
Pero volvamos a nuestra primera noche en Edimburgo...
Antes de hacer el Tour nos tomamos un par de cervezas en la Royal Mile y el último bar al que fuimos (excelente, por cierto), fue el Deacon Brodie. William Brodie había sido un fabricante de armarios, diácono de la sociación de comerciantes y concejal del ayuntamiento de la ciudad durante el día y ladrón por las noches. Utilizando su trabajo durante el día, aprendía de los mecanismos de seguridad, y como una de las partes de su oficio era reparar y hacer cerraduras para los armaritos y puertas, conocía su funcionamiento bastante bien. Su historia completa se encuentra aquí, y parece ser que su historia inspiró a Robert Louis Stevenson la historia de su Extraño Caso de Mr. Jekyll y Mr. Hyde, ya que el padre del escritor tenía algunos muebles fabricados por Brodie.
En 1786 Brodie planeó un atraco importante que acabó con la detención de uno de los miembros de su banda que para salvar el trasero denunció a todos los implicados, y aunque Brodie escapó a Holanda con la intención de embarcarse rumbo a Estados Unidos, fue detenido en Amsterdam y ahorcado el 1 de Octubre de 1788 utilizando la horca que el mismo Brodie había diseñado y financiado el año anterior, y su ahorcamiento dio lugar también a leyendas urbanas, como que había utilizado un collar de acero alrededor del cuello para evitar la muerte y que se le había visto posteriormente en París viviendo la buena vida...
Mientras estábamos sentados convenientemente junto a la ventana con vistas al Royal Mile, nos dimos cuenta de que muchos de los que pasaban frente a la estatua de David Hume en la esquina, se detenían a tocarle tenuemente el dedo gordo del pie, que de tanto tocamiento está superbrillante. Al parecer trae suerte a los estudiantes, o eso se dice...
De allí nos fuimos, como comenté al principio a realizar nuestro tour fantasmal. al llegar ya había un nutrido grupo de participantes esperando y preguntamos si era el Tour de los Subterráneos. El chico nos dijo que ese era a las 8 y costaba £9.50, pero que él además del cementerio de Greyfriars pasaba antes por los subterráneos y así hacíamos dos tours en uno por el módico precio de £12.50. El guiri y yo nos miramos y asentimos. Craso error.
He de decir que el guía, Kev -una copia más jóven de Quentin Tarantino en rubio-, hacía muy bien su trabajo y tenía la voz adecuada para ello. Nos guió a través de callejones escondidos e imposibles mientras nos explicaba la historia de los mismos, como que en el siglo XVIII las casas que ahora tienen una altura máxima de cuatro pisos antes tenían de catorce a veinte, convirtiendo Edimburgo en una pequeña ciudad de rascacielos, y es que al parecer sobre los edificios originales medievales de piedra, se construyó hasta estas alturas pero en madera. El tiempo, los grandes vientos y fríos invernales de la región acabaron con muchos de ellos, y el gran fuego que arrasó la ciudad años ha, terminó con los que quedaba.
También nos habló de esa peculiar manera de deshacerse de los excrementos de todo tipo con un "agua vaaa" desde las ventanas, práctica común principalmente porque las viviendas carecían de "toilets" al uso y en cada casa había un cubo en un rincón a donde iban a parar cualquier clase de desperdicio, y cunaod digo cualquier, me refiero a todo: en el mismo cubo a lo largo del día se tiraban restos de comida, se orinaba y hacían cualqueir tipo de necesidad, se disponía de las ratas muertas... y como el cubo al llegar la noche pesaba un quintal y no era plan de bajar desde el piso 15 o el 20 o el sexto con tanto peso y luego volver a subir, simplemente se abría la ventana y se arrojaba -avisando antes-. Las callejuelas, al estar en cuesta, derivaban todos estos desperdicios calle abajo, done hoy hay edificios, y que antiguamente era un río de excrementos y suciedad.
