jueves, 10 de septiembre de 2009

COMPAÑEROS DE PISO (III): GEORGINA

Cuando Georgina se mudó a la casa, nadie me consultó al respecto. Tampoco que me importara, porque quien la invitó a mudarse con nosotros fue Miro, el eslovaco. Creo se arrepintió él mismo.
Georgina era tremendamente desordenada, pero como ese desorden se limitaba a su habitación de cajones abiertos, ropa por el suelo y cama sin hacer, no nos importaba demasiado. (Qué desastre de mujer -decía Miro-, no me extraña que no tenga novio). Cada cual con su cuarto. La chica trabajaba en un pub, y en sus días libres, bebía en ese mismo pub, hoy desaparecido, llamado Nestors. Yo la conocía tanto de allí, porque fui clienta durante un tiempo con mis amigos, como del restaurante de enfrente donde en esos momentos yo trabajaba de camarera.
A Georgina la despidieron de Nestors meses antes de mudarse a vivir con nosotros. Un día, en el restaurante, me pidió dinero para comprarse un paquete de tabaco, porque la habian suspendido el sueldo de la semana y no tenía ni un duro. No teníamos mucha confianza entonces, y mi economía andaba flojilla por esos tiempos, y aún así, le di mis últimos 5 euros (lo que valía entonces un paquete de tabaco), y prometió devolvérmelo al día siguiente. Ni qué decir tiene que nunca mas los vi, y tampoco se los pedí. Sí me dijo que la habían despedido porque al cerrar el bar un par de noches antes, se había quedado bebiendo durante horas con el que entonces era uno de mis supervisores -y naturalmente, sin abonar ni un céntimo de esas consumiciones-, y la habían cogido en las camaras de seguridad, que ella se pensaba que no las miraban para nada. Naturalmente, el dueño se dedicó a examinar con cuidado las grabaciones de noches previas y descubrió que la muchacha hacía esto con habitual fluidez.
Una semana después recuperó su trabajo, prometiendo no hacerlo más. Cómo fue que la creyeron y volvieron a admitir es un misterio aun a día de hoy, y dio bastante que hablar a las malas lenguas por aquel entonces.
Al principio, en casa, todo fue bien con G. Tenía sus cosillas, eso sí, como el hecho de que cocinara para ella sola enooormes perolas con toda clase de verduras, carnes y demás, para luego comerse un platito y dejar el resto ahí. Porque los irlandeses no suelen comer "los restos", ni comidas de un día para otro. Pero es que Georgina no solía tirar tampoco lo que no quería, y a menudo era Miro quien tenía que deshacerse de sus comidas, porque creaban penicilina en las ollas. Ollas que los demás necesitaban usar, por supuesto. Yo tenía mis propios cacharros de cocina, para evitar encontrarlos sucios y sin limpiar en el fregadero o tener que pelearme con alguien por necesitar la misma olla a la vez. Pero ella nunca fregaba. Raras veces la vimos con un estropajo en la mano.
Luego llegaron las desapariciones de comida, aunque como esto es algo taaaannnn común entre los irlandeses, ya no me extrañaba de nada. Un día me desaparecieron dos puerros buenísimos que acababa de comprar. Pero según ella, los puerros que cogió eran los suyos, así que a los míos les debió de salir patas y me quedé sin mi cremita de puerros y patatas... Otro día fueron unas patatas de Miro... o atún, o zanahorias. Lo peor fue una vez, cuando ya vivía con nosotros un español llamado Ismael, que se volvía a España y el último dia quería hacer un gazpacho para todos. Naturalmente, compraba todo con cuentagotas, por lo que compró los tomates y condimentos justos. Llego a casa, dejó la compra en la nevera y se marchó de nuevo. Cuando regresó dos horas después, le faltaban dos tomates. El "yo no he sido" rotundo de Georgina se pudo oir en toda la casa... a pesar de que Miro y yo la habíamos visto comer una ensalada de relucientes tomates a mediodía... tomates que antes no estaban en la nevera.
En otra ocasión, me era imposible encontrar una fuente de plástico donde a veces poníamos fruta fresca y en otras ocasiones nos servía para hacer ensaladas grandes. Era un domingo por la tarde y tenía amigos a cenar, por lo que quería hacer una ensalada hermosa. Yo juraría que hasta un par de días antes, la fuente había servido para poner unas naranjas de Georgina en el centro de la mesa de la cocina...
Tras buscar por cada mueble de la cocina sin éxito, se me ocurrio salir al patio trasero e inspeccionar la basura. ¡Bingo! Allí, en una bolsa de plástico sin nada más dentro, estaba la fuente. Una de las naranjas, al parecer, se había podrido, por lo que había dejado un cerco verdoso en el fondo. Y naturalmente, era más fácil tirar la fuente que fregarla... Ah, pero sorpresa... con la fuente estaban también unas cucharillas de metacrilato mías que había usado para su té y no había limpiado, por lo que habían cogido un tono amarillento... que desapareció tras simplemente fregarlas... y un vaso que sin duda había contenido algun líquido durante al menos un par de meses en su habitación, porque también tenía el culo verdoso. Tener que darle una charla a una chica de veintitantos sobre la conveniencia de fregar los cacharros en lugar de tirarlos cada vez que se ensucian, fue un tanto incómodo... por decir lo mínimo.
