jueves, 29 de mayo de 2008

LAS NORMAS DE UN HOGAR IRLANDES



  • Al Cabeza de Familia hay que dirigirse como "SEÑOR", "Su EXCELENCIA", "MYLORD", "MAESTRO", etc. Nunca como "Estúpido, hey tontorrón".
  • Los niños quejicas y las esposas regañonas no serán tolerados.
  • Las comidas han de servirse rápidamente. El Cabeza de Familia deberá ser servido primero (en la cama, si así lo requiere).
  • Los adolescentes y las féminas charlatanas limitarán las conversaciones telefónicas a 3 minutos. A cualquier otra hora, el teléfono debe dejarse descolgado.
  • Los deportes, las noticias y las películas del Oeste deben tener prioridad absoluta para ver en televisión.
  • El lavado de la ropa, cortado de césped y las conversaciones en voz alta no tendrán lugar durante el periodo de descanso del Cabeza de Familia.
  • Requerimientos de dinero, pagas, etc., sólo se tendrán en consideración por escrito en triplicado y debidamente notariado.
  • Tareas menores tales como fontanería, cortado de césped, pintar, labores domésticas, conducir, jardinería, ir de compras, etc., serán responsabilidad del Asistente del cabeza de Familia.
  • Los invitados son bienvenidos. De cualquier modo, si las invitaciones se extienden a pasar el fin de semana durante periodos de bebida, NO ERAN DE VERDAD SINCERAS.
  • Las "Reglas del Hogar" mencionadas anteriormente no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección actual.

miércoles, 28 de mayo de 2008

SABOR A ANTIGUO

Encontré éste álbum de fotos en unos de mis lugares favoritos de búsqueda de libros curiosos y baratos: en el stand enfrente del supermercado Tesco en el Arthurs Quay Centre.
Me atrajo como una brillante flor atrae a una abeja. No huele a antiguo ni mucho menos, es una edición del 2006 pero no me pude resistir a comprarlo, porque éste no es un álbum de fotografías cualquiera. Es, como dice en su portada, La Historia de Nuestra Familia, y para ello no sólo hay espacio para colocar fotos de padres, tíos, abuelos, primos y hermanos, sino árboles genealógicos como el que se encuentra en la fotografía más abajo, pero además dividido por familias, es decir, la parte de la familia del padre y la de la madre. Digamos que la de la pareja que desee cumplimentar el álbum. Es entretenido y requiere muchos datos, eso sí, con fechas y lugares de nacimientos y defunciones.
El álbum viene separado en diferentes secciones con cómodos separadores y un bolsillo interior donde se guardan puntos adhesivos para las fotografías.
Entre las secciones que cuenta este original librito, está, La Tabla de Ancestros del esposo, seguido de la de la esposa; la familia inmediata del marido, la de su mujer; educación, dedicación y hogares (esto comprende escuelas, institutos y universidades; calificaciones, premios y titulaciones, y fechas de escolarización y direcciones en las que se ha vivido).


A continuación hay una sección dedicada a celebraciones y reuniones familiares, otra a las actividades favoritas y vacacionales, y por último una dedicada a los amigos y las mascotas de la familia, lo cual me ha parecido de lo más curioso, al agrupar a amigos y animales en un mismo catálogo.
En cualquier caso, aunque desconozco muchos datos de mi genealogía y muchos más de la del guiri, que es harto complicada en cuanto a que su madre viene de Alemania, su abuela se separó de su abuelo en Inglaterra (él era alemán, soldado de las SS, prisionero de guerra en UK donde se conocieron), y algunos cabos aún andan sin atar.

Pero servirá para guardar las pocas fotos antiguas que poseo, esas de rostros dulces en sepia y miradas de un pasado decadente.

En cualquier caso, estoy muy contenta con mi adquisición, que por cierto, trae curiosas fotografías en su interior de personajes anónimos y aire firmemente británico, como las modelos de la foto de la derecha.

No sé si sería un bonito legado para esos hijos que no sé si algún día tendré, pero al menos podría resultar una actividad muy entretenida durante un buen número de meses, preguntando fechas, nombres, eventos y averiguando más datos sobre un pasado tan escurridizo como ese paso del tiempo que apergamina poco a poco lo más recóndito de nuestra memoria.

martes, 27 de mayo de 2008

LA TATA (El Rincón de LAR)

La Tata siempre fue rara. Rarísima. Había vivido en una casa al lado del cementerio antes de que la ingresaran en un hospital mental, donde moraría ya los últimos años de su vida entre Napoleones y Josefinas, añorando a su loro Pepe y sus numerosos gatos. Pero antes de todo esto, la Tata había vivido en un primer piso, en el casco antiguo, cerquita del Ayuntamiento, en una calle estrechita y con cuesta. Una casa con lúgubres historias donde nunca me sentí cómoda. No por la supuesta presencia de fantasmas o espíritus en babia, sino por la oscuridad del piso, los gatos, el loro insolente y el denso aroma del perfume agobiante que sólo soportan las señoras de cierta edad.

