domingo, 8 de febrero de 2009

CANDELA Y EL COMEDIANTE


Este de la foto es Karl Spain. Un comediante orginario de Limerick. He de decir que a mí la comedia de stand up no suele gustarme, y que sólo se salvan de mi repudio Karl y el magnífico Tommy Tiernan.
A Karl le conocí (artísticamente hablando) porque hace unos años tuvo un programa en la televisión nacional en el que buscaba novia. Karl Spain Wants a Woman fue un absoluto éxito, profesional y personalmente para él, ya que al fin conoció a la chica de sus sueños, también de Limerick, con la que aún sale (el programa es del 2005). Naturalmente, hasta conocerla, Karl tuvo que salir a cenar y en citas varias con un número de chicas con las que congeniaría más o menos. Algunas, evidentemente, sólo estaban allí para salir en la tele, sin preocuparse de que tras el humorista hubiera una persona. Además, Karl se puso a dieta, se apuntó a un gimnasio y fue a clases de modales y protocolo básico, impartidos por una ex-socialité en la sesentena. A día de hoy, creo que ha recuperado todo el peso perdido y ha añadido un par de flotadores más. Pero Karl demostró ser una persona adorable, un ser que en el escenario se muestra seguro, que tiene tablas y profesionalidad. En su vida privada, es un niño inseguro y con sus temores.
A Karl le tengo visto en la ciudad a menudo, es una celebridad Z. De hecho, ya le conocía de antes, cuando era manager en Mac's. Era cliente asiduo, pero por aquel entonces, no era conocido, al menos en mi ámbito humorístico. Después, he coincidido con él en bares varios y O'Mahoneys, una librería, pero jamás me he acercado a hablar con él o nada por el estilo.
Anteayer, como es habitual un viernes sí, uno no, fuimos a ese bar donde suelo mangonear los palitroques de las bebidas. Sobre las siete de la tarde comenzaron a llegar un grupo de chicos y chicas jóvenes ataviados con la misma camiseta y pensamos que Guinness andaba de promoción -algo muy normal por estos lares-, pero no. Se trataba de una gala benéfica en ayuda de la asociación contra el suicidio (que no, como me informó muy ufano el guiri, de una gala benéfica para las víctimas de suicidios, porque digo yo, ¿qué beneficio van a necesitar los suicidados?).
Y Karl estaba allí, era uno de los presentadores del acto, del que no nos enteramos de nada, porque de repente vemos unas pantallas enormes y unas carreras de caballos de las navidades pasadas, el comentarista siguiendo las jacas... y aparece un ganador, de unos boletos vendidos supuestamente allá, pero es que a nosotros no se nos acercó nadie vendiendo boletos ni les vimos hacerlo, así que no sabemos muy bien de qué iba el tema y finalmente nos marchamos con la incógnita.
El caso es que, sin palitroques que hurtar, pensé en acercarme y saludarle, pero Jay pensó que era una estupidez tan enorme que me cortó el punto del todo. No soy muy mitómana en este sentido, no iba a pedirle un autógrafo, quizá una fotillo para que os riérais un rato aquí en el blog, pero nada serio. Hola, Karl Spain, soy de Spain. ¡Ja! No tenía la cámara conmigo, pero sí el móvil, que bueno, para un apuro, siempre vale. Pero Jay decía que iba a hacer el ridículo más grande del mundo y que para qué. Ahora me alegro de no haberlo hecho o me habría sentido así, especialmente después de leer el post de Barbarita dedicado a los fans porculeros. Dos vasos de vino más tarde (Sangre de Toro, la primera vez que veo vino español de cierta calidad en un bar), y aún seguía con el tira y afloja con el guiri.
-¿Pero para qué quieres hablar con él?
-Pues para ponerlo en mi blog.
-Pero si tus amigas no lo conocerán, no es nadie en España.
-Pues para eso, para que lo conozcan.
Y así, al final dio su beneplácito (no que yo lo necesitara, pero me habría sentido muy tonta si él se enfada por ello o me ridiculiza). Pero como para entonces ya veía chiribitas en el aire, me comporté de lo más prudente a pesar de mi embriaguez y decidí por mí misma que no estaba en condiciones de ser muy articulada, y que probablemnte, con sólo olerme el aliento, sabría sin preguntar que provengo de la España cañí y que me habían dejado encerrada en la bodega.
Karl, ya te cogeré otro día.

