A veces las grandes ciudades ocultan tesoros pequeños y poco conocidos, y a veces esos tesoros son más valiosos por sus historias que por su valor arquitectónico o cultural. Es el caso de la Iglesia de St. Michan's. Arquitectónicamente no dice mucho, tampoco lo dice su tamaño ni el interior de su iglesia semidesnuda. El tesoro de esta iglesia fundada en 1095 y reconstruída en 1686 reside en las entrañas oscuras de sus criptas.
Es probable que en el mismo emplazamiento se elevara anteriormente una iglesia danesa, ya que el nombre de St. Michan pertenecía a un antiguo santo danés. Durante siglos St Michan fue la única iglesia en la parte norte del río Liffey.


Como digo, su interior no llama demasiado la atención. El órgano, que fue montado en 1724 es de los más antiguos que aún continúan usándose en el país y fue totalmente revisado y restaurado en 1952. Se dice que el mismo Haendel lo tocó cuando vino a Dublín para la puesta en escena del "Mesías". Bajo éste, se halla una bella talla de madera de un conjunto de instrumentos musicales esculpidos en un único bloque de madera.

A la izquierda del altar se puede ver el Banco de los Penitentes, que antiguamente era un reclinatorio donde se ponía un libro. En uno de los viejos manuscritos que se conservan aquí, se explica cómo se utilizaba y la historia del penitente Christopher Pell que fue conducido a la iglesia por uno de los mayordomos para que confesara públicamente. Pell había tenido una disputa con el clero a consecuencia del funeral de su hijo y se presentó ante el arzobispo de Dublín a explicar su conducta. Como castigo se le impuso penitencia pública en la iglesia. El escabel fue colocado en el pasillo central y el hombre se arrodilló ante el sacerdote allí sentado y confesó ante todos.

Las pilas bautismales datan de hace un centenar de años y han sido utilizadas para bautizar a un buen número de celebridades locales, se dice, pero las partidas bautismales originales se perdieron cuando la oficina pública de registros del cercano Four Courts (el tribunal) saltó por los aires en 1922 a causa del bombardeo ordenado por el Gobierno contra los rebeldes que se oponían al tratado.

Debido a estos mismos bombardeos, la vidriera original se rompió y fue reemplazada por un cristal ordinario, hasta que en 1958 se instaló la actual vidriera. El tejado también sufrió considerables daños y su mantenimiento ha sido bastante costoso a lo largo de todo este tiempo.
Y aquí es donde comienza la parte interesante de la visita. Por 4 euros de nada, te bajan a las criptas. Me habían dicho que el guía era todo un personaje, pero desde luego se quedaron cortos. Añade una teatralidad totalmente desmesurada que te hace llegar la historia, a la vez que te arranca una sonrisa y hace desaparecer ese sentimiento fantasmagórico del ambiente. En mi grupo había una pareja de españoles, tres alemanas y una pareja de italianos. El guía se encargó de repetir las palabras claves tres veces en cada idioma, de una manera bastante cómica. También se aprecia un cierto conocimiento futbolístico en este señor, que no dudó un momento en hacer comparaciones entre equipos para explicar ciertos hechos de la historia.

La bajada no es fácil, y su ubicación recuerda a la de los sótanos de las casas americanas donde uno se encierra en los minutos anteriores a un tornado. Las compuertas de hierro chirrían al abrirse. Las escaleras de piedra poseen unos peldaños de unos treinta o cuarenta centímetros y se encuentran bastante desgastadas. Aún así, no suponen un verdadero peligro y si acaso, le dan ambinete a la visita.
Todo el subsuelo bajo la iglesia está compuesto de pasadizos intrínsecos donde se apilan tumbas de familias enteras. Para la visita pública sólo se pueden recorrer dos de las galerías.

El suelo del pasillo de la cripta está cubierto de pedruscos y arenisca, y he de decir que mis botas no han sobrevivido la experiencia. Entre esto y la posterior caminata hasta la antigua cárcel, las botas no han regresado a Limerick.
A ambos lados de la galería se abren diversas cámaras, pertenecientes cada una a una única familia. Están a oscuras porque a día de hoy, permanecen "activas". Es decir, según la ley, como estas cámaras han sido pagadas por las familias, mientras el apellido exista y un descendiente quiera ser enterrado ahí, no se pueden tocar, ni cambiar ni mostrar. Todavía existen familias que poseen una llave de la verja de hierro de acceso a la cámara sepulcral. Pero se puede mirar en la penumbra y ver una serie de ataúdes colocados unos encima de otros y algunos, en bastante buen estado de conservación. Se puede hasta apreciar el terciopelo que cubría la madera y los clavos de cobre que la unían.
Al fondo a la izquierda se hallan las cuatro momias expuestas, que son anónimas y pueden por tanto mostrarse. Estas pertenecen a otra antigua cámara. Bajo el peso de los ataúdes colocados unos encima de otros, algunos se colapsaron sobre sí mismos, expulsando de su interior a estas momias, dos masculinas y dos femeninas. Fue debido a este accidente que descubrieron que los cuerpos se hallaban conservados con su piel, su cabello y sus uñas, y se decidió exponer a las mejor conservadas.
No es posible hacer fotos dentro de las criptas, pero sí pude al menos adquirir unas postales en la iglesia. El cofre de la derecha, sobre cuya tapa descansan dos cráneos relucientes, contiene presumiblemente otro cuerpo incorrupto, pero está prohibido por ley abrirlos. Otro cantar es si se pudre la madera y deja a la intemperie su contenido.

