sábado, 11 de octubre de 2008

POR UNA PRONTA RECUPERACION

Tuvieron un accidente de coche mientras viajaban hacia el aeropuerto en dias pasados, a su paso por Vejer. Tuve la oportunidad de conocer a ambas (a Ana en el verano del 87 junto a Nacho y Jose Cano) y a Esther, aunque ya la conocía de antes gracias a su primo que estaba en mi clase en el Columela, me la encontré en el Consistorio gaditano cuando tuvo la ocasión de ser Pregonera del Carnaval, allá por el 96 si no recuerdo mal.

Ana ha sufrido una fractura de clavícula y Esther tiene una pierna bastante jodida. Y por desgracia hay que contar una víctima mortal y múltiples heridos.
Y no os riáis de mi pinta en la foto, con el flequillo al aire (hacía levante en Cádiz para variar) y mis ultramodernas gafas de pasta. ¡¡Como odio a mi madre!! (bah, reiros, reiros)


viernes, 10 de octubre de 2008

SU COLECCION

Hace unos días hablaba de la afición del guiri a Star Wars, y he aquí su pequeña colección. En la foto de abajo podéis ver a Yoda, está un poco viejito porque lo tiene desde su infancia. Viene con su lightsaber pero Dios sabe dónde lo he puesto... el caso es que este pequeño joputa me dio más de un susto desde que se lo trajo de su antigua habitación en casa de sus padres. Lo limpió bien, le puso pilas, y lo dejo en On. Y cada vez que hablaba, tosía, o hacía el mínimo ruido, el muñecajo se empeñaba en darme lecciones de Yedai. Hablaba como una cotorra, por lo que un día me cansé de que siempre me sobresaltara, le quité las pilas y lo exilié a la estantería más alta de la vitrina. Como véis a sus espaldas hay un libro de La Guerra de las Galaxias también, de los cuales tiene varios.

Su siguente paso fue hacerse la colección de Planeta Agostini de figuritas de plomo pintadas a mano, una empresa que le ha llevado más de dos años a razón de dos figuras al mes y una suscripción que subía de precio cada dos por tres.


Y por supuesto, su réplica del lightsaber de Anakin, una pieza de coleccionista (y quiere más, naturalmente). Presionando un botón, se enciende y al moverla hace los mismos ruidos que en la real (la de la peli).

Sin embargo con su reciente viaje a Madrid y Toledo y la España Medieval, el guiri ha encontrado una nueva afición: estas figuras tan típicas de las tiendas de souvenires de la zona, y no me refiero al pequeñajo de verde (ese también), si no a este templario o caballero del medievo o lo que quiera que sea. Ya me ha instruccionado que no me atreva a volver de Madrid en mi próxima visita sin otro!



Como se puede comprobar, no soy la única Friki en casa. Y a mucha honra.

jueves, 9 de octubre de 2008

UN CUENTO

Pues no soy yo la única con vena nostálgica. El otro día nuestra querida Marta Minguella recordó este cuento y cuelgo aquí algunas de las páginas para vuestro deleite. Es un cuento troquelado precioso llamado "Mix y su Cascabel". Me gustaría poner todas las páginas pero son muchas, así que pondré solo un par y su portada y contraportada.

Y comienza así el cuento:

COMO HOY ES TU SANTO, HIJITO

DICE A MIX, SU MAMÁ GATA,
TE COMPRÉ UN CASCABELITO.
HACE UN TILÍN MUY BONITO.
¡ NO LO PIERDAS QUE ES DE PLATA !


LA MAESTRA SE DESVELA

PARA DARTE EDUCACIÓN.

SI NO QUIERES QUE ME DUELA

PORTATE BIEN EN LA ESCUELA;

MIX, NO SEAS TRAPALÓN.






¿Os ha gustado?

miércoles, 8 de octubre de 2008

Y EL ANGEL DEL SEÑOR...