La Tata siempre fue mayor. Como Fred Astaire, siempre tuvo carita de vieja, con sus rizos negros y su nené en la frente a lo Estrellita Castro. En las fotos de boda de mis padres ya parece mayor, y cuando ella misma se casó, con un amigo exlegionario de mi abuelo, a mí me parecía una anciana. Siempre llevaba abrigo de piel, con estola y broche. Siempre llevaba joyas de las antiguas, aunque la Tata era madre soltera y solo había trabajado de mocita, precisamente en la casa donde se le empezó a hinchar la tripa hasta que la señora la echó a la calle. Crió a su hijo en aquel piso, y cuando el niño tenia seis o siete años, bajando a la carrera las empinadas y resbaladizas escaleras de piedra desgastada por el tiempo y los cepillos empapados en lejía, se cayó y perdió el conocimiento tras un golpe en la cabeza. Al despertar decía haber visto a niños atrapados en los escalones, asegurándole que todo iría bien y suplicándole que los sacara de allí. Pero el golpe no dejó más huella que ese sueño estremecedor.

Me contaron que muchos meses después, cuando hicieron obras para reparar las peligrosas escaleras, encontraron huesos humanos bajo la piedra deslucida. Ignoro si es cierto. Lo que sí es cierto es que la Tata, ya antes de vivir junto al cementerio, era dada a prácticas muy poco ortodoxas, como leer la mano y el futuro en las cartas.

También era aficionada a la práctica de ritos y magia blanca, siempre aconsejando colocar velas aquí o allí, pronunciar ciertas palabras "secretas" o mezclar remedios caseros y efectivas cataplasmas. A mi madre la ayudó a encontrar el lugar exacto donde se hallaba un anillo que había perdido hacía meses. Creo que el ritual consistía en repetir una palabra tres veces seguidas y colocar un vaso de agua con sal en la habitación donde se creía haber perdido el objeto. Tres días más tarde apareció el anillo, detrás de la cómoda, que mi madre se dispuso a retirar para limpiar a fondo. Casualidad, posiblemente. A mí me echó las cartas justo a mi regreso de Canarias, a donde pretendí ir a curarme del rechazo de una separación dolorosa, y de la cual no se le había dicho nada "para evitar la vergüenza". El caso es que empezó a hablarme de palmeras tropicales, de una isla y de una carta esperada con ansia (todo cierto). Me dijo que el futuro me deparaba otra isla. Naturalmente no la creí. La carta llegó en unos días. La isla poco más de un año después, en la que sigo.

Pero de todas las historias curiosas que rodean a la que concimos siempre como la Tata, la más escalofriante es la que se refiere a su relación con una de esas muñecas de porcelana y cartón piedra con las que creció mi madre. Contaba su vecina del segundo, que era ciega pero tenía el oido fino, que muchas veces la sorprendió sentada en su salita junto a la ventana del reyano, ajena a que podía ser vista, bueno, en el caso de Pacita, oida. Contaba la ciega que la oía hablar como con alguien, de esa manera con la que sólo se habla a los niños pequeños. La oía formular preguntas, y al pcoo, otra voz diferente, la suya, engolada, de ultratumba, responder. Pacita se santiguaba y continuaba su ascenso o descenso por las angostas escaleras. Creo que un día le preguntó sobre ello y mi Tata, del modo mas natural dijo que simplemente hablaba con la muñeca, una de esas muy parecidas a la Mariquita Perez original.

Esa muñeca perteneció a mi madre de pequeña, y muchos años más tarde, tras creerla perdida y destruida para siempre, la recuperó. Cuando se enteró de la historia oculta tras aquel rostro de porcelana pálido y ajado, a la que pensaba restaurar y comprar una peluca (sus hermosos bucles castaños habían sido cruelmente mutilados por su prima), la muñeca, Mariquita o no, fue exiliada al fondo del armario donde no sé si aún sigue.

