martes, 29 de julio de 2008

LA BICI (El rincón de Lar)



Creo que mis padres habrían preferido un chico. Me consta que mi padre se desilusionó un tanto al ver mi falta de "atributos" ahí abajo. Lo sugieren el hecho de que mis primeros juguetes, que sin duda habían sido comprados antes de mi nacimiento, fueran un tambor, un tren eléctrico, un barquito para la bañera, una cometa y una bici que apenas pude usar. No estoy diciendo que estos juguetes no sean adecuados para una niña, de hecho me encantaría poder comprarme algun día un tren eléctrico de los de antaño, con sus vagones en miniatura y sus vías interminables. Pero en la sociedad sexista de los setenta, no eran artículos que se adquiriesen normalmente para una niña. No es de extrañar que posteriormente creciera negándome a usar faldas y sujetadores, aunque esta etapa no duró demasiado.

El tambor apenas lo recuerdo. Creo que me fue arrebatado antes de que pudiera hacer mayor estropicio a los tímpanos del vecino. O de todo el barrio, porque en aquellos años aún teníamos la terraza abierta y estoy segura de que un décimo piso habría sido el escenario perfecto para disfrutar de una magnífica acústica junto al mar.

El tren me dio muchas horas de juego. Al final acabé cansándome de los vagones y su recorrido ovalado y monotono. Pero las vías, adecuadamente encajadas en un cucurucho hecho de papel de periódico, sirvieron de "churros" o "porras" durante años.

Mi cometa era preciosa, de un plástico duro y papel de colores, representando un loro multicolor. Creo que me la había comprado mi padre en sus tiempos marineros en Canadá. Como no se me permitía bajar a la calle sola y mi madre no estaba demasiado por la labor, tenía que esperar las raras ocasiones en que mi padre se dignaba a llevarme al paseo de la bahía, aún con su tierra amarillenta de albero, y volaba la cometa por mí. Pronto mi fascinación con la cometa llegó a su fin, al no poder manejarla de primera mano. Quizá mi padre actuó un poco egoístamente y se la había comprado para sí mismo.

En cuanto a la bici, me la regalaron con cuatro años y fue mi primera y la última durante muchos años. De hecho, no volvería a tener una bicicleta en condiciones hasta que tuve 22-23 años, y ya fue una "sofisticada" Mountain-bike. Mi primera era roja (como la segunda), muy parecida a la de la foto superior, según recuerdo, creo que era una BH, de cuatro ruedas, claro. Como no se me permitía bajar a la calle a ejercitar mis dotes a lo Perico Delgado o Indurain, me tenía que conformar con el pasillo de casa. Mi circuito comenzaba al fondo del pasillo. Bajaba corredor abajo (este tendría unos 3,5 ó 4 metros de largo), salía al salón, donde justo frente a la puerta del pasillo estaba la alargada mesa que sólo utilizábamos en Navidad, cumpleaños y ocasiones especiales, la rodeaba y volvía pasillo arriba. Y vuelta a empezar mi pequeño tour.

Cuando aprendí a manejarla con soltura, papá me quitó una rueda. Con mi triciclo seguí practicando mi recorrido, cada vez más rápida, excepto las irregulares veces que mamá bajaba conmigo a la bahía y podía pedalear todo recto hasta cansarme. Al principio en casa, para compensar la rueda perdida, volcaba todo mi peso en el lado que todavía tenía rueda. Poco a poco recuperé el correcto balance y a las dos semanas pedí que me quitaran la que quedaba, pero no habría de ser. En uno de mis virajes calculé mal la distancia, rayé la pata de una silla, la de la mesa y empotré el eje de la rueda en la pared empapelada, haciendo un boquete de unos dos centímetros de profundidad y unos cuatro de diámetro. Fue el fin de la bicicleta.

Nunca aprendí a pedalear con dos ruedas hasta que años después mi ex me regaló la Mountain Bike y me costó unas cuantas caídas que me hicieron sentir y parecer bastante ridícula. Pedalear no era problema, una vez que me ponía en marcha no había quien me parase. Ese era precisamente el problema. Que no sabía como parar y bajarme, hasta que aprendí a base de apretar los frenos, saltar o simplemente dejarme las rodillas que no me dejé de pequeña.