sábado, 7 de febrero de 2009

LIBROS


Ayer, tras finalmente corroborar que La Ladrona de Libros estaba en la librería local, me lancé a su busca con tanta ansia como ya lo hiciera cuando busqué con ahínco El Niño 44. A veces me parece que lo que para mí es "lo más normal", aquí es prácticamente misión imposible. Las listas de lectura de este país difieren bastante con las españolas, y así mientras aquí la saga de Crepúsculo ha pasado totalmente desapercibida, en España se ha vendido como churros. En este caso no estoy interesada, y aunque he visto las portadas de pasada en alguna librería, no me atrae. Leyendo en los blogs de mis amigas he llegado a la conclusión de que si la descripción dada en el libro del protagonista es fiel a la del actor que le representa en la película, a mí los vampiros afeminados y, para más inri, ñoños, no me gustan. Me quedo con el tinte gótico de Anne Rice y sus bisexualidades encubiertas.
En fin, a lo que íbamos. Había oído mucho acerca de La Ladrona de Libros, pero no me había sido posible encontrarlo. En Easons miré, busqué, y no lo vi. Nunca estuvo en esos lugares de excelencia que se da a ciertos libros para su promoción. Pregunté y me dijeron que no lo tenían. Ayer, tras asegurarme en su web de que al menos está en su catálogo, al fin lo hallé, aquella única copia, mezclada con el resto de desconocidos autores y sus libros. Tras la recomenación de Cloti de que era de lectura obligada, no podía dejarlo ahí. Había, también, ido con la idea de comprar El Lector, del que no tenía ni idea de su existencia, pero Blas en su blog lo recomendó, y yo suelo hacer caso de los consejos de mis amigas (excepto de las de la saga vampírica). Me sorprendí de encontrar a su lado otro libro de film de Oscar: Slumdog Millionaire. Desconocía por completo que se trataba de un libro. No me atrajo tanto como para comprarlo, la cubierta era simplemente horrorosa, y aunque como Inma y Elphaba aborrezco los libros con portada de cartel de película, algunos no me importa demasiado (caso de El Lector, creo que es una bella fotografía). Pero la de Slumdog Millionaire era tan psicodélica que hería a la vista. Quizá cuando saquen otra edición diferente...
El caso es que sí encontré dos libros que me miraban con curiosidad desde la pared cuajada de títulos: The Secret Sculpture (creo que en España la han bautizado como La Escritura Sagrada Secreta), de Sebastian Barry. Me atrajo su portada, hay algo en esos rostros sepia que me embruja. Además, lleva el sello de haber ganado el premio Costa y su autor es dublinés. Sin embargo al documentarme para este post he leído que su final es un tanto decepcionante. En cualquier caso, ya juzgaré por mí misma... ¿Qué es un final decepcionante? ¿Un final flojo, rebuscado, poco creíble? ¿Un final triste, ominoso, agorero? ¿Un final feliz inesperado?
The Secret Sculpture es la historia de Roseanne McNully, a punto de cumplir los 100 años en el hospital mental donde fue internada siendo aún una muchacha. Curioseando entre las notas de su caso antes del cierre del hospital, el psiquiatra Grene se sumerge con intriga en la historia de su anciana paciente. Mientras el Dr. Grene investiga, Roseanne recuerda las tragedias y pasiones de su pasado, que había encerrado bajo llave en forma de su diario, desde su turbulenta infancia rural hasta el matrimonio que creyó le traería la felicidad. Pero cuando el Dr. Grene finalmente destapa las circunstancias de su llegada a la institución, le guiará hasta un impesionante secreto.
The Birthing House me atrajo con la imagen de una casa antigua, de esas que provocan inquietud sólo con mirarla. Quizá los ecos de tanta película americana de los setenta y ochenta son los responsables de que me produzcan tal sensación. En cualquier caso, no pude resistirme. Es la primera novela de Christopher Ransom y comienza cuando Conrad y Jo se mudan a una casa victoriana, un nuevo comienzo para ambos, con su porche de ensueño, el suelo de tarimas de madera y su perfecto jardín. Una casa que finalmente se convierta en su hogar. Pero cuando a Conrad le dan un álbum de fotos, comienza a descubrir los oscuros secretos que la casa almacena. Mirando por las centenarias páginas arrugadas, encuentra una foto de un grupo de mujeres victorianas en frente de la casa. Las mujeres asustan, con sus miradas de enfado y sus vestidos negros, los brazos cruzados. Y su corazán se detiene cuando ve que una de las mujeres -morena, que le mira con ojos llenos de odio-, es su propia esposa.

Os dejo. Tengo que sentarme a leer. El práximo martes me enfrento a 4 horas de autobus para ir a Dublín, y al día siguiente otras cuatro de vuelta, asi que espero dar buena cuenta de al menos uno de ellos.