El Angelus. Ah. Esa cosa donde todo se detiene. Ecos de un pasado, de una radio con voz de Elena Francis, de tardes de siesta y aromas ya perdidos en el tiempo.
O no.
Irlanda es de los pocos paises que aún retransmite el Angelus, a diario, a las 6 de la tarde en su televisión Nacional (es la única emisora que lo hace). Campanadas acompañadas de imágenes cotidianas del país se suceden día a dia para disfrute de esa población todavía viviendo en un pasado decadente y apolillado. Yo cambio de canal, honestamente. Casi doce años aquí y cada día a la misma hora el mismo anuncio y aún no sé qué me venden.
Los ecos de nuevos tiempos, sin embargo, llegan hasta a los rincones más imbuidos en el pasado. Quieren quitar el Angelus de la tele. Y con toda razón, claro, porque está dirigida a una audiencia ya no cristiana, sino Católica. ¿Y qué pasa con el resto? ¿No dicen que en la televisión hay programas para todos los gustos? Nos llevaríamos sin duda las manos a la cabeza si se les ocurriese retransmitir los cinco rezos preceptivos de los musulmanes, o esos gritos: "Al-lâhu akbar".
Nos molestamos si llegadas las Navidades o la Semana Santa ha habido problemas en consistorios y escuelas por colocar "objetos" de tradicionalidad católica, y he sido la primera en defender que el Belén, y el Arbolito, y todas las estrellitas y demás parafernalia están para quedarse, y a quien no le guste nuestra cultura, sabe muy bien lo que tiene que hacer, pero... ¿El Angelus? ¿No está un tanto trasnochado?
En España la COPE retrasnmite el Angelus a las 12 de la mañana, al parecer. Pero es la COPE, es de esperar. Aquí en Irlanda es a las 6. En la ciudad de Monterrey, en México, se retransmite a las 6 am, a las 12 del mediodía y a medianoche. En Filipinas las emisoras católicas lo hacen a las 6 de la mañana y de la tarde y a las 12 de la noche. En EEUU y Canadá, a diario, por poner un ejemplo.
Si no fuera por el recalcitrante spot de las 6 cada día en RTE1 (sólo porque es antes de las noticias, a la hora de la cena, vaya), ya se me habría olvidado que alguna vez existió el invento. Claro que yo me puedo permitir el lujo de no saberme ni el Credo, ni el Angelus ni los Diez Mandamientos siquiera: estaba exenta de aprender el catecismo por mi "condición" religiosa. Y ni siquiera mi Padrenuestro es igual al católico.
Lo que me repatea es que me pasen una religión, se llame como se llame, por las narices.
Angelus Domini nuntiavit Mariæ.

lunes, 6 de octubre de 2008

EL guiri, EN SU SALSA

Cada uno tenemos nuestras frikadas, y la del guiri se llama Star Wars. Llegamos a Madrid a lo justo para ver una exposición de figuras, gadgets, cascos parlantes y todo lo relacionado con la saga en El Corte Inglés de Callao, para su deleite.
Disfrutó viendo una colección de figuras de plomo pintadas a mano como la suya (dos años para concluir la preciada colección), y réplicas de lightsabors (él tiene la de Anakin), así como naves hechas de lego y figuras varias a tamaño natural.


Si es que en el fondo, es como un niño.

domingo, 5 de octubre de 2008

NOCHE EN LOS BOSQUES (RELATO)

En el foro dedicado a Trini Tinturé (www.msnusers.com/TriniTintureunavidaatodocolor, se celebra estos días un concurso de relatos al estilo de Los Relatos del Tio Arthur, que se publicaran en Bruguera durante la década de los setenta y ochenta. He aquí mi aportación al certamen:

NOCHE EN LOS BOSQUES


Sucedió una noche de plenilunio. Así sin más. Supongo que habría podido suceder cualquier otra noche, pero para las girl-scouts de la Asociacion Trinitaria, era una noche perfecta para sentarnos alrededor del fuego del campamento bajo la atenta mirada de la naturaleza y un manto de estrellas presidido por esa luna perfecta.
Siempre quise ser girl-scout, a pesar de que me aterrorizan las arañas, los insectos y todo lo que me haga cosquillas en los tobillos, pero mi madre me contaba sus historias vendiendo galletitas recién horneadas por el vecindario con su lindo uniforme kaki y su pañoleta amarilla, y papá había sido monitor de los scouts hasta poco después de mi nacimiento. Mi destino estaba sellado.
En mi bolsillo tenía el único objeto que me daba valor: el compás de papá. Papá murió el año pasado y me apena decir que su rostro a veces se desdibuja de mi mente, que apenas recuerdo sus facciones con nitidez, y que más de una vez he de correr a la repisa de la chimenea y contemplar la foto que reposa en el interior del marco de plata, en la que sostiene una margarita blanca, para convencerme de que le recordaré siempre. Es mi foto favorita de papá.



Así que aquí estoy, la víspera de mi decimoprimer cumpleaños, escuchando historias alrededor del crepitante fulgor rojizo de unas llamas que calientan esta noche de otoño, las tiendas ya montadas hace horas, mientras tostamos nubes de algodón y nos reímos de nuestros propios temores.
A lo lejos aúlla un lobo y todas gritamos, para acto seguido soltar una carcajada tonta, tal vez para calmarnos a nosotras mismas, pero no funciona. Comenzamos a oir ruidos a nuestro alrededor, la brisa mueve las copas de los arboles y algo cruje a nuestras espaldas, demasiado cerca. La desbandada es general, una docena de niñas en pánico corriendo hacia todos lados mientras las dos monitoras intentan, en vano, controlar la estampida.
Yo he cerrado los ojos y empezado a correr, absolutamente convencida de que alguien, o algo, me perseguía, sugestionada tal vez por los cuentos de bosques encantados de Mary Joe, o por las historias de dragones y serpientes gigantescas de Lorraine. He corrido y corrido, y corrido un poco más aún, hasta que se me han quedado las piernas sin fuerzas. Traté de detenerme de golpe cuando la oscuridad más absoluta me rodeaba y era incapaz de ver nada, ni siquiera el reflejo de los astros, y entonces he tropezado con una gruesa rama, tal vez un tronco caído, es difícil saberlo, y me he dado de bruces en el suelo, raspándome las rodillas y las palmas de las manos. Hay un gran charco cerca, al menos no me he mojado. Moriría de frío en la noche.
Me he dicho que soy una estúpida por comenzar a lloriquear como una nena de cinco años, pero mi estupidez sólo ha sido alejarme del campamento y adentrarme en zona desconocida, y además de noche y sin mi chaqueta. A tientas gateo hasta encontrar la seguridad de un árbol y me refugio en sus raíces, donde al fin me calmo. En el interior de mi bolsillo está el compás de la suerte, el compás de papá. Meto la mano y… ¡no está! Se me ha debido caer al tropezar…
A tientas, ciega como un topo en medio de la negrura total que me envuelve voy rastreando el suelo alrededor de la zona en la que caí pero no hallo nada. Y entonces lloro. Lágrimas amargas de culpabilidad y de miedo. El viejo compás… quizá perdido para siempre…
Cerca, demasiado cerca, oigo ese crujido de nuevo. Y entonces el rumor. Comienza como la vibracion de una garganta ronca y se convierte, con intensidad, en el rugir amenazante de una bestia hambrienta. Aún en la oscuridad veo sus ojos, rojos, febriles… Es el lobo, y me mira. Avanza lenta, muy lentamente… y se detiene a pocos metros, una pata suspendida en el aire… como sopesando el lugar donde ha de posarla.
Y corro. Comienzo mi huida de nuevo, esta vez seguida muy de cerca por el rugido que parece convertirse en risa. Sabe que me tiene a su alcance, que sólo estoy prolongando mi final hasta que fallen mis débiles fuerzas. El está en su entorno y yo… yo estoy perdida para siempre.