A la Tata se la llevaron una noche de primavera a una institución, después de que llamara a la policía por enésima vez, convencida de que unos piratas gitanos estaban escalando el balcón para robarle todas sus joyas, pieles y objetos antiguos. El balcón de aquella casa cerquita del Ayuntamiento a la que tuvo que regresar cuando al morir su marido fue desahuciada de la casa al lado del cementerio porque los herederos del antiguo casero encontraron fallos y tecnicalidades en el supuesto documento de compra del inmueble.

Pero esa, quizá, es otra historia, y una muy, muy triste.


lunes, 26 de mayo de 2008

ANTES MUERTA QUE SIN SILLA


Yo no soy crítica literaria, pero soy una lectora con derecho a opinión. Y mi opinión es que hay gente que debe publicar porque realmente tiene algo que decir, no porque se quiera ser famoso/a, vivir de ello o darte pisto en tu nuevo estatus de "escritor". Simplemente porque se tiene algo que contar al mundo.
Y este es el caso de Antes Muerta Que Sin Silla, el librito de memorias y relatos de Barbarita Rubio. Me llegó hace apenas una semana y debido a problemas que no vienen a cuento, lo he tenido que leer a ratillos, pero hoy por fin lo he acabado. Barbarita, Barbie, tiene mucho que contar. Y cosas interesantes, también. Su libro me ha hecho reir y me ha hecho llorar casi a partes iguales, con una mezcla de humor cínico a veces y una pizca de acritud.
No puedo decir que conozco a Barbarita. Compartimos una misma afición: la muñeca Nancy. Y fue gracias a uno de estos foros de Nancys donde oí hablar por primera vez de su libro. Alguien me pasó entonces el link a su blog (gracias, Nuria) y su libro lo compré aquí. Y ha sido una compra totalmente acertada. El libro es más que ameno, y algunas de las entradas simplemente no tienen desperdicio. Como ésta, que espero no le importe que la publique, pero es corta y tajante y es un claro ejemplo del humor rápido y contundente de Barbarita:

—¿La silla también viaja? —me pregunta un taxista este mediodía cuando termino de subirme a su coche.
—¿A usted qué le parece? —le digo—, ¿cree que va a obrarse algún milagro durante el trayecto?

EL PSICOLOGO (El Rincón de Lar)


Debía tener yo 13 años. Era una mañana de Sábado, cuando me levantaba temprano para ver La Bola de Cristal y la película de corte juvenil que le seguía. La de esa mañana, aunque no sé el título, sí que la recordaré para el resto de mi vida. Trataba de una chica a la que le diagnostican un cáncer después de que su novio le encontrase un lunar extraño en la espalda. Nada impresionable, aunque muy triste porque creo que ella muere al final, pero nada que me dejara extremadamente marcada. Como cada Sábado, después de la sesión matinal de Tv tocaba ayudar en casa. Fregar lo primero. Y como en aquellos tiempos una llevaba la muñeca izquierda casi totalmente tomada por pulseras de modas varias (las que se hacían con el asa del tambor de detergente y con hilos de bordar hacías tu nombre... las de alambritos de colores enrollados... las de tubitos de plástico trenzado...), antes de fregar comenzaba el rito de quitármelas todas. Estaba en el proceso cuando de pronto me empecé a encontrar mal, todo empezó a darme vueltas y apenas pude caminar un metro y pronunciar un débil "mamá..." antes de desplomarme entre sus brazos. En mi semiinconsciencia la oía llamar mi nombre, pero aunque tenía los ojos abiertos, creo, no veía nada, todo era una nebulosa, la voz sonaba lejana... como en un sueño.


No tardé en recuperarme y volver en mí. Mi madre estaba, si cabe, más pálida que yo, así que llamó a un taxi y a mi padre para explicar lo ocurrido y acto seguido no tuvo mejor idea que meterme en un baño de agua fría, casi helada (esto ocurrió en temporada escolar y yo llevaba pijama, así que debia ser invierno). De ahí nos fuimos directas a urgencias, donde me hicieron un electroencefalograma, un análisis de sangre y un montón de preguntas. Una hora después me referían al psicólogo, con mi primera y única crisis nerviosa. Ya de vuelta en casa, me enviaron a la cama, desde donde podía oir los murmullos preocupados de mis padres, sopesando el tema, haciendo conjeturas. Llegué a pensar, al escuchar los sollozos de mi madre, pobre víctima, que, mientras a mí me ponían una veintena de electrodos en la cabeza, a mi madre le acababan de asegurar que padecía un tumor incurable. Me imaginaba tendida en una aséptica sala de hospital con el cráneo abierto y el cerebro a medio cortar. Creí que me quedaban meses de vida.


