
sábado, 10 de mayo de 2008
PERLITAS

GUIRI AQUI Y GUIRI ALLI

Hasta que no encuentre la casita de mis sueños y me convierta en una pesada que, como una novia ñoña y obsesionada, no pueda dejar de hablar del tema en cuestión.
Lo que me molesta es no saber pertenecer. Tal vez nunca pertenecí ni a la ciudad que me vio nacer y corretear por las calles con nombres de generales, y perderme por las empinadas y estrechitas calles de telefilm pirata. Por más que me conozco la historia de mi Cádiz y la recito casi de carrerilla cuando he llevado a alguien y me ha tocado hacer de cicerone, creo que en el fondo no he pertenecido a ella jamás. O tal vez sabía, en el fondo de mi corazón, que no iba a pertenecer a ella en el futuro y no deseaba encariñarme demasiado con su cielo, su aire y su mar para después poder decir orgullosa que no me da añoranza el vivir tan lejos.
En Cádiz sólo viví veinte años de mi vida, que se dicen bien pronto, pero pronto se fueron, empleados en la tarea de vivir una infancia efímera, una adolescencia tormentosa y convertirme en mujer tan rápidamente que ni me di cuenta. Luego pasé seis años en un pueblo de la costa gerundense, donde de cierto, jamás pertenecí, ni quise pertenecer, ni llegué a integrarme. Seis años que ni fueron felices ni gozosos, ni tampoco terriblemente horribles, pero de los que no guardo ningún particular afecto. Desde allí me embarqué en una aventura sin nombre en Canarias que sólo duró tres meses y de la que no me gusta hablar. Allá no me dio tiempo ni a plantearme si iba a pertenecer o si siquiera deseaba pertenecer. Y volví a un Cádiz que ya sí que no sentía mío. Mi mezcla de acentos, además, desconcertaba a la gente y estaba cansada de tener que explicar a los que acababan de conocerme que yo era de allí, de Cái-Cái. Pero lo cierto es que la mezcla de "maca-muiaia-quilla" no casaba demasiado bien y sabía que el final se acercaba a pasos agigantados.
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Y ante tal disyuntiva, decidí volar a pastos mas verdes, tan verdes como los de Irlanda, donde ahora tampoco sé si pertenezco. Aquí, claro está, al menos soy guiri de condición. El problema es que cuando voy a Cádiz, o a cualquier punto de España, me sigo sintiendo extranjera, guiri perdida, en mi propio mundo.
Recuerdo una tarde de Septiembre en un autobús en Cádiz. Me sonó el móvil, alguien me llamaba desde Limerick. Hacía mucha calor e iba abanicándome con un gran abanico rojo floreado. Yo, con mi conversación en inglés. La señora del asiento de enfrente, mirando sin tapujos, de esas miradas que parecen querer leerte, ya no sólo el pensamiento, si no el alma entera. Se inclina hacia el marido sin dejar de mirarme y le dice: "Fíjate tú, el arte de la guiri con el abanico, qué grassia, ojú".
Tal vez en algun rincón del Universo exista un lugar al que pertenezca, pero hoy por hoy no lo he encontrado y me da miedo vagar perdida por ahí, sin saber donde está lo mío, mi sitio. Dicen que tu hogar está donde está el corazón, y el mío desde luego esta aquí.
Hay cosas que se añoran y se desean, como la brisa del mar en el rostro, la caricia de las olas en los tobillos y la suavidad de la arena cálida. También es cierto que cuando tienes estas cosas 24/7 no las aprecias.
La comida no, eso ya no lo echo de menos. Antes sí, cuando llegué y me traía las maletas cargadas de productos de la tierra, porque aquí sólo habí coles y bacon y comida sin sabor ni condimento. Y yo soy de la era del Rico, rico de Arguiñano. Pero ahora ya son fáciles de encontrar y, de cualquier modo, ya se sabe que lo que gusta, invariablemente engorda.
Del resto, por fortuna, se encarga internet. O mis escapadas a cualquier punto de la geografía española cada dos por tres, o los amigos cuando escapan ellos. Si antes llenaba las maletas de latas de fabada, chorizos y morcillas, ahora lo hago de cómics de la infancia, libros y muñecos, de aquellas cosas que me pertenecieron en un pasado no tan lejanos. Porque al menos una cosa sí es segura: yo puedo no pertenecer a los sitios, pero hay objetos, olores, sonidos, fotos, libros y recuerdos que sólo me pertenecerán a mí.
Y así ha de ser.
viernes, 9 de mayo de 2008
LA CASA DE MIS SUEÑOS