Esta vez no caigo: ruedo. Ruedo por una pendiente con violencia, dando tumbos, en terreno abrupto y cuajado de rocas, hojas secas y ramitas lacerantes. Mi caída se detiene en el fondo. Mi cabeza se golpea con el suelo duro y siento todo mi cuerpo magullado antes de perder la consciencia. Mejor así. El lobo ha bajado la ladera con su boca supurando saliva…
Y entonces siento la presencia.
Su presencia, su olor. Abro los ojos y allí está papá, sonriendo. El lobo también le ve y retrocede unos pasos, su hocico temblando mientras ruge muy poco amenazador. Papá avanza, una mano en el aire, como le vi hacer a Cocodrilo Dundee hace tiempo. Se acerca a mí y me toma en sus brazos. Me susurra dulces palabras. El lobo huye, papá me come a besos como cuando tenía tres años. Papá… papá… te he echado tanto de menos… Tanto, tanto… Sabía que volverías, ¡Oh, papá…!


Las monitoras me encontraron por la mañana, el pie atrapado bajo la pesada rama caída de un árbol, cerca de un enorme charco de aguas turbias. Dicen que me golpeé la cabeza al caer. Nunca hubo lobo, nunca caí por un barranco… Nunca vi a papá. Dicen que lo soñe, pero no es cierto. Estuvo aquí. Me salvó. Esta mañana cuando me han encontrado, el compás estaba en mi mano, y a su lado, una margarita blanca...

sábado, 4 de octubre de 2008

EN EL ZOO

Nunca me gustaron los zoos, y normalmente huyo de ellos como de la peste. No sé si debe a algún trauma infantil, no lo creo porque el único zoo cercano a casa era el Tempú de Jerez, que por otro lado, era una caca. O como mucho, las jaulas de monitos de raza imprecisa y la de pájaros ruidosos del Parque Genovés en Cádiz, tiempo ha. Hoy ya no queda nada allí, solo la peste y una legión de moscas.
A pesar de haber visitado en numerosas ocasiones el Phoenix Park en Dublín, me he negado rotundamente a visitar su zoo. Tampoco fui a ver el de Brooklyn o el de Central Park en Nueva York. En París fuimos a ver uno en un día que todo lo demás estaba cerrado (debía ser lunes, pues), y tampoco me gustó. Nada del otro mundo, la verdad. Chiquito y apestoso. Pero al guiri le encantan. Es como un niño, en el fondo. Y cuando se viaja con niños... hay que darles pequeños placeres como este.
Así que allá nos fuimos, al zoo de Madrid a ver una serie de animalicos, algunos de los cuales no había visto en mi vida "in person", como el Oso Panda, que por cierto estaba entre cabreado y tristón, allí solito dando vueltas para dentro y para afuera, golpeando la puertecita por donde le servían la comida con cansina impaciencia... Y más sucio que un barragán. El panda de la foto del tícket y el que tienen fuera debe ser del día que llegó, recién pasado por el mimosín, porque el pobre mío hacía tiempo que había visto el agua, me parece a mí (y no le hice foto, tendré que mirar las del guiri, a ver).
Lo que más me gusta de este zoo, es lo bien organizado que está, dividido en continentes, de modo que encuentras todo a mano y educativamente para los niños creo que es una idea estupenda. No nos dio tiempo a verlo todo, por desgracia, porque habíamos quedado con unos amigos, pero lo que vimos, lo disfrutamos.


También me resultó simplemente encantador este oso que se dedicaba a levantar la zarpa como diciendo "¡hola!" a todo el mundo. Cuando se detenía, los niños gritaban "hola, hola" y volvía a hacerlo. Mientras, el otro al fondo, tumbado a la bartola.
Otros posan que es una maravilla...