Los cuerpos no han sido en ningún momento embalsamados o sometidos a ningún proceso de conservación. Se hallaron tal cual y se han mantenido así debido a las condiciones naturales de la cripta. El aire allí es muy seco. Las paredes son de caliza y magnesio. El suelo emana gas metano, lo cual hace que nada se pudra sino que se seque. El único indicio de vida en el interior de estos túneles son las telarañas que cubren algunas de las criptas. La temperatura es la misma todo el tiempo, en invierno o en verano. La iglesia está construida sobre terreno que anteriormente había sido pantanoso y hay en el aire un relatívamente alto nivel de metano que actúa como agente conservador. Es difícil, según el guía, expicar por qué se conservan los cadáveres, quizá pueda ser debido a esta sequedad ambiental o al hecho de que existió un bosque de robles muy cerca, aunque a mí esto último que me lo expliquen, que yo soy de letras.
Como digo, el guía explicaba todo con un aire dramático, poniendo voces, suspirando lánguidamente, y poniendo caras divertidas. Así, nos explicó con todo lujo de detalles que la momia del extremo izquierdo pertenece a una mujer, una monja, pues se la colocó de lado en el ataud con las manos juntas en oración. El del centro tiene los pies y una mano cortados. Desde que en las iglesias, antes de que las familias pagaran para ser alojadas en la eternidad aquí, sólo se podían enterrar hombres santos y de la iglesia, se cree que pudiera tratarse de un criminal arrepentido reconvertido en sacerdote. El hecho de que tenga la mano cortada indica algún tipo de castigo, frecuentemente por robo. El detalle de los pies cortados tiene una explicación: el muerto medía dos metros y no cabía en el ataud, por lo tanto en estos casos era práctica común cortarles los pies.
La momia de la derecha es una mujer, pero su identidad permanece anónima. Al fondo, la momia que apenas se ve, es la más interesante. También medía dos metros, y se sabe que era un caballero templario (la momia es conocida como El Cruzado), porque a los caballeros templarios se les solía cruzar los tobillos en homenaje a la cruz. Este tiene las piernas cruzadas a la altura de las rodillas, porque al ser tan alto (también casi dos metros), se le rompió las piernas y se las doblaron bajo sí mismo. Esta momia presenta un dedo roto, el de la mano derecha, y dice el guía que era porque se creó la tradición de acariciar la mano y el dedo de la momia por los visitantes, ya que al parecer da buena suerte al que lo hace (se me olvidó comprar la lotería, mira tú por donde), y al parecer debido a tanto tocamiento, el dedo se rompió... o quién sabe si se lo rompieron "como recuerdo".
El caso es que ante nuestra cara de consternación (todos habíamos ido allí con la morbosa intención de tocar la momia, es lo que da fama a la iglesia), y una vez más haciendo uso del dramatismo que le caracteriza, aseguró que por ser nosotros -y únicamente nosotros-, apartaría la reja de seguridad y nos dejaría entrar en la recámara a tocar al cruzado -eso sí, sin tomarnos demasiadas confianzas ni despertar al hombre de su siesta-.
Mirarle a la cara, impresiona. Esos cuatro pelos aún adheridos al cráneo recuerdan mucho a las peores películas de serie B que he visto, especialmente el gesto con la boca abierta y sus dientecillos intactos. Tocar la mano es como tocar madera y no da repelús ni nada. De cerca, uno puede ver con facilidad dónde termina la tela y dónde comienza la piel, y en el caso de la mujer "anónima", hasta se pueden ver alguno de los órganos interiores. La monja conserva las uñas de los pies (le habría hecho falta un recortito).
Terminada esta parte de la visita, nos llevan a la segunda cripta. Aquí se encuentran varias recámaras, muchas de las cuales aún están en uso. Hay una que pertenece a una familia aristocrática todavía con descendientes en la ciudad. La primera, y la más interesante, es la que alberga los cuerpos de los hermanos Henry y John Sheares, dos héroes de la revolución de 1798 que fueron ejecutados ese mismo año. Tampoco se quedó corto el guía en explicarnos cómo se las gastaban los ingleses para castigar a los rebeldes irlandeses o a cualqueira de sus enemigos: quien haya visto Braveheart o conozca la vida y muerte de William Wallace lo sabrá, aunque en la película fueron bastante comedidos. A los hermanos Sheares los ahorcaron, pero antes que murieran los bajaron, les sacaron las entrañas y las quemaron ante sus ojos (todavía conectadas a su cuerpo), y tras ello los degollaron y cortaron sus cuerpos en cuartos. ¿Agradable, eh? En esta misma recámara también puede verse la máscara mortuaria de otro gran héroe irlandés: Wolfe Tone, que fue detenido durante la revolución a su vuelta de Francia y que se degolló a sí mismo en prisión antes de dejar que le torturaran o le ajusticiaran como a los demás.


Pero hasta el cementerio de la pequeña iglesia tiene su propia leyenda. El reverendo Thomas Gamble, eclesiástico de San Michan acompañó al patíbulo a otro famoso líder revolucionario, Robert Emmet, y después de la ejecución corrió el rumor de que éste fue enterrado en el cementerio. Se dice que su tumba no está marcada. En este mismo cementerio y bajo la misma sepultura yacen los restos de Oliver Bond y del Reverendo W. Jackson. Uno de ellos escapó a la ejecución ingiriendo veneno en el banquillo de los acusados y el otro murió de unas fiebres mientras estaba en prisión.