El lunes mi madre me recordó encarecidamente no decir a nadie que esa semana tenía cita con una psicóloga, o psiquiatra, o terapeuta o lo que fuese. Porque claro, las otras niñas iban a pensar que me faltaba un tornillo. Así que callé.

La doctora Forner no debía tener más de cuarenta años, el pelo corto a lo Salomé pero en rubio. Me hizo unas preguntas simples, enfrente de mi madre. Si tenía problemas en el colegio. Si tenía amigas. Si había algún tema que me preocupase. Qué leía. Qué películas eran mis favoritas. Luego me envió fuera de la sala y se quedó a solas con mi madre. Tras unos minutos me hicieron pasar de nuevo y esto fue lo que me dijo:


-"Tu mamá aquí me dice que eres una niña rebelde. Que no la quieres ayudar en casa y que coges rabietas. Que golpeas puertas y contestas mal."


Me quedé a cuadritos. Balbuceando -o como diría mi antigua profesora de lengua, balbuciendo-, traté de contestarle que aquello no era cierto, que yo protestaba por las excesivas tareas que me imponían hacer los Sábados y Domingos, en casa, pero nunca... yo... No me dejaron hablar.


-"A partir de hoy, cada vez que ayudes en las tareas de la casa tu mamá te dará un punto. Cuando tengas 10, te comprará un regalo. Veremos qué tal funciona y nos vemos de nuevo en un mes, ¿de acuerdo?" -Tras esto explicó a mi madre la importancia de incentivar el trabajo voluntario y premiar las respuestas positivas, y toda esa basura. Me sentí como un pingüino al que le darán su pececito tras completar sus trucos circenses.


Asentí como una tonta. En el corto trayecto desde el hospital a casa, mi madre aumentó los puntos a veinte y en lugar de ser un punto por cada actividad, sería un punto a la semana. Y me retiraría un punto si me portaba mal. Mi madre debió ser la profesora de la Supernanny. Fue ya en la cocina, en casa, que me atreví a preguntar por qué había dicho lo de golpear puertas y ser una chica difícil. Había dado la impresión de que yo era una cría de cinco años tirándose al suelo con rabietas, pataleando y golpeando el suelo y todo lo que estaba a su alcance con los puños. Y yo nunca había sido así.


-"Sí que lo eres. Yo a tu edad ya cocinaba y cosía y tú te pasas la vida leyendo cómics y escribiendo tonterías."

-"Mamá, pero tú a mi edad ya no ibas al colegio. Yo sí, y tengo deberes y obligaciones. Y yo te ayudo en casa."

-"Bueno, tenía que decirle algo a la psicóloga, ¿no? De lo contrario iba a pensar que estabas loca de verdad."


No creo que haya niña o adolescente que haga las labores domesticas con agrado, pero nosotros vivíamos en un piso con un salón que no usábamos, una salita, dos baños, la cocina y los dos dormitorios (el de mis padres y el que compartía con mi hermana). Cada Sábado me levantaba temprano, veía mi programa favorito y, a las doce cuando acababa, fregaba los cacharros de la noche anterior. Quitaba el polvo, barría y fregaba el suelo de la salita y barría y quitaba el polvo del salón en desuso. Hacía la cama de mis padres y la mía y limpiaba a fondo el cuarto de baño grande, que tenía bañera kilométrica, bidé, lavabo y water. Mientras tanto, mi hermana hacía la terraza, convertida en el cuarto de costura de mi madre, y el lavabo pequeño, además de barrer y limpiar el pasillo. Nuestro dormitorio lo hacíamos a medias, una barria, la otra limpiaba, yo quitaba el polvo a mis estanterías, ella a las suyas. Lo que dejaba a mi madre su dormitorio (excepto, como ya he dicho, hacer la cama), y la cocina. Naturalmente yo le había echado en cara esto a mi madre, acusándola de tener dos esclavas por hijas, lo que me trajo el calificativo de "rebelde" ante la psicóloga, título honorífico que aún ostento, he de decir, aunque ahora con más orgullo que vergüenza.

En cuanto a lo de golpear las puertas, mi madre se refería a las contadas ocasiones en las que me encerré en mi cuarto de un sonoro portazo, con un "déjame en paz", himno oficial de adolescentes cabreadas.

