domingo, 19 de octubre de 2008

REVISITANDO LIMERICK Y LAS CENIZAS...



Ayer revisité Limerick, con ojos renovados, se puede decir.

Cuando vives en una ciudad, hay ciertos detalles, ciertos edificios, que tiendes a ignorar. Pasas a diario frente a ellos y para tí son sólo un compendio de ladrillos y cemento. Ayer vi edificios que creía conocer, y los vi desde otra luz. Conociendo su historia, lo que fueron un día, y lo que son hoy. Porque ayer, hice por primera vez el Tour de las Cenizas de Angela con el historiador Michael O'Donnell, experto en la obra de Frank McCourt y que le diera el tour al mismo escritor el pasado Agosto. Lo hice porque Vanessa, su hermana Leticia, su marido Alberto y su primo Juan Carlos me encontraron a través de este blog, por el artículo que escribí sobre el Limerick de McCourt y venían a visitar la ciudad ayer Sábado, sóla y exclusivamente empujados por la lectura del libro. Querían conocer los lugares donde transcurrió la vida del pequeño Frank, su familia y sus amigos. Y por ello decidí apuntarnos al tour que Michael realiza casi a diario a las dos y media de la tarde y que parte de Arthur's Quay, cuyo parque y Oficina de Turismo no existían ni mucho menos en aquella época. Allí se levantaban los "pisos", por llamarlos de alguna manera, donde familias enteras residían en una sola habitación, compartiendo todos los vecinos un único toilet situado abajo, cerca de la entrada. Nos contaba Michael que cuando leyó la descripción que en el libro se hace de esas habitaciones, la supo reconocer muy bien: él mismo vivió allí de niño con sus padres y dos hermanas, vecinos de la familia Clohessy, cuyo hijo era uno de los mejores amigos de Frank y que aparece en su novela. Cuenta Michael que durante el día todos se veían obligados a compartir el mismo cuarto de baño, pero a la caída de la noche no se podía usar, por las ratas que venían del adyacente río Shannon, que corrían con total libertad por la planta baja. Así, se veían obligados a tener una esquina con un cubo, donde hacían sus necesidades toda la familia y que era vaciado en la mañana en ese mismo retrete. Un día, los O'Donnell recibieron una carta del Ayuntamiento. El edificio había sido declarado "no habitable por motivos de salud". Todos aquellas cobachas iban a ser derruídas. Mediante un sorteo, a los O'Donnell, como a otras tantas muchas familias, les correspondió una casa de protección oficial, con dos dormitorios, una salita, su cocina, jardín.. y un cuarto de baño interior, para ellos solos. Se sintieron como reyes.

Dice Michael que dos puertas más abajo de la suya en su nuevo hogar, vivía una familia cuya hija mayor, Mary, de 18 años, acababa de conseguir su primer empleo, en un "Fish-and-chips", es decir, vendiendo pescado y patatas fritas en una tiendecita. Mary se había comprado una bicicleta de segunda mano para ir cada mañana al trabajo y desde entonces se creía la reina de la calle. Una mañana la madre de Michael estaba en el jardín y la vio pasar en su bici. "Buenos días, Mary, estupenda mañana, verdad?" le dijo sobre la empalizada. Pero Mary la ignoró, demasiado ocupada mirándose su propia nariz, enarbolando un snobismo impropio de su clase y condición social, y la buena mujer le dijo a Michel: "Mira a Mary, aún con la marca del cubo bajo el culo y se cree la reina del lugar".

No voy a comentar todo el tour porque ya lo hice en su tiempo, cuando creía conocer todas las localizaciones todavía en pie en Limerick. Sin embargo, nos llevó a lo largo de Henry Street a la que fuera la antigua escuela de la misma Angela, hoy convertida en un Centro de Ayuda Social. Es un edificio de ladrillo rojo, cercano a una iglesia, que he visto miles de veces y creía era un centro diocesano. Justo enfrente se halla una callecita con un grupito de casitas de dos plantas pintadas en alegres colores, con macetones colgando de sus fachadas, a ambos lados de las puertas de entrada. Nos contó nuestro simpático guía que hace unos años tuvo la suerte de llevar en el Tour a Malachy McCourt, el hermano de Frank, y que él nunca había sabido encontrar, por más que había preguntado y se había documentado, dónde estaba la casa exactamente o dónde había estado, del amigo de Frank que les cobraba cada viernes por ver a sus hermanas lavarse desde la ventana del piso superior. Malachy le dijo que si Frank no lo había mencionado en el libro, sería porque no quería decirlo, pero ante la insistencia de Mr. O'Donnell, que le juró que jamás lo revelaría, le señaló la calle, frente a esta escuela, aunque no estaba seguro del número. En cualquier caso, la casa sigue en pie aunque la familia se mudara hace muchos años.