Y la pregunta que se me queda en mente es... ¿Por qué los libros son tan caros en España? Compré varias ediciones de El Niño del Pijama de Rayas aquí hace cosa de un año (cuando el libro acababa de salir prácticamente), y me costaron €8.95. En Cádiz, mientras estaba de vacaciones, adqurí una copia en castellano para mi hermana. Pagué casi 14 euros y no era ninguna edición de lujo, la misma portada que la irlandesa. ¿Alguien me lo explica?

viernes, 6 de febrero de 2009

AIR CON EL CARAIR, CARAIR, CARAIR

Después de ver al Yuyu con ese uniforme de piloto... y esas dos hermosas azafatas, volar con Ryanair nunca será lo mismo...

Aclaracion:

-El millonario: tienda llamada así donde venden artículos de carnaval y de broma.
-Teo/Teofila: nuestra alcaldesa
-Juan Manzorro: locutor de Canal Sur

PRESENTACION:



CUPLES:



POPURRI:



Con Yuyu compartí mesa y micrófono en nuestros tiempos radiofónicos en la emisoria municipal. Con el otro "piloto", hice COU. Cómo pasa el tiempo...

jueves, 5 de febrero de 2009

MISS CANDELA (El Rinconcito Carnavalero de Lar II)


En 1996, yo aún no había sacado a la persona que llevo dentro. Tras un fuerte revés del destino, me vi de regreso en una ciudad que apenas reconocía, entre cambios que se sucedían a tal velocidad que me eran difícil de asimilar. Mi confianza no es que estuviera por los suelos, es que era simplemente nula. Si no me hundí en el fango de mis propias lamentaciones fue porque estaba rodeada de unos amigos que estuvieron allí cuando más lo necesité, que me animaban día a día con sus acciones, más que con sus palabras. Y así el corderito fue poquito a poquito desembarazándose de su piel de lana para permitirse descocarse durante un rato.

Así es como me vi arrojada a los brazos de los artesanos del carnaval, reunidos en una asociación (ASACAR, en aquellos momentos), que un buen año decidieron escoger a su Musa para representarles de cara al carnaval. De todas las aspirantes, escogerian a nueve, y de las nueve, una sería proclamada Musa. Durante algo más de una semana acudíamos, peripuestas y con nuestras bandas, a los actos que cada noche tenían lugar en el Baluarte de la Candelaria. Ni qué decir tiene que me lo pasé de fábula. No sólo presenciando actuaciones de grupos carnavalescos en las calurosas tardes/noches de Agosto, sino visitando las exposiciones de los diferentes artesanos e incluso participando en algunos de los talleres abiertos a todos, como el de cerámica, donde con más pena que gloria logré "crear" una triste masa informe en el torno. Pretendía ser un jarrón pero acabó siendo una especie de cenicero. También logré mancharme la impoluta torerita blanca de arcilla fangosa.


Nos cantaron tunos (sí, qué le vamos a hacer, y casi se nos caen las... interioridades), nos regalaron flores, abanicos artesanales, broches. Nos mimaron. El acto final, la elección, no desmereció en nada al de la Diosa del Carnaval, fue emocionante y mágico, y cuando Lolita salió elegida, supimos que se lo merecía de verdad, porque Loli era una estrella que brillaba con vida propia. Quedé segunda, algo de lo que me siento infantilmente orgullosa. No hubo tontas escenas lacrimógenas, ni capas, cetros, ni coronas. Hubo lluvia de aplausos, de papelillos y de besos, porque este no era un concurso de belleza, no tenías que pasear tu palmito en bikini ni declarar que lo que más deseabas en el mundo era "World Peace". Nos juzgaron por nuestra personalidad, nuestro desparpajo, nuestro saber estar y nuestro modo de interactuar con las demás. Excepto dos que provenían de una agencia de modelos, se creían una "raza aparte" y sólo se hablaban la una a la otra, el resto congeniamos sin problemas y mantuvimos el contacto tras concluir aquella semana irreal.
Y todo no acabó ahí. Al poco nos llevaron a la Velada de los Angeles, una feria parecida a las de Sevilla, Jerez o Málaga, pero mucho más pequeña y "recogida", con casetas y flamenquito a todo volumen. Nos invitaron a exposiciones aquí y allí, a recepciones del Ayuntamiento y actos similares. En el Carnaval de 1997, hubo una carroza para las Musas, mas al salir bailando ese año con Rumbacar, no ocupé mi lugar en ella. Sí lo hice al año siguiente, porque en Agosto, repetí experiencia. Como musas del año anterior, nos reunimos de nuevo en la Candelaria el primer día de las festividades organizadas ese año por los artesanos, (que cambiaron su nombre a ASACA [Asociación de Artesanos de Cádiz] para dar cabida a aquellos que no trabajaban en el mundo carnavalero), para conocer a las candidatas de ese año. Fui de las primeras en llegar y el presidente, Manolo Peinado, me dijo que les había fallado a última hora una de las "fermosas" y se encontraban con una niña de menos, si no me importaría ocupar su lugar, aunque a efectos de concurso, no podría ser elegida. Lo había pasado tan bien el año anterior, que no me importó hacerlo. Sería el último año que disfrutaría del verano entre coplas de carnaval y artistas. Tres meses después, en Noviembre, cogería el avión que me traería a estas lánguidas tierras, aunque regresé en Febrero para reclamar mi lugar en una carroza cuajada de girasoles dorados que hizo portada en la prensa local.