La situación se puso un tanto tensa cuando casi un año después, yo empecé a trabajar de manager en Macs, con el bar completamente a mi cargo. Georgina había dejado su empleo en Nestors por otra cosa y no le gustaba, y me pidió que si se necesitaba a alguien en mi bar, la tuviera en cuenta. Justamente buscábamos a alguien y mi jefa accedió a darle el trabajo, dada su experiencia en el sector. Por lo general trabajaba por la mañana y yo solía darle el relevo por las tardes. Los problemas no tardaron en llegar. Primero, dando ordenes a otros empleados, sobre todo a los nuevos, y cambiándoles los horarios a su conveniencia. Se le avisó que ese no era su trabajo, pero recibí quejas de otros empleados, por lo que mi jefa la llamó y le recordó que la única que podía cambiar turnos y sobre todo, mandar gente a casa si al cosa estaba tranquila, era yo, que realizaba los cuadrantes. Esto le sentó como una patada.
Luego, vinieron los comentarios fuera de lugar a mi jefa por su parte, que me avisó de que un par de mañanas que había ido a llevar cosas al bar, le había contado de mi relación con el guiri, y si peleábamos o no o si hacíamos esto o lo otro. Información personal en la que mi jefa no estaba interesada y así se lo dijo. Georgina no podía vivir con el hecho de que "una extranjera de mierda" le diera órdenes, o de que quien le diera órdenes, además, fuera su compañera de piso. El colmo fue cuando llegué una tarde a las cinco a trabajar y relevar a la chica de la mañana (era el día libre de Georgina), y me encuentro las neveras medio vacías. Le comento si ha estado muy ocupada durante la mañana para haber vendido tanto y me dice que no, lo normal, pero que quienquiera que hubiera estado trabajando la noche antes, no había repuesto y por las mañanas, entre desayunos y almuerzos, no daba tiempo a hacerlo. ¿Y quién había trabajado la noche anterior? Sí, Georgina. Ocupada no había estado, ciertamente, porque un sólo vistazo a las ventas de la noche anterior en el "chivato" de la registradora me dijo que había sido una noche tranquila.
Esa tarde se paso por allí a tomar algo y aproveché para confrontarla, dentro del ambiente laboral, para no tener que hacerlo en casa. Me dijo que no había estado muy ocupada, pero que al terminar le dolía mucho la espalda y estaba muy cansada. No lo suficiente, sin embargo, para no irse a la cama. Georgina se había ido derecha a la discoteca, como era su costumbre, regresando a casa pasadas las cinco de la madrugada. No solía ser muy silenciosa precisamente, y me despertó a su llegada. El comentario no le hizo gracia y fue a quejarse a mi jefa, quién le recordó, que las neveras hay que dejarlas llenas por las noches para que la bebida esté fría por la mañana, especialmente porque quien trabaja el turno de mañana ha de preparar sandwiches y desayunos y no tiene tiempo de bajar a la bodega y subir cajas y cajas. Ese es un trabajo que hay que hacer al cierre.
Gergina no apareció a trabajar al día siguiente. No dio aviso y me encontré teniendo que ir a trabajar en mis días libres y doblando, por no poder encontrar a alguien con tan poco tiempo de notificación. No respondía al teléfono y se encerraba en su cuarto como una niña pequeña sin contestar cuando se la llamaba.
Lo que ella desconocía es que cuando te vas de un trabajo, sin dar notificación y sin un motivo concreto, a tu jefe le llega una carta de la oficina del paro preguntando los motivos de la marcha, y que al saber que se había ido voluntariamente y de mala manera, el paro le podría tardar hasta tres meses. Y esos tres meses los pasó viviendo de los demás.
Cada fin de semana se iba a visitar a sus padres, a los que no visitaba más que una o dos veces al año en el tiempo que llevaba viviendo con nosotros. Se traía comida para toda la semana y salía cada noche, eso sí, con gente que le pagaba las copas. A Miro le pidió dinero prestado en varias ocasiones y a día de hoy creo que nunca se lo devolvió, y estamos hablando de cientos de euros, no de 5 o 20. A mí también tuvo el rostro de pedirme dinero después de "hacer las paces conmigo" de un modo muy poco convincente, pero nunca le di nada.
La pelea gorda la tuvimos una noche en la que llegó borracha a casa a las cinco de la mañana y junto con Miro y JC, que le decían que bajase el tono, gritaba y cantaba en la salita. Tras dos infructuosas peticiones de silencio, le tiré un vaso de agua a la cara. Se echó sobre mí como una posesa insultando como pudo y le di el bofetón que sus padres nunca le dieron a tiempo. Después de eso nos hablamos poco.
Meses más tarde se echó un novio más o menos decente y al mes se fueron a vivir juntos. La relación no sobrevivio y nunca más supe de ella hasta que se mudo dos casas más abajo con otra gente con la que tampoco se llevaba bien. Luego se volvió a mudar y le perdí la pista, pero como decía Miro... ¡Pobre del hombre que acabe casándose con ella!

