lunes, 21 de septiembre de 2009

LA VENGANZA DEL CAPITAN JUANETE (Relato)


El viejo capitan vivía en el bajo opuesto al Club de los 7 Pelagatos. Se podía decir que formaba parte de la clientela habitual del garito, y era uno de los hombres de confianza del Llamas cuando necesitaba que se infiltrase en alguna organización. El Capitan Juanete, como popularmente se le conocía, había sido marinero en una colla barcelonesa en sus años mozos, y ya entrado en la cuarentena, se compró un pequeño barquito con el que paseaba turistas incautos alrededor del puerto, con su gorrita azul marino y su barba falsa.
Un viaje inesperado y una mujer hermosa le habían dejado anclado en tierras sureñas, y cuando la mujer hermosa desapareció con su cartera y el número de su cuenta bancaria, el Llamas le ofreció algún que otro trabajo aquí y allá. Alquilar el bajo frente al local tenía sus ventajas, pero también sus problemas. Y uno de estos últimos se llamaba Pepona. Pepona la Culona, que vivía directamente en el piso superior. Y que se había aprovechado innumerables veces del carácter afable del Capitán. Primero ejerció sus encantos de "pobre desamparada" para solucionar cuestiones domésticas sin importancia, y el viejo marinero se vio ejerciendo de carpintero, fontanero o electricista cada vez que a la vieja harpía se le antojaba. Luego, aprovechando las confianzas, que asco dan, también le sacó algunos cuartos cuando la necesidad apretaba. Porque Pepona era ladina además de puta. Pepona exprimía a la gente que por error se le acercaba tendiendo una mano amiga, y luego los despachaba como a vulgar basura cuando ya no podían o no querían dar más..
El Capitán Juanete, como casi todo el mundo que ha sido desairado, cerró la boca y se tragó el orgullo, y maldijo y despotricó en privado y con los amigos del bar. Pero dentro, muy dentro, el odio acumulado clamaba venganza y el momento oportuno para devolver el bofetón había llegado. La golpearía donde más le dolía: en los animales que tanto adoraba. En uno en particular, de hecho.
El Capitán había descubierto por un casual los instintos básicos y depravados de Einstein mientras descargaba el contenido de su vejiga en un callejón sin luces no lejos de El Club. Su mirada entrenada y acostumbrada a la oscuridad habían visto la alevosía y reconocido el ansia primal en los ojos ensangrentados de la mascota del Llamas. Naturalmente, fingió no haber visto nada, poco le importaba si la población canina subía o bajaba. Esos insignificantes felpudos con patas no eran más que una plaga tan molesta como las ratas, con ese caminar airado que desaparecía con el sonido del menor ruido.

Y cuando el momento llegó, no dudó en contactar directamente con Einstein y explicarle con exactitud su plan, a sabiendas de que el astuto gato entendía a la perfección lo que se le hablaba. Einstein oyó y no dijo ni miau. Esperó a la promesa del hombre de proporcionarle jugosos filetones de atún -sus favoritos- recién llegados del muelle y accedió sin decirlo a solucionar el problema. Hacía días que se subía por las paredes y mordisqueaba las esquinas de los sofás. La ciudad bullía con el verano y no era fácil encontrar presas... Todos se marchaban de vacaciones, huyendo del insoportable calor...
Pepona mantenía en su cuartucho medio zoo de animales perdidos: un loro parlanchín y soez que había entrado volando por la ventana y nunca se fue, un par de yorkshires pulgosos, una tortuga maloliente, un enjambre de moscas hambrientas y un gato. Un gato persa que tenía la mala costumbre de marcar la puerta del Capitán como si fuese su territorio. No había día que el Capitán no abandonase su pisito para meter la bota en los malolientes orines del niño mimado de la Pepona, al que había bautizado como "Astérix", tal vez por su enorme panza, una bola de pelos más parecida a la escobilla de un water que a un gato de pedigrí.
Einstein cumplió el trato como un profesional. Aprovechando la caída de la tarde, cuando la puesta de sol traía el fresco apetecible e irresistible de la últimas horas del día, se escabulló por la puerta trasera y rodeó el edificio colindante. Se coló saltando la tapia del patio. Sabía que Pepona, aburrida, y más entretenida imaginando teorías de conspiración y espiando al Llamas, estaría con su cuerpo fofo apoyada en el balcón, y el pachón de Astérix, como cada tarde, bajaría a defecar frente a la puerta del Capitán.
Por eso se apostó junto al quicio, escondido tras el macetero de mosaicos azules y blancos. Astérix no tardó en bajar los sucios escalones... saltando con agilidad sin mirar donde ponía las patas, con la seguridad del que conoce su terreno, la cabeza alta y
ronroneando una canción de Camela. "Además de pijo, con mal gusto", pensó Einstein, que no soportaba semejantes ordinarieces. Claro que el gusto de la Pepona en música dejaba mucho que desear, anclada en el pasado casi infantiloide de sus canciones de cuna.
Einstein saltó sobre la masa peluda justo cuando alzaba una pata contra la madera resentida. Astérix nunca lo vio llegar, y cuando al fin supo de su presencia, fue demasiado tarde. Einstein ni siquiera tuvo que emplear la violencia. La bola de pelusa quedó tendida allí, con la boca abierta, víctima de un ataque al corazón. A Einstein le dio la risa y ni se molestó en ensañarse con el cadáver rancio y maloliente: Astérix se lo había hecho encima.
Y él no estaba interesado en necrofilia.