Con los Baboons estuvimos un buen rato, si os fijáis bien, en el centro de la foto hay un monito pequeño, que su mamá llevaba de un lado a otro y nunca dejaba que se alejara ni un centímetro. Tengo otras fotos del que parecía el "jefecillo", un baboon enorme y peludo, pero me temo que no sean aptas para niños (tenía el pito al aire y bien... ejem...). También vimos a un par de panteras negras dándole que te pego mientras los papás trataban de llevárselos a otra zona, jeje.
Me hacía mucha ilusión ver a los koalas, pero los tres que hay en el zoo estaban completamente dormidos. He leído posteriormente que se debe a que sus digestiones son larguísimas y muy pesadas debido al virus que tienen en el estómago y que les permite digerir algo tan tóxico como el eucalipto.
Pero donde mejor lo pasé, sin duda alguna, fue en el espectáculo de los delfines, que a pesar de haberlo visto varias veces en diferentes Acuarios (de esos sí soy amiga), siempre acaban por sorprenderme y emocionarme. Y mi premio fue esta preciosa foto de uno de los delfines en el mirador interno de la piscina, que parecía estar sonriendo... una sonrisa para mí solita.
Me encantó el acuario, con sus tiburones y sus diferentes clases de peces, moluscos, y seres marinos (tenían caballitos de mar) a cual más sofisticado, aunque también había un par de besugos (no miradme) y algún atún. Mi foto favorita es la de las medusas.

Los tiburones impresionan bastante, se acercan sigilosamente al cristal y no sabes a ciencia cierta si te están mirando con intención de avalanzarse contra el vidrio. Las fotos no están muy nítidas, pero la iluminación no es la ideal para hacerlas tampoco, y no se nos permitía, como es lógico, el uso del flash.

Y aunque el guiri no tenía ni puñetera idea de quién era Rodríguez de la Fuente y yo le sometí a una rendición a capela del tema de su serie El Hombre y la Tierra (juro que me pidió que me callase pero yo me encontraba de humor porculero ese día), no podía dejar el parque sin ir a ver la escultura en su honor. Esa voz tan peculiar estará en mi mente hasta el día en que me muera. Por cierto que en el show de las aves rapaces mostraron al ave que inmortalizara nuestro amigo Félix abriendo un huevo de avestruz a golpe de piedra, como en el icónico programa.

Y creo que con esto se acabó mi fobia a los zoos. I'll be back...

viernes, 3 de octubre de 2008

ESOS CABALLITOS DE LA COMUNIDAD



Me gusta el cine. No soy una gran entendida, confieso que casi nunca me fijo en los nombres de los directores de fotografía, en el equipo técnico o de quién o qué compone el score musical. Pero soy una buena alumna y estudio todo lo que el Profe Sergio Aran tiene que decir. Repito nombres como un mantra. Pero por lo general, si me gusta la musiquita de fondo, a veces me he molestado en comprarla, como la de Forrest Gump. O la de tantas otras películas. ¿Pero saber quién compuso el tema que da comienzo y final a la película? Ni me acuerdo.

Y sin embargo a veces soy extremadamente curiosa, y así, me llamó poderosamente la atención en la película del 2000 de Alex de la Iglesia, La Comunidad, las dos grandes cuádrigas donde se desarrolla el final de la misma, ese en el que Carmen Maura y Terele Pávez pelean por la posesión de la famosa maleta.

Desde el año pasado he estado bastantes veces en Madrid por motivos de Expocomics, Ferias del Libro o simplemente por placer, y he preguntado a mis amigos si conocían la ubicación precisa de aquella azotea. Ni flores. Mi amigo Rafa, madrileño de toda la vida, ni siquiera había visto la película. Laura, adoptada desde hace ya muuuuchos años, tampoco conocía su situación. Pregunté a las estherianas. Nada de nada.

La semana pasada llegamos al hotel, detrás de Callao, para disfrutar de una semana en la que enseñar al guiri la belleza de "la capi". Llegamos cansados, dejamos las maletas en la habitación y nos marchamos a tomar algo con Laura y Rafa. Regresamos de madrugada y caímos rendidos en la cama. A la mañana siguiente, aún con el estupor del sueño en las retinas, me acerco al balcón y he ahí, en la distancia, una especie de cuádriga. Al menos distingo que son unos caballos con algo encima... Y esto es lo que vi...