No lejos de allí, cercana a Barrack's Hill, una cuestecita tras los acuartelamientos, en cuya cima se encontraban los inmundos callejones en que los McCourt habitaran, hay unas casitas diminutas, de nuevo pintadas en alegres azules, rosas palos y amarillo, que son una réplica de la casa donde viviera la abuela de Frank, la Sra. Sheehan, madre de Angela.

Cuando Alan Parker vino a Limerick a rodar la película, se desilusionó al comprobar que poco quedaba ya de las localizaciones reales. Limerick había cambiado mucho -y ha cambiado bastante más desde el rodaje-, y él quería calles adoquinadas. Habían contratado a Michael para ayudarles a conseguir localizaciones y éste les aseguró que la calle más parecida era esta cercana a Barrack's Hill. Nada quedaba similar a las casas de aquella época, y desde luego, no hay una sola calle adoquinada en toda la ciudad. La única que él conocía de esas características y que permanece igual desde tiempos inmemoriales, es la calle donde se encuentra la fábrica de Guinnes en Dublín, y allí se rodaron finalmente algunas de las escenas del famoso film.


Desde acá nos fuimos en dirección a otras calles, acercándonos cada vez más a Leamy School, el colegio de Frank, que aunque hoy es unn edificio de oficinas, su exterior permanece exactamente igual. Esta calle se encuentra detrás del edificio donde vivo, y enfrente de la escuela, hay un callejoncito casi escondido, pequeño y oscuro. Allí se yergue aún una de las casas donde vivió la familia McCourt. Aquella donde uno de los gemelos muriera. Sucedió en la habitación tras la ventana del primer piso.

Ahí está su casa, frente a la que he pasado casi a diario, y lo ignoraba por completo. Supongo que el interior está renovado y alquien lo habita o bien es un almacén de la oficina que ocupa el edificio del frente, aunque poseen dos puertas separadas. No hay placa que hable de sus antiguos ocupantes. Nadie apenas lo sabe. Pero fue aquí donde Frank vivió bastante tiempo.

En Little Catherine Street, a la vuelta de la esquina de mi apartamento, también hay un edificio que Frank visitó, o mejor dicho, debería haber visitado con asiduedad, y que ahora es la Clínica Cadbury (que nada tiene que ver con el chocolate), y que es una clínica de hipnosis para dejar de fumar (y otros tratamientos diversos). Este edificio pequeño y coqueto, otrora fue la academia de baile a la que sus padres apuntaron a Frank, mientras éste se quedaba el dinero de las clases y se iba al cine.

De modo que, como bien, se dice, nunca te acostarás sin saber una cosa más. El tour me ha gustado tanto, y Michael lo ha explicado todo tan bien -contando pasajes completos del libro-, que me he animado a hacer el Tour Histórico de la ciudad, que supongo nos llevará por calles desconocidas para mí totalmente, al otro lado del rio Abbey, que no frecuento demasiado porque no es un área muy aconsejable si no se sabe a dónde se va.

Os mantendré informados.