Ni qué decir tiene que tuve que ocultar el hecho de haber acudido a una psicóloga en clase, con mis amigas, bajo amenaza de convertirme en el hazmerreír de las de siempre, de aquellas a las que hoy se podía acusar de "mobbing" pero que ayer eran sólo las jefecillas del cotarro, las "chulas" de la clase. A esa edad nadie quiere ser una rechazada social, especialmente con mi historial y la seguridad, aún, de que debía tener un tumor muy malo en el cerebro.


Fue de casualidad, semanas después, que me percaté de que una de mis mejores amigas, Inma, no era la de siempre. Estaba triste, no hablaba mucho, había miedo en sus ojos. Tras unos minutos de presión, nos sentamos unas cuatro o cinco chicas en círculo en el patio.


-"Tengo una crisis nerviosa" -anunció-. "Me encontraba mal con el estómago, siempre estaba enferma y mi madre me llevó al médico, que dijo que era lo típico de la edad y me mandó a una psicóloga".

-"¿La doctora Forner?" -preguntó Mari Paz con los ojos como platos.

-"Sí".-contestó Inma.

-"Yo también. Se murió mi abuelo hace unas semanas" -dijo Mari Paz-. "Yo estaba muy triste y no tenía mucho apetito. Me enviaron a la psicóloga con crisis nerviosa".

-"Pues yo también" -confesé-. "Me desmayé un Sábado por la mañana. Mi madre no quería que lo dijera a nadie".

-"Ni la mía" -resopló Luisita-. "Me llevaron a una revisión para la vista, porque me dolían mucho los ojos y me daban migrañas. Como el oculista no me encontró nada, el de cabecera me mandó a la Forner".


Llegamos a la conclusión de que la misteriosa "crisis nerviosa" debía estar de moda aquel invierno y que la doctora Forner, o era la única psicóloga de Cádiz, o se estaba haciendo de oro a costa de un puñado de adolescentes experimentando cambios hormonales típicos de la edad.


Y así fue como, después del trauma de acudir a la psicóloga, sentí la necesidad, más que nunca, de ser tratada por un psiquiatra.

domingo, 25 de mayo de 2008

CUENTOS DE MI INFANCIA



Estos tres cuentos de arriba, formaron parte de una infancia donde el desarrollo de la imaginación venía de la mano de la lectura. Por desgracia me deshice de mis troquelados, aquellos maravillosos clásicos: Cenicienta, Caperucita, La bella Durmiente, y mi colección de cuentos ilustrados por María Pascual (no pierdo la esperanza, sé que los recuperaré aunque me deje el saldo en ello). Sin embargo, como muchas de mis "reliquias", siempre me fue imposible deshacerme de estos tesoros, anteriores a los troquelados, que ahora conforman otra buena parte de mis recuerdos. Las páginas de algunos se caen solas y uno de estos días los forraré definitivamente para tratar de controlar, en la medida de lo posible, el paso del tiempo.
Los dos primeros cuentos pertenecen a la colección Ramillete de Cuentos Infantiles. Ambos contienen textos de J. Aguilar de Serra con dibujos de Carlós, y se componen de varios relatos cortos (algún día los reproduciré aquí), tomando la portada el nombre del primero, pero son todos bellísimos.
También desconozco el año de publicación pero los editaba Ediciones Patrióticas, cuyo logo era un ágila con aura y una bandera en el pico. Por el tipo de dibujo, muy similares a los de la serie de Celia, imagino que deben ser de entre 1940 y 1960, aunque puedo estar del todo equivocada.
El tercer cuento, Labakan, el Falso Principe, es de la Coleccion Alfomba Mágica de la Editorial Molino, de 1965 y nuevamente son cuentos de corte Oriental, siempre con una temática aventurera pero inevitablemente moral, con ese sabor y ese feeling que sólo te dejan los cuentos clásicos, los de verdad. Y también huelen invitadoramente.

RELIGION Y RUGBY



Se puede decir que ayer fue un día completito. La primita del guiri hacía la Primera Comunión en su pueblo, en Charleville, y a las cinco jugaba la Copa Heineken el equipo regional de Rugby, Munster, cuyo color es el rojo pasión. La región de Munster comprente los condados de Cork, Limerick, Clare, Tipperary, Waterford y Kerry (o sea, todo el suroeste irlandés), y si los irlandeses de por sí ya son aficionados a cualquier excusa que les permita beber, cantar, gritar y divertirse, pues nada mejor que su gran pasión y obsesión: el rugby. Aunque aquí, a la hora de ser apasionados por cualquier deporte, no les falta material: el deporte nacional, Hurling; carreras de perros y caballos; fútbol (aunque poco porque el equipo nacional es una caca y el local prácticamente nulo).

