miércoles, 13 de agosto de 2008

UNA DE MUERTOS (I)

Desde que era una niña, los cementerios han ejercido una extraña fascinación sobre mí. No sentía temor, porque estaba acostumbrada a pasar a diario junto a la tapia del cementerio, a pie de playa. O tal vez porque el Cementerio de San José, a punto de cerrar sus puertas para siempre y ser covertido en un tranquilo parque frente al mar, no se prodigaba en tumbas elaboradas o panteones suntuosos (sólo un par de ellos), siendo una ciudad de nichos y calles. Y naturalmente, es el destino final de todo ser humano (o al menos de aquellos que no han elegido ser cremados).

No me gustaba nada, en cambio, el Cementerio de los Ingleses, que acogía a los caídos en la Batalla de Trafalgar frente a las costas gaditanas, que recuerdo con sus verjas mohosas siempre cerradas, allí junto a la vía del tren. El cementerio hace ya años que se convirtió en un parque y en pisos, cuya planta baja abarca la oficina del INEM.

He visitado cementerios y tumbas en muchos otros países. Es imposible no ir a París, y no pasarse a dejar tus respetos en Père Lachaise o Montparnasse, o incluso en el pequeño cementerio de Montmatre. Pero empecemos por casa.





El difunto cementerio de San José, se empezó a construir en 1800, en lo que entonces eran las afueras de la ciduad amurallada de Cádiz, y fue absorbida por la expansión de la ciudad, convirtiéndose en uno de los pocos cementerios que se encuentran en el corazón de una urbe. Con la apertura hace años ya del Cementerio Mancomunado de Chiclana, todos los restos han sido trasladados allí. Sólo quedan de momento, aquellas tumbas sin herederos, por lo que las visitas estos días ya son poco frecuentes. Nichos vacíos ocupan las callejuelas de esta ciudad de los muertos que una vez se nos quedó pequeña, colgando el cartel de "lleno" en sus puertas. El cementerio acojía pocos personajes ilustres, principalmente alcaldes y personalidades locales, pero sin duda el huésped más popular es Don Rosendo, al que no le faltan flores frescas o visitantes a diario. No sé a ciencia cierta cómo comenzó esta leyenda, creencia o superstición.

Se dice que Don Rosendo hace milagros desde su tumba. El finiquitado en cuestión no era sacerdote, ni monje, ni curandero ni médico. En vida había sido un simple comerciante con un corazón de oro que ayudaba a todo aquel que podía. Y es un santo para aquellos que "saben de lo que hablan".



Rosendo de Vicente y Vicente vivió allá por el siglo XIX y fue muy popular en su tiempo por ayudar dando comida de su tienda a los más necesitados, una inversión a fondo perdido que le ha valido esta santidad popular. Antaño, el patio donde se encuentra su humilde nicho estaba alfombrado de flores, y ramos y más ramos se apilaban en su bien cuidada losa, la que sus fieles limpiaban como agradecimiento -se dice- por concederles desde el mundo de ultratumba sus ruegos, esos milagros que les llevaban a orar allí asiduamente. Don Rosendo pasó a mejor vide un 20 de Julio de 1876, y desde entonces, el boca a boca le ha hecho famoso entre los visitantes.


Pero las tumbas más curiosas -algunas hasta cómicas- se encuentran sin duda en París. En el Cementerio de Montparnasse descansan Jean Seberg, musa de François Truffaut, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, líderes de la escena literaria existencialista de la posguerra, Guy de Mopassant, Alfred Dreyfuss, Charles Baudelaire, André Citröen o Frederic Auguste Bartholdi, entre otros ilustres huéspedes. Pero sin duda el sepulcro más llamativo a de ser éste:



Es la tumba famliar de la familia Charles Pigeon, un ejemplo pomposo de la Belle Epoque parisina que representa al industrial e inventor Charles Pigeon sentado en al cama junto a su esposa.
Mientras tanto, todo ídolo de los Doors se habrá pasado por Père Lachaisse, cuanto menos, para ver la singular tumba de Jim Morrison, fallecido aquí en 1971. Singular, no porque su tumba tenga nada de particular en sí, hace tiempo que el busto que la coronaba desapareció, robado sin duda por algún fan demasiado efusivo, pero resulta curiosa la mezcla de coloridas flores, latas de cerveza y botellas de whisky. Además, desde que el busto fuere sustraído, un vigilante permanece sentado en una tumba cercana a todas horas.


El Cementerio de Père Lachaiosse es uno de los más hermosos que he visitado, con colinas, paseos adoquinados y unas vistas privilegiadas. Aquí se alojan los cuerpos sin vida Honorè de Balzac, Chopin, Yvès Montand, Marcel Proust, Sarah Bernhardt, Simone Signoret, Molière, Edith Piaf, y tantos otros crème de la crème de la sociedad francesa.


Y también tiene algunas de las tumbas más curiosas que he visto jamás, como la de la fotografa inferior, perteneciente al partisano Francois Raspail, prisionero numerosas veces durante las revoluciones de 1830 y 1840, y que representa precisamente a una prisión.

O la tumba de Victor Noir, un periodista del siglo XIX al que Pierr Bonaparte, primo de Napoleón III disparó, y que se dice que tiene propiedades fertilizantes. Se cuenta que hace cierto tiempo que tuvieron que rodear la tumba de una verja porque las mujeres, animadas antes estas "habilidades", y dado el más que real promontorio que presenta esta estatua de tamaño real, gustaban de frotarse a horcajadas sobre la entrepierna, que como puede apreciarse en al fotografía, muestra un claro descolorido en la zona afectada en comparación al resto de la obra. Dicha verja ya no estaba cuando visité el cementerio hace un par de años, tampoco sé si las visitas "milagrosas" han cesado de igual modo.

