sábado, 12 de septiembre de 2009
viernes, 11 de septiembre de 2009
102 MINUTOS
jueves, 10 de septiembre de 2009
COMPAÑEROS DE PISO (III): GEORGINA
martes, 8 de septiembre de 2009
HEY, HEY, I SAVE THE WORLD TODAY... (Relato)
Hay canciones que mueven. Y canciones con sentido. O con sentimiento. En el Club de los 7 Pelagatos, sonaba la misma canción al final de la noche. Para el Llamas escuchar este tema en particular movía su alma de contrabando.
lunes, 7 de septiembre de 2009
DONDE TODOS SABEN TU NOMBRE...
Cuando llegué aquí por primera vez, un 4 de Noviembre de 1997, El High Stool aún no existía. El edificio sí, naturalmente. Y también era un pub, un lugar familiar con un restaurante en la parte trasera llamado Cheers y una discoteca en el piso superior llamada Vodoo Rooms.O haciendo el burro simplemente:
De estos había varios subidos a Youtube. Ir allí a beber, se convertía a veces en toda una aventura. A mí me molestaba casi todo del lugar: la música excesivamente alta, los servicios no demasiado limpios (aunque luego lo remediaron, creo que para no oirme), y por supuesto, algunos de sus clientes, con los que he tenido más de una bronca por mandarme callar "por ser mujer" o "extranjera" o simplemente "por existir". Pero como siempre conseguí que se les prohibiera la entrada al local (yo también sé poner ojos de Gato con Botas de Shreck), pues la cosa no llegó a mayores, aunque sobre una persona en particular sí que tuve que denunciar en comisaría y poner una orden de alejamiento.
El guiri siempre contará entre risas "mi rostro" al negarme a pagar en la puerta siempre que había un concierto, aunque yo tenía el permiso del manager para no hacerlo, por supuesto. Y es que el concierto tenía lugar en la parte de atrás, y nosotros nos sentábamos al frente, y yo no acudía al High Stool por la calidad dudosa de su música sino por el guiri y por beber, de modo que no veía justo tener que pagar cinco o diez euros en la entrada por algo que no voy a consumir (yo no me sentaba detrás a ver el concierto). Además, el High Stool tenía dos puertas de entrada, una en el centro, y otra a la izquierda que conectaba con el local gay (el bar estaba dividido en 3, el bar gay "Mikonos", "The Rack", un billar que antes había sido "Lapelos", un club de lapdancing, y el High Stool. Por lo tanto, entraba por la puerta de acceso al bar gay o al The Rack. Pero un día que entramos por la puerta principal, uno de los camareros, que cada semana se teñía el pelo de un color, estaba al cargo de las entradas. Yo pasé a su lado sin mirarle, saludando, eso sí, con un "Hello, Purple Hair!!!" (Hola, pelo morado) y mis mejores andares de "yo soy mejor que todo esto". Me habría faltado la estola de piel. El guiri, que venía detrás, se puso tan colorado que pagó la entrada por mí, el muy zoquete. Y la anécdota aún se recuerda entre los amigos, claro, que me pinchan siempre diciendo "¿Pero tú sabes quién soy yoooo...? Yo no pago entradas, queridos..."
Las mejores noches siempre serían las de Halloween, todos disfrazados. He de decir que casi todos demostraban una vena artística y creativa para sus disfraces. Ken disfrazado auténticamente de Legolas o Gavin de terrorista islámico con sus cartuchos de dinamita atados a la cintura en la chilaba fueron de risa, así como Sinead disfrazada de árbol o el año que este mismo Ken-Legolas apareció totalmente vestido de Darth-Maul, con el maquillaje perfecto y la réplica del lightsaber. Ken, además de estar estudiando fotografía (ahora se dedica en parte a ello), era un artista con el pincel, y de ello quedarán perdidos para siempre entre los escombros, tras su derribo, los dibujos que realizó en los sucios muros del local. Se dedicó a pintar durante una semana sin parar (dormía allí mismo), las paredes que bajaban a los servicios e incluso las puertas a los mismos y los pasillos inferiores:






Más tarde, las paredes del bar principal comenzarían a llenarse de fotografías del personal y de los clientes. A las fotografías se les fue agregando "titulares" de prensa con combinaciones que a veces eran absolutamente hilarantes. También se hicieron algunos "montajes" divertidos: Ben Oit era un camarero belga que conoció a su novia allí, Elaine, mientras esta se tomaba unas copas. El cachondeo, naturalmente, no tardaría en llegar en forma de poster.