Con 10-12 años pedí por Reyes unos patines, aquellos horribles Sanchetskys con un taco de goma dura en el frente, que se ataba al pie con correas y tenia una lengüeta deslizante en el centro para amoldar a diferentes tamaños de peana. Por entonces se me permitió bajar a practicar alrededor del bloque, donde junto a otras niñas con similares patines, recorría todo el perímetro alrededor del edificio, sorteando a veces peligrosamente las columnas. Nunca le cogí el truco a quello del patinaje y más de una vez acabé por el suelo debido al brusco frenazo que producía el taco de la puntera. Los patines acabaron en el fondo del armario y mi anatomía segura. Cuando mi madre se los quiso regalar a mi primo muchos años después, este casi se muere de la risa al ver aquel armatoste plateado y obsoleto, sustituído por los patines de bota.

Mi hermana tuvo una bicicleta amarilla y plegable. Tanto, que sólo abandonó el mueble donde guardábamos los juguetes un par de veces. La única bicicleta que mi hermana utiliza estos dias, es la estática.

Definitivamente estamos peleadas con las ruedas...

lunes, 28 de julio de 2008

104 AÑOS DE HISTORIA EN HUMO

Weston-super-Mare, uno de los últimos resorts portuarios mayores del mundo, se ha quemado hasta los cimientos sin que nadie pudiera evitarlo. Construido en madera casi en su totalidad, abría sus puertas en 1904 como complemento al resort Birnbeck Pier in Somerset para entretener a las masas que llegaban a la costa de Weston cada semana, especialmente en la temporada estival. En sus primeros tiempos, tuvo un pabellón operëstico con 2000 asientos donde se ofrecía también ballet y boxeo. Sucumbió al fuego en 1930 y en 1933 una gran feria de atracciones sustituyó al pabellón. En la década de los 70 se modernizó y añadió nuevas entradas y atracciones, restaurantes y tiendas. En 1993 se agrega una bolera por un coste de 250,000 libras, y dos años más tarde una feria de dos plantas y una noria por 350,000£.

Ahora mismo, un Go Cart acababa de abrir y este mes se tenía preparado un show aéreo de los Red Arrows sobre el muelle.

Mientras tanto, el viejo Birnbeck Park, al otro lado de la ciudad, está en ruinas, aunque fue comprado en 2006 y se prometió restaurarlo.





EL VIDEO (El rincón de Lar)


Merceditas llamó a la puerta del cuarto de mi abuela con exitación. En verano, manteníamos la puerta abierta todo el día, una cortina corrida sobre ella para preservar en cierto modo la intimidad interior, pero que dejaba correr el aire. Pero en invierno, la puerta se cerraba. Y en esta ocasión era invierno, debía ser Octubre o Diciembre. La familia de Merceditas había comprado un vídeo, el primero en el barrio, lo cual suscitó muchos comentarios por parte de los vecinos. Su familia apenas tenía lo justo para comer, con un padre desempleado y alcohólico y una madre limpiando escaleras para subsistir. Si a su marido le venía en gana, una buena paliza aseguraba que el fruto de su fregoteo fuera a parar a sus manos, y de ahí a las de Paco por una botella de Valdepeñas y unos cuantos carajillos por las mañanas. A pesar de ello, medio vecindario se presentó a visitar a la pobre Pepa para ver de cerca aquel objeto recién sacado al mercado.

Merceditas se iba a la cama muchas noches con el estómago medio vacío y las orejas calientes, pero con la mente llena de imágenes de Bruce Lee tras visionar películas a media tarde. El mismo día que le trajeron el aparato, un vídeo Beta cuya marca no recuerdo, corrimos felices por las calles oscuras de una tarde invernal, atravesando Columela hasta el Palillero, donde solíamos saludar a la abuela de Jose y Esme, que vendía periódicos en la esquina de la farmacia, aunque a esa hora ya había terminado su jornada laboral. Pasamos la Plaza de las Flores y nos metimos en Simago, primer videoclub oficial donde alquilar "modernas" películas. Creo que por aquella época nos tragamos todo lo Made in Hong Kong que tenían en stock, sin importar que algunas contuvieran una dosis más de sexo de la que era pertinente a nuestra edad. Merceditas era unos años mayor que yo, debía tener 15, y yo unos 10 u 11. Pero nos sentábamos en la cama de su madre, en la habitación que se dividía entre dormitorio y salita (durante el día hacían vida en la cocina, escuchando sin cesar a Carlos Cano en el viejo radiocassette), y mientras nos atiborrábamos de gominolas de dos por una peseta, nos tragamos cualquier cosa que alquilaran. El vídeo entonces nos parecía un aparato mágico, único, irreal. Una revolución tecnológica inigualable. Su vídeo Beta cargaba las cintas mediante una pestaña superior, era todo plateado y brillante, y nos maravillaba poder tener esas películas y detener la imagen cuando nos viniese en gana, pausar al actor de turno a media frase y observar su gesto con los ojos medio cerrados y la boca abierta. Más de una vez nos revolcamos por el suelo partidas de risa.

