jueves, 27 de octubre de 2011

BABY (testimonios del Asilo de las Magdalenas) III

La entrada original al convento, hoy. (Foto: Ruth Bernárdez)

Paul sabe mucho del edificio. Me enseña rincones, me cuenta historias. El ha conocido la estructura original, cuando en 1994 pasó a manos del Technical College. Ha sido uno de los porteros allí desde entonces, y me decribe los cambios sufridos en lo que hoy son aulas, los traslados de escaleras de caoba impecables de un extremo al otro del edificio, el estado del ático, la situación de los antiguos comedores, las celdas de las monjas, la infame lavandería... Donde hoy hay una biblioteca, antes estaba el comedor, aquel donde monjas y "encarceladas" habrían de comer en absoluto silencio so pena de graves castigos, a veces corporales (para las chicas, esto es). Donde hoy hay un pasillo de un aula de exhibición, cuajado de ventanales, ayer eran celdas individuales, una por cada ventana, con el único mobiliario de una cama, una mesilla, una cruz.
Patios y jardines interiores permanecen casi sin notar el paso del tiempo, a no ser por la falta de las estatuas que antes decoraban los verdes céspedes. Antes de abandonar el convento, que se estaba cayendo a pedazos por falta de reparaciones, sin dinero, las monjas vendieron todo lo que pudieron: todas las estatuas que salpicaban el jardín fueron vendidas a diversas instituciones. Si miráis con atención la fachada  del edificio, notaréis las hornacinas huérfanas de esculturas. En el vasto muro de piedra, que antes rodeaba por completo la propiedad y que ahora está interrumpido por dos amplias entradas, quedan aún restos de los descuidados anaqueles que alojaban estatuas religiosas...

El muro que rodea el edificio, hoy en día. (Foto: Ruth Bernárdez)


Antiguas hornacinas abandonadas en el jardín. (Foto: Ruth Bernárdez)

Son los mudos testiigos de múltiples lágrimas sin fin. A la derecha del edificio, junto a la antigua iglesia que es hoy sala de exposiciones, dos cuidados parterres de verded césped se utilizan para jugar al fútbol. Hasta no hace demasiado, tan solo a principios del milenio, bajo su suelo descansaban los restos de las monjas que morían aquí.
Los cuerpos de las internas eran arrojados a una fosa común, sin marcar, en el cementerio local.

Le pido a Paul que me enseñe dónde estaban los túneles. Los desaparecidos pasadizos comunicaban el vecino orfanato de St. Georges con la capilla. Los huérfanos, la mayoría hijos de internas, llegaban a través de los oscuros corredores para la misa, y del mismo modo regresaban a su cárcel particular.
El lugar hoy ocupado por césped y aparcamiento, era el antiguo cementerio de las monjas. 
Al fondo, el orfanato. O lo que queda de él. (Foto: R. Bernárdez)
Los túneles hoy ya no existen. Mientras Paul me indica desde dónde a dónde iban y me lleva a través de la todavía existente puerta a la derecha de lo que fue el altar, me cuenta una historia sucedida mientras renovaban el edificio. A través de las cámaras de seguridad, vieron un coche entrar en los terrenos, dar un par de vueltas, detenerse, marcharse, volver a los pocos segundos. Paul salió a ofrecer su ayuda, en caso de necesitarla, y un hombre de acento británico salió del vehículo. Le contó que su mujer y su hija estaban en el interior del coche, y que simplemente querían ver el edificio porque su mujer, en su juventud, había sido una de las internas. Paul se ofreció a enseñarles el interior -o lo que quedaba de él-, pero la mujer estaba tan alterada y el llanto le provocaba tales espasmos, contagiando a su hija de terror, que no quisieron entrar. Solo querían ver el edificio que durante tantos años fue su única "casa".

Quien está llena de historias que contar sobre el lugar y sus habitantes es Anne Culhane, bibliotecaria del LSAD (Escuela de Arte y Diseño de Limerick). Antes de trabajar aquí en la Biblioteca, fue enfermera en el hospital del vecino pueblo de Croom y allí conoció a Baby, una mujer que vivió desde su nacimiento hasta prácticamente su muerte, bajo los auspicios de la lavandería del Buen Pastor.

Baby no tenía nombre. Nadie se molestó siquiera en bautizarla. Anne solía trabajar en el hospital de Croom y allí la conoció, cuando llegó como paciente. Nunca nadie la visitó durante su estancia hospitalaria. No tenía apellido, tampoco. Se hallaba más cercana a ser octogenaria que septuagenaria, y cuando comenzó a restablecerse de su enfermedad, la monjas no la quisieron tomar de vuelta. La enviaron a St. Camillus, que, a falta de un nombre mejor, es un hogar para gente mayor. 
Baby había trabajado en la lavandería toda su vida. Había nacido allí y allí vivió siempre. A la mayoría de niños nacidos en la institución se los daba en adopción y la mayoría, en cuanto tenían la edad adecuada, empezaban "a servir". Baby pasó su infancia en el orfanato y de ahí pasó a trabajar en las duras condiciones de la lavandería, hasta el día que tuvo que ser hospitalizada en Croom. 
Baby nunca había salido del viejo edificio de piedra gris en su vida. No hasta que fue al hospital. Anne la conoció allí porque le dio pena y la visitaba porque nadie iba a verla. Baby solo tenía un camisón. Esa era su única posesión en este mundo. Y era una persona encantadora y dulce a la que Anne comenzó a llevar cosas. Corría el año 1978.