En teoría nuestra siguiente parada eran los subterráneos del South Bridge, construidos en el siglo XVIII bajo dicho puente para cobijar espacio de almacenamiento para los taberneros, zapateros y otros profesionales que tenían negocios cercanos, pero según los túneles comenzaron a deteriorarse debido a la humedad y siendo abandonados por los comerciantes, fueron utilizados por los más pobres y miserables de la ciudad como lugar de alojamiento. Para acceder a dichos subterráneos nos llevan por callejuelas estrechitas y muy muy oscuras (tengo que decir que Edimburgo, de noche, es una de las ciudades más oscuras en las que he estado, sin demasiadas farolas ni edificios iluminados).
En dicha calle, lo más horroroso que ví fue este ornamento-lampara que parecía de papel (lo dudo o duraría medio telediario bajo la lluvia), en el lateral de un pub-restaurante de nombre dudoso (creo que estabamos en Cowgate o cerca)
Entrada a los túneles. La cosa prometía... (modo irónico ON)
Hacinados como cochinos en lo que parecía ser una bodega, comienzan los recuentos de historias fantasmales de las que perdí el hilo, demasiado concentrada en asegurarme de que no había nadie detrás mía a quien empujar en caso de querer salir corriendo. Elguía, de todos modos, estaba avisado de mis circunstancias desde el principio del tour cuando le pregunté si íbamos a estar mucho tiempo apretaícos allí abajo y me dijo que de encontrarme mal no dudara en decírselo que me sacaba. No fue necesario... a pesar de que el guiri no las tenía todas consigo y estaba preocupado de que en cualquier momento me convirtiera en la niña del exorcista y asustara al resto de "turistas" creyendo que algo o alguien me había "poseído"... Pero no llegaría la sangre al río...
De la primera cámara nos llevaron a una segunda, donde descubrimos una extraña presencia:
Es aquí donde nos cuentan la historia más interesante del tour y es cómo en estos túneles se alojaban cada noche hasta treinta personas para dormir (algo difícil dde imaginar porque cada cámara es realmente pequeña. Pues bien, Edimburgo ha sido destruida por el fuego en varias ocasiones a lo largo de los siglos. En uno de estos incendios, muchos ciudadanos corrieron a refugiarse en los subterráneos bajo la certeza de que el puente, al ser de piedra, no se quemaría. Ignorantes ellos, no contaron con que la piedra es un conductor ideal y murieron asfixiados y "cocinados" al convertirse el lugar en un gigantesco horno. Posteriormente se construirían conductos para evitar que esto sucediese de nuevo.
Es en esta recámara también donde se dice que dos canadienses llegaron a los túneles en unas excavaciones y que quedaron atrapados en la oscuridad sin poder encontrar la salida. Cuando finalmente lo hicieron, tenían el cuerpo cubierto en arañazos, con la particularidad de que eran de tres en tres, es decir, tres líneas de arañazos, auqnue no habían sentido nada, ninguún tipo de dolor. Y naturalmente, esto ha dado lugar a "múltiples" casos similares...
Antes de partir, Kev nos avisó que muchos visitantes suelen sentir algo en esta estancia en concreto, y nos animó a decirlo si así era. Si sentíamos frío, o alguna sensación diferente, y yo comencé a sentir algo y quise gritar...
¡¡Me hago pis!!
Puta cerveza...
Acabado el recorrido -brevísimo y muy oscuro de los interiores del puente, más paseítos por media ciudad de callejuelas estrechitas (parecía Cádiz ojú) y más escalones para arriba, sieeeempre para arriba. Destino: Greyfriers.
Visita obligada a Bobby, el perrito más famoso de Edimburgo, un Canelo escocés que durante catorce años vivió junto a la tumba de su dueño. La escultura (mucho más pequeña de lo que parece, si no sabes dóndce está casi que no la ves) se encuentra frente al pub Greyfriers, situado a su vez junto a la entrada del viejo cementerio. (El bar también lo visitamos, conste, que hay que probar la cerveza local).