Pase frío, ¡una jartá!, y tres horas más tarde no necesité esperar a la grúa que nos bajaba a nuestros asientos, salté con la agilidad de un canguro en busca del baño más cercano (¿a quién se le ocurrió que era una idea fantástica refrescar nuestras gargantas con cervecita durante todo el trayecto?). Alividas, cuando volvíamos las de los asientos más bajos y veíamos las caras de

angustia y las piernas cruzadas de las que aún esperaban en las alturas, no podíamos evitar reírnos y preguntarles si ahora querían "otra latita". O cómo ver a la bestia surgir del interior de la bella.

Después, como buenas amigas, nos fuimos a tomar unas copas a la Viña, a seguir disfrutando del Carnaval y ver los fuegos artificiales desde la playa de La Caleta.
Mientras recordaba estos eventos pasados, me he dado cuenta de que, mientras tengo muy presentes cada nombre de las Musas del 96 y sus rostros, sólo recuerdo a una de las del 97, y esto simplemente porque ya estaba en el grupo de baile de Rumbacar desde el año anterior, en el que no pudo presentarse a Musa por ser menor de edad. 1997 sería también el último año en el que participaría activamente en el Carnaval. La distancia física acaba rompiendo los lazos con todo, y aunque aún fui a Cádiz a celebrar la Fiesta un par de años más, a lo máximo que llegué fue a colar a las hermanas de mis amigas en alguna carroza (las influencias no se pierden), y a introducirme subrepticiamente en algún acto social.
Todavía tengo mis bandas como recuerdo, las de ambos años. Y un completísimo album de fotos (al menos del primer año, parece ser que el segundo fui bien tímida con la cámara), que pasar a futuras generaciones (si las hubiere).

miércoles, 4 de febrero de 2009

RUMBACAR (Rinconcito Carnavalero de Lar)


