Nunca me vengo con las manos vacías, o mejor dicho, con las maletas vacías, cuando voy a casa. Las lleno hasta reventar, y en más de una ocasión me he dejado medio sueldo pagando el exceso de peso (el de la maleta, no el mío). Durante los once años que llevo viviendo en Limerick, cada vez que iba a casa me traía cosas. Al principio, al 50%, comida y cosas. Ahora que ya es fácil encontrar chorizo, jamón, lentejas, y otros delicatessens de la gastronomía española casi desconocidos para el paladar irlandés, me concentro únicamente en transportar como una mula mis preciados tesoros. Durante años, a 15-20 kgs por viaje, he conseguido llevarme mis más de doscientos libros y otros objetos. Así que esta última visita, he podido darme algunos caprichos muñequiles y literarios, y lo que es más, traerme un buen recuerdo de mis amigos escritores y/o periodistas.
Fermín, artífice de este blog de aquí, y de este también, me regaló una muy hermosa obra, La Noche, a Ser Posible, con la que además, ganó el Primer Premio de Poesía "José Manuel García Gómez" hace unos años. Aunque Fermín no es nuevo en el mundo editorial, por supuesto, pues en su currículum cuenta con unos cinco libros propios y algunas antologías. Pero es que lo que más me gusta de este hombre es lo calladito que lo tiene y lo humilde que es, de verdad. Y por si fuera poco, me ha hecho sentarme a muchos kilómetros de altura y empaparme de poesía, con lo renegada que soy. Pero me he venido muy contenta con mi regalito literario y mi firmita pa mí, pa mí solita.
Y no contenta con esto, pues me enteré de que cierta personita a la que conocí en mis inicios radifónicos cuando ella ya estaba bien asentada en la Cadena Ser, acababa de publicar también uno de esos libros que tanto me gustan, ya que suelo comprar bastantes de temas gaditanos, los de Cai somos muy nuestros y cualquier cosa que lleve Cádiz en el título nos llama como el polen a a la abeja. Así que ni corta ni perezosa, después de enterarme de esto, tuve la osadía (perdóname, Belén), de colarme en su lugar de trabajo, como una caza-autógrafos cualquiera, a saludarla y que me dedicara su obra, Recorrido Sentimental por la Ciudad de Cádiz, que cuenta con el prólogo, nada más y nada menos, que del mismísimo Carlos Herrera, lo cual ya dice mucho del libro, libro que estoy leyendo o mejor dicho, devorando, porque mi ciudad es eso, mía aunque yo parezca la guiri perdida en sus calles. Belén Peralta tiene tras de sí un buen currículum en el mundo de la Comunicación, eso es indiscutible, y aseguran mis fuentes que en la reciente Feria del Libro de la ciudad se la pudo ver quejándose de lo mucho que le dolía la muñeca de tanto firmar.
Además, la noticia del libro me hizo reencontrarme con alguien a quien no veía desde... ¿desde cuándo, Belén...? ¿Veinte años, quizá? Qué chico es Cádiz... Y qué largo el paso del tiempo.
Y qué contenta estoy de tener amigos tan intelectuales!! (A ver si se me pega algo).













