miércoles, 26 de octubre de 2011

Rompiendo las Reglas del Silencio: Testimonios (II)

Hoy he visitado de nuevo el que fuera Convento de las Hnas del Buen Pastor, hoy reconvertido en la Escuela de Arte y Diseño. Agradecer a Paul, uno de los porteros de la Escuela, el magnífico tour personalizado que me ha hecho por el edificio, enseñándme partes a las que por lo general el público no puede acceder y explicándome muchas historias del lugar, algunas de primera mano. Todas ellas me han de servir en un futuro muy cercano para realizar algún otro artículo sobre los Asilos de las Magdalenas, pero hoy, con el beneplácito que me ha concedido Evelyn, traduzco una de las muchas historias que ella misma se ha ocupado de recopilar a través de entrevistas.

La de hoy tiene nombre y apellidos, no es una historia genérica ni recabada por la voz popular. Catriona Hayes fue recluida en la Lavanderia de las Magdalenas del Buen Pastor a finales de los años cincuenta, con tan solo 11 años de edad. Allí permaneció hasta 1964, trabajando en la sala de empaquetado. Y esta es su historia:

La razón por la que entré en el Buen Pastor fue porque mi abuela y el cura de la parroquia pensaron que podría quedar embarazada, y esa fue la única razón por la que me llevaron allí. Nunca hice nada malo a nadie. Solo era una niña. No podía comprender por qué tenía que dejar mi casa a tan corta edad pero ya he superado esa parte. Sin embargo todavía pienso en ello bastante. Es terrible hablar de ello ahora mismo... Mis abuelos fueron muy crueles. Me llevaron al convento y todo lo que recuerdo es subir por aquellos grandes escalones y la enorme puerta color ocre que aún está allí...


Me llevaron al dormitorio. Mi cama estaba en el centro... No obtuve ninguna educación. Debería haber ido a la escuela por derecho. Todo lo que siempre quise ser fue enfermera.

De allí no podías irte por decisión propia. Y no teníamos nuestros propios nombres. Nunca tuvimos nuestros nombres, nos los cambiaban al llegar. Y luego, tenías que manosear toda esa colada sucia que venía de las casas, la colada de la gente, de los carniceros, de los hospitales. La ropa de la Abadía de Glenstal solía entrarnos. Y la de Lord Harrington desde Patrick's Well.
La Sala de Empaquetado significaba que recibías la ropa sucia y tenías que organizarla. Habías de poner cada artículo junto: toda la ropa interior, bragas y sujetadores, camisas, jerseys, especialmente toallas. Había sábanas también. No nos importaban las sábanas, porque estaban limpias pero había ropas muy sucias. No te dejaban lavarte las manos. No te permitían lavarte las manos... Y teníamos que trabajar medio día los Sábados y entonces podías subir a tu habitación, al dormitorio, para hacer tus cosas, lo que fuera... hacer la cama, ordenar. Basicamente era eso. Había que pulir los asientos en la iglesia. Había cosas diferentes que debías hacer: cocinar, o aprender a cocinar en la cocina, por ejemplo.
Hubo una monja en particular que me tomó bajo su ala y si no fuera por ella, no estaría aquí hoy en día. Era muy amable conmigo. Decía que debería estar yendo al colegio. Y entonces murió y otra monja tomó su lugar y fue como una madre. No me gustaría volver a pasar por ello. Hacía frío allí. Mucho frío. Te daban el desayuno, la comida y la cena, pero eso era todo.
En el comedor había que estar muy calladas, No se permitía hablar. Y si hacías algo mal, eras castigada... Recuerdo una vez, ahora me hace gracia, pero entonces yo no sabía nada... el caso es que yo quería un sujetador y llegó uno a la lavandería y por supuesto, lo cogí. La Reverenda Madre vino y preguntó quién lo había cogido. Dije que había sido yo. Así que me puso de rodillas durante dos horas. Pero fue más la vergüenza que cualquier otra cosa, porque todo el mundo tenía sujetadores menos yo. No sé, yo solo quería uno.