Volver. Con la frente marchita.
Así me sentí yo después de 6 años de vivir fuera de Cádiz, después de pasar por una traumática separación y algunas malas experiencias. No es fácil regresar al sitio que te vio nacer y comenzar de cero. Tus amigos han evolucionado, tienen pareja, hacen sus vidas. Y llegas tú, con tu equipaje emocional y más tiempo entre manos del que desearías.
Mi mejor terapia fue el Carnaval. Qué poco se tienen en cuanta algunas cosas hasta que no las tienes ya. A mí simpre me había gustado el Carnaval, especialmente porque con la corta correa que me daban en casa, era la única fecha en que podía quedarme un rato más en la calle. Al tener lugar en el casco antiguo de la ciudad, y vivir nosotros en extramuros (lo que en Cai llamamos Puertatierra), los fines de semana de Carnaval, de adolescente, los pasaba en casa de mi abuela, y al toque de queda acordado por mis padres, siempre le caían un par de horas extras. La abuela hacía la vista gorda y yo me divertia hasta que no podía más. En esos tiempos el Carnaval en la calle suponía irnos a ver actuaciones de tablao en tablao, de esquina en esquina, y luego disfrutar de las atracciones de la feria, que solían poner en Santa Barbara. Subir en la noria con tu precario disfraz, justo a la vera del mar, pelarte de frío en las alturas, era otro aliciente asociado a esas noches de farra.
Así que no fue de extrañar que, a mi vuelta tras un lustro y un año de ausencia, poquito a poco hiciese mi camino hasta el corazoncito del mundo carnavalero. Yo no sé cantar, y tampoco toco la bandurria o la guitarra, así que la posibilidad de apuntarme en un coro eran más bien nulas. Las chirigotas o comparsas femeninas, aparte de escasas, nunca me han gustado. Y como digo, no sé cantar.
Mi madre me presentó a Ninfa del Carnaval con 17 años, y de nuevo poco después, pero nunca me cogieron. Tampoco me importaba, porque había que saber bailar tanguillos y rumbitas y yo de eso, lo justito. Lo que se dice mover el culo.
A mi vuelta, gracias a unos amigos que decidieron levantarme la moral y "presentarme" a candidata a Musa de Asacar (Asociación de Artesanos del Carnaval), que se celebraba en Agosto, pude meterme de lleno en la fiesta. Para empezar, fui una de las 9 candidatas (ya os hablaré de esto otro día), y fue en el meollo de toda esta parafernalia que surgió el proyecto de Rumbacar. Que no era más que crear un grupo para bailar salsa, batucada, bachata ¡lo que fuera! por la calle en carnaval. Meses y meses de ensayos, coreografías y planificación nos llevó finalmente al carnaval de 1997 con más ganas que nadie de pasarlo bien. El cuerpo de baile éramos casi todas chicas (sólo teníamos dos rumberos), el resto de los chicos conformaban nuestra orquesta. Participams en la Gran Cabalgata Magna del Domingo, que ese año partió desde el puerto hacia el Estadio (suele tener itinerario inverso). Casi tres horas de bailar y bailar sin parar, una hilera multicolor de ritmos tropicales en pleno Febrero. La aquí firmante hasta se pegó un culetazo contra el duro asfalto de la Avenida gracias a un impertinente paquete de pipas vacío, que insistió en colarse bajo mi delicado piececito. Nada que lamentar. Caí con gracia, una pierna extendida, la otra doblada cual bailarina en split. Los brazos en alto. Los dos rumberos acudieron en mi ayuda, me aferraron por los brazos y salvamos la situación con toda la dignidad que el destino nos pudo deparar. Nuestra gratificación fueron unas agujetas y un dolor de pies que recordaríamos de por vida, pero no satisfechos con ello, por la mañana nos integramos en la por entonces cabalgata del Lunes de Resaca, que creo que a día de hoy ha desaparecido. A las doce de la mañana reiniciamos nuestro baile por las calles labarinticas de Intramuros, para ir a desembocar a la Viña. Cansados, sí, pero el Fino y el Moscatel pueden hacer milagros.
Salimos en todas las cadenas de televisión, cabellos al viento, volantes al aire (algún cupletista diría que de la brisa marinera).
Incluso bailamos en el Falla, acompañando, si no recuerdo mal, el popurrí de una comparsa, aunque no logro acordarme del nombre. Pasaron a la final del concurso de agrupaciones del Falla porque los tengo por ahí en un video del carnaval de ese año.
Bailamos en colegios, en el teatro del Hospital Puerta del Mar, en Asociaciones de Jubilados y en un centro para niños con Síndrome de Down. Bailamos en tablaos y bailamos en peñas. Bailamos en la Cabalgata del humor. Se nos unieron algunos travestis (que no Drag Queens, que esa palabra les queda ancha a esos grandes) , y ganamos un par de premios que sirvió en parte para sufragar el coste de los instrumentos. Nosotros nunca vimos un duro. Lo hacíamos todo altruístamente, porque nos divertía. Incluso el escaso vestuario y el calzado había salido de nuestros bolsillos. Pero la experiencia sería inolvidable, los lazos de amistad creados, las horas de ensayos y risas, de cabreos y gritos cuando algo no salía bien, nuestras reuniones "extras" en alguna peña para arrancarnos al compás de alguna guitarra, para beber, comer y conversar.
Fue "el año que vivimos inmejorablemente", sin prisas, sin estres, disfrutando de cada minuto, de cada copita de vino, de cada papelillo y cada serpentina, el año que nunca volveríamos a repetir, desafortunadamente. Primero nos quedamos sin local de ensayo. Después nuestro coreógrafo ya no se pudo ocupar de nosotros. Al final nos separamos, yo me vine aquí, y el resto se fue deistanciando. La vida sigue. Nos reunimos brevemente al Febrero siguiente, para aparecer en la cabalgata del humor, travesti al frente (qué habríamos hecho sin Juan), sólo un puñado de ex componentes.
¡Y que nos quiten lo bailao!

martes, 3 de febrero de 2009

YA LLEGO EL CARNAVAAAAAAAAAAAAAL

Este post se lo dedico a Marisa, residente en Madrid, con el corazón en Sevilla y amante del Carnaval de Cádiz... Y a Sonia, por su afición a todo lo Disney...
La Chirigota se llama "Las Muchachas del Congelao", y el tipo es de princesas Disney. Lo del "congelao" va por aquella leyenda que decía que Walt Disney había sido criogenizado. ¿La presencia de Fiona de Shreck? Se explica en la presentación. Os dejo la Presentación y el Popurrí. Creo que es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo...