Aunque di la tabarra a mis padres para comprar un vídeo, no entró ninguno en casa hasta 1982, un VHS. Para entonces el Beta se había convertido en un artículo obsoleto con una selección muy limitada de cintas y un futuro en extinción. De hecho, el video que compraron mis padres, un Panasonic, aún funciona como el primer día, aunque su uso ha sido suplantado por el del Dvd.
Pero la magia del primer vídeo nunca retornó jamás.

sábado, 26 de julio de 2008

LAS MUÑECAS TAMBIEN SABEN DE RELIGION

Hace una semana o así he abierto un nuevo blog (que encontraréis a la derecha) para mostrar mi colección de muñecas. Va a tomar tiempo colocarlas todas, y sus complementos y cosas varias, pero para las que estamos interesadas en el tema (que somos muchas), creo que es un buen lugar para poder compartir material y ver fotos de lo que tenemos. Ya he puesto también en un apartado algunos de los blogs muñequiles de mis amigas, y si alguna se va abriendo alguno, no tiene más que decirlo y se añadirá a la lista.
El caso es que en este blog apenas escribiré nada, simplemente pondré fotos y algún comentario aclaratorio donde sea necesario. Pero para ilustrar a la muñeca Fulla hice un post, porque esta muñeca tiene historia. No es una Barbie. No es de la casa Mattel. Se parece a Barbie en cuanto a que es de la misma altura y tiene figura de sílfide, pero, por ejemplo, es menos pechugona. Es una muñeca diseñada por y para el mercado musulmán, debido a todas sus creencias y restricciones para con la mujer. ¿Que creíais que una muñeca era un simple trozo de plástico inánime con funciones lúdicas? Pues no. También puede ser un objeto destinado a educar política, religiosa y culturalmente a las niñas de los países islámicos.

Así que he decidido reproducir el post aquí porque no mucha gente visitará el otro blog, siendo absoluta y exclusivamente de muñecos. ¿Una afición un tanto peculiar o lunática? Quiza. El coleccionismo es variado y complejo. Hay quien colecciona sellos de a peseta, vitrolas o estampitas. El frikismo es variado. Pero es un coleccionismo caro que no todo el mundo puede permitirse. Una Nancy puede llegar a costar 200 euros, dependiendo de su estado y año de fabricación. Las Lissis casi han desaparecido del mercado, asi como las Core, y cuando aparecen por ebay tienen precios totalmente abusivos. Otras muñecas vienen de diferentes partes del mundo y no son fáciles de conseguir. Las que ayer aún se podían encontrar a buen precio, están subiendo poco a poco.
¿Crisis? ¿Quién dijo crisis?




Fulla es la respuesta islámica a la Barbie, y se comercializa en los países arábigos. El concepto de este tipo de muñeca comienza sobre 1999 aunque no alcanzó las jugueterías hasta el 2003. Fulla fue creada por fabricantes de Damascos y la compañía juguetera NewBoy Toys. Fulla se vende en China, Brasil, el Norte de Africa, Egipto y tambien en EEUU. Pero la idea no es nueva, ya con anterioridad existían muñecas con hijab, como Razanne y la Barbie Marruecos, pero no se hicieron tan populares como esta. Fulla ha crecido convirtiéndose en un modelo para los islamistas, mostrando a sus hijas cómo deben vestir y comportarse.
En un principio Fulla salió al mercado con ojos negros y cabello oscuro con veteado rojizo, pero más tarde fueron sacando versiones con el cabello y ojos más claros. La vestimenta original era la abaya y el velo negro en la cabeza para el mercado saudí, y se comercializaba sin velo en otros países para no parecer "extremista". En países más liberales, aparece con abrigo beige y velo blanco. Debajo, los vestidos han evolucionado hasta colores más vivos, pero los hombros siempre se cubren y la falda debe sobrepasar las rodillas, como marca la tradición de un país donde la mujer debe mostrar tan poca piel como le sea posible.




