
En 1927 mediante la Intoxicating Liquor Act, quedaba estipulado que los Pubs debían cerrar forzosamente dos días al año: el 25 de Diciembre y el Viernes Santo. En estas dos fechas, la venta de alcohol es completamente ilegal, y mientras el Jueves Santo es uno de los días en los que más negocio hacen supermercados y off licenses del país para aquellos que nos aprovisionamos de etílicas sustancias para beber en casa, el Viernes Santo siempre ha sido una jornada de "puertas cerradas" para el sector de la hostelería. Los supermercados abren, pero retiran de sus estanterías el alcohol o, de tener zonas independientes, como es el caso de mi Dunnes Stores o Tesco locales, cierran la zona mediante una reja instalada para tal disposición. También existe este "mecanismo" en los supermercados abiertos 24 horas, porque vender alcohol después de cierto horario, también sigue siendo ilegal. Y mientras los restaurantes pueden abrir sus puertas, no les está permitido servir ni un vasito de vino con el que bajarte la pitanza, sólo comida y refrescos. Algo que trae de cabeza a los incautos turistas que "pretenden" tomarse una cervecita que acompañe su autentico filete de vaca irlandesa.
Ayer Limerick hizo historia por haber conseguido, por primera vez y sin que sirva de precedente, una exención a dicha ley con motivo del partido de rugby que tendría lugar en el Estadio de Thomond Park entre los equipos de Munster y Leinster. Siendo como es que los clubes deportivos sí pueden servir alcohol, y que mucha gente gusta de ver los partidos desde la barra de un bar con su bebida favorita, la Vitners Federation optó por acudir a los tribunales y exponer su caso, en esta instancia, los beneficios económicos que abrir los bares este Viernes podrían traer para una ciudad especialmente castigada por la crisis (se estimaba que el partido podría dejar en la ciudad alrededor de 5 millones de euros). Así, la justicia decidió dar la razón a la Federación y permitió abrir los bares de 6 de la tarde a 12 de la noche, aduciendo que además sería bueno para al finalizar el partido, distribuir a los espectadores sin problema.
Naturalmente la decisión no vino exenta de polémica. La Iglesia se oponía, alegando que el Viernes Santo era un día de abstinencia y así debía ser y no dar el brazo a torcer a la "codicia" del comerciante. Los monjes franciscanos prepararon una especie de protesta cerca del estadio, repartiendo folletos e intentando desviar a la gente hacia los cercanos templos para que observaran "las estaciones de la cruz". Ni que decir tiene que fracasaron estrepitosamente.
Desde primera hora de la mañana un verdadero convoy de autobuses y trenes comenzaron a llegar a la ciudad, inundada de visitantes de todas partes del país que venían a aprovechar la oportunidad de beber en la única ciudad a la que se autorizó a abrir sus pubs y dejar correr la cerveza de sus barriles hasta la medianoche.
Las colas a las puertas aún cerradas de la mayoría de establecimientos públicos fueron capturadas por cámaras de televisión y prensa en general. Se estima que los beneficios han sido de unos 7.5 millones, sin incidentes ni intervenciones policiales de ningún tipo.
La Iglesia Católica en Limerick había respondido a la decisión tomada por el tribunal con un comunicado del administrador de la Diócesis, Fr. Tony Mullins, que decía:
"Respeto esta decisión. De cualquier modo, ésta es también
una oportunidad para los cristianos para tomar su propia decisión, en el
contexto de la ley civil y la sociedad y la fe comunitaria a la que pertenecen,
de acuerdo con su conciencia"
Y los cristianos de Limerick, sin conciencia alguna, decidieron salir a beber.
Foto: Limerick Newswire.



Decidí entrar en el antiguo patio, ahora casi irreconocible. El suelo de piedra irregular ha desaparecido, sustituído por un diseño ajedrezado de losas pulidas. El viejo pozo cubierto ya no existe. Hay un ascensor salido de la nada en lo que antes era el dormitorio de la anciana Dolores. Lola, en realidad. Un ascensor de hojas plateadas y reluciente que carece aún de vida.
Subí tratando de emplazar en mi mente antiguos habitáculos, ubicando en la imaginación dónde estaban las cocinas, los dormitorios, los zaguanes y los saloncitos de mesa camilla y brasero que ahora ya no están. He visto las nuevas particiones, los tabiques y muros de ladrillo que han destronado a las voluminosas paredes encaladas. Se lo han llevado todo.
Cualquiera que me hubiera visto sonriendo a una terraza vacía, solitaria, habría pensado que estoy loca. Pero recordé las palabras de la abuela cuando dijo que los peores fantasmas son aquellos que se pueden ver, los que caminan a diario entre nosotros, los vivos. Éstas son almas atrapadas en las paredes que nunca los dejarán salir, porque tampoco desean irse. Son las almas del zaguán, capturadas para la eternidad en mi retina... como en una foto.