ADIOS, MR. CLICK

Ha muerto el papá de los Clicks de Playmobil, el hombre que ideara estos juguetes para niños transformados en pieza de colección para adultos.
Murió el 30 de Enero en su casa en Suiza, a orillas del lago Constanza, sin duda soñando con esos fantásticos muñequitos que tantas fantasías habrá rellenado. Y no nos hemos enterado hasta hoy.
Hans Beck tenía 79 años y padecía de una larga enfermedad que aunque se lo ha llevado de este mundanal espacio en el que habitamos, no se lo llevará jamás de la memoria de los niños que ya desde 1974, año en que saliera al mercado el primer Click, disfrutamos de ellos.
2200 millones de ejemplares se han vendido desde su lanzamiento, por parte de la empresa Geobra, en la que Hans comenzara a trabajar en 1958 en maquetas de aviones, maquinaria y vehículos industriales. Los clicks se han vendido en 70 países de los cinco continentes, y Geobra emplea a más de 3000 personas en sus fábricas.
Beck pasó 3 años de su vida diseñando lo que sería el Click de Playmobil, tras investigaciones que le permitieron desarrollar un juguete que fuera flexible, no demasiado complejo, que tuviera el tamaño de una mano infantil y rasgos faciales parecidos a los que dibujaría un niño (cabeza grande, sonrisa y sin nariz)

El dueño de la compañía, Horst Brandstätter, no estaba muy convencido del resultado, pero le dejó seguir trabajando en él. Poco podía imaginar el éxito que aún hoy, treinta años más tarde, tendría el muñecajo cabezón.
Fue precisamente la crisis del petróleo de 1973 la que hizo posible que Playmobil considerara el producto como viable. La contínua subida del precio del crudo impuesta sobre Geobra Brandstatter, demandaba que la compañia se decantase por productos que requerían menor cantidad de material plástico sólido (durante los 60 la compañía había producido los famosos hoola-hoops y otros juguetes de plástico). En el 74 se pone una serie completa, que fue comisionada a Hans, en una exhibición. Los primeros visitantes se mostraron reticentes a aceptar el juguete. Aún así, el click fue llevado a la Feria Internacional del Juguete de Nuremberg ese mismo año. Y resultó ser popular entre los niños. Una empresa holandesa accedió a comprar el producto de un año, y en 1975, Playmobil ya vendía a nivel mundial. Los primeros clicks representaban a indios americanos, trabajadores de la construcción y caballeros medievales.
Hans se retiró en 1999, después de entrenar a un grupo de diseñadores del producto para que le reemplazaran. Su retiro vino poco antes del 25 aniversario de la llegada de Playmobil. En la Exposición Mundial de 2000 en Hannover, Beck fue una de las 100 personalidades alemanas que recibieron un homenaje en forma de escultura en el Pabellón Alemán.
Y este mes pasado, el Click mayor se fue a dormir para siempre...

lunes, 2 de febrero de 2009

La Puerta con el Agujero de la Catedral de Saint Patrick en Dublin


Es la mayor iglesia de Irlanda, con sus 91 metros de ancho, fundada junto a un pozo donde se dice que el mismo San Patricio bautizó a gran número de conversos en el año 450. De hecho en el interior de la catedral puede visitarse una gran losa de piedra con una cruz celta que cubría dicho pozo.

El primer edificio que constituyó la catedral era de madera, y por tanto sólo perduró hasta 1192, cuando el Arzobispo John Comyn ordenó que se reconstruyera en piedra. Por lo tanto la catedral que ahora conocemos como tal data de 1254-1270. Por supuesto a lo largo de los siglos ha padecido incendios, saqueos, profanaciones y negligencia, pero la generosidad de Benjamin Guinness hizo posible su restauración sobre 1860.
En la actualidad es la catedral nacional de la Iglesia Protestante de Irlanda. A la llegada de los hugonotes que huían de Francia, el cabildo les entregó la capilla de Nuestra Señorta para que pudieran rezar en ella. La capilla fue separada del resto de la catedral y los hugonotes hicieron uso de ella hasta bien entrado el siglo XVIII.
Su interior alberga elaboradísimos sepulcros, bustos, maravillosas vidrieras y objetos religiosos de interés. En ella descansan algunos presidentes insignes de la nación, y un personaje que además de haber sido deán de la catedral, pasaría a la historia como un escritor de renombre, principalmente por su obra "Los Viajes de Gulliver".
Jonathan Swift está enterrado aquí junto a su amada Stella (Ester Johnson), que murió en 1728. Swift regresó a su Dublin natal tras su fracaso político en Inglaterra, y decidió dedicar su vida a la iglesia. Se convirtió en deán de St. Patrick en 1713, lo cual no le impidió ser comentarista político, fruto de lo cual nacería Los Viajes de Gulliver, sátira de las relaciones angloirlandesas. En su vida personal, destacan la especial amistad con dos jóvenes, Ester Johnson y Hester Vanhomrigh, objeto de las críticas de la época. Jonathan padeció del síndrome de Menière en los últimos años de su vida, una enfermedad del oído que hizo pensar a muchos que se había vuelto loco.