jueves, 16 de octubre de 2008

LA LOCA LEONOR

Esta historia a tiempo para Halloween se la dedico a todas las Trinitarias, por las fechas que estamos, en especial a Geno por todo su trabajo y a Sonia, porque igual no duerme...
Leonor aburría sus tardes de joven viuda en impuestas obras de caridad, bajo la tutela y el ojo reprochador del Padre Damián. Las mujeres de la aldea la miraban con envidia pasear su enlutado cuerpo por las calles polvorientas, el rostro cubierto por un tupido velo negro, mientras iba a atender a alguna anciana en necesidad de ayuda o simplemente a limpiar la iglesia.
Leonor se había casado joven, a los 17, inocente e insegura, obligada por su padre en un contrato de conveniencia tan usual en su época. Sus amigas, hoy casadas, algunas con hijos, la habían envidiado. Torcuato, su nuevo marido, era treinta años mayor que ella pero aún se le podía considerar un hombre atractivo. Tenía fama de ser buena persona. Y estaba podrido de dinero.
Pero Leonor jamás lo amó. Aferrada a sus románticas ideas, soñaba despierta que algún día podría mirarle a los ojos y no tener que fingir. Pero el día no llegó, y tras un duro invierno de inundaciones y nieves, Torcuato, que ya no era un niño, contrajo pulmonía y se apergaminó fervorosamente en su cama de doseles de caoba y cortinajes de terciopelo, hasta que su llama se apagó, dejando viuda a una Leonor de esplendorosos veinticinco años, seca de amor pero bañada en billetes.
Decían por el pueblo que Torcuato no había dejado absolutamente nada a sus dos sobrinos, y que estos culpaban a la muchacha de su desheredo. Leonor ni siquiera había conocido a los acusadores de semejante patraña, su vida había evolucionado tras las grandes paredes de su hacienda junto al río, bordando tapices insulsos y hablándole a Perico, su cacatua muda. Aunque Torcuato había sido bueno con ella, la única cosa que le sacaba de quicio eran sus amigas alborotadoras y sus conversaciones banales. El tiempo, las malas caras, habían llevado lejos a las amigas, como empujadas por una ráfaga de viento.
Sola entre las sábanas frescas de su solitaria cama, Leonor se preguntaba qué sería de su futuro ahora. El dinero no iba a darle la felicidad. No en aquella aldea diminuta cuajada de ojos envidiosos y rastreros, donde su destino ya estaba decidido. No quería limpiar tumbas ni barrer entre los bancos de la capilla durante el resto de su vida. Ni vestir el negro riguroso que la sociedad le exigía. Leonor estaba llena de vida, y por eso, aduciendo tristeza y soledad, anunció a sus padres que se iría unos días junto a su ama de llaves a Cádiz, donde el mar y la risa marina harían bien a su pálido rostro y a su atormentado corazón. Nadie opuso resstencia. Ciertamente Leonor parecía marchitarse día a día, decían, malherida por la pérdida de su amantísimo esposo.
Durante días Leonor y su ama pasearon por las playas desiertas del todavía cálido otoño, habiendo enterrado sus trajes de luto. Aquí nadie sabía su nombre, su pasado o su presente. Se adentraba por las callejuelas y realizaba compras de jaboncillos y perfumes, de libros de poesía y dulces de anís. Se hospedaban cerca del balneario, y desde su habitación contemplaba cada tarde el hermoso atardecer dorado sobre los muros de piedra del Castillo de Santa Catalina, alejándose de su balcón sólo cuando el astro rey se hundía para siempre en el mar, suspirando por hallar el amor ansiado que compartiera aquellas puestas de sol a su lado.
Y una mañana sucedió. Paseaba por la Plaza de España, alimentando a las ávidas palomas con trocitos de pan, cuando atisbó el hermoso rostro de un joven tras la ventana de una torre. Sus ojos negros la cautivaron como nadie lo había hecho antes. Una paloma se alzó al vuelo ante su mirada y el rostro desapareció. Se quedó allí durante horas, observando cada ventana, esperando volver a verle, pero su espera fue en vano. Envió a su ama a preguntar quién habitaba la casa.
-Mi señora, me cuentan que la casa está deshabitada desde hace más de un cuarto de siglo. Era su dueño un joven mercante, que desposó a una joven de la zona. La joven tenía familia en Cuba y se embarcó para visitarlos. Su barco naufragó en una tormenta y la pobre chica pereció junto al resto del pasaje. Su esposo, el joven mercante, se dejó morir de amor.
-Es una hermosa casa. ¿Cómo es que nadie la ha adquirido aún? Ha de tener maravillosas vistas sobre el puerto.
-Dicen que está poseída por su dueño, que vaga por sus estancias gritando el nombre de su amada y maldiciendo a los Cielos. La casa pertenece ahora al hermano del joven comerciante, que decidió mudarse a ella por ser mayor que su hacienda. Tras una noche aquí, huyó despavorido, no pudo soportar los lastimeros gritos de su hermano, por más que le suplicó que acabase con su sufrimiento eterno.
Leonor regresó cada día, convencida, siempre, de ser observada en la distancia por aquellos penetrantes ojos de ébano. Una tarde que el ama corría como mozuela tras los pájaros de la Plaza, se acercó a las macizas puertas de madera. Espió por la ventana tras los raídos cortinones. Nada. Soledad y ratones, paredes en necesidad de una mano de cal, suelos polvorientos. Su mano se posó un segundo en el cristal. La retiró de inmediato.
Un latido. Un pulso.
La casa estaba viva, viva de amor y sueños, y la llamaba. Lo sabía. Era una locura, pero aquella casa tenía que ser suya. Suya y del dueño de esa mirada perdida...