Pero el deporte rey es sin duda el rugby, hasta la obsesión friki. Gracias a Dios el guiri no es fanático de ningún deporteen particular, si acaso el hurling y su adorado Manchester U, pero no en exceso. Quizá por eso a las cinco de la tarde era el único hombre que quedaba en la celebración de la Comunión, después de que el resto desapareciera en busca de un bar que restrasmitiese el partido.

De la Comunión, decir que abundaron los trajes rojos y blancos, sobre todo rojos (tal vez para apoyar a Munster). También había, claro está, el típico grupo de una comunidad muy extendida en Irlanda e Inglaterra, la de los Knackers, itenerants o Knackers. Aunque algunos les comparan con la omunidad gitana, no son Roma ni morenos de piel ni nada parecido. Algunos viven en caravanas a pesar de tener bastante dinero. Otros tienen lujosas casas. Sus gustos son exajerados. Suelen alquilar vistosas limusinas de color rosa o carruajes a lo Cenicienta para graduaciones y comuniones, y las novias se casan a lo merengue: faldas con cancanes de reinona, tiaras deslumbrantes (bling bling), y un vistoso surtido de vestidos de invitados que no dejan desperdicio a los comentarios más avispados.

Así, ayer me quedé con ganas de hacerles fotos como ejemplo, porque el grupo en cuestión estaba enfrente a menos de dos metros y no había modo de hacerlo conspicuamente. Sólo decir que había un vestido de licra color lavanda con cinturón plateado y zapatos de tacones de trapecio, lazos y broches, tan apretado (el vestido) que podías apreciar el ombligo de la panza incipiente de la portadora. Otra chica llevaba unos shorts blancos, camiseta de lentejuelas rojas y zapatos que podrían haber sido la envidia de cualquier Drag Queen. Por no hablar del traje rojo de raso con un broche enorme en el escote de una chica cuyo tetámen luchaba por no salirse del precario trozo de tela, a pesar de que el modelito no le sentaba bien. Era una chica jóven, de unos 16-17 años con demasiado peso para tan poco material. Claro que los knackers se caracterizan precisamente por el mal gusto al vestir y por el uso continuado y excesivo del bronceado en bote y las extensiones capilares, asi como los tops demasiado ajustados y cortos (sin importar el peso o la edad).



En fin, la comunión transcurrió sin mayor problema, la nena un angelito vestida de sencilla princesita.
Regresamos a Limerick justo cuando el clamor en la calle nos decía que Munster acababa de proclamarse campeón. Para tal evento, se habían instalado unas pantallas gigantes en pleno centro neurálgico de la ciudad, O'Connell Street, donde las tiendas y las ventanas de los edificios llevaban ya toda la semana engalanadas del más puro rojo. Banderas del equipo y cualquier prenda, camiseta o motivo del mismo color estaban en exposición en escaparates y vitrinas. Hay una selección maravillosa de fotos de Pily aqui (con tu permiso, cuate, espero no te importe pero llegué demasiado tarde para hacer de fotógrafo). Habían cortado O'Connell justo desde la confluencia de mi calle. No dejaban pasar ni a peatones por la acera. Macizos Gardas (la policía nacional irlandesa) flanqueaban como cancerberos la barricada. Y yo quería una foto de la masa efervescente vestida de un color que solía ser mi favorito (no por nada, a veces me gustan más otros colores, y que queréis que os diga, el rojo engorda). Ante la mirada sorprendida del guiri, con mis tacones rojos (me hacían juego con las flores del vestido negro que llevaba, no porque jugara el equipo, que conste), me acerqué al jovencísimo e imposiblemente alto policía que custodiaba la acera y con toda la convicción que pude sacar (tono autoritario incluído, eso es esencial) y ofreciéndole una cálida pero segura sonrisa le dije:

-"Soy una periodista española y me gustaría hacer una foto de la muchedumbre, será sólo un segundo". Naturalmente esperaba que demandara el visionado de algún tipo de credencial, o simplemente que me enviase de vuelta por el mismo camino que había llegado. Estaba dispuesta a mostrarle mi carnet de identidad... por si colaba, ya que mis viejas credenciales desaparecieron la primera vez que me robaron el bolso.