Curiosamente justo frente a la verja de entrada del cementerio se halla una gran lápida a Bobby, que mucha gente cree es su lugar de enterramiento. Sin embargo esto no es así ya que no se pueden enterrar animales en cementerios humanos. Aún así, mucha gente deja juguetitos y cositas para Bobby (!!)
Tras estas verjas -y después de dejar ciegos con mi flash a la mitad de los visitantes-, se encuentra la parte que dicen es la más embrujada del cementerio, donde tiene lugar el poltergeist de MacKenzie. Yo seguía haciéndome pis...
Tras atravesar las chirriantes portezuelas hay dos árboles a cada lado a los que llaman "los centuriones". Según el guía, los espíritus no se atreven a cruzar a través de ellos, así que nos hicieron esperar antes de cruzar esa invisible barrera que nos separaba del mundo en el que los espíritus se entretienen aterrorizando a turistas por la noche mientras el guía -aparentemente- cerraba la cancela a nuestra espalda. Y digo aparentemente porque a la salida estábamos esperando ante las rejas como pasmarotes y nos dijo que abriéramos la de la derecha (!?).
Nos encerraron en el Mausoleo Negro, lugar donde se "registró" el famoso poltergeist, a pesar de que aquí nunca estuvo enterrado Mackenzie y no se sabe de quién era este lugar de última morada. La historia del mismo dice que un mendigo se refugió allí para pasar la noche, que estaba bastante tormentosa y que descubriendo los ataúdes, empezó con una piedra a golpear una de las tapas, para ver si había algo de valor dentro.
Alertado por el ruido, el vigilante y su perro se dispusieron a investigar, y justo entonces, el suelo cedió bajo el mendigo, haciéndole caer en una fosa cuya existencia se desconocía llena de esqueletos y restos humanos y el pobre vigilante al llegar y ver a un tío gritando intentando salir de una fosa llenita de cadáveres empezó a gritar tambié, el perro a ladrar enfurecido y el mendigo al oir los gritos y ladridos a gritar más fuerte...
Puede que fuera esto lo que "activase" el poltergeist de Mackenzie, que fue al parecer un poquito hijo de puta. George Mackenzie fue un abogado y Lord Advocate durante el reinado de Charles II y su violencia torturando y matando a los conocidos como "covenanters" (los seguidors del Pacto para la introduccion del Libro Inglés de la Oración Común, un libro Episcopaliano), le valió el apodo de "Sangriento Mackenzie". Cuando murió en 1691 fue enterrado en el mismo suelo que aquellos a los que había torturado.
Y se dice que debido a todas las cosas horribles que hizo en vida, no pudo descansar en su muerte. Antiguamente los niños solían entrar en el cemterio y llamar a la puerta de su tumba canturreando: "Mackenzie el Sangriento, sal de tu agujero, levanta la tapa y abre el cerrojo" o algo así. Luego corrían antes de que su cadáver se levantara de su ataúd (criaturitas!).
El primer ejemplo de poltergeist sucede, pues, tras el incidente del mendigo cuando una mujer que miraba a través de la cancela de hierro fue tirada al suelo literalmente por una brisa de aire frío. Y se dice que ha atacado a cientos de turistas, cientos.
Con nuestro tour se portó bien. Dando por concluido el itinerario, nos disponíamos a salir caundo el guía se volvió para guiarnos fuera y de pronto se vuelve y grita un "Boooo" que hizo gritar a casi todo el tour. Ni el guiri ni yo gritamos, la verdad, ya me temía un truco así y además yo estaba muy ocupada pensando que menos mal que ya se había acabado y quenosvamosdirectosalgreyfriarspubquememeoooooo...
Cosas de la luz... siempre que voy a tours dicen que en la mayoría de fotos salen órbitas que son fantasmas y blablabla, nunca me ha salido ni una destello, pero en esta foto... ¡tengo una órbita! Ahí, en el cielo sobre la iglesia del cementerio... no era noche de luna... debe ser una mota de polvo en la lente... muajuajuajua...
¡Qué gusto tras ir al baño! Nunca más hago tiempo para un tour bebiendo cerveza... ufff ¡Qué susto!