En cuanto al Capitán... se podría decir que aquella fue la primera de una bonita y fructífera relación comercial...

12 comentarios:

cloti dijo...

Joé, hay miradas que matan, jajajaja

Por cierto, ¿qué tienes tú contra Camela? ¡A que te canto!

SUEÑO CONTIGO QUE ME HAS DADO, SIN TU CARIÑO NO ME HABRÍA ENAMORADO, JAJJAJAAJAJAJAJ
Bssssssssss
Cloti

KIRA dijo...

Por desgracia en esta vida hay muchas Peponas que se dedican a exprimir a la gente que por error o de buena fe, se les acercan tendiendoles una mano amiga, para luego como bien dices dejarlas tiradas a un lado cuando ya no las necesitan... o tienen a otro/a ingenua a la que exprimir, eso lo se porque lo he vivido, yo tambien he tenido y tengo mi particular "pepona".
Lo bueno fue el sabado me encontre con una persona que la conoce y sin yo preguntarle me puso al dia de las escenitas que monta la muy "mal carada" asi mismo la llamo esa sra. y yo partiendome de la risa por dentro, porque la puso de vuelta y media.
Por cierto donde se puede contactar con Einstein?? tienes su telefono o mail?? mas que nada para enviarselo a ver si escarmienta... de una puñetera vez!!!
BSTS

KIRA dijo...

Por cierto, que hoy me ido por los cerros, muy bueno el relato cada vez que veo una entrega me pongo nerviosita.... a ver por donde me vas a salir hoy.
BSTS

chema dijo...

está muy bien el relato, ruth. al gato einstein le basta la mirada. ;) y no le gustan los grupos comerciales-cutres.

marian dijo...

jajajajajajaja este einstein jajaja
gatitooooooo gatito bonitoooooooooo

Candela dijo...

Me encanta este gato psicópata y tufo a novela negra que tiene tu relato.

Deseando estoy de leer todo lo que cuentes de este original club.

Besos, guapa.

Karmeta dijo...

jajaja genial!, y mira que se parecía al Einstein de verdad!! todo un elemento!

Karmeta dijo...

Camela ? Cloti? jaaaaaaaaa podiosss!!! me auno a Candelaa amosss jaaaaaaaaaaaa

Capitán Clostridium dijo...

En verdad, al principio me he asustado (por el título). Pensé: ¡ya me ha salido otro Capitán! Jajaja.

BLAS dijo...

Me encanta. Yo necesito charlar un rato a solas con Einstein para un par de cosillas que tengo pendiente, jejeje...
Parece que al fin el Capitán Juanete puede descansar tranquilo sin que le incordien.

Inma dijo...

¡Qué gatito taaan dulce!! misi misi...gatito bonito...
Abajo Camela!!!

Bulma Salgueiro dijo...

Einstein debió de pensar que a veces, el trabajo te lo dan hecho XDDDDDDDDDDDDD

Sí, opino como Blas, yo también estaría interesada en conocerlo. Por los filetes, sin problema. Aquí los hay bien ricos ;)