En la catedral, en la zona norte del crucero se guardan algunos objetos personales del escritor, como una vieja mesa de altar, una máscara que se le realizó tras su muerte y algunos de sus escritos. En el muro suroeste se puede leer el epitafio que él mismo escribio: "Here is laid the body of Jonathan Swift, Doctor of Divinity, Dean of this Cathedral Church, where fierce indignation can no longer rend the heart. Go, traveller, and imitate if you can this earnest and dedicated champion of liberty. He died on the 19th day of October 1745 AD. Aged 78 years". (Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, Doctor de la divinidad, deán de esta Catedral, donde la feroz indignación ya no puede desgarrar el corazón. Ve, viajero, e imita si puedes a este ferviente y dedicado campeón de la libertad. Murió el 19 de Octubre de 1745 D.C, a los 78 años).



Pero lo que más llama la atención en esta inmensa catedral, no son las ricas esculturas de mármol, ni el coro, o sus enormes campanas. Lo que llama la atención es una puerta de madera desvencijada, roída por el tiempo, que se expone al visitante con la historia de su leyenda. Una leyenda histórica y cierta, como atestigua su misma existencia. Esta puerta, en el extremo oeste de la nave, perteneció originalmente a la Sala Capitular. Allí se refugió Lord Ormonde en 1492 mientras huía de su enemigo feudal, Lord Kildare, y allí se quedó encerrado mientras se negociaba una tregua. Tras alcanzar un acuerdo, Kildare cortó un agujero en la tosca madera, por el cual introdujo el brazo para apretar la mano de su rival y sellar así el pacto de paz y su amistad.


En 2006, después del servicio dominical, un grupo de 41 afganos tomaron asilo en la catedral, donde llevaron a cabo una huelga de hambre para conseguir quedarse en Irlanda. Los refugiados, con edades comprendidas entre los 16 y los 45 años, aseguraban haber tenido que recurrir a tan drástica medida debido a la negación por parte de las autoridades a concederles asilo. Algunos habían sido traídos ilegalmente al país tras pasar por Irán, Tuquía, Italia, Alemania y Francia. La huelga duró seis días y no hubo que lamentar víctimas.

PREMIO AMIGUETE


Acabamos de pasar los Goyas, pero la cosa va de premios, y de memes y Fauve me ha concedido este premio y este suplicio de tener que elucubrar tres cosas que no he hecho. ¡Me faltan tantas cosas por hacer! Pero me voy a tener que decantar sólo por tres, como dictan las normas. Así que vamos a lo que vamos:

  1. Mmmm.... mmm... ¿Sacarme el carnet de conducir? No me gustan los coches, lo mío son las motos... El viento en la cara...


  2. Saltar en paracaídas. He hecho puenting y el chute de adrenalina desde tan alto debe ser simplemente fantástico...


  3. Participar en un maraton. Pero no hay problema. Esto tampoco pienso hacerlo, soy demasiado vaga. Y no me gusta correr, entre otras cosas.

Pues sí, me ha costado. Hay muchas otras cosas que no he hecho. Como le he dicho a Fauve en su blog, no he matado a nadie... ni pienso hacerlo (eso espero, jajajaja), si no acabaré haciendo otra cosa que tampoco he hecho: pasar una temporadita en la cárcel, jajajaja, aunque visto los tiempos que corren, a pensión completa, con uso de gimnasio, formación gratuita, pantalla de plasma, biblioteca, servicio de lavandería e internet gratis, y cobrando el paro mientras tanto... no sé yo si...
Pues ahora la segunda parte del meme, pasarle el muert... estoooo... el Premiete a tres personas. Y tras mucho pensarlo de nuevo (más que nada por curiosidad), he decidido que sean:
-Y Yohanna, a ver si se entera de qué va la cosa, jajjajaa.
Suerrrrrteeeeeeeeeee....

domingo, 1 de febrero de 2009

CUANDO LIMERICK SE DURMIO DURANTE 12 DIAS



Un buen día, allá por septiembre de 1752, los ciudadanos de Limerick, las Islas Británicas y las Colonias se fueron a la cama un 2 de Septiembre para despertarse en la mañana gris del día 14. No, no se trata de un salto en el tiempo ni de una historia ficticia del Twilight Zone. Es la pura realidad. Sucedió, y está documentado.