Y lo fue. Las lenguas viperinas hablaban a sus espaldas en el pueblo mientras recogía sus más preciadas posesiones. Su holgada fortuna le dio la licencia necesaria para enfrentarse a sus padres e ignorar las miradas curiosas. Ni siquiera se llevó a su ama consigo. Contrató un grupo de doncellas que la ayudaran a adecentar su nuevo hogar y, antes de comprar muebles, subió a la torre, que, según le aseguró el vendedor, albergaba algunos de los antiguos muebles de sus anteriores habitantes. Su corazón galopaba en su pecho a medida que ascendía las escaleras de helada piedra. Se paseó por la estancia llena de apolillados enseres cubiertos de polvorientas sábanas grisáceas. Acarició las superficies lacadas, las yemas de sus dedos deslizándose suavemente sobre la madera como sobre la piel de un amante...
Se quedó algunos muebles. Poco a poco, con increible energía, convirtió la olvidada casona en un lugar habitable. Y aún no había avistado al objeto de sus sueños, la invisible sombra cuya presencia ignoraba y que sabía, casi de cierto, la espiaba mientras dormía en la cama que una vez fue suya, y aún así la esquivaba por los largos pasillos.
Un día, sin más, decidió hacerle frente. Sabía que estaba allí, tal vez le delató el ligero movimiento de las nuevas cortinas, o el cambio en el aire, o su olor mustio, de otros tiempos. Le hacía en un viejo traje, como aquellos que había encontrado en los baúles de la torre junto a los bellos trajes de mujer, mullidas faldas, pomposos sombreros coloniales, envueltos delicadamente en papel de seda y bolitas de alcanfor. Como el traje que vestía ahora. No sabía qué endemoniado impulso la había llevado a deslizarse en aquel sueño de gasa y muselina aguamarina. Quizá deseaba despertar alguna reacción en él. Y lo hizo, al parecer.
Leonor se sirvió otra taza de té y mirando al fuego, habló, a sabiendas de que era oída.
-Sé que estás aquí, quien quiera que seas. Y no te temo. ¿Cómo temer a esa mirada triste? Dicen que la casa está embrujada pero llevo aquí una semana y no me has sometido a la tortura a la que subyugaste a tu propio hermano. Háblame...
Pero él no contestó. Sabía que la observaba. Sus mejillas se tornaron sonrosadas, y casi le pareció sentir su aliento en el cuello, el titilar de sus cuidadas manos, apenas un roce, sobre la piel de sus hombros. Y luego nada. Así, día tras día, hablándole a la habitación, al sillón opuesto, a la silla vacía al otro lado de la mesa. Porque Leona siempre conocía el lugar exacto en el que se hallaba su desconocida sombra.
-Estoy loca -se dijo un día, desesperada-. Hablando a la pared. ¿Por qué habría nadie, o nada, replicar a una demente como yo?
-Porque estas sola... -susurró la voz en su oido. Cálida, resonante, seductora. Leonor aspiró aire y alzó la vista. Delante de ella, la imagen borrosa, débil, mínima, del ser más hermoso que había visto jamás, tal y como le había soñado, tal y como le había sentido.
-¿Quién eres? -acertó a musitar, y su voz sonó ronca, extraña y lejana.
-Armando. Y tú eres Leonor.
-Esta era tu casa.. ¿me odias por venir a interrumpir tu paz?
-Tú me has traído la paz, Leonor. -y desapareció.
Su amistad creció conel paso de las semanas. Leonor vivía felíz, enamorada de un ente, de un espíritu que le hacía compañía como ningún humano se la había procurado antes. Conversaban largas horas, leían juntos, reían, bailaban. Danzaban en la azotea, mirando al mar en la noche, sucumbiendo a la locura de la luna llena, riendo como almas posesas en un mundo irreal. Danzaban por las escaleras, como borrachos de licor al cierre de las tabernas. Danzaban en los corredores, en los patios y en las alcobas. Danzaban con la música silenciosa de sus mentes.
Las lenguas envidiosas no existían sólo en el pueblo, sin embargo. Pronto las supuestas excentricidades de Leonor atravesaron los muros de su casa, aquella donde nunca abría la puerta a nadie ni recibía visitas. Sus padres oyeron a los sobrinos de Torcuato transmitir los chismes de plazoletas y tascas. La bella Leonor, enloquecida de amor, encerrada en una cárcel de blancas paredes y cortinas de encajes, riendo y hablando sola, sirviendo té en dos tazas mientras se sentaba a solas en su recibidor. La habían visto a través de las ventanas, la habían oído corretear por las azoteas, hablando al viento y cantándole a las estrellas.
Se la llevaron una mañana de levante, gritando, con una camisa de fuerza. Se la llevaron lejos de Armando, lejos de su amado, arrebatada de desolación. La encerraron en un sanatorio, donde no quiso hablar con nadie. En su celda, a solas, repetía su nombre, acurrucada en el suelo, derramando lágrimas tan amargas como la hiel.
-No llores, mi amada -él la acogió en su pecho, como tantas noches, acarició sus largos cabellos, besó sus mejillas-. He venido para llevarte conmigo. Para siempre. Jamás nos separarán de nuevo.
Dicen que murió de amor, de loco amor, que la llevó a la demencia más profunda. La casa, la de la torre, la del portón de aldabas de bronce y muebles antiguos permanece todavía cerrada. Han pasado más de 80 años pero dicen que, si escuchas con cuidado, les oyes riendo y danzando alegramente bajo la luna de Agosto. Y si abres bien los ojos, puedes ver sus siluetas, perfectamente unidas, mecerse en las noches de poniente, ahí arriba, sobre la azotea, al otro lado de la Plaza.