-"Ok" -me contestó, abriendo unas puertas denegadas a otros curiosos con cámaras más pequeñas que la mía. Luego dicen que el tamaño no importa, pero en mi caso creo que la Nikon de aspecto profesional ayudó bastante. Y éste es el resultado:






Dentro de breves momentos llegará a Limerick el autobús descubierto que traerá de vuelta al equipo vencedor, que será de nuevo aclamado en todo su esplendor en O'Connell Street, cortada otra vez al tráfico hasta el final del día. Gracais a Dios no tengo que salir a comprar nada hoy, porque esto me jode bastante, todo el centro acordonado como la escena de un crímen. Tampoco voy a ir a recibir a los vencedores, porque he alquilado Sweeney Todd que me parece mucho más interesante que una panda de gigantes calvos con la nariz rota y el cerebro hueco. Por no hablar del estado ebrio de los espectadores, cosa que ya de por sí me quita las ganas hasta de ir a la esquina a por tabaco (como tampoco fumo, no hay problema).

La calle, ayer al menos, a altas horas ya de la noche, era difícil de frecuentar. Los exaltados fans del rugby habían estado bebiendo todo el día y algunos yacían al borde del coma etílico en medio de las aceras, mientras tratabas de esquivar a los que iban barriendo la misma, chicas jóvenes y mujeres en especial, tambaleándose peligrosamente sobre tacones de aguja y a duras penas sosteniendo los ojos abiertos.

Es la dura realidad de un fin de semana festivo hasta el límite. Pero, ¿y lo que se reirán el lunes...?

jueves, 22 de mayo de 2008

ENTREGA PREMIOS II SALON INTERNACIONAL COMIC DE HUELVA

Los premiados



Despidiéndose del público amante del cómic hasta el próximo año, el Salón del Cómic, en colaboración con Ayuntamiento de Huelva y la Asociación Cultural Seis Viñetas en una iniciativa nacida desde Seis Viñetas para hacer llegar a los onubenses el noveno arte, ya que el cómic además de cultura visual y leída es una forma sana de ocio, no quiso irse sin antes entregar unos bien merecidos premios. Pilar Miranda y Juani Carrillo, concejalas de Juventud y Participacion Ciudadana respectivamente y Gerardo Macias, presidente de la Asociacion Cultural Seis Viñetas fueron los encargados de otorgar los trofeos en sus diferentes modalidades.


Afluencia de Publico en el Salón

Así, en la categoría profesional, recibieron los Chocos Honorificos la autora Purita Campos (Esther y su Mundo), Lopez Espí (conocido por sus portadas para la edición española de los Cómics Marvel), Francisco Ortega (dibujante), Nihon Yosai (Asociación Juvenil que colabora con el Salón), y Alberto García "Algar" (fundador de la Asociación Cultural Seis Viñetas). Estos premios fueron entregados el pasado sábado 17 a mediodía, mientras el Domingo 18 se procedía a premiar los diversos concursos (de ilustración, campeonato Mario Kart, karaoke, torneo gomaespuma, liga softcombat, y el concurso Cosplay) realizados a lo largo del Salón y donados por los diferentes stands, con premios que iban desde vales monetarios a chapas y posters, mientras la editorial Castilla Reno sorteó El Quijote yla Historia de Andalucía en Cómic, dos obras valoradas en más de 350euros cada una.


Gerardo Macías

miércoles, 21 de mayo de 2008

LA FILOSOFIA DE UN IRLANDES


Hay dos cosas de las cuales preocuparse, si estas bien o si estas enfermo.
Si estas bien, no hay nada de lo que preocuparse.
Pero si estas enfermo, hay dos cosas de las que preocuparse,
si te pondras bien o si te moriras.
Si te pones bien, no hay nada de lo que preocuparse.

Pero si mueres, solo hay dos cosas de las que preocuparse,
si iras a l cielo o al infierno.
Si vas al cielo no hay nada de lo que preocuparse.

Pero si vas al infierno, estaras tan ocupado dando apretones de manos a tus amigos que no tendras tiempo de prreocuparte!