10 comentarios:

marisa desaztre dijo...

¡¡¡¡joooo, que prendaaaaaa!!! Yo se de un caso en que uno se pasaba cogiendo cosas de la nevera y comiéndose lo de los demás, hasta que un día le dejaron a la mano una buena friambrera de garbanzos con una buena ración de laxante. Creo que todavía va dejando el rastro tras de sí como Pulgarcito, jeje.

BLAS dijo...

¡¡Qué ascooo de tiaaaaa!! Yo que no aguanto que haya ni un vaso de haber bebido agua en el fregadero... Nos hubiéramos peleado a los dos días. Sin duda alguna... Así que "extranjera de mierda", tócate las narices!! Está claro que de desagradecidos está el mundo lleno y tú conoces a más de la mitad, coñ..!

cloti dijo...

Mi costillo dice que siempre se arrepiente cuando recomienda a alguien para trabajar, por una u otra razón, siempre.
¡Y encima tener que vivir con ella!
Bsssssss
Cloti

Ella dijo...

Creo que lo de los compañeros de piso da para escribir un libro. Yo he oído historias absurdas, y no puedo evitar sentirme afortunada con las personas con las que he compartido piso en el pasado. Pero me tienen enganchada estas crónicas!

Candela dijo...

Pues si, si que dan para escribir un libro, porque he compartido casa con cada fauna...

Bulma Salgueiro dijo...

Madre mía, menuda prenda.

Estoy con el costillo de Cloti. Lo de recomendar para trabajar tampoco es lo mío. Aviso a la gente que hay abierto un proceso de selección y que se presenten. Pero hasta ahí. Que te llevas muy bien con la gente pero no sabes cómo son trabajando. Y luego pasa lo que pasa.

De esta mejor no tener noticias. Porque me temo que van a ser la segunda parte de lo que ya has vivido con ella ^^U

Geno dijo...

No puedo entender esa falta de respeto. Si quieres algo que no es tuyo ¡al menos pide permiso! Mira el pobre chico que se quedó sin gazpacho, tú sin puerros...hay que ser impresentable ¡hombre!

Shirat dijo...

Vaya alhaja. Pide prestado, roba, no limpia... demasiada paciencia tuvisteis con ella. Sobre todo tú, que hasta la recomendaste para un trabajo.

Me estoy poniendo al día, que hace tiempo que no paso por aquí y tienes un montón de cosas.

chema dijo...

ufff, vaya persona más irresponsable y conflictiva. cuando no se recibe una buena educación, al crecer surgen ese tipo de comportamientos...

Joan dijo...

Juas! os tocó la lotería con esta moza. Menuda joya de la humanidad estaba hecha! ni limpiar, ni fregar, tirando cosas agenas... vamos, viviendo del cuento y encima tirando pelotas fuera cuando se le preguntaba. Mira que cuando yo compartí habitación en la residencia de estudiantes donde estuve tambien tuve mis pormenores, pero nunca llegué al extremo de ese elemento. Lo de recomendar para un trabajo... Es como si dijeramos poner la mano en el fuego por alguien: o es alguien a quien conoces de muuuuuuuucho tiempo, años más bien, o normalmente te pillas los dedos.
Por cierto, lo que me he reido con lo de cuando llegó borracha jajaja!