Barbie fue prohibida en los países Saudíes al promover valores que su sociedad no compartía, y de este modo Fulla se convirtió en una alternativa rentable. Su nombre se debe a una flor de jazmín con agradable fragancia que sólo es posible encontrar en el Medio Oriente. Su personalidad es definida como "agradable, honesta, considerada y respetuosa de su padre y de su madre. Es buena con sus amigos. Es honesta y no miente. Le gusta leer. Le gusta, antes que amar, la moda. Tiene dos amigas, Yasmeen y Nada, y un hermano y una hermana pequeña". Se está creando un hermano mayor y protector para ella, así como la Fulla Doctora y la Profesora, dos carreras consideradas "respetables" por sus creadores. Lo que no tiene es un novio, porque los musulmanes creen que no es un valor islámico. Sus creadores piensan que los padres musulmanes se enfadan con los valores occidentales en cuanto a sexo y el papel de la mujer , y por ello Fulla ha de mostrar valores tradicionales islámicos. Sin embargo, sí tiene un amplio armario además de la hijab, que reflejan el vestir diario de las mujeres de hoy en Oriente Medio.
En Arabia Saudí, Fulla es anunciada en Tv con un spot animado en el que se muestra a la muñeca en su día a día, orando a la salida del sol, cocinando tartas, recibiendo a su amiga o leyendo en la cama por la noche.



Algunos padres islámicos son de la opoinión de que si las niñas se acostumbran a usar el velo en sus muñecas, no dejarán de usar la hijab ellas mismas. En total, y hasta el momento, se han vendido más de un millon y medio de estas muñecas, consideradas un modelo para la infancia musulmana. Y la muñeca en cuestión no es barata, si consideramos que el ingreso medio de los países a los que va destinada Fulla es de $3100 y la muñe cuesta $10. Pero hay una versión más económica de la misma empresa, llamada Fulla Style. Al parecer en China se ha fabricado otra similar, llamada Fulah, que se vende en una caja muy parecida.

Fulla se vende también con una serie de complementos como paraguas, relojes, bicicletas, cámaras, reproductores de Cd, etc., etc., y tiene su propia página web , donde se pueden visualizar algunos de los comerciales de los que os hablaba más arriba.

ALGO UN PELIN DIFERENTE



Descubrí a este grupo hace poco menos de un año, aunque llevan más de media década grabando discos, utilizando canciones hiper conocidas y dándole ese sonido gregoriano que a algunos gusta y a otros saca de quicio. A mí particularmente me gustan bastante. Os dejo un vídeo que a Ana le va a sonar mucho. Las calles de Santiago nunca tuvieron mejor uso.




Para el que aún no los conozca, se llaman Gregorian y Youtube esta repleto de clips con sus versiones de Brothers in Arms, Voyage Voyage, With or Without You, The Sound of Silence, My Inmortal y muchos más.

DARK KNIGHT

Anoche fuimos a verla....





...simplemente sublime.

viernes, 25 de julio de 2008

COMETA




Se liberó la cometa de las manos de su celador. Voló a la merced del viento, se elevó, descendió, planeó, disfrutando de la brisa fresca que hacía aletear los lazos de su cola de plástico. Ascendió hacia el cielo, feliz, libre, sobrevoló las nubes y vio el cielo alejarse, más... y más... Y entonces se dejó caer, con la misma soltura con la que había subido tan alto que ya no podía divisar el suelo, ni las copas de los árboles, ni el verde del césped del parque.

Se enredaron los hilos en torno a su cuerpo romboide, agonizó en el aire estrangulado por sus lazos de colores.
Su cuerpo inerte yació en el suelo durante horas. Llego la noche, cayó el silencio, amaneció de nuevo.
Lo encontro allí una niña, encogido sobre la hierba como un pajarillo de alas rotas, y con paciencia, retiró el cordel, alisó sus alas, limpió sus heridas.