REDADAS EN LIMERICK AYER

domingo, 4 de mayo de 2008
LIBROS DE SOBREMESA

Guardo como auténticos tesoros de mi biblioteca particular estos tres libritos, que pertenecieron a mi abuelo. Me los dio cuando yo era muy pequeña y me los leí de cabo a rabo, segura de dominar el mundo de la magia como complemento a mi caja de Magia Borrás. Nunca me deshice de ellos. El primero y el último de la foto (Las Cartas y Magia en Broma [ambos de Claudinet]) pertenecen a la Editorial Alas y estan marcados con 5 pesetas de precio en la tapa posterior. El librito de Quiromancia es de Ediciones Ibéricas y desconozco el precio.
Los de la Editorial Alas, fundada en 1923 por Ramón Salas Verdaguer en Barcelona, y que aún existe (se dedica exclusivamente ahora a publicaciones de corte deportivo), son de 1958 y muestran en la página inicial una serie de títulos que componía su coleccion "Especial". Entre otros, tenemos: Los 1000 mejores piropos, Chistes al por mayor, Cartas de amor, Aprenda Vd. a bailar, El arte de la ventriloquía, Vd. y los Sueños, Magia moderna, Cartomancia, Chistes y guiones de la radio, El arte culinario, y Cartas comerciales.
El librito de quiromancia y quirognomonia debe ser de la misma época, escrito por Leo Dumesnil, de la todavía existente Ediciones Ibéricas, fundada en 1927 por Juan Bautista Bergúa, prometía adentrarnos en el conocimiento del destino y el porvenir de las personas por las rayas de la mano.
Más actividades del Riverfest 2008


sábado, 3 de mayo de 2008
Limerick Riverfest 2008

Un año más y el aroma a carne a la brasa, a carbón ardiendo y humo llena el aire de un Limerick que se ha levantado con media sonrisa en el rostro. Si al principio el día amanecía nublado y amenazando lluvia, a media mañana ha resurgido de su habitual malhumor con un cielo azul apareciendo a intervalos entre las nubes y, aunque con brisa fuerte, lo suficiéntemente caluroso para cambiar el abrigo por una rebequita.



(el equipo asturiano: la trincona irlandesa, Silvia y Samuel, tras unos tequilas)
(el equipo valenciano en plena faena)


Humor, buen ambiente, comida, bebercio a tutiplén y buen tiempo para un festival que parece tomar mayor relevancia cada año que pasa, con más y más asistencia de un público cada vez más participativo. Mientras, al otro lado del río, el "mercado europeo" -antiguo mercado francés-, seguía ofreciendo sus aceitunas, mieles y quesos a precios abusivos (el año pasado acabé pagando poco más de 11 euros por tres cucharadas soperas de aceitunas de diferente tipo). Todo mezclado con la fragancia de gofres recién hechos, jabones, velas aromáticas y patatas cocinadas de diferentes maneras y servidas al momento, en un mercado que también ofrece plantas variadas, alfombras, suéteres de lana, lémparas, bisutería artística y dulces de diversa procedencia y variedad.
Un poco de luz y color en un Limerick gris y poco acogedor, a tenor de los últimos acontecimientos de feudos y matanzas entre bandas rivales sucedidas hace pocas semanas. Eso sí, destacar que la presencia policial, médica y civil ha sido numerosa.
miércoles, 30 de abril de 2008
Yo conocí al indio de Village People (El Rincón de Lar)