El Padre James White, en 1752, era el párroco de St. Mary, conocido como el primer gran historiador de Limerick, futura referencia para renombrados historiadores de épocas más recientes, y él mismo lo dejó escrito en el libro de registro de la parroquia, donde señaló que no hubo ningún baultizo durante doce días del mes de septiembre, debido al simple hecho de que esos días se perdieron con el cambio del calendario juliano al gregoriano.

Aunque no existen escritos que atestigüen cómo reaccionó la gente en Limerick o en el resto del país, sí que hay documentos de lo sucedido en Inglaterra, donde el cambio fue recibido con bastante resentimiento, debido, en gran parte, a que el nuevo calendario se originó en Roma, lo cual ya era bastante para llenar de sospechas a los crédulos ingleses, entre rumores de una nueva conspiración papista. Estaban, también, los que aseguraban que sus vidas se verían acortadas en una docena de días, y la preocupación aumentó sobre pérdidas de rentas, usufructos y salarios, y el correspondiente lío de los días del santoral perdidos y los días de descanso que se habían saltado. Hubo incluso un persistente rumor de que todo no era más que una trama creada por los caseros para quedarse con el alquiler de doce días que ya se habían pagado pero no se habían disfrutado.

Hay documentación escrita de que se produjeron disturbios en Londres, donde la multitud gritaba "Devolvednos nuestros días perdidos". Y hubo otros, más inteligentes, que aseguraron que el cambio no era más que mucho ruido y pocas nueces. Después de todo, nadie puede perder lo que nunca tuvo.

El calendario juliano original databa de los tiempos de César, pero se descubrió que era defectuoso, perdiendo 11.5 minutos cada año. En el siglo XVI esto añadía ya diez días y en 1582 el Papa Gregorio XII introdujo un nuevo calendario que rectificaba el tiempo perdido por el viejo calendario. Mientras los países católicos de Europa se cambiaron al nuevo, aquellos bajo dominio protestante no lo hicieron: no seguirían lo que era considerado como una directiva papal.

Al final del siglo XVII, de cualqueir modo, casi todos los países europeos habían cambiado ya al calendario gregoriano, excepto Inglaterra, cabezona como con el Euro, que se negó a dar su brazo a torcer, y la ridícula situación llegó en la cual su calendario iba diez días por detrás del resto de Europa. Finalmente en 1752, recapitularon y acordaron el cambio, tras el Acto del Calendario Británico de 1751.

La referencia al cambio en el registro de St. Mary es la única que se conoce en Irlanda durante el singular suceso, y está escrita en latín: "Per mutationem styli a vetere ad novum in sequenti mense, duodecim dies perduntur", lo cual en cristiano viene a decir: "debido al cambio desde le viejo al nuevo modo de contar, en el siguiente mes se quitaron doce días."

Algunos notables nacimientos registrados en los libros de la parroquia incluyen los del poeta Gerarld Griffin, el de Bryan, nieto de Bryan Merriman, autor de Midnight Court. Hay ecos de la tragedia de Wild Geese, una larga historia de cómo las tropas jacobitas abandonaron Irlanda para servir en los ejércitos europeos en en los siglos XVI, XVII y hasta la I Guerra Mundial. Estos ecos toman la forma de un certificado de nacimiento de 1746 que fue enviado a Pat O'Halloran en Madrid. La conexión Limerick/Continente deja constancia en 1746 con el funeral de Don Josephus de Urculli Callabriensis, natural de Bilbao en el cementerio de la iglesia. Según el último oficinista de la parroquia, William Bartlett, los restos fueron encontrados durante la construcción de la nueva iglesia, y se hallan bajo el tanque de aceite.

Los registros matrimoniales muestran la boda de Bridget Connors, un personaje no menos famoso que la Bruja Biddy Early del este de Clare (de la que os hablaré otro día). Bridget contrajo nupcias con Thomas Meaney, que sobrevivió al casamiento sólo seis meses. Se dice que Biddy se había casado nada más y nada menos que seis veces, con unos maridos que tenían la peculiaridad de morirse poco después del enlace.