Me violaron tres o cuatro veces cuando era joven y nadie sabe lo que es, lo que se siente... hasta que le sucede. Me llevaron al convento por si me quedaba embarazada. Mi madre me tuvo con diecisiete años. Nunca me quiso. Es duro decir que tu propia madre nunca te quiso... pero no hay motivo para decir que nos quiso porque no es así. Todo el mundo cree que eres feliz cuando sonrías pero no lo eres. Por dentro, duele. Eso es lo peor.
Hay veces en las que me deprimo y digo que para qué, porque ya terminó y lo pasado, pasado está. el futuro es lo que hay que mirar. Pero yo no tengo futuro. Si me hubieran educado, no me importaría. Podría salir y hacer algo.
Nunca te decían nada. Nunca tuve compresas o nada. Trapos, trozos de trapos, bolsas de flores y cosas así, todo el tiempo. Y podías doblarte de dolor y no te daban ni una aspirina... Tuve un problema con mi ojo cuando era jóven. Nací con ello. No tengo visión en ese ojo, solo veo con uno. No querían llevarme a operarme. Se suponía que tenía que ir a Dublín a que me lo rectificaran.


Entré cuando tenía once años, me llevaron. No recuerdo estar sentada en el coche. Todo lo que recuerdo son los escalones. Hay tantos escalones hasta esa puerta principal en el Buen Pastor, esa gran puerta ocre. Aún está allí.

Algunas de las mujeres eran muy ricas. Venían de familias ricas. No conocías sus historias, nunca hablaban de ello porque no les estaba permitido. Ahora ya han muerto. conocí a algunas de llas. Mary F. Era muy agradable. Primero estuvo en la parte de St. Joseph (el reformatorio) pero luego vino a la parte de St. Mary cuando aquello cerró. St. joseph... había más gente allí, pero si tenían niños o qué, no lo sé. Es que no nos contaban nada.

Los túneles que solían llevar a la Iglesia


Recuerdo el tunel... Estaba en esta parte, a la derecha de la escuela. St. Georges (el orfanato) estaba allí. Los que residían en el orfanato solían ser niños, hijos nacidos de las chicas que etaban internas en la lavandería. Y una vez se los quitaban y los enviaban allí, ya no podían volver a verlos. Venían a misa desde el edificio de St, George, a través de los túneles, pero no se les permitía hablar o mantener contacto durante la misa o fuera de ella. Al acabar el servicio, volvían al orfanato a través de los túneles...

13 comentarios:

martmas dijo...

Que bien escribes chica!!!

Candela dijo...

Yo no he escrito nada mas que el primer parrafo... lo demas es traducido de los testimonios de la propia Catriona...

martmas dijo...

Sigo diciendo lo mismo... que bien escribes chica!!! no solo por el primer párrafo de esta entrada sino por todas.

Candela dijo...

Pos gracias, hermosa :)

BLAS dijo...

Impresionante Candela.
No hay nada más pavoroso que las historias reales.

Hay tantas cosas espeluznantes que no se saben que da terror. En cuanto se escarba un poco se encuentran. Y están delante de nuestras narices muchas veces.

Candela dijo...

Esta historia es de las mas suaves. La proxima si que va a ser fuerte de verdad, en realidad, una seleccion de historias mas cortas. Hoy he estado hablando con la autora, le he comentado la poca literatura que hay al respecto en españa, y que la media docena de libros del tema que tengo yo aqui, no se han publicado ahi. Me ha dado permiso para traducir todas las historias y colgarlas aqui, pero son casi veinte... y algunas solo tienen un interes muy morbido...

BLAS dijo...

Tu sabes perfecto seleccionar lo bueno del morbo. Lo que cuelgues será interesante.

María José dijo...

¡¡Dios mio, una historía de terror, vamos!!! que vida tán desgraciada

besos

dina dijo...

Para cuando la novela??tiene q ir de monjas si o si, y si da miedito mejor, jeje
Me encantan estas historias q encuentras, las podíamos juntar con mis cementerios y hacer un Best Seller!

Candela dijo...

Dna, novelas de estas aqui las hay a patadas, esto se destapó a finales de los años 90. En cuanto a los cementerios, ya hice una buena tanda hace unos años, por ahi los encontraras en el blog. simplemente me encantan!

chema dijo...

qué historia tan triste... si para una niña ya es una experiencia terrible sufrir una violación, más aún lo es que la encierren en un convento a trabajar, sin ninguna libertad, desde tan temprana edad. y como dice ella, aunque sonría tendrá el sufrimiento impreso en eu alma para siempre...

Darthpitufina dijo...

Esto es tremebundo, se ponen los pelos como escarpias leyendo este testimonio. Si esta es de las más suaves, no quiero saber el resto...

Te dejo besos!

Geno dijo...

¡Uff, tremenda historia! Pobre niña
(sigo poniendome al día con el blgo uqe me habia quedaod un poco atrasado)