Anne empezó a interesarse en la historia del edificio y la lavandería cuando comenzó a trabajar en la biblioteca y simplemnte piensa que hay un monton de historia en el mismo y que si no se guarda de un modo apropiado, se perderá. Opina que la renovación ha sido absolutamente brillante, pero al mismo tiempo se han realizado tantos cambios que hacen que la historia oculta tras sus paredes se pierda a no ser que alquien la recoja a tiempo. "Mi punto de vista es -dice- que tienen my mala reputación la mayoría, la mayoría de estas lavanderías y orfelinatos, y estas casas para madres solteras, y algunos se la merecen pero también pienso que hay mucho que contar. Algunos de los orígenes de los que vienen esas gentes, madres y niños... venir de esos orígnes a ésto era en realidad mudarse a una vida mejor. Aquí eran alimentados, tenían ropa, un lugar caliente, y muchos de ellos nunca tuvieron eso antes. Quiero decri que todo lo que uno ha de hacer es leer Las Cenizas de Angela y ver las penurias y la pobreza por la que pasaron. Así que, para muchos de ellos, venir aquí era un paso adelante. Es demasiado fácil ser negaticos y críticos sobre las monjas y sí, hicieron muchas cosas que no estaban bien o no eran buenas, pero han de ser tomadas dentro del contexto de la época en la que estaban. También hicieron mucho bien, entrenando a todas las chicas que se iban, que tendrían entre quince y dieciséis años, a ser lavanderas o costureras. Salían al mundo con una habilidad que de otro modo no habrían adquirido. Aquí se les daba la educación mínima, cuadno se marchaban sabían leer y escribir. ¿Habrían muchas de ellas conseguido ser educadas fuera, sobrevivir en el mundo ahí fuera? No lo sé. Solo sé que trabajando aquí, siento el carácter del edificio. Solo me gustarí quye no olvidáramos a toda la gente que estuvo aquí."

"Lo mejor que podría haberle pasado a este edificio es la Escuela de Arte. Hubo muchas privaciones en este lugar. Mucha tristeza, mucha soledad. Mucha trgedia así que lo mejor que podía suceder es que llegaran los estudiantes con su naturaleza jóven y creativa, positiva. El antídoto perfecto: una fuerza de energía.

Otras de las historias que cuenta Anne, es sobre el orígen de una frase (left holding the baby), que literalmente podría traducirse como "quedarse con el niño en brazos", frase que se utiliza cuando hay que hacer frente a alguna responsabilidad porque otra persona ha decidido no hacerse caso. Lo que en en mundo hispanoparlante podría traducirse como "dejarte más tirao que una colilla". En el caso que nos aplica, el uso de la frase era tan literal como su significado en inglés. 
Los visitantes que acudían a la institución para visitar a las internas habían de pedir permiso previamente para venir. Primero tenían que dirigirse a la Madre Superiora. Ésta habría entonces de solicitar permiso al Obispo. Sin embargo, la cosa no era tan grande como suena, porque la parroquia dentro de la cual se encuentra el Convento, era la parroquia del Obispo y así, tenía habitaciones en el edificio, de modo que todo era una mera formalidad.
Pero cuando llegaba un visitante, había de ser entre las tres y las cinco de la tarde del Domingo. La interna que esperaba visita, estaría lista y preparada para recibir a su visita. Y a las madres solteras las harían permanecer de pie en el balcón sosteniendo a sus bebés para que el visitante pudiera ver su vergüenza, su pecado, la personificación física de su pecado. Y de ahí vino la expresión, porque ellas eras las que no recibían visitas, las repudiadas, las que se quedaron con el bebé en los brazos.

También estaban las conocidas como penitentes, chicas jóvenes, y sus crímenes habrían sido muy simples, como robar pan o cualquier otra cosilla para comer. Pero éstas estaban encarceladas en la parte de detrás del orfanato. Para llegar a la iglesia, utilizaban el túnel, para que el público no las viera. Tampoco las podían ver desde la carretera.

(continuará...)

6 comentarios:

dina dijo...

Los cuerpos de las internas eran arrojados a una fosa común!!!!!Madre de Dios, es el lugar perfecto para iniciar una peli de miedo, q interesante

BLAS dijo...

Creo que el problema de estos lugares deriva precisamente de esa opinión: Teniendo en cuenta la pobreza de la que provenían, cualquier mejora, por terrible que ahora pueda parecernos, era buena.
De eso sacaban provecho precisamente las instituciones y la gente que llevaba estos lugares: Se aprovechaban de las míseras condiciones de las que provenían sus "inquilinos" para tratarles sin compasión, cuidados ni privilegios mínimos, como la independencia o cierta libertad (hablar, respirar, pensar...)

Candela, geniales estos testimonios.

Candela. dijo...

Además me comentó Paul que a las monjas el estado les daba un dinero por cada "inquilino", de modo que se encargaban de "captar" tambien entre las familias pobres y los curas solian "recomendar" o enviar a mucha gente alli, como a la cria de 11 años

chema dijo...

vale, algunas cosas buenas harían las monjas, pero ya se ve que aquellos conventos no eran precisamente un remanso de paz para algunas de sus habitantes. y el argumento de que daban techo y comida a las personas que allí se recluían es un poco peligroso, porque lo mismo se podría decir de las cárceles...
y lo de humillar a las madres solteras y exponer públicamente su situación, no concuerda mucho con el auténtico espíritu cristiano.

chema dijo...

vale, algunas cosas buenas harían las monjas, pero ya se ve que aquellos conventos no eran precisamente un remanso de paz para algunas de sus habitantes. y el argumento de que daban techo y comida a las personas que allí se recluían es un poco peligroso, porque lo mismo se podría decir de las cárceles...
y lo de humillar a las madres solteras y exponer públicamente su situación, no concuerda mucho con el auténtico espíritu cristiano.

Geno dijo...

La verdad es que no se si estar de acuerdo en que ingresar en ese sitio fuera un paso adelante. Lo sería pero muy pequeñito, creo yo...