Mi tío, sólo once años mayor que yo, y al que idolatraba de pequeña, siempre tenía una historia que contar. Era una versión interesante de mi abuelo (más parecido al protagonista de Big Fish) con sus historias de legionarios, camioneros y peregrinos. Las historias de mi tío eran más actuales y frescas, y en muchos casos, no fue hasta mucho tiempo después que no me di cuenta de que eran todas un puñado de patrañas.
Porque vamos a ver, la casa donde vivía mi abuela, habiendo sido un convento y con todas sus historias de huesos infantes, de monjas asesinas y sombras por los corredores, no era difícil que me asustara con sus psicofonías de radiocasette caseras, y sus historias de despertar y ver cabezas de vikingos flotando en el pequeño cuartito (aunque yo a los doce años ya pensaba que estas "visiones" eran fruto de su borrachera de la noche anterior).
Una vez me dijo que había visto un ovni desde la playa, de noche. Y años después comprendi que en la Caleta, con dos porrillos, uno puede ver cualquier cosa.
Durante años creí que era amigo íntimo de Felipe, el indio de los Village People. Vivía en la Viña, y creo que incluso le conocí en persona. Claro que cuando tienes 9 años, cualquier calvo puede ser Felipe, una vez le quitas las plumas y la pintura de guerra. Habría sido diferente si me hubiese querido presentar al policia gay, porque por aquellos tiempos aquellos clubes se mantenían en secreto y estaban mal vistos. O cualquiera de los dos componentes negros, porque en el barrio de la Viña sólo se era negro en los 70 con pintura de Carnaval. Pero Felipe era perfecto. Ni alto ni bajo, calvo como una bola de billar y de piel aceitunada, poducto, sin duda, de los paseos por la vecina Caleta o El Campo del Sur, ese que se asemeja al Malecón habanero.
Naturalmente, aunque no le creí la noticia en un principio, la cosa cambia cuando conoces al tipo in situ un fin de semana y al volver al cole el lunes, ya eres el centro de atención en cuanto relatas la experiencia. Para cuando llegó el viernes, ya ni recordaba haber conocido a "Felipe". Y sólo fue años más tarde que me detuve a pensar en lo inocente que somos de niños, y lo pronto que nos dejamos seducir por historias glamurosas.
Mi tío, además, me aficionó al cine de Bruce Lee y me regaló mi primera cinta de los Pecos (cuánto daño hicieron en nuestros corazones adolescentes). Me ofreció mi primer cigarro sólo por el placer de verme toser hasta casi enfermar, y siempre me daba cinco durillos si le bajaba al "almacén" de Paco a comprar tabaco.
Y es, también, culpable, de que a día de hoy aún lleve en el Mp3 Los Grandes Exitos de Village People...
lunes, 28 de abril de 2008
Frases del dia...
"La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió."
"Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla."
"Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito."
"Bien acierta quien sospecha que siempre yerra."
"Creyendo lo peor, casi siempre se acierta."
"Cuando el avaro dice: tengo un tesoro, el preso dice: tenga una cárcel."
"Dijo la rana al mosquito desde una tinaja: más quiero morir en el vino que vivir en el agua..."
"Donde hay poca justicia es un peligro tener razón."
"El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien."
"El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen."
"El amigo interesado mira a su amor propio; el verdadero, sólo al bien del amigo."
"El amor es fe y no ciencia."
"El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo."
"El árbol de la vida es la comunicación con los amigos; el fruto, el descanso y la confianza en ellos."
Podeis hallar más en:
http://es.wikiquote.org/wiki/Francisco_de_Quevedo
Me quedo con las dos primeras.
De aquellos poemas eternos...
Me pregunto si aún siguen en el curriculum escolar. Mi asignatura favorita siempre fue Literatura, mi compañero inseparable, incitador a la lectura, el Senda, siempre con sus tapas color marrón. Uno de mis poemas favoritos, es este de Quevedo, precursor casi inapreciado del Calambur, juego de palabras basado en la homonimia, la paronimia o la polisemia. Aquel poema que nos hizo los ojos acuosos (Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja...).
Pero uno de mis favoritos de este gran poeta, siempre, por su rivalidad con otro de mis favoritos, Góngora, es el siguiente:
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un pez espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.
Duelo de sonetos consonantes, perfectos.
He rescatado mi viejo libro de poemas (no míos, de los clasicos), y volver a releerlos me ha transportado a la adolescencia, cuando los leíamos con cansina rebeldía bajo las sombras de las palmeras. Y cómo suspirabamos...
Volveran las oscuras golondrinas...