Y una de las más amadas es la de Oscar Wilde, cubierta de besos con color carmín, poemas escritos por mujeres a este poeta, framaturgo y asteta irlandés que hubo de emigrar a Inglaterra debido a su sexualidad y que decidió morir en París entregado a la bebida y la dispersión. Su sepulcro fue diseñado por Jabob Einstein. El ángel representado en la escultura tenía genitales originalmente, pero se rompieron y han sido utilizados como pisapapeles en las oficinas del cementerio, aunque en la actualidad se encuentran en paradero desconocido.

Y en el pequeño cementerio de Montmatre, donde descansan los restos de Offenbach, Edgar Degas, Alexandre Dumas (hijo), François Truffaut y Waslaw Najinsky, hay una tumba un tanto polémica, la que está marcada con el nombre de Marie Taglione, una famosa bailarina del Romanticismo. Fue con motivo de su bicentenario que se descubrió que esta fosa no alberga su cuerpo sino el de su madre (la losa reza: "Marie Taglione a su madre bienamada"), y todos asumieron que la artista descansaba allí. Sin embargo, tras estudios y extensa documentación, se determinó que Marie está enterrada en Père Lachaise bajo el nombre de su marido, Comte Gilbert de Des Voisins, algo chocante si se tiene en cuenta que el mismo la repudió sin corazón cuando ella decidió dedicarse a la danza en exclusiva. Marie murió a los 80 años en Marsella en 1884 y llevaba desde 1931 enterrada en Lachaise. Mientras tanto, la tumba de su madre es la que recibe el tributo, en forma de zapatillas de ballet, de sus admiradores de todo el mundo.

Fotografías del cementerio de San José: Manuel Sánchez Quijano

El resto: colección particular.

8 comentarios:

Susana Ce. dijo...

No me ha dado tiempo a leer todo el post, pero quiero recomendarte una página muy interesante.
es de una señora que le encantan los cementerios y conoce muchos, pero muchos muchos. Esta señora habla a diario en RNe, pero puedes oir sus historias en:
www.nievesconcostrina.com

Algunas de sus historias no tiene desperdicio. Te recomiendo la historia de paganini!!!!

Ahora si, me voy a leer todo el post

charo dijo...

Ya te contaré alguna cosa de cementerios. (Me ha tocado asistir a dos exhumaciones de antepasados).
Aunque no es nada respetuosa, mi padre contaba la anécdota de que cuando se inauguró el cementerio de Cádiz pues no se moría nadie aquí, por lo que hubo que pedir prestados dos muertos a San Fernando....

Candela dijo...

Ay va! Yo lo que habia leido es que comenzo a construirse en 1800 y que se tuvo que inaugurar antes de tiempo debido a la peste amarilla que asolo la ciudad. Jejeje, que cosas!

Elphaba dijo...

Me he sonreido al leer lo de la tumba de Don Rosendo, ya que era una historia que siempre me ha llamado la atención. Además, al estar situada junto a la entrada no tenía más remedio que verla al acompañar a mi madre a "darle una vueltecita" a los suyos, rodeada de flores de gaditanos anónimos que jamás tuvieron la oportunidad de conocerle.
Espero tener la ocasión de visitar algún cementerio parisino ahora que voy en los próximos días. Espero que haya alguna clase de plano o algo para localizar tumbas de famosos.
Hace un par de años en Escocia tuve la ocasión de visitar varios de lo más pintorescos, no por la suntuosidad de los sepulcros, sino por el aspecto un tanto gótico y de peli de la Hammer. También el año pasado visité uno abandonado en un bosque en Polonia (con las hierbas hasta la rodilla), donde estaban enterrados los antiguos habitantes alemanes, moradores de la zona hasta la 2ª guerra mundial.
También es impresionante el cementerio de Buenos Aires, lleno de celebridades y tumbas curiosas, del que mi hermano trajo un extenso reportaje hace unos tres años cuando estuvo allí.
La verdad es que no me atraen mucho estos lugares. Tienen una belleza que me inquieta, pero sí que me impresiona estar en el lugar donde yace algún personaje histórico al que admire.

Shirat dijo...

Hace muchos años estuve en París, pero fue un viaje de cuatro días y no tuve oportunidad de ir al cementerio. Si vuelvo algún día, seguro que me paso por allí.
A mí siempre me han gustado los cementerios, por la quietud y el silencio que hay en ellos.

Manuel Sánchez Quijano dijo...

Mi tio Manolo, que vivía en Villamartín, nos contaba cuando éramos pequeños que en un pueblo de la sierra de Cádiz habían hecho un nuevo cementerio y que la gente que estaba "pachucha", es decir, "lista de papeles", se iba a algún otro pueblo cercano por si les llegaba la hora y no ser el primero en ser enterrado en el nuevo cementerio. Supongo que es algo parecido a lo que comenta Charo, nadie quiere ser el primero.
Saludos,
Manolo.

EURICE dijo...

Me he quedado fascinada...no sabia que las puntas que deje en la tumba de Maria Taglione, fuera la de su madre, gracias por tu post, me encantan los cementerios, deberias ir a ver los del Pais Vasco o Asturias, son verdaderas obras de arte.

Candela dijo...

Gracias, Eurice. Conozco los de Gijon sólo.