RECORTABLES

Ayer recibí un misterioso paquete. En su interior, un buen grupo de hojas de recortables. Su remitente, desconocido. El sello, de Madrid.

Si lees esto, manifiéstate... Para que pueda darte las gracias. ¡Me ha encantado!

















miércoles, 15 de octubre de 2008

LORCA Y EL TRAJE MARRON


En el verano del 89 conocí a Nickolas Grace. ¿Que quién es, aparte del señor de las fotos de mirada inquieta?
Nickolas Grace se hizo muy popular en España en los ochenta gracias a su interpretación en la serie para televisión Lorca, Muerte de Un Poeta, de Juan Antonio Bardem, serie basada en la biografía del poeta perfectamente retratada por Ian Gibson.
Pero yo no le conocí entonces. Fue dos años más tarde, cuando junto a Stephanie Zimbalist (famosa por su papel de Laura Holt en Remington Steele), Rue McClanaghan (Blanche en Las Chicas de Oro), Ken Howard y Simon Dutton rodaban El Hombre del Traje Color Castaño, novela de Agatha Cristie, en Cádiz, escenario de múltiples películas.
Cádiz ha sido Cuba en numerosas ocasiones debido a su peculiar parecido con la Habana, la zona del Malecón y las casitas del Campo del Sur.
Pero en El Hombre del Traje Color Castaño, Cádiz es utilizada como tres escenarios diferentes: Egipto, Mombasa y un tercer lugar que ahora no recuerdo, tal vez Marruecos o Tánger. Es un telefilm de bajo presupuesto, que no pasará a la historia por su calidad interpretativa o de contenido. Estuve en este rodaje, tras la silla del director, durante la semana escasa que estuvieron allí. Comí con ellos en el improvisado comedor en el patio del entonces Colegio Valcárcel (o quizá fuera en Capuchinos), en una carpa enorme instalada con mesas y más mesas. Comí junto a Nickolas y frente a la chica de maquillaje, y lo pasé de fábula, compartiendo risas y cotilleos del rodaje.
Nickolas fue todo un encanto, muertecito de calor bajo el inclemente sol de un Agosto de esos que ya apenas se ven, de sol picajoso y extenuante.
Hablaba perfecto español, a pesar de que no le hizo falta demasiado para su papel de Lorca porque fue doblado en la pequeña pantalla, pero le fascina la cultura española, y recuerdo que me confesó que jamás había estado en Cádiz pero sí en algunos otros puntos de nuestra geografía y que le encantaba nuestra cultura.
Nickolas me pareció un hombre con los pies en la tierra, disfrutando de su recién hallada "fama"dentro de nuestras fronteras. Probablemente haya sido uno de los mejores papeles que ha interpretado este actor inglés relegado a papaeles secundarios y de televisión, aunque tiene tablas en el teatro, muchas tablas, incluso desde la silla de dirección.
Aquí os dejo la foto que nos hicimos aquel día, él de blanco impoluto y chanclas caleteras. Yo de negro riguroso y con un tipín que ya me gustaría tener de nuevo... Ah, aquellos maravillosos años... (y esta vez con gafas de montura metálica).