Ahí, en el centro de la foto, sobre los demás tejados. Calculé que estaba en dirección al edificio Metrópolis. Esa tarde paseamos Gran Vía abajo, dejando atrás la Plaza de Cibeles y la Puerta de Alcalá para adentrarnos durante un par de horas en el Parque del Retiro. A la vuelta, anocheciendo ya, sugerí subir por la Calle de Alcalá en lugar de por Gran Vía, pues si mi instinto de lectora habitual de callejeros no me engañaba y el sentido de la orientación no me había abandonado, me suponía que aquella cuádriga debía andar cerca. Era como si lo oliese en el aire y al fin los encontré, aunque estaba ya tan oscuro que no pude hacerles fotos, pero regresé a primera hora de la mañana.

Efectivamente, eran ellos, dos magníficos sets de esos "caballitos" que llevaba casi dos años tratando de hallar. San Google me había fallado. La ventana del hotel me había guiado como un oráculo hasta la base de este edificio situado en la confluencia de la Calle de Alcalá con la Calle Sevilla, justo a los pies de la entrada de metro del mismo nombre.

Os encontré, rufianes. Prueba superada.





La primera vez que fui a Nueva York me dijeron que se distingue a los turistas del resto de habitantes de la Gran Manzana porque los primeros van siempre mirando hacia las alturas. Así soy yo siempre cuando estoy en Madrid, cosa que no hago en Cádiz, Sevilla, Barcelona o en cualquier otro punto de la geografía española. Ni siquiera lo he hecho en Italia o en París. Pero los edificios madrileños, aunque no tienen la poderosa altitud de los neoyorquinos, están en cambio coronados de las más extrañas y bellas esculturas.

Proxima misión: subir.

jueves, 2 de octubre de 2008

QUE MI NOMBRE NO SE BORRE DE LA HISTORIA...



Fue en la noche de un 4 de Agosto, 4 meses después de acabar la Guerra Civil, al comienzo de la dictadura que duraría 4 décadas, en que Julia Conesa, de 19 años, escribiría esa frase que da título a esta entrada. 13 chicas fusiladas frente a la tapia del Cementerio del Este, siete de ellas menores. La historia de las muchachas más conocidas como las 13 Rosas, revivida recientemente en la película homónima de Emilio Martínez-Lázaro.
Reconozco que la primera vez que oí hablar de estas 13 mujeres fue en la película. Son tantas las historias de una guerra o una posguerra que sería difícil saberlas todas. Tal vez debería. Pero no lo sabía. Y me impactó, porque como todas las barbaridades, no importa de qué bando sean, lo que cuenta es la pérdida de unas vidas inocentes. No eran más que niñas atrapadas en una red que ni siquiera llegaron a comprender. Una red que ni siquiera las envolvía.
Durante mucho tiempo me negué a ver films sobre la Guerra Civil, porque la mayoría revuelven alrededor del mismo tema, los mismos hechos históricos y los mismos personajes cansinos. Pero esta vez, eso no me detuvo porque me encontré completamente infatuada por unos hechos que hoy por hoy suenan casi ridículos pero que se repiten con toda probabilidad en diferentes guerras, diferentes épocas y diferentes países.
Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino”, vociferaba Franco en sus discursos. Y así, vecinos, familiares, amigos, enemigos, denunciaban a todo aquel que le resultara mínimamente sospechoso. O a aquel sobre el que sobrevolara un viejo rencor, una rencilla. La represión, la propaganda, el miedo y la ignorancia de la patria, una, grande, libre.
La sangre derramada un 5 de Agosto, y un 6 y un 7, y tantos otros días, tantos nombres, tantos otros desconocidos. Ellas se llamaron Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibáñez, Blanca Brisac Vázquez, Adelina García Casillas y Julia Conesa Conesa. Eran modistas, pianistas, sastres, amas de casa, militantes todas -excepto Brisac- de la JSU. El suyo es uno de los castigos más duros a los vencidos de la posguerra. Una respuesta, se dice, al asesinato del comandante de la Guardia Civil, Isaac Gabaldón, a su hija y su chófer el 27 de julio anterior.
La semana pasada, en el Cementerio de la Almudena pude ver la placa conmemorativa que se alza junto a los columbarios de la zona 6, unas placas simples, como lo fue su corta existencia, y trece rosas ya marchitas en las primeras brisas del moribundo mes de septiembre. Justo junto a la tapia marcada de antiguas heridas de bala que tantas vidas vio caer. No hay nombres, sólo fechas, 13 flores, una frase.
Un silencio.
Que mi nombre no se borre de la historia...