¿PARA QUE PREOCUPARSE?
Así, con este tipo de filosofía, no me extraña nada lo que estoy oyendo en la radio en este momento y desde hace una par de horas, respecto a la no clasificación de Irlanda para la final de Eurovisión. Para ser vulgar y llamar a las cosas por su nombre, el carácter irlandés no les permite oler su propia mierda, y de este modo desde anoche están rascándose el cogote pensando por qué no han triunfado, ignorando en todo momento el hecho de que se les abucheó justo al salir a escena y se les seguía abucheando al concluir lo que ni siquiera puede calificarse de "actuación". Se consuelan diciendo que simplemente "Europa no lo ha pillado". Que no se ha sabido leer el mensaje y no han comprendido el sentido de humor franco y abierto de los irlandeses, que se les ha dejado fuera injustamente.
Me parece que también seremos abucheados el Sábado (los españoles, digo), aunque nosostros no nos rascaremos el cogote, no. Seremos autocríticos al máximo y culparemos a la madre que parió al cordero y a los cuatro idiotas que decidieron enviar a Chikilicuatre a representarnos a esta autopsia llamada Eurovisión. Nos rasgaremos las vestiduras y lapidaremos al que no tiene culpa, mientras todo este rato hemos cantado la canción hasta la saciedad en ferias, bodorrios y hasta, cómo no, en privado, quizá hasta ensayando el cruzaíto.
Porca vida.

martes, 20 de mayo de 2008

EL HOMBRE GRIS


El Hombre Gris, más que una leyenda, es una superstición de cómo nuestros antepasados interpretaban hechos naturales, ya que el Hombre Gris no es más que una masa grisácea de niebla espesa. Podría venir de una antiguo dios Celta, tal vez de la tormenta o el tiempo, al que se adoraba en las comunidades costeras allá por el 1500 ac., y es uno de los más misteriosos pues poco se sabe de él en cuanto a en qué categoría de hada clasificarlo, y su origen es incierto. En otras partes del país se le conoce como "El Viejo Sin Huesos", al ser informe e inconsistente, más una sombra que un cuerpo sólido.
Vive principalmente en las zonas costeras y en las pantanosas, y se presenta, como ya dijera, en forma de niebla espesa que lo cubre todo, es ese tipo de niebla que no nos permite ver más que a unos pocos centímetros de distancia. Como en todo lo referente a folclore, su aspecto es descrito de manera diferente en distintas zonas del país. Unos le describen como una niebla vaga, a jirones casi. Otros aseguran que tiene el tamaño de un hombre vestido en una capa gris hecha de una densa niebla que agita constantemente, envolviendo todo a su paso. En otras partes del mapa es un gigante encapuchado vestido como un monje con tejidos brumosos.
Parece ser que se alimenta del humo de las chimeneas de las casas, por lo que este ser no tiene ningún problema, a diferencia con otras razas sobrenaturales, en acercarse a grandes ciudades.
Cuando pasa, deja tras de sí un desagradable olor a humedad , a madera quemada o a turba, y el aire se vuelve frío y húmedo.
Su capa de bruma tiene un efecto letal en sus víctimas, y parece regocijarse en la pérdida de vidas humanas. su único propósito parece ser el de acabar con la vida de marineros y viajeros despistados. Su pasatiempo favorito es oscurecer la línea de la costa, las rocas peligrosas contra las que se estrellaran navíos desconocedores de la zona, o esparcirá su manto en la carretera o el camino del viajero para que se pierda en los bosques o se precipite por un barranco.

Tampoco se está a salvo de su poder en en interior del hogar, a donde llegará para aguar la leche que se ha dejado descuidadamente abierta, pudrir las patatas y las manzanas de la noche a la mañana y mojar la leña o la turba para que no arda en la chimenea.
En Limerick y en Cork, se dice que esparce enfermedades como el resfriado, la gripe y las infecciones de garganta que oculta bajo los plieges de su gris capa.

El Hombre Gris no pronuncia sonido alguno y no reacciona cuando se le dirige la palabra, aunque se le puede ahuyentar temporalmente con la frase "Dios te bendiga", esto sólo tine un efecto temporal y regresara con virulencia en poco tiempo, crecido en su rencor y dispuesto a vengarse ante la ofensa. Se creía que un crucifijo o una medalla religiosa, sobre todo si estaban bendecidas por un obispo, le mantenían a raya. Es por eso que muchos marineros llevaban medallas en la proa de sus botes y barcos y en la comunidades rurales se colocaban crucifijos en los almacenes de patatas, carbón o turba.
La superstición y el temor es tanto, que en ciertas áreas existen caminos especialmente creados para conducir al Hombre Gris de lugar a lugar sin que entre en contacto con asentamientos humanos, y un claro ejemplo se encuentra en Fair Head en el Condado de Antrim, donde hay un puente de piedra llamado "El Camino del Hombre Gris".

Esta leyenda puede encontrarse tambien en la literatura escocesa.
ilustracion: Andrew Whitson