A UN ARBOL


Hay un árbol frente a mi ventana.

No es un recio olmo, ni un poético ciprés ni tampoco un vulgar pino.
Es simplemente... un árbol. No es alto ni corto. Un árbol de ciudad.
No sé en qué momento ha cambiado el color de su hoja. Habría jurado que tan sólo ayer eran intensamente verdes, pero hoy se mueve al son de la brisa con sus hojuelas doradas, algunas de un reticente amarillo tan áureo como el esquivo sol de Noviembre.

Es otoño y se desnuda ante mí, ante todos, sin pudor. Incluso hace honor a la impecable calva que comienza a despuntar en sus ramas más altas y sus secos deditos parecen saludar desde el otro lado del cristal como un niño travieso.


Es sólo un árbol. Testigo inamovible de mi vida.

martes, 14 de octubre de 2008

MI BSO


Hoy me apetecía escucharlos, llevo días tarareando las canciones que aprendí cada sábabado por la tarde, o cada Domingo... aunque finalmente no he tenido tiempo. Están conmigo desde los tiempos de la tele en Blanco y negro, los Lps originales de Los Payasos, y el de Pippi, en español, por supuesto.

Nunca habrá otros Payasos como estos (los únicos que no me dan miedo), con sl Sr. Chinarro siempre a la zaga, su audiencia en directo de niños de pantalón de campana y cortes de pelo idénticos. Esas canciones que aún hoy suenan en las ferias de la España más profunda.
Y Pippy, la niña bohemia, madura para su edad, con su mono y su casa, y su caballo y ese policía tan tonto, y la nieve y las aventuras...
No, nunca habrá otras series como las que vivimos, ni unos Payasos tan entrañables y tan de andar por casa.
Pero siempre nos quedará la musica...

LOS PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO IRLANDES



Ante la tan cacareada crisis, el Gobierno irlandés decidió adelantar sus Presupuestos Generales para el próximo año (Budget 2009) que normalmente anuncian en Diciembre, a hoy 14 de Octubre, con unas medidas drásticas con las que claramente se nos ha dicho: aquí hay que apoquinar por tos laos.
De esta manera, lo vamos a notar en el bolsillo del siguiente modo:
Se aplicara un 1% de tasas a todo aquel que gane menos de 100,000 euros al año (entre las que me incluyo yo con mi mísero sueldo, del que me van a quitar 3, 37 cada semana. Porca miseria. A los que ganen mas de 100,000 euracos les aplicarán un 2%, ya quisiera yo que me lo aplicaran.

"Nos damos cuenta de la solidaridad de demanda de todos los contribuyentes, pero hay demasiado en riesgo. Todos tenemos mucho que perder si no tomamos acción ahora", ha dicho el Ministro.

"Este impuesto permite que todos los asalariados contribuyan de una manera apropiada a la restauración del orden y la estabilidad de las finanzas públicas. Hará posible que Irlanda regrese tan pronto como sea posible a un nivel normal de crecimiento económico".