COSAS EN LAS QUE ME FIJO

Pues me temo que ahora me toca darle las vacaciones a Paco durante una temporada, pero os prometo que dejaré que tome el rumbo de este blog nuevamente en el futuro, viendo lo bien que se ha portado... Y ahora vamos a lo que vamos: los toilets, lavabos, wáteres, letrinas y servicios de este mundo...

Siempre he sido muy observadora, y con frecuencia me fijo en cosas que para los demás pueden pasar de un modo cotidiano, como si fueran invisibles. Especialmente en vacaciones, mis ojos lo escrutinan todo como si fuera la primera vez que ven el mundo.
Pero en el apartado de Toilets o Lavabos en restaurantes y bares, soy de lo más curiosa. En París, temía ir al baño, porque la mayoría de restaurantes y pubs del centro estaban equipados con el toilet turco, es decir, esa placa con dos posa-pies y un agujero en el medio, y naturalmente, eran unisex. Se puede decir que al entrar en algún lugar, primero visitábamos los "servicios" y luego decidíamos si nos quedábamos a tomar algo. Dicen que los servicios turcos son los más higiénicos, pero Señor, que me expliquen a mí como haces para colgar el bolso, hacer malabarismos y aguantarte el pantalón y las bragas a la vez que te agachas en un posición muy poco digna, manteniendo el equilibrio y sin salpicar. No, decididamente que me den una taza, aunque no me siente en ella. Al menos sé cómo hacer pis sin mojarme.
En Italia los servicios eran de taza, pero frecuentemente unisex también, por lo que el registro de olores podría ser algo completemente desagradable de describir, razón por la cual no lo haré.

Sin embargo, no me refería a este tipo de "material" a la hora de hacer el post, sino a otro asunto. Por ejemplo, siempre me han maravillado las maquinitas dispensadoras en el interior de algunos servicios. Ya no sólo las de preservativos o tampax, si no que en Cádiz he llegado a gastarme todo el suelto en hacerme una colección de tangas preciosos. Y también había un dispensador de anillos vibradores... una delicia...
En Italia venden desde máquinas fotográficas desechables hasta cepillos de dientes del mismo tipo.

Y ni qué decir tiene de las señales en las puertas de los toilets. En Madrid he visto de todo: desde un bonito mosaico de Santa Inés para las chicas y un Goya para los chicos, hasta la señal de arriba. Y si no me he animado a hacerles fotos es porque de momento no tengo el síndrome asiático, ese que hace que estos peculiares turistas se hagan fotos hasta sentados en el water. "Este soy yo en la entrada del metro", "este soy yo a la salida", "este soy yo cruzando la carretera", "aquí la comida que me tomé el primer dia", "la vomitera tras la noche de copas", que lo he visto hacer tantas veces.
En los lugares más turísticos, se decantan naturalmente por la figura de la flamenca para el de señoras y el torero para el de caballeros. En la Plaza Mayor en Madrid en uno de los bares/restaurantes he visto una Lucero de Tena enorme en la puerta de señoras, con un igual de inmenso torero en la de hombres. He visto la imagen de Becquer para el de caballeros y la de Rosalía de Castro de los billetes de 100 y 500 pesetas antiguos en otros. O simplemente un órgano genital masculino para el de caballeros y un par de melones para el de las señoras. De cualquier modo, me parece una manera bastante original, en lugar del consabido "caballeros" o "señoras" o la C y la S, especialmente para extranjeros que no conozcan el idioma.
De los más graciosos que he visto de momento... Una chimpancé vestida de flamenca y un monito de cordobés. !La pera!