Ger y "Pelo morao"Sí, mis fotos también estuvieron en el muro. El último día me las llevé. El último día, casi todo el mundo se llevó algo del High Stool. Ya se veía venir en las semanas previas que el negocio tenía los días contados. Ir un Sábado por la noche, pedir un vaso de vino tinto y una coca cola y que no tengan tinto, pues puede pasar, no en todos los bares sirven vino. Que te pongan la Coca Cola de lata comprada en el Lidl, es llamativo. Que pidas una Heineken un Sábado a las nueve de la noche y ya no les quede, es un aviso. Que no tengan Guinness, es una sentencia de muerte. Las cosas no iban bien y se notaba en el ambiente.
domingo, 6 de septiembre de 2009
FIGURAS EN LA GALERIA DE ARTE
En 1936 un grupo de políticos, artistas y mecenas decidieron establecer aquí la primera colección de arte local a base de donaciones, principlamente, y en 1948 se realizaría una extensión al edificio original. El el 85 la Biblioteca y el Museo fueron transferidos a un adificio mayor que podía acoger sus numerosas piezas y desde entonces, está destinado a exposiciones y como Galería pública.
Pero el arte de este edificio comienza en el exterior, y no por la magnificencia de su fachada gris o ese estilo neo-hiberno-románico, sino por unas diminutas figuritas que cuelgan (en algunos casos literalmente) de sus paredes. El ojo poco entrenado apenas las distingue, pero sí: Están ahí. Desaparecieron durante un tiempo, para volver a reaparecer, imagino, tras alguna labor de conservación o restauración.
IGNACIO HERNANDEZ SUÑER (IÑIGO)
A lo largo de su carrera, crearía muchos, muchos personajes: Trotamundos, Mari Pili y Leopoldino, un matrimonio muy fino, Maica, Heliodoro y Robertita una feliz parejita, Robertito y Elisenda, y una serie de continuidad llamada La Mujer Detective, Marta y Maria, y Susana para la revista Pecosa de MC, aparte de muchas tiras de humor.

Pero su personaje favorito, según sus propias palabras, es Lola, que tuvo tal éxito en España que traspasó nuestras fronteras, llegando incluso a Japón. "Lola tuvo mucha salida en Japón -recuerda Iñigo, de 85 años, desde su casa en Barcelona, donde disfruta de su bien merecida jubilación-. Pero allí, al contrario que aquí, querían que saliese más desnudita, y en España querían que saliese como un palo. El Padre Vázquez, que trabajaba para la censura me llamaba 'el que pinta maripositas sin alas', fíjese cómo estaba el asunto en aquella época".



En su curriculum, además, figura haber ilustrado las Fabulas de Fontaine (1963), el Libro de la Selva de Kipplin (1987), o El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros de Dumas, y Cinco Semanas en Globo de Verne en 1988.
sábado, 5 de septiembre de 2009
MIS COMPIS DE PISO (II): JC
viernes, 4 de septiembre de 2009
EINSTEIN: POR AMOR A LA MATANZA (Relato)

Matar por primer vez fue fácil. Más de lo que esperaba. No lo hizo por dinero, ni por venganza, ni siquiera por un ataque de celos o simple odio. No sonocía a su victima. Jamás supo su nombre, su pasado o sus circunstancias. Se llevó la vida de aquel inocente simplemente porque le salió de los bigotes.
Era una tarde calurosa, y acaba de bajar la pata tras dejar su huella en el parterre de un naranjo en una calle estrechita de Sevilla. La Feria estaba en pleno apogeo y el calor pegajoso empujaba a la gente a las casetas, el refrescante fino o la manzanilla, mientras en el aire sonaban los ecos de las porculeras sevillanas de Los Cantores de Hispalis.
Una naranja cayó a pocos centímetros de él justo cuando un caniche doblaba la esquina. Einstein se quedó mirando el fruto amargo, duro, intacto. Y miró al caniche. Sin collar, sin identificación, parecía perdido. Cómo odiaba a aquellos enanos cobardes. Pequeños hijos de puta rastreros y viciosillos. Odiaba sus andares, su simulada timidez. Saltaban con su propia sombra, los muy imbéciles. Luego, mucho más tarde, cuando llegó al bar del Llamas, cogería su costumbre de llamarlos "lamecoños", expresión prestada de uno de sus secuaces que gastaba un humor fino e irónico, propio quizás, de sus raíces sureñas. Pero esa es otra historia...
Einstein miró de nuevo la naranja. Y al caniche. Al caniche, a la naranja. Y por primera vez, algo parecido a una emoción sacudió su cuerpo libre de pelaje. Algo le hizo vibrar, bullir la sangre que llevaba dentro. Su corazón parecía a punto de explotar.
El caniche le miró altivo, con la naturalidad del que sabe que los gatos temen a los perros. No este gato. Einstein tenía demasiado bagaje como para dejarse impresionar por semejante criatura. Saltó sobre el can antes de que el pensamiento asaltara su mente. Le introdujo la naranja entre los morros, presionando bien hasta el fondo, con una expresión tan salvaje que al ver su propio rostro reflejado en el cristal del escaparate de una mercería, se sorprendió a sí mismo. Empujó y empujó, hasta asegurarse de que el fruto no podría ser escupido. Observó con media sonrisa la vida escaparse de esos ojos sin pupila, negros como la misma muerte que recogió su alma vencida, negros como su piel.

Era fácil ser gato y asesino en serie. ¿Quién iba a sospechar de él? ¿Quién iba cuestionarse las desapariciones de unos animalillos? Las sombras de la noche y los barrios bajos se convirtieron en su zona de ocio habitual. Porque eso era lo que matar significaba para Einstein: un puro esparcimiento.