Además, el Ministro Brian Lenihan ha confirmado en los Presupuestos esta tarde que el Gobierno compartía la responsabilidad de recortar gastos y se reducirán los sueldos (los suyos, porque como me corten más el mío, me quedo en bragas).
"Deseo aconsejar a los miembros del Gobierno y a los Ministros del estado que renuncien a un 10% de su salario total actual", ha dicho.

"Los Oficiales a nivel de Secretaría General en departamentos gubernamentales han voluntariado a renunciar en este respecto a su paga. Otros funcionarios en cargos líderes y en posiciones senior puede que quieran considerar si es apropiado para ellos hacer un movimiento similar en las circumstancias actuales".

El Ministro dijo que el Gobierno protegería a los más vulnerables de la sociedad con un incremento en las pensiones:

"Me complace anunciar que las pensiones se incrementarán en 7 euros semanales para todos los pensionistas. Esto elevará la pensión estatal contribuitaria a un total de €230.30 semanales y la no contributaria a €219 a la semana".

Sin embargo, habrá recortes en los pagos de beneficio infantil:

"Las ayudas por hijo cesarán a los 18 años a partir de Enero del 2010 y se reducirán a la mitad en ese grupo a €83 euros mensuales a partir del próximo Enero. Sin embargo, los que reciban paro, incluyendo aquellos en ayudas familiares, serán compensados a través de los ajustes adecuados a sus pagos correspondientes. Los suplementos de cuidado infantil cesarán a los cinco años y medio de edad".
Lo que traducido quiere decir que aquí todo el que tiene hijos, recibe dinero de una manera u otra, especialmente aquellos que están en el paro, que no sólo cobran el desempleo, sino diversas ayudas (pago por hijos, para comida, para alquiler, para facturas, etc.). A ver si así esos scumbags dejan de parir como conejos.

Y a partir de Marzo, y esto me golpea de lleno en los morros, tendré que pagar 10 euros más por viaje, porque se introduce una nueva tasa de aeropuerto, que se supone engrosará las arcas del estado en unos 95 millones en 2009 y unos 150 en 2010, al ser un año completo. A mí me tocará rascarme más el bolsillo. O volar menos. Se imponene clases de natación urgentemente. Cómo se aprovechan de que estamos en una isla...

El tabaco sube en 50 céntimos por paquete y también el vino, no así la cerveza, la sidra o los licores. La gasolina sube en 8 céntimos el litro y el diesel se queda como está. El IVA en todos los productos excepto comida, ropa infantil y calzado sube de un 21 a un 21,5 %. Estos últimos cambios son de efecto inmediato y tendrán lugar a partir de las doce de esta noche.

Esto, a groso modo, es lo más importante de este Presupuesto del 2009, como ciudadana de este país. Naturalmente hay mucho más en los Presupuestos Generales, dinero dedicado a escuelas, investigación, hospitales (aquí no se han lucido mucho), y otras nuevas taxaciones en coches, segundas casas y demás, con reducciones hipotecarias de nuevo para primeros compradores. Mambo-jambo financiero que, de momento no me preocupa.

¿O sea que tengo que dar 3.37 de mi sueldo y pagar 50 céntimos más en mi botellita de vino de los sábados?

¡¡Acabóse!! Mr. Scruge!!

lunes, 13 de octubre de 2008

COSAS QUE SE OYEN EN LIMERICK


Un crío de unos 3-4 años, no más, en el supermercado Tesco, coge un libro de cuentos y le pregunta a la madre si se lo compra.


Respuesta de la mamá:


"What do you want a stupid book for? I'll get you a computer game or something instead".


("¿Para qué quieres un estúpido libro? Te compraré un juego para el ordenador o algo así en su lugar.")


¿Educamos a los padres primero para que puedan educar a los hijos...?

domingo, 12 de octubre de 2008

LA BANDA SONORA DE NUESTRA INFANCIA

Os dejo aquí una serie de seis cortes que Vanessa, una compañera del grupo msn dedicado a Nins ha tenido la gentileza y la paciencia de dividir, digitalizar y subir a Youtube para disfrute de todos aquellos que crecimos con la mercromina roja, las rodillas llenitas de raspaduras, los donuts de verdad y los pastelitos de bucanero, la pantera rosa y el bocata de nocilla.
Este documental ha sido un encargo de la Fundación Nins como recuerdo y homenaje a los grupos infantiles que conformaron esa banda sonora de la que fue nuestra niñez. Y si no te gusta... es que no has sido un niño. Jamás.











