal vez por los cuentos de bosques encantados de Mary Joe, o por las historias de dragones y serpientes gigantescas de Lorraine. He corrido y corrido, y corrido un poco más aún, hasta que se me han quedado las piernas sin fuerzas. Traté de detenerme de golpe cuando la oscuridad más absoluta me rodeaba y era incapaz de ver nada, ni siquiera el reflejo de los astros, y entonces he tropezado con una gruesa rama, tal vez un tronco caído, es difícil saberlo, y me he dado de bruces en el suelo, raspándome las rodillas y las palmas de las manos. Hay un gran charco cerca, al menos no me he mojado. Moriría de frío en la noche.
Me he dicho que soy una estúpida por comenzar a lloriquear como una nena de cinco años, pero mi estupidez sólo ha sido alejarme del campamento y adentrarme en zona desconocida, y además de noche y sin mi chaqueta. A tientas gateo hasta encontrar la seguridad de un árbol y me refugio en sus raíces, donde al fin me calmo. En el interior de mi bolsillo está el compás de la suerte, el compás de papá. Meto la mano y… ¡no está! Se me ha debido caer al tropezar…
A tientas, ciega como un topo en medio de la negrura total que me envuelve voy rastreando el suelo alrededor de la zona en la que caí pero no hallo nada. Y entonces lloro. Lágrimas amargas de culpabilidad y de miedo. El viejo compás… quizá perdido para siempre…
Cerca, demasiado cerca, oigo ese crujido de nuevo. Y entonces el rumor. Comienza como la vibracion de una garganta ronca y se convierte, con intensidad, en el rugir amenazante de una bestia hambrienta. Aún en la oscuridad veo sus ojos, rojos, febriles… Es el lobo, y me mira. Avanza lenta, muy lentamente… y se detiene a pocos metros, una pata suspendida en el aire… como sopesando el lugar donde ha de posarla.
Y corro. Comienzo mi huida de nuevo, esta vez seguida muy de cerca por el rugido que parece convertirse en risa. Sabe que me tiene a su alcance, que sólo estoy prolongando mi final hasta que fallen mis débiles fuerzas. El está en su entorno y yo… yo estoy perdida para siempre.


Esta vez no caigo: ruedo. Ruedo por una pendiente con violencia, dando tumbos, en terreno abrupto y cuajado de rocas, hojas secas y ramitas lacerantes. Mi caída se detiene en el fondo. Mi cabeza se golpea con el suelo duro y siento todo mi cuerpo magullado antes de perder la consciencia. Mejor así. El lobo ha bajado la ladera con su boca supurando saliva…
Y entonces siento la presencia.
Su presencia, su olor. Abro los ojos y allí está papá, sonriendo. El lobo también le ve y retrocede unos pasos, su hocico temblando mientras ruge muy poco amenazador. Papá avanza, una mano en el aire, como le vi hacer a Cocodrilo Dundee hace tiempo. Se acerca a mí y me toma en sus brazos. Me susurra dulces palabras. El lobo huye, papá me come a besos como cuando tenía tres años. Papá… papá… te he echado tanto de menos… Tanto, tanto… Sabía que volverías, ¡Oh, papá…!


Las monitoras me encontraron por la mañana, el pie atrapado bajo la pesada rama caída de un árbol, cerca de un enorme charco de aguas turbias. Dicen que me golpeé la cabeza al caer. Nunca hubo lobo, nunca caí por un barranco… Nunca vi a papá. Dicen que lo soñe, pero no es cierto. Estuvo aquí. Me salvó. Esta mañana cuando me han encontrado, el compás estaba en mi mano, y a su lado, una margarita blanca...

7 comentarios:

Bertha dijo...

Me a gustado mucho tu historia y me a enganchido hasta el final, que he llorado, al dicirle que lo habia soñado y para ella no habia sido a si, que su padre le habia ayudado.

chema dijo...

bonita historia. queda a la imaginación del lector si fue sueño o realidad. lo de la margarita junto al compás recuperado es un detalle muy bonito.

Sonia dijo...

Me ha gustado mucho la historia Candela,sobre todo el final cuando el padre aparece para ayudarla...muy emotivo :)

Shirat dijo...

Bonita historia, Candela.

Estoy poniéndome al día con tu blog, ya veo que aprovechaste el viaje a Madrid a tope y has regresado con las pilas recargadas.

Un besito y sigue escribiendo.

R.M dijo...

Muy guapa la historia. Eres una artistaza!!

Riesgho dijo...

Que bonita historia. Me ha encantado.
Un beso guapa!

Urko dijo...

¡Bravo, Candela! En mi imaginación de lector, el encuentro con el padre es de lo más real.