Hoy vuela feliz sobre el cielo azul, asido con fuerza al hilo de su vida.

miércoles, 23 de julio de 2008

DOÑA CONCHA (RELATO)





Doña Concha era muy adusta. Siempre lo había sido, mucho antes de que se añadiese el doña y se acortase el nombre. Conchita había sido, más que seria, antipática. O como su padre decía, un cardo borriquero.

Había sido una grata sorpresa para la familia cuando Conchita decidió casarse con el panadero del pueblo, porque nunca se le había visto mozo que le hablara. Conchita había conocido al panadero en un baile en el corral de doña Paca y decidió que ya era hora de independizarse de sus padres.

Con los años, aprendió los entresijos del pan en todas sus variedades, sin rechistar, sin decir nada, porque su marido, aunque tenía un carácter afable, también tenía una suculenta cuenta bancaria que sería suya algún día, a pesar de que sabía que Pepón se gastaba los cuartos en la tasca de don Manuel y no le hacía ascos a la camarera en el almacén.

Cuando Conchita, ya transformada en doña Concha se quedá encinta, decidió que tenía bantante de harinas y levaduras y se dedicó a criar a su hija con tal seriedad que más que madre creció siendo su carcelera. Cuando Pepón murió de un infarto en brazos de la camarera, vendió la panadería y se compró la gran casona del monte, alejada de todos aquellos paletos con los que había convivido tantos años, se dedicó a contar billetes y a vivir de los sueños que nunca tuvo. Su hija, María, creció en una casa de jardines descuidados, ventanas cerradas y juguetes escasos. Tan escasos como el amor que le prodigaba su madre.

María fue a la escuela, donde fue sometida a burlas y malos tratos por parte de sus compañeros. Maria era una niña rara, que no sabía ninguno de los juegos de los otros niños. No sabía saltar a la comba, ni el arte de esconderse, ni sabía de cuentos infantiles.
Su madre le dijo que nunca tendría amigos y que eso era lo que había, le gustase o no. Su madre tuvo razón.

María se convirtió en una adolescente desgarbada, ni gorda ni flaca, sin curvas, de cabello inánime y mirada opaca. Estudió para maestra de escuela bajo el criterio y la elección de doña Concha, "que sabía mejor de nadie lo que era mejor para ella", a pesar de que a María no le gustaban los niños. De hecho le aterrorizaban, fobias acumuladas desde su infancia en las aulas.

Doña Concha no le permitió acudir al baile de graduación. No quería que perdiese su tiempo encariñándose de algun ganadero, tendero o boticario del pueblo, su hija merecía más que eso. Su hija heredaría toda su fortuna el día de mañana.

Y María no fue a ese baile, ni a ningún otro, y los años pasaron con su título de maestra cogiendo polvo en el viejo marco de madera, colgado de la pared de papel antiguo del comedor, mientras doña Concha se quejaba de su ciática, y de su lumbago, y de lo mal que tenía la vista.

Los largos cabellos de María, tan deslucidos como el empapelado, se hicieron canos mientras se decía que se debía a su madre, que ella sabía "lo que era mejor para ella".

María veía a las parejas pasar por delante de la valla de la casa, de camino al prado, a disfrutar de picnics y besos apasionados mientras ella sálo leía del tema en sus desgastados libros de amor. María suspiraba por el lechero, que traía una botella de desnatada, una de entera y media docena de yogures cada dos días. Y suspiraba por el chico de las bombonas de butano, que era demasiado joven para ella y mascaba chicle sin parar, algo que doña Concha sin duda censuraría. Y suspiraba en sueños, mientras sus manos volaban al msmo ritmo que su imaginación y al primer atisbo del alba corría colina abajo a confesarse en la iglesia, y no podía evitar suspirar por el nuevo párroco, de ojos azules y cabello prematuramente gris.

Suplicó a su madre que la dejara viajar a la capital, un tiempo, a visitar a sus primos. Pero doña Concha guardó silencio todo el día, su mirada fija en la chimenea, y al caer la noche le dijo que no podía irse. ¿Quién cuidaría de ella? ¿Quién la ayudaría a bajar las empinadas escaleras, le prepararía sus comidas y le haría la cama? De seguro ella no podía hacer todo eso, ¿es que no le importaba su ciática, su lumbago, el mal estado de sus ojos y su estómago delicado?