LEOPOLDO ABADIA Y SU CRISIS NINJA


Muchos le conoceréis por sus múltiples apariciones televisivas y en diversos medios de comunicación en los últimos meses. Su explicación de la que ha dado en llamar Crisis Ninja (No Income, No Job, No Assets, o lo que es lo mismo, sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades) ha significado una revolución mediática impensable. Lo que muchos expertos no podían o sabían explicar en términos financieros, este hombre de 75 años, padre de 12 hijos, abuelo de 35, ha simplificado en un artículo que ha hecho furor a nivel ya no nacional, sino mundial. Lo podéis leer aquí. Es un poco largo pero merece la pena, y a nivel de calle, es fácil de comprender hasta para un niño de 5 años.
Y además, se da la circunstancia de que el señor Abadía no es economista ni experto financiero ni nada por el estilo. Leopoldo es Ingeniero Industrial, fue profesor durante 31 años de Política de Empresa del IESE y es en la actualidad presidente del Grupo Sonnenfeld.
Leopoldo es padre de un par de excomponentes del grupo Nins (Javier y Gonzalo), que son, entre otras cosas, Vicepresidente y Director General y Relaciones Institucionales respectivamente de la Fundacion Nins.
Y la historia de cómo su explicación de la que originalmente denominó Crisis 2007-2008 comenzó su periplo en un artículo que envió a algunos amigos suyos. Uno de ellos se lo mandó a otro grupo de amistades, y al cabo de unos días su hijo Fernando lo recibió de manos de una amiga suya que a su vez lo había reenviado a otro número de personas. Pero el Anexo en cuestión no estaba firmado por Leopoldo, de modo que no mucha gente conocía su autoría. El mismo lo explica con sus propias palabras en una entrevista concedida a El Confidencial:
"La cosa se estropeó más cuando Nacho Giral, a quien no conozco, que es el Director General de Atrapalo.com, una Agencia de viajes on line, lo publicó en su blog particular. ¡¡Y tuvo 7.000 visitas el primer día!! Como tampoco decía quién era el autor, mi hijo Fernando escribió a Nacho diciéndole que era yo. Inmediatamente, Nacho añadió una nota diciendo que el autor era yo, y que, por cierto, era un crack, lo que demuestra, entre otras cosas, que Nacho es una buena persona. La gente empezó a poner sus comentarios en el blog de Nacho Giral. Mientras tanto, la explicación de la crisis ya había aparecido en otros blogs y había recibido noticias de personas de Estados Unidos, de Holanda y de no sé cuántos sitios más".
"Los comentarios han llenado por ahora unas 100 páginas. No los he leído, porque, si dicen que les gusta, pienso que soy Milton Friedman, y si dicen que no les gusta, puedo ofenderme gravemente. Mi hijo Gonzalo, que tiene una Agencia de Comunicación, es el que los ha recogido. Me ha contado algunos, muy divertidos. Empecé a recibir peticiones de suscripción y, de repente, me encontré con 50 suscriptores “oficiales” (gratis todos, por supuesto) y tropecientos mil no oficiales. Ya veis que la cosa se me fue de las manos, en primer lugar, porque nunca pensé lo que iba a ocurrir".
Leopoldo, además, llevaba un tiempo recopilando un diccionario de términos de la actual crisis financiera, para él mismo, como dice "para poder entenederla yo", que puede leerse en su blog www.leopoldoabadia.blogspot.com. Y en Youtube se pueden visionar algunas de las entrevistas que ha concedido para televisión.
Y encima de todo esto hay que añadir que desde sus comienzos en el mundo cibernético con su sabio artículo, Leopoldo ha ayudado en cierta manera a publicitar la Fundación Nins, que en un solo día se vio inundada de más de 12,000 emails y llamadas de gente interesándose por el funcionamiento de la misma.
Por una vez, la economía puesta al alcance del usuario de a pie.