-Pero madre, algun día tendrá usted que buscar a alguien que la cuide, yo no voy a estar aquí para siempre. Quiero casarme, y tener mi propia casa, y...
-Tú no harás nada de eso -los fríos ojos de doña Concha se clavaron en ella, segura, firme.
-Pero madre...
-Tú no estás hecha para el mundo de ahí fuera, no estás hecha para vivir una vida que no te corresponde. Tu morirás sola, María. Sola. Mírate. ¿Quién se molestaría siquiera en mirarte?

María corrió espantada a su cuarto, las palabras de su madre retumbando en sus oídos. Morirás sola. Sola. Sola. Se miró en el espejo para ver que ya no tenía 15 años, ni 20, ni 25. El tiempo había pasado por ella como el sol en tierra árida y el agua ya no regaría aquella planta marchita.

Recordó cuando, a los 16 años había hecho la maleta y tratado de escapar de casa. Su madre la había encontrado en la puerta principal, intentando abrirla sin éxito. Estaba cerrada con llave, y María nunca había tenido llave de la casa. Al volver de la escuela cada tarde su madre la esperaba en la veranda.

Recordó a los 22, cuando el ayudante del pintor que vino a repasar los techos le guiñó un ojo y le dio conversacion sobre una taza de café. Al día siguente ya no regresó. Su madre se había quejado de su comportamiento.

Recordó a los 30, cuando le habían venido a ofrecer un empleo en la escuela del pueblo, y su madre le había dicho que merecía mucho más educar a un montón de palurdos malcriados. El trabajo se lo habían asigando a Margarita, la hija del alcalde, y gracias a ello había conocido al apuesto profesor adjunto que vino como soporte. María se dijo que de haber aceptado, ahora sería ella la esposa del guapo maestro y sería dueña y señora de la casa del valle, con sus jardines floreados y su estanque con peces de colores.

Y María odió a su madre. La odió con todas sus fuerzas, con esa pasión que no había conocido en ningún otro terreno. Cuando la oyó llamarla para acompañarla a la cama, la arropó como hacía cada noche, temerosa de mirarla a los ojos y verse a sí misma. Bajó a la cocina a por su vaso de leche y las dos pastillas de costumbre y vio de nuevo su rostro reflejado en el cristal del mueble.

Y lo supo.
Supo que se convertiría en su madre, amargada, resentida y marchita. Enterrada en vida en una casa que caería sobre ellas el día menos pensado. Cogió de nuevo las pastillas del cajón y las molió deprisa en el mortero, en silencio, minuciosamente. Las añadió al cálido líquido blanco y subió presurosa, las mejillas arreboladas de excitación por primera vez en su vida.

A la mañana siguiente, María plantó rosas de todos los colores en el jardín, especialmente en la parte más alejada de la casa, sobre un montículo de tierra fresca removida, y plantó gladiolos, y margaritas y pensamientos. Y cuando hubo acabado, se lavó las manos en el fregadero, se las secó en al falda y salió despacio, cerrando tras de sí aquella puerta de la que nunca tuvo llave.

MAMMA SICILIA!


Si hay algo que me disgusta es abrir el periódico, digital o físico y leer sobre la muerte de algún actor conocido, sobre todo si está en mi lista de los más queridos, favoritos y/o admirados.

Estelle Getty es un rostro del pasado, no la he visto en mucho más despues del boom de Las Chicas de Oro, del cual hable aquí. Pero no puedo olvidar, ya no que la serie fuese todo un éxito de audiencia, sino sus afiladas y frecuentemente sarcásticas contestaciones para todo aquel que quisiera oirlas. Y a la vez, la ternura de ese personaje que no dejaba el bolso atrás ni para meterse en la cama.

Ha muerto una artista de la comedia después de padecer demencia senil, a los 84 años, seguramente riéndose de la sombra oscura que la iba envolviendo poco a poco. Quizá se olvidó de que fue actriz, quizá pensara que su vida era una comedia. A lo mejor incluso se olvidó de sus preciados galardones, conseguidos en 1986 y 1988 por la serie que nos la trajo a casa allá en los ochenta.

Me hiciste reir tanto, que ya me saltaste las lágrimas antes de irte...

MUNDY - JULY

Simplemente me encanta Mundy. De lo mejorcito de la música irlandesa del momento. Fuimos a verle en Dolans hace un par de años y deseando estoy que vuelva. Fantástico